PlenaMente

30 nov 2016

Aprende a manejar el rencor

Por: Patricia Ramírez

Rencor
Quien no olvida se perjudica sobre todo a sí mismo. No olvidar es rencor. El rencor se define como “un sentimiento de hostilidad o gran resentimiento hacia una persona a causa de una ofensa o un daño recibidos”. Genera mucho sufrimiento y es inútil. Hay emociones, que a pesar de hacernos sufrir, nos llevan a tomar decisiones o a sacar conclusiones útiles para nosotros, pero sentir rencor tiene poca utilidad. Sentimos rencor, sobre todo, cuando interpretamos que otro nos ha hecho daño adrede.

Las personas rencorosas sienten que el otro les debe una. Esto puede deberse a que has dado más en la relación, muchas de las veces sin que el otro te lo demandara. La sensación de injusticia respecto a lo que tú sufres en comparación con el que sale vencedor, hace que sientas rencor. El rencor implica no olvidar, no perdonar y estar esperando el momento de la venganza. Así es complicado vivir con serenidad y felicidad.

La sensación de injusticia lleva a proyectar en el otro toda la rabia sin pararte a analizar que mucho de lo dado no ha sido pedido, que gran parte de tu amor entregado ha sido un acto voluntario con el que buscabas agradar, complacer o incluso retener a la persona amada. También puede ocurre en el trabajo, con la familia o con los amigos. Cuando sientes esta emoción tan intensa tiendes a proyectar la responsabilidad o la culpa solo en la otra persona. Pero, ¿has analizado si lo que has entregado era algo solicitado por el otro, sin tu entrega en el trabajo, en la amistad, en la familia era algo que salía de ti o si era petición de otros? Puede que sientas que la balanza no está equilibrada. Pero más que por fallo del otro puede ser por tu deseo de agradar, de pertenecer, de complacer. Buscamos la aprobación de los demás y a veces pagamos un precio altísimo por ella. Y cuando los demás no se comportan con la misma generosidad, sentimos rabia y rencor por la situación de injusticia.

Cuando sientes rencor, te siente mal y tienes ánimos de venganza porque piensas que te sentirías mejor si el otro se sintiera mal, pero esto es falso. Cuando centras tanto la atención en el otro, sigues metido en el bucle. La otra persona no está pensando en ti, pero tú si en ella. Sigues teniendo tu foco de atención en otra persona en lugar de invertir energía en hacer cosas que te hagan sentir bien a ti. Desearle el mal, pensar en la lo injusta que ha sido la situación, o en que mereces más, no te va a devolver ni el tiempo perdido ni lo que has entregado, pero sí te va a envenenar y va a hacerte sufrir.

Decidir vivir sin rencor es una decisión inteligente. El rencor provoca que pienses más en el otro que en ti mismo y esto, te aleja de vivir. En muchas ocasiones, responsabilizarte de qué pasó y de cómo interviniste tú permite poner en orden las emociones y dejar de culpar al otro por todo. Es cierto que existen ocasiones en las que uno es una víctima completa de la situación, pero incluso en estas, igual no se trata de perdonar, pero sí de dejar de vivir con odio. Porque el odio, el rencor y la venganza te impiden estar en tu presente, en la gente que quieres y en lo que te aporta. El odio sigue alimentando el pasado.  Recuerda que lo que sientas por dentro no depende de lo que ocurre fuera. Si Víctor Frankl, psiquiatra judío que vivió un calvario durante la Segunda Guerra Mundial consiguió, después de vivir tres años el holocausto nazi en un campo de concentración, todos podríamos ser capaces de aprender a vivir en paz sin contar con la buena intención o la disculpa del ofensor.  

Para vivir sin rencor, puedes practicar los siguientes consejos:

Realiza una técnica de meditación encaminada a serenar esa emoción. Puedes visualizar a la persona a la que tienes rencor y desearle que tenga paz, que la vida le vaya bien y alejarla simbólicamente de ti, como si se fuera desvaneciendo poco a poco. Esa técnica es útil para aquellas personas a las que no les perdonamos una infidelidad, las que te han dejado, para el compañero de trabajo que promocionó al puesto que tú deseabas, etc. No la practiques en casos de maltrato o con otro tipo de humillaciones. A estas personas es difícil desearles paz, pero deja de desearles sufrimiento y trata solo de alejarlos de tu vida. La gente no tiene “lo que tú crees que merecen” Solo por fantasearlo. Deja de hacerte daño.

