PlenaMente

14 dic 2016

Ahogar las penas...en alcohol

Por: Patricia Ramírez

Alcohol
No sé si a vosotros os extraña tanto como a mí la típica escena de serie americana en la que ella o él, profesionales brillantes, vuelven a casa por la tarde, cansados y frustrados, y sin descalzarse, lo primero que hacen es abrir el frigorífico y servirse una copa de vino. Una copa de vino que beben del tirón para ponerse luego una segunda copa. Ejemplo de ello son las escenas que ofrecen series como The Good Wife con Alicia Florick, Homeland con Carrie Mathison o todos los que protagonizan Mad Man. Nos dan a entender que si la vida va agobia, si sientes pena, miedo, ansiedad, frustración, bebe alcohol, porque con él, ahogas las penas.

Es indiscutible que cualquier copa de vino, wiski, o cualquier tipo de alcohol es nociva para la salud, a pesar de que vendan los beneficios que nos dicen que tiene el vino tinto. El alcohol es alcohol. Pero si encima lo utilizas para gestionar las emociones que te incomodan buscando un falso e inducido estado de felicidad, lo conviertes en una bomba que explotará tarde o temprano. Porque el alcohol, como cualquier droga, genera adicción. Esto quiere decir que esa copa de vino que un día tomas para “ahogar y olvidar las penas” no será suficiente la próxima vez, y necesitarás una dosis mayor para sentirte bien. Se llama tolerancia. Aquellos que se jactan de decir que a ellos el alcohol no les afecta, que se pueden beber cinco copas, que no les cambia el comportamiento y controlan perfectamente la situación, además de ser del género ignorante, suelen tener un grado alto ya de tolerancia al alcohol. Porque esa tolerancia significa que su cuerpo ya se ha acostumbrado a ingerir esa cantidad completamente nociva. De ahí al alcoholismo, si no presenta ya algunos síntomas, hay un telediario.

Muchas son las personas que dicen “no, yo no tengo problemas con el alcohol, bebo unas cervecitas cuando salgo del trabajo, la copita de vino que es buena para la salud al medio día y por la noche una cervecita cenando, e igual, si me relajo en casa, una copita con mi mujer”. Y como quien no quiere la cosa, has consumido una barbaridad de alcohol. Pero la gente no tiene conciencia que esto sea beber de forma abusiva. Esta idea de repartir las cervezas y el vino a lo largo del día, asociado a actos sociales, no lo ven como un abuso. La gente entiende que abusar del alcohol es faltar el respeto, comportarte de forma agresiva, balbucear, no ser capaz de coordinar el pensamiento o que te dé por los cantos regionales.

Tenemos asociada la imagen del alcohólico a la persona que se sienta sola a la barra de un bar y pide una copa detrás de otra para ahogar las penas. Unos acallan sus emociones y otros tratan de ser más divertidos, extrovertidos y relacionarse en un grupo a través del alcohol. En ambos casos hay abuso. Tanto el alcoholismo como el abuso del alcohol pueden acarrear serios problemas, no solo para la salud, lo que es obvio pero a veces no queremos reconocer, sino para el entorno: afecta a la relación de pareja, a la eficacia con la que trabajamos, al descanso, a la impulsividad o el modelo de conducta que se traslada a los hijos.

Estos son algunos de los síntomas que pueden indicar que tienes un problema con el alcohol. No siempre quiere decir que seas alcohólico o que vayas a serlo, pero sí que tienes que tomar pedidas porque terminará afectando a tu vida personal, profesional, familiar y social.

Necesidad de beber. A veces la persona esconde la necesidad diciendo que no lo necesita, que solo bebe porque lo disfruta. Lo cierto es que sería incapaz de pasar sin él.

Tolerancia. Cada vez se necesita más cantidad para encontrar el estado emocional deseado, es decir, querer controlar tu pena, tu ansiedad, tus problemas o ser más extrovertido en un grupo.

Bebes, a veces solo, para olvidar.

Cruzas los límites: te muestras agresivo o te saltas las normas establecidas, conduces sabiendo que está prohibido, etc.

Desinhibición: te comportas con desinhibición cuando humillas, te ríes de forma descontrolada, haces el ridículo, no valoras las consecuencias de tu comportamiento o de tu discurso.

Una sensación horrible al día siguiente: “ayer me pasé otra vez. No puedo beber tanto cuando salga, es que no sé parar”. Estos son los típicos comentarios de muchas personas que se lamentan al día siguiente. Y es que, una vez que empiezas a beber, tu cerebro se desinhibe, y en ese momento será muy, pero que muy complicado, que atienda a lo que debes hacer en lugar de lo que te place.

Si te sientes identificado no te excuses en la idea de que todo el mundo hace lo mismo. El consumo de alcohol se relaciona con multitud de enfermedades, incluido el cáncer, con trastornos del comportamiento y muchos otros problemas. Problemas que pueden acarrear serias consecuencias que pueden cambiar el rumbo de tu vida.

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Sobre el blog

“Las personas felices lo son, no porque tengan más que los demás, sino porque centran su atención en lo importante”. La visión que tenemos del mundo, de nuestro entorno, condiciona nuestro bienestar y con ello la implicación, el compromiso y la actitud que tenemos con nosotros y con los demás. Hay personas que esperan el momento perfecto para dar un paso. Pero el momento perfecto está tan solicitado, que el día que aparezca, habrá que repartirlo entre demasiados. Con este blog te invito a entrenar tus emociones, tus pensamientos y tu actitud. Te invito a responsabilizarte de lo que ocurre alrededor para que no condicione tus decisiones. Tenemos un derecho maravilloso que es elegir. Elige tu modo de conducta, elige lo que quieras ser, elige cómo quieres vivir y sentir.

Sobre el autor

Patricia Ramírez

Licenciada en Psicología, Máster en psicología clínica y de la salud y doctorada en el Departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, Patricia Ramírez es experta en psicología deportiva (campo en el que ha asesorado a equipos de fútbol como el Real Betis, el RCD Mallorca o el CB Granada) y trabajo en equipo. Colabora en varios medios de comunicación (TVE, El País semanal, Marca…).

Es autora de Así lideras, así compites (Conecta, 2015), ¿Por qué ellos sueñan con ser futbolistas y ellas princesas? (Espasa, 2014), Autoayúdate (Espasa, 2013), Entrénate para la vida (Espasa, 2012), Gestión y Control del Estrés, con Zoraida Rodríguez Vílchez (Conzepto, 2008).

http://www.patriciaramirezloeffler.com/

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