PlenaMente

01 oct 2016

Cuando te toca un garbanzo negro de compañero de trabajo

Por: Patricia Ramírez

Garbanzo negro
No hay olla sin garbanzo negro
es un dicho popular que decían nuestras madres y abuelas. Entre los cientos de garbanzos que se le echan al puchero, alguno negro, siempre cae. No se puede evitar. Es el garbanzo no deseado. Llamamos garbanzo negro a aquella persona que causa problemas, ya sea un familiar o un compañero de trabajo. Garbanzo negro hacía referencia también a la baja probabilidad de que te tocara, porque de todos los leguminosos amarillos, uno o dos salen de color negro. Lo cierto es que en el mundo laboral, dada la pérdida de valores, la competitividad, el individualismo y la ambición que reinan, unido al sálvese quien pueda, los garbanzos negros abundan. Y cuando te toca uno de compañero puede hacerte la vida tan complicada que a uno se le quitan las ganas hasta de seguir trabajando en ese lugar.

Un garbanzo negro es capaz de cambiar el buen ambiente laboral, generar tensión, conseguir que no disfrutes de tu trabajo, provocarte ansiedad y ganas de huir. Y hay una gran diversidad, desde el más pasivo hasta el que de forma intencionada está esperando amargarte la vida. En el libro Autoayúdate, tú vida es lo que tú decides, hacía una clasificación de ellos:

- Los vagos redomados. Les encanta trabajar en equipo por el simple hecho de que saben que los demás terminarán por ocuparse de sus responsabilidades. Entienden el trabajo en equipo como una estrategia para quitarse del medio. En lugar de sumar, restan.

Consejo para aprender a convivir con ellos: Marca tus límites del trabajo desde el principio, no te ocupes de sus responsabilidades y no les quites trabajo con tal de que se cumplan los plazos. Dile de forma clara, con fecha y especificando la calidad del trabajo que necesitas, qué tienen que entregar. Son el claro ejemplo de la ley del mínimo esfuerzo.

- Los eternos malhumorados. Siempre están de mal humor. No saludan, apenas les sale un “buenos días”, no sonríen y si pueden evitar el contacto ocular o la conversación contigo, lo hacen. Todo lo malinterpretan, se sienten atacados con cada broma y convivir con ellos es trabajar bajo presión y estrés.

Consejo para aprender a convivir con ellos: no cambies tu forma divertida y relajada de comportarte, no permitas que te cohíban, porque si lo haces, terminarás sintiendo la misma amargura que ellos. Piensa que su mal carácter no es algo contra ti sino algo propio de ellos. Lo tienen contigo, en sus casas y en su vida en general. Y sigue siendo tú mismo.

- Los envidiosos. Quieren tu puesto, quieren tu simpatía, tus responsabilidades, tu forma de relacionarte con los demás. Quieren ser como tú pero no hacen nada de lo que tú haces para conseguirlo. Desean todo lo tuyo, pero en lugar de esforzarse para conseguirlo practican la queja constante, comparan, hablan, victimizan, menosprecian. Todo menos esforzarse en su propio rendimiento y mejora.

Consejo para tratar con ellos: ojo con lo que compartes, tienen mucha habilidad para copiar. No se trata de ser un desconfiado, pero sí de cuidar tu trabajo y ponerle tu autoría. Hay personas que con tal de conseguir una medalla y un pódium, son capaces de robarlos.

- Los inútiles. Existen compañeros enchufados, así es. Han existido, existen y existirán. Le quitan el puesto a quien se lo merece. No sabemos ni quién los colocó ni de dónde viene la orden. Lo cierto es que estos compañeros enlentecen todo, porque como no están capacitados, y a veces ni siquiera tienen el interés de estarlo, terminan poniéndote de muy mal humor al convertir el trabajo en un cuello de botella.

Consejo para tratar con ellos: acepta. No te queda otra. Tienes que aceptar que también en el trabajo hay injusticia, reflejo de lo que es la vida. Ocúpate de lo que depende de ti y si la inutilidad de tu compañero afecta al proceso de tu trabajo, habla con un superior e indícale que no puedes avanzar hasta que todo el mundo realice su parte del trabajo. Pero sin enfadarte, sin agresividad, sin ironía. Simplemente haz lo tuyo y espera que la persona oportuna resuelva el resto. Y deja siempre todo por escrito. El correo para esto es maravilloso.

- Los graciositos y maleducados. Desconocen el límite de sus bromas y de sus comentarios, muchos de ellos de mal gusto. Y además sacan conclusiones como que no tienes humor para justificar su mala educación cuando hacen comentarios que sientan mal.

Consejo para tratar con ellos. No sientes precedentes con sus bromas. Si crees que alguien te ha faltado el respeto o ha hecho un comentario con el que se ha extralimitado, házselo saber. Con amabilidad, pero no lo dejes pasar. No te pongas hecho un energúmeno, porque muchos de ellos, además de graciosos, tienen mala leche, y aprovecharán tu debilidad para incidir más. Otra alternativa es ignorar. Ignorar significa no mantener ni siquiera el contacto ocular con la persona, ni siquiera le pongas mala cara para mostrarle tu enfado. Mantén un gesto de esto no va conmigo. Normalmente, los comportamientos que se ignoran, desaparecen.

- La mala gente. Hay personas que no tienen escrúpulo ninguno. No sienten empatía, ni emociones, ni remordimiento. Su escala de valores es completamente distinta a la tuya, y con tal de llegar dónde desea, son capaces de todo. Incluso de ponerte la zancadilla, copiarte o hablar mal de ti a quien corresponda. Mucho cuidado con ellos, son los peores garbanzos negros que te puedas encontrar. Son dañinos y pueden machacar tu seguridad y tu autoestima si le das credibilidad a todo lo que dicen.

Consejo para tratar con ellos: relaciónate lo mínimo, cuanto menos sepan de ti, mejor. No entres en su complicidad participando de la conversación cuando critican a alguien o el trabajo de otra persona. Este tipo de personas no tienen amigos, aunque parezca que te tratan bien, siempre tienen un interés oculto para hacerlo. Y tarde o temprano, también te fallarán a ti.

Por supuesto que en el trabajo hay gente maravillosa, generosa, amable, comedida, discreta, trabajadora, eficaz, comprometida y cientos de adjetivos positivos más. Pero los que nos desestabilizan cambiando nuestras emociones son estos especímenes. No te desgastes y aprende a convivir con ellos. Ellos no van a cambiar para que tú estés mejor, pero tú si puedes decidir qué valor les vas a dar y el tipo de relación que deseas establecer con ellos.

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Ante todos ellos cabe una actitud positiva: criticar su conducta, pero a la cara. https://dametresminutos.wordpress.com/2015/06/01/la-critica-leal/

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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