PlenaMente

11 may 2016

Empatía es pensar que un perro tiene 7 años, no 49

Por: Patricia Ramírez

Empatía
Getty


Cuando era pequeña teníamos varios perros. Uno de ellos cumplía siete años y le dije a mi padre que el perro cumplía 49, por esa regla a través de la que convertimos un año de vida de un perro en 7 de un humano. Y mi padre me dijo: "¿Por qué quieres hablar del perro en clave de personas? Deja que el perro cumpla siete años, no hace falta equipararlo a nosotros. ¿Acaso somos superiores? Igual es que nosotros cumplimos siete en lugar de cuarenta y nueve.” Yo debía tener 10 años y la reflexión de mi padre me dejó callada, pero como podréis comprobar, no se me olvidó.

Lo que me quiso decir es que el mundo de las personas no es el mundo perfecto a través del cual tengamos que dar explicaciones a todo, y que deberíamos tratar de entender a cada uno en su contexto, con sus circunstancias. Son las típicas reflexiones que me hacía mi padre. En ese momento yo pensaba: “¡Pero si soy una niña. ¿Qué me está contando este hombre?”. Pero calaron. Y ahora me doy cuenta de que esta reflexión es la base de la empatía.

Cuando hablamos de empatía hablamos de la capacidad de sintonizar con el canal de la otra persona, de sus sentimientos, de sus experiencias y de su visión del mundo. Hablamos de ponernos en sus zapatos, pero ¿de verdad lo hacemos? Complicado. Es difícil ser empático porque todos tenemos una escala de valores, una manera de sentir, de pensar y de actuar que nos condiciona drásticamente. Solo vemos a través de nuestros ojos y de nuestro corazón y entender a alguien es fácil si su escala de valores, su forma pensar y de sentir son similares a los nuestros, pero si no, es bastante difícil. Nuestra mente tiende a juzgar rápidamente y creer que si no es como yo, está equivocado. El cerebro busca la manera de dar explicaciones a lo que ocurre alrededor, es una actividad que nos encanta. Así que tratamos de que las piezas encajen y para ello utilizamos nuestra lógica y razonamientos. Utilizar la lógica y razonamientos de otros supondría salir de la zona confortable, tener empatía, y eso es un sobreesfuerzo que no siempre estamos dispuestos a realizar. Aunque sea solo por falta de costumbre.

Por ello, la manera que habitualmente tenemos de tratar de entender a los demás es pedir que ellos se pongan en nuestro lugar, en vez de ponernos nosotros en el suyo. Pero eso no es empatía. Por eso llegar a ser empático requiere de un entrenamiento muy profundo en el que se requiere:

1- Un proceso de escucha activa, atenta, a través de la que de verdad te intereses por lo que dice la otra persona. ¿Qué cuenta, por qué lo cuenta, qué siente? 

2- No juzgar cada palabra que dice la persona, ni hacer interpretaciones ni, mucho menos, personalizar la información: “Esto que me dice significa que yo…”. No se trata de ti, se trata del otro y de sus necesidades o de sus problemas.

3- Tiempo. Es complicado comprender a alguien y saber cómo se siente si no tienes tiempo para la conversación, para la llamada, para el café. La prisa te hace tener la mente en el futuro, pensando en qué te queda por resolver. Si de verdad estás interesado en resolver un conflicto con alguien, ayudar a un amigo, prestar apoyo, busca el momento adecuado y con tiempo para sentarte en torno a un café.

4- Si tienes dudas de qué te está queriendo decir, pregunta. “Cuando dices que te sientes solo, ¿crees que es porque no te hago caso o hay algo más?” Cuando estás en medio de una conversación, sobre todo si se trata de un conflicto, tiendes a personalizarlo todo y tener una visión en túnel del tipo “me está haciendo sentir culpable”, “esto es un reproche”, sin ir más allá de esta interpretación. Puede que la persona se sienta sola porque le cuesta encontrar una afición, hacer amigos o por otros motivos. Antes que malinterpretar y condicionar el resto de la conversación, pregunta.

5- Trata de pensar cómo actuarías o cómo te sentirías tú si estuvieras en la situación del otro. Visualízate ahí, siente, percibe, emociónate.

6- Pregunta algo tan simple como “¿en qué te puedo ayudar yo?”, pero sin condicionantes. No se presta ayuda si el otro hace lo que tú le pides, se presta ayuda porque la necesita.

7- Olvida los comentarios del tipo “te lo dije”, “pues yo en tu situación acabaría con esa relación…”, “si me escucharas más…”. Son comentarios que ahora no aportan nada más que culpabilidad, sensación de incompetencia y malestar al otro. Es mejor dar ánimos y transmitir fuerza.

8- Sé compasivo. Tú no eres perfecto, el otro tampoco. Perdona, ayuda y olvida. No necesitas que las piezas encajen en tu puzle para dar ánimo y apoyo a quien lo necesita. 

No puede haber empatía si hablamos con los adolescentes y juzgamos sus cosas desde nuestra edad y madurez, si negamos las prioridades de la pareja porque no se parecen a las nuestras, si no entendemos las responsabilidades y toma de decisiones que tienen que tomar los jefes, y así un largo etcétera. Un perro tiene siete años, nada más. Y está claro que es menos longevo que nosotros, aceptémoslo así. No trates de comprenderlo en función de tu longevidad. Todo no puede explicarse desde tu perspectiva.

 

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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