PlenaMente

26 oct 2016

El castigo no es la mejor opción, pero para que sea efectivo tienes que...

Por: Patricia Ramírez

El castigo
El tenista Kyrgios ha sido sancionado después de trasgredir el código de conducta de la ATP en el torneo de tenis de Shanghái. La ATP le ofreció una reducción de la pena con la condición de asistir a un psicólogo deportivo que le ayude a encauzar este comportamiento poco elegante e irrespetuoso. Así lo ha aceptado Kyrgios, que volverá a competir el 7 de noviembre. 

No es la primera vez que el tenista infringe las normas de conducta. Y es que muchos de los castigos que se aplican en el mundo del deporte y en otros ámbitos no tienen la función correctora que debieran tener. Castigar a alguien con no jugar o con pagar, cuando además se tiene dinero para afrontar la deuda, no tiene sentido. La persona que infringe una norma suele tener problemas asociados, o del control de los impulsos. falta de empatía o de educación en valores. Y además del castigo, lo apropiado es reeducar, entrenar y formar a la persona para que aprenda la conducta correcta. Así que darle la oportunidad de trabajar con un psicólogo es una propuesta inteligente y formativa.

La mayoría de castigos que se aplican en colegios, en el deporte o por parte de los padres, tienen poco valor educativo. No llevan al chaval ni a reflexionar, ni a ser consciente del error ni a reparar el daño producido. Sabemos que funciona mucho mejor el refuerzo y la educación en valores para corregir conductas que castigar. Castigar debería ser siempre la última alternativa, cuando nada más funciona.

Ejemplos de penas como la que ha recibido Kyrgios los hemos tenido también en España a través del Juez Calatayud del juzgado de menores de Granada. Penas con las que trata de educar, implicar y comprometer a los jóvenes para que aprendan a tener otra visión, a reparar el daño provocado y a ponerse en el lugar de los ofendidos. Entre las condenas de Calatayud está el obligar a aprender a leer a chavales, a ser buenos padres a algunos que no ejercían como tal o chavales que han destrozado mobiliario urbano, lijar la fachada de edificios. No siempre puedes obligar a que la persona sienta el perdón que da, pero sí puedes obligarle a reparar el daño.

Algunos consejos para que el castigo sea eficaz y tenga un sentido educativo:

Trabaja la creatividad. ¿Alguna vez has pensado cómo ser creativo con los castigos de tus hijos? Trata de que la persona repare de alguna manera lo que ha dañado, o con una carta, o con trabajos a la comunidad (en este caso tu hogar). Si por ejemplo has oído una palabrota horrible o un insulto irrespetuoso, pide a tu hijo que investigue en internet sobre adjetivos sinónimos respetuosos de aquello que quería expresar y que te haga un informe con todos los que encuentre.

Busca la relación entre el castigo y la conducta incorrecta. Si trae malas notas y le dejas sin jugar al fútbol, además no haber leído el artículo magistral de Yolanda Cuevas, no tendrá ningún sentido. El castigo tiene que tener relación con la conducta problema. Suspende no porque juegue al fútbol, sino porque no se concentra, no tiene interés o no gestiona bien el tiempo. Es mejor buscar el motivo y luego corregir, antes que castigar con el deporte que no tiene nada que ver.

Lo primero que tienes que hacer es entrenar tu propia reflexión. No castigues en el momento en el que estás enfadado, porque castigarás de más, luego te arrepentirás y terminarás por levantarlo. Y con ello pierdes la autoridad y la credibilidad ante tus hijos.

Sé justo. No se trata de fastidiar adrede a la persona, sino de que aprenda un comportamiento alternativo correcto con el que desenvolverse en la vida. El castigo no es una venganza.

Habla con tus hijos desde la tranquilidad y la comprensión. Enséñales que todo lo que hacen tiene consecuencias y que somos responsables de ellas, y que cuando no cumplimos con los códigos de conducta y los valores, tenemos que apechugar con el daño. No les grites, ni amenaces, ni humilles. No es esta la finalidad del castigo.

Si no sabes que castigo poner, espera. Este punto no sirve en el caso de niños muy pequeños, a los que hay que enseñarles la inmediatez entre lo que hacen mal y el castigo. Por lo menos diles un NO ROTUNDO. A medida que los niños van creciendo y madurando, sí podemos retrasar la consecuencia de su mal comportamiento.

Déjales que participen. Pregúntales que qué castigo creen que merecen. Verás que ellos suelen ser mucho más exigentes que tú. Te pueden decir que estar sin móvil todo el mes cuando igual tú hubieras elegido solo una semana.

Trata de que se pongan en el lugar de la persona o la situación afectada. No basta con que les digas que está mal lo que han hecho. Pregúntales cómo creen que se sentirán los otros, el profesor al que han faltado el respeto, el compañero al que le han roto material escolar… Si no sentimos emociones, es complicado cambiar comportamientos. La empatía es básica en estos casos.

No levantes un castigo NUNCA. Es mejor no ponerlo. Por eso es importantísimo que recapacites y pongas el castigo desde la reflexión y no desde la ira.

Recuerda que ser permisivo no es ser tolerante, que si tienes manga ancha con todo lo que ocurre en casa y no pones límites, cuando quieras controlarlos no sabrás ni podrás. Lo que no se controla con 7 años no quieras hacerlo con 15, será casi imposible.

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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