RENCOR 2

Deja de medir. Imagina que es cierto que has entregado más, que has sido más generoso, que le dedicaste más tiempo, que invertiste más recursos incluso dinero en la relación…qué más da. Puede que hayas ayudado más a un compañero de trabajo, que hayas sido más servicial, más generoso…qué más da. En la vida también ocurrirá alguna vez a la inversa, y si no…qué más da. Aprende a dar en función de lo que te sale no de lo que crees que van a valorar los demás. Aprende a dar con generosidad, es decir, sin medir lo que viene de vuelta. Una cosa es dar y otra, planificar el retorno de lo que das. Esperar el retorno de tu entrega te llevará a sentir rencor.

Acepta la parte injusta de la vida. Existe para todos. En algún momento nos tocará vivir lo que no merecemos. Y de nada sirve pensar en que no eres merecedor, en que tú eres una buena persona y que aquello que siembras deberías recogerlo. La vida no funciona así.  Puede que el resultado de la relación personal no sea el esperado ni planificado, o puede que a nivel laboral trabajaras en el proyecto para tener algo que has perdido. Acepta que por ser una buena persona no siempre te van a salir bien las cosas, porque lo que tú valoras bueno para la relación puede ser que para el otro no tenga tanta relevancia. Dar mucho de lo que el otro no valora es como no dar nada.

Cierra carpetas. Cuando sientes rencor sueles convertir el tema en monotema. Es decir, hablas de él a todas horas buscando el consuelo y la complicidad de los tuyos. Esa complicidad hace que sientas que tienes razón. Y seguramente, así será. Pero por buscar la razón pagas un precio alto, tu dolor al seguir conectado con la ofensa y el ofensor. Dale un espacio, decide cuánto tiempo vas a hablar del tema y luego, para. Deja de desearle que sufra y que le vaya mal en la vida. Estos pensamientos no son buenos para ti, tú no eres así.

Responsabilízate de la parte que te toca. ¿Pudiste darte cuenta antes de que no te quería como querías que te quisiera? ¿Tu compañero de trabajo fue contigo tan generoso como tú con él? ¿Tu jefe fue agradecido con tu compromiso, con las horas que dedicabas, con las renuncias que hacías tu vida personal? Muchas veces tenemos señales evidentes de no estar recibiendo por parte de los demás lo mismo que estamos entregando, pero nos sentimos cómodos buscando esa aprobación, la admiración o el amor y atención que no recibimos. Y si al final, después de dar tanto, tampoco lo conseguimos. Y entonces deseamos que el otro lo pase mal, que sea consciente de lo que se ha perdido y que alguien le haga a él lo que estás sufriendo tú. Tranquilo, por mucho que proyectes, no va a pasar. O por lo menos no va a pasar porque tú lo deseas. Dedícate a tu vida y deja que el destino siga su curso.

Las personas entregadas y generosas creen que se lo merecen todo y no se dan cuenta de que igual el motivo del conflicto no está en todo lo que diste sino en otros detalles que no funcionaban. Ser bueno con tu tiempo, con tu fidelidad y con otros valores no asegura del todo el éxito de la relación con las personas. Si no todos los “buenos” estarían felizmente emparejados o les iría bien en la vida y todas las personas de poca calidad humana estarían solas y con vidas mediocres.

Hay 2 Comentarios

Muy buen artículo.
Yo plantearía otra perspectiva también, la de la persona que convive con una persona muy rencorosa a la que pretende ayudar para que no se aísle ni se autodestruya. Es más fácil que una persona intenté mejorar porque ella quiera pero si no se da cuenta del mal que se está haciendo ¿Con que armas puede actuar la persona que cohabita con una persona rencorosa? ¿Cómo es posible cambiarle esa perspectiva, esa visión de los acontecimientos?

Excelente articulo, muy pocos creemos que no podemos ir cerrando ciclos en la vida... enhorabuena Patricia...

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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