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13 jun 2010

2000 años de cine no es nada

Por: Borja Bas

FOTOGRAMAS 14-15_ok

Fotogramas, publicación decana de la prensa cinematográfica en España, celebra este mes su número 2000 con dos esplendorosas pin-ups, Leonor Watling y Maribel Verdú, soplando pícaramente las velas en portada. Pero existe un reverso oscuro, cafre y pasado de vueltas en estos fastos, otra pareja igual de memorable dispuesta a calcinar cualquier vestigio del cine tal y como lo hemos conocido. Tras desafiar a uno de nuestros tótems en “Mis problemas con Amenábar”, regresan Mostrenco y Che-Qué-Loco, alter ego del periodista Jordi Costa y el dibujante Darío Adanti. Se suman a los fastos de Fotogramas con “2000 años de cine” (ed. Glénat), el cómic que jamás comprarían los Lumière.

Todo comenzó con un lapsus. El de Toni Ulled, director de la revista, traicionado por los nervios en una reunión de redacción. “Y ahora vamos a hablar del número de los 2000 años de Fotogramas, solté sin pensar”, recuerda. “Y claro, todos aprovecharon para descojonarse del jefe, como hacen siempre a la menor ocasión. Sin embargo, sirvió para que empezáramos a lanzar ideas supersurrealistas: que si Napoleón tenía siempre la mano en la pechera porque ocultaba un Fotogramas, que si a Newton no se le cayó una manzana encima, sino el Fotogramas… Al salir de la reunión no lo dudé: de ahí podía salir un cómic, algo que sumar a nuestra celebración”.
 
Incauto de él, encomendó la misión a Jordi Costa y Darío Adanti, habituales colaboradores de la revista, que le transformaron en una suerte de emperador atolondrado con la cara de George Clooney. Bajo la sencilla premisa de “contar la bonita historia de progreso y utopía de la publicación”, sus alter ego comiqueros, Mostrenco y Che-Qué-Loco, se embarcan en un delirante viaje espacio-temporal con un plan secreto: borrar el séptimo arte de la faz de la Historia.

Quizás menos sangrantes de lo que a muchos de sus seguidores les gustaría, pero siempre entregados a la incorrección en su pirueta narrativa, facturaron este cómic en el tiempo récord de dos meses. “E, inevitablemente, se traslucen las referencias que teníamos más presentes en ese momento de nuestra vida”, desgrana Jordi Costa. “Mientras lo escribíamos vivíamos el momento de máxima tensión del final de Perdidos. Como no sabíamos cómo iba a acabar la serie, aprovechamos para hacer una especie de subPerdidos y cerrarlo como a nosotros nos diera la gana”. Solo que en lugar de preguntarse si hay luz al final de la caverna, quién demonios es Jacob o por qué hay osos en el purgatorio, se enfrentan a otras fuerzas desconocidas como un James Cameron rey del universo avatarizado, un megalómano Ridley Scott que campa a sus anchas a lomos del tiempo o el cómico Louis de Funès transformado en taimado emperador con derecho de pernada sobre las mujeres más bellas de Europa.

Entre las improbables subtramas, asoma la idea del cine como arma de dominación mundial. “Siempre ha vivido bajo esa eterna sospecha de si es arte o industria, o si tiene que ser algo esencialmente popular”, explica el autor. “En el cómic introducimos el factor de qué pasaría si realmente el cine acaba demostrando la existencia de Dios. Sería algo espantoso. Como dice Ridley Scott, ‘el hombre sólo está preparado para vivir en la incertidumbre’. Queríamos darle una vuelta de tuerca a la idea ésta de guerra santa, que vuelve a estar un poco presente en nuestra realidad. Y plantear qué pasaría si quien tuviera que dar permiso para que una peli se ruede o no fuera Ratzinger. Nos servía también para asociar la historia al tipo de ficciones conspirativas que tienen tanto éxito. El capítulo del Vaticano en el cómic es nuestro particular homenaje a Ángeles y demonios. Ojalá haber hecho eso nos diera todo el carisma comercial que tiene Dan Brown”.

Mejor no desvelar más. Sólo recomendar la lectura enfebrecida de la gesta de esta versión ibérica, bizarra y follonera de Marty McFly y Doc Brown. Una última advertencia: no esperéis ningún alarde de conciencia y autodeterminación a lo Desmond Hume. Al fin y al cabo, como remata Costa, “lo podríamos haber cerrado con una escena en una iglesia dándonos todos la paz, pero no es nuestro estilo”.

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Hay 4 Comentarios

Mañana mismo me lo compro! Felicidades Fotogramas!

Ay, cuanto daño ha hecho Lost a la narrativa moderna... Soy yo la única que piensa que me han tomado soberanamente el peloi?

Pues a mí muchas de sus bromas no me hacen ni puta gracia. SE creen x encima del bien y del mal. El típico síndrome dl crítico cinematográfico

A saber qué perrerías se les han ocurrido ahora a estos dos piezas. Después del despelleje de "Mis problemas con Amenábar" me espero lo peor. O lo mejor, quiero decir.

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El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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