PlenaMente

23 nov 2016

¿Aprendes de la experiencia o mantienes tus valores y tu forma de ser?

Por: Patricia Ramírez

A veces es más cómodo

Los tropiezos, las bofetadas que nos da la vida o los desengaños, van configurando nuestra forma de ser, como también lo hacen las sorpresas agradables, los éxitos y los buenos momentos.

Son muchas las buenas personas, las comprometidas y las que tienen palabra. Pero no todo el mundo es igual. La gente falla, y lo hace sin remordimiento y sin pedir perdón en muchas de las situaciones. La cobardía es un valor que pulula como lo hace el virus del resfriado. Y esto ocurre desde situaciones nimias hasta momentos profundos e importantes de nuestras vidas. Son muchas las experiencias durante el día a día en las que la gente no está a la altura o te defrauda: llegar a tarde a las reuniones, fallar en su palabra, no ser tan amable, generoso o profesional como puedes serlo tú con ellos, no tener detalles poniendo como excusa el estar muy ocupados, ser deshonestos, engaños, infidelidades o la desconsideración. Estas experiencias y decepciones podrían llevarte a cambiar tus normas. Yo he decidido no hacerlo. No quiero hacerlo porque no quiero dejar de tener confianza en la gente. Tenerla me hace sentir que vivo en un mundo seguro y confiable, a pesar de los que fallan. Igual es una manera de engañarme, no lo sé, pero me gusta creer que la gente tiene palabra, buenas intenciones y buenos sentimientos como norma general.

Uno de los criterios para elegir aprender del que te falla o seguir siendo como eres tú, es valorar las consecuencias que implica para el ti el fallo del otro. Que te fallen a una reunión de trabajo porque alguien te deja colgado puede ser incómodo, una pérdida de tiempo, pero que te falle tu pareja engañándote con otra persona es mucho más grave. En estos casos igual no tenemos que cambiar la forma de ser y convertirnos en alguien desconfiado, pero sí estar atentos a las señales evidentes de que no le interesas o de que te está engañando. Cada situación tiene sus señales, por lo general, evidentes. En el caso de una infidelidad, puede que no te presten atención, que no tengáis relaciones sexuales, que tenga más salidas y compromisos de lo habitual, que esté enganchado todo el día al teléfono y esté celoso de su intimidad u otros signos, o puede que ninguno. Lo cierto es que a veces es más cómodo no querer ver con tal de no enfrentarnos a una realidad que no deseamos para nosotros. No puedes tener todo bajo control por muy desconfiado que te vuelvas. Porque el que te quiere dejar colgado o engañar siempre encontrará un camino para hacerlo. Y vivir con esa desconfianza y con el miedo a sufrir puede ser algo muy angustioso. 

Muchas veces dejamos de analizar lo que ocurrió, lo dejamos pasar, incluso ni hablamos de ello. Pero necesita una lectura por mucho dolor que provoque. Una lectura que nos ayude a analizar de qué manera también fuimos nosotros responsables. Una persona que ha sido engañada por su pareja igual es responsable de no haberse sentado hablar de forma clara por miedo a descubrir la verdad cuando pensó que algo raro estaba pasando en su pareja. Si solo echamos la culpa a los demás, nos cerramos al cambio y no sabremos cómo actuar la próxima vez. Incluso la decisión de seguir haciendo lo mismo tiene que venir del análisis y toma de decisiones previos.

No aprender puede ser un signo de poca inteligencia o de no querer de salir de tu zona confortable pero también puede ser una decisión meditada que tiene un por qué. Lo importante es elegir cuándo deseas que una experiencia te deje huella o cuándo piensas hacer borrón y cuenta nueva. El borrón y cuenta nueva también tienen su parte egoísta, no es todo bondad. Y es que el coste de cambiar tus valores es mayor que el dolor de las consecuencias de que alguien te falle.

Para mí siempre será una máxima tratar a los que llegan a mi vida como si no hubiera tenido experiencias negativas con otros. Me parece que es un signo de bondad, de respeto y de confianza. Podría aprender de los que me fallan, pero he decidido que el aprendizaje que me dejan todos los que no lo hacen es mayor y más satisfactorio. Eso sí, hacer el canelo, no.

 

Hay 1 Comentarios

excelente reflexcion me ecanto este articulo.

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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