Poco Frecuente

29 ene 2017

Rafa Aguilar

Por: Álvaro Villanueva

El pasado mes de julio falleció mi suegro Rafa, “Raspa” para los amigos. La semana siguiente a su muerte estuve pensando en escribir un artículo ensalzando su figura. Lo desestimé, ya que nunca me gustaron las alabanzas gratuitas que se hacen de los fallecidos nada más irse. Preferí darme un tiempo para asimilar su pérdida y poder escribir con tranquilidad y hacerle justicia sin caer en la alabanza vacía.

Podría parecer que no viene a cuento hablar de él en este blog, pero nada más lejos de la realidad. Mi suegro se nos fue tras una larga enfermedad, cáncer, que fue destrozándole poco a poco el cuerpo, pero no su espíritu de lucha y de ganas de vivir. Esa lucha, esas ganas de vivir a pesar de todo el sufrimiento por el que tuvo que pasar, me ayudaron muchísimo, entre otras cosas, a darme cuenta de que si mi hijo pudiera hablar, me transmitiría lo mismo que hacía su abuelo, esas ganas de vivir.

Su largo adiós nos dejó dos héroes: mi suegro, por su entereza hasta su último suspiro, y mi suegra, que no lo abandonó ni un solo minuto, no dejando que nadie la revelara ni una sola noche hasta el último momento. Nos enseñaron que el amor es mucho más que decirse "te quiero", y que donde realmente se demuestra el amor es estando ahí en los momento difíciles y asumiendo la enfermedad del otro como propia, recordando lo que los unió y el porqué de estar ahí.

Un ejemplo de esas ganas de vivir fue una tarde que llegó mi a casa. Llevaba ese sombrero azul marino tan elegante que le caracterizaba y su bastón. Se movía con cierta dificultad, el cáncer estaba muy avanzado, y según entró por la puerta me preguntó si tenía todos los materiales que me había pedido para arreglarme la puerta del trastero. Me dijo que no se me ocurriera intentar arreglarla, que seguro que lo haría mal, y que tuviera todo preparado para cuando estuviera bien y pudiera arreglarla. Ese día apenas pudo moverse del sofá de los dolores que tenía.

Esos dolores que no le impedían seguir intentando disfrutar de las cosas buenas de la vida. No quiso perderse la comunión de mi hijo Alvarete, un par de meses antes de su partida, fue en silla de ruedas intentando disimular su cara de dolor. En cuanto uno de sus múltiples nietos se le acercaban a saludarlo, él sacaba una sonrisa e intentaba aparentar que no pasaba nada.

Mi suegro era el pequeño de una gran familia numerosa. A lo largo de su vida tuvo que despedirse de muchos de sus seres queridos, entre ellos su hermano mellizo, y eso lo marcó profundamente. Se le notaba una tristeza a la vez que orgullo al hablar de sus hermanos, padres,… Lo que lo llevó a cargar con una importante cruz interior cuando se enteró de la enfermedad de su nieto mayor. No nos decía nada, pero cuando había que estar, aparecía sin que nadie lo llamara. Tenía su despacho empapelado de fotos de sus nietos (a pesar de la prohibición, ya que fueron su gran pasión), acribillaba a su gran cantidad de amigos con emails hablándoles de su nieto mayor,…

De esas apariciones me acuerdo especialmente de la penúltima operación de Alvarete. Se vino hasta Grenoble dos veces a estar con su nieto, la primera cuando supuestamente iba a ser la operación, y más tarde cuando finalmente fue. Y cómo le fastidió no poder ir a la última operación, ya que no se lo permitieron los médicos. Él sabía que en las familias no hace falta hablar, lo que hace falta es estar ahí cuando se te necesita.

Rafa


Profesionalmente tuvo una carrera de lo más exitosa. Era técnico Comercial y Economista del Estado. Fue Jefe de Sección de la Dirección General de Consumidores, Delegado Regional del Ministerio de Comercio para Aragón y Soria, Consejero Económico y Comercial de la Embajada de España en Berlín, Subdirector Comercial del INI, Presidente de INIEXPORT, Consejero Económico y Comercial de la Embajada de España en Santiago de Chile y diversos puestos en el ICEX, entre ellos, Director de la División de Iniciación, Implantación y Cooperación Empresarial,… Una vida dedicada a vender la marca “España” en el exterior, y así se le reconoció con varios premios. Entre otros se le distinguió por su apoyo a la internacionalización de la empresa española por el Club de Exportadores e Inversores y con la Encomienda Isabel la Católica, de la que se sentía especialmente orgulloso, ya que se la entregaron en el hospital en una ceremonia muy emotiva.

Muy amigo de sus amigos (reventaron la iglesia el día de su funeral, no cabía un alma) y un gran amante de su familia… Siempre había motivo para celebrar con ella. Seguro que su espíritu estará presente en la próxima reunión de la gran y numerosa familia Aguilar en Cubas de la Sagra, su querido pueblo.

A un hombre se le conoce por su legado, y mi suegro dejó una maravillosa esposa que le demostró su amor hasta el último momento y tres maravillosos hijos, Marta, Rocío (mi roca), y Rafa. Además de 10 nietos, el último de ellos Rafita.

Suegro, espero que hayas sabido perdonarme por robarte a tu hija, por hacerla atlética y por tantas otras cosas. Seguro que ya estarás arriba esquiando con los ángeles y disfrutando con todos los tuyos que te precedieron, cuidando de tu familia terrenal que te añora y, por qué no, preparando la gran fiesta Aguilar porque "hay motivo".

Álvaro Villanueva
@alvaro_villanu

Hay 4 Comentarios

Siempre

Maravilloso texto, muy bien escrito y entrañable. Me he emocionado.que el espíritu de Rafa te ayude ayudara a Alvarete.

Impresionante Alvaro

Impresionante Alvaro

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Sobre el blog

Un espacio sobre y para gente poco frecuente, para que vean el vaso medio lleno y piensen que la vida es para disfrutarla.

Sobre el autor

Álvaro Villanueva

Álvaro Villanueva está felizmente casado y tiene cuatro maravillosos hijos. Su hijo mayor, Alvarete, sufre una Enfermedad Rara a la vez que devastadora, lo que le ha hecho despertar su espíritu social. Ahora lucha por mejorar la atención a los pacientes con enfermedades poco frecuentes.

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