PlenaMente

14 sep 2016

Filtramos la información para ver lo que deseamos ver

Por: Patricia Ramírez

Filtrar información
¿A cuánta información estamos expuestos en el día? A miles y miles de inputs. Sonidos, olores, sensaciones, imágenes, información kinésica sobre cómo está y cómo se mueve nuestro cuerpo. Y todo esto a través de muchos canales: llamadas, internet, la experiencia con el entorno, conversaciones, experiencias. El mundo es información. Pero, no la atendemos toda. Sería imposible, nos volveríamos tarumbas con la bomba informativa. Las personas seleccionamos la información. ¿En función de qué hacemos esa selección? La mayor parte de las veces en función de lo que nos interesa. El problema es que terminamos filtrando información, no solo para tener más conocimiento, sino para que los esquemas y creencias que tenemos sobre la vida, sobre las relaciones, sobre nuestros valores, encajen con lo que pensamos. Es decir, buscamos en el exterior confirmación de nuestros esquemas y prejuicios. Esto provoca que solo atendamos a parte de la información sesgada para que se adapte a nuestros esquemas, y así confirmarlos. En un programa de televisión muy interesante de la cadena #0, Cuando ya no esté, entrevistaba un grande, Iñaki Gabilondo, a Rafael Yuste, director del proyecto Brain y una eminencia en el campo de la neurociencia en la Universidad de Columbia, que dijo algo así como que “el cerebro se inventa el mundo. Buscamos que el mundo encaje con nuestra realidad cuando recibimos información del exterior”.


Pongamos un ejemplo que podría darse en las relaciones de pareja. Cuando conoces a alguien, tienes una idea romántica sobre el tipo de persona con el que te gustaría compartir tu vida. Así que estás más más pendiente de la forma de ser de esa persona que confirme lo que necesitas de ella, que de esos otros rasgos que te podrían hacer rechazarla. Y así, poco a poco, te vas enamorando de la parte que has idealizado. Todo termina por encajar con tus necesidades, piensas que el mundo es maravilloso y que qué suerte has tenido de conocer a esta persona. Lo cierto es que estas emociones responden solo a la parte filtrada de la información, a aquello que has seleccionado para que las piezas del puzle encajen con tu visión del amor y de la persona con la que te gustaría compartir tu vida. De no haberlo hecho, igual hubieras tenido que renunciar, salir de la zona confortable que supone el enamoramiento, al haber contemplado que no es “lo perfecta” que necesitas que sea.


Cuando filtras ocurre otro fenómeno, dejas de observar la otra realidad, la que te hubiera hecho ver la parte que no era atractiva o la que no encajaba con tu escala de valores. Por eso, en algún momento, te sientes sorprendido cuando de forma clara y evidente tu pareja se comporta de manera inesperada: “no me esperaba esto de mi pareja, es otra persona, no la reconozco, no entiendo cómo ha sido capaz”. El problema no es que tu pareja te haya engañado con su forma de ser (que también pudiera ser), sino que tú te has engañado a ti mismo no queriendo ver las señales que eran obvias pero que en su momento incomodaban o no parecían importantes. En muchos casos incluso te diste cuenta pero pensaste en la mítica idea de “ya cambiará”. La realidad es que tu pareja siempre fue la misma, pero tú no atendiste las señales. No te interesaba porque esas señales no encajaban con la imagen que querías hacerte de ella. Porque eso te hubiera obligado a tomar decisiones que en ese momento ni deseabas ni estabas preparado para tomar.


E igual que ocurre con las parejas, ocurre con el trabajo, con los hijos, con los amigos o con la política. No vemos la realidad, vemos la realidad que idealizamos o que deseamos ver. La objetividad está a años luz.


Está claro que no podemos ser objetivos durante todo el día, sería agotador. Significaría dejar de utilizar la información almacenada y el aprendizaje para observar todo de nuevas. Pero sí podemos tratar de elegir situaciones en las que “engañarnos sin intención” puede perjudicarnos. Cada uno puede elaborar su lista en función de sus necesidades, sus costumbres y actividades. Personas que han sido timadas por un socio, otras que desatendieron las señales de la pareja, los que todos lo ven negro o los que lo ven de color de rosa. La experiencia de cada uno puede orientarnos sobre qué tipo de información debemos analizar más en profundidad: contratos, acuerdos, confiar demasiado en la palabra de la gente que no suele tenerla, etc.


No se trata de convertirte en un desconfiado, sino de ser prudente, analizar con intuición pero también con datos, valorar el riesgo y las consecuencias de nuestras decisiones, no dejarnos llevar por el “me dicen que han dicho que esto es seguro de verdad”. Trata de analizar desde tu escala de valores, con tiempo y sin precipitarte. Toma tú tus propias decisiones para que no tengas que hacer reproches a nadie por haberte aconsejado. Y no tengas prisa, para nada. Ni para tener pareja de forma desesperada, ni para cambiar de trabajo, ni para enfadarte con un amigo que crees que te está fallando. La prisa nos impulsa a tomar decisiones más desde las emociones que desde el sistema reflexivo. Analiza y luego decide con toda la información posible. Y si crees que tienes duda, pide opinión a quien pueda aconsejarte con empatía, no desde sus intereses.

Hay 2 Comentarios

Muy de acuerdo con el articulo, hoy en día hay que saber contrastar toda la información que recibimos y no fiarnos de nada, ni tan siquiera de los medios por fiables que parezcan.

En cualquier caso, si vas a filtrar la información, no te olvides las gafas de color de rosa. ¡Necesitamos optimistas! Y hay razones para ello.
https://dametresminutos.wordpress.com/2015/10/17/razones-para-el-optimismo/

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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