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16 jul 2010

La innecesaria revolución 3D de las consolas.

Por: Néstor Parrondo

Nintendo3ds06 A mi perrita no le gustan los cambios. Siempre se levanta la misma hora, siempre hace el mismo bailecito nervioso para demostrar su impaciencia para salir, y siempre hace sus necesidades en los mismos sitios del barrio. A mí me pasa exactamente igual con los videojuegos.

Me gusta cuando en enero, Electronic Arts sacan un juegazo (Mass Effect 2, Dead Space 2  o Dante´s Inferno), que me dura hasta abril, justo cuando Rockstar  presenta sus obras maestras (Bully, GTA IV o Red Dead Redemption) y pasar un verano entretenido, hasta que en septiembre, Microsoft ponga a la venta una nueva entrega de Halo. Hacia octubre-noviembre me alegro con una nueva edición de Pro Evolution Soccer, el mejor simulador de fútbol. Y mi año termina con algún bombazo de Nintendo (Metroid, Zelda o Profesor Layton). Es así desde hace 5 años y soy muy feliz. Pero algo amenaza con cambiar mi rutina. No sé a qué geniecillo se le ha ocurrido adaptar las tres dimensiones a las consolas. Si en el cine es una forma de escape ante la amenaza de internet, en los videojuegos, cómodamente instalados en una montaña de dinero, me parece algo absurdo.  

Si se compara el mundo de los videojuegos con el del cine, el momento actual de la industria sería parecido a la época dorada de las productoras. Los videojuegos salen año a año como churros: el mismo estudio de desarrollo pasa de hacer un videojuego de ping-pong, a uno de coches y al año siguiente, uno de vaqueros. El público los compra en masa, casi no existen figuras de renombre y sí equipos que trabajan a destajo para crear obras de arte de forma industrial. Como en la época en la que MGM o Paramount partían la pana. La tele acabó con esta etapa. Y una de las defensas del cine, para volver a seducir a la masa, fue las tres dimensiones. Aparentemente, nada amenaza a los videojuegos. No hay obstáculos para que se siga explorando el camino que han abierto los juegos de puzzle para Nintendo Ds, las películas interactivas tipo Alan Wake o Heavy Rain, las locuras de rol japonés (bendito Final Fantasy) o las futuras maravillas de Rockstar, como L.A. Noir. 

En la pasada edición del E3, la feria más importante del universo jugón, PlayStation  presentó una serie de juegos en tres dimensiones. Sólo podrán ser jugados en una consola PS3 que esté conectada a una televisión con capacidad 3D y con unas gafas especiales. Entre ellos, la joya de la corona de esta consola, Killzone 3. Si en el cine estos trucos de la percepción pueden tener su gracia en según qué películas, en los videojuegos su uso es más limitado. Se reduce a cambiar de plano al protagonista (ya sea este un avión, un perrito o un soldado kazajo) y apreciar el escenario con una falsa sensación de profundidad. Si quieren simular la experiencia, cojan una caja de zapatos, córtenla por la mitad, peguen una figura de acción cerca del borde, y al otro lado peguen un papel con un dibujo. Pongan sus ojos detrás de la figurita y voilà. ¿Revolucionario?   


En la última década, se ha pasado de que los periodistas  de este sector hablasen de manera cansina sobre los aspectos estéticos de los videojuegos, como los gráficos o el sonido y de entes de difícil o imposible definición como “jugabilidad”,  a valorar aspectos de la construcción de personajes y narrativos de un entretenimiento que vive un presente esplendoroso y que hasta hace bien poco ha sido denostado como algo para pajilleros o niños con problemas sociales. Las tres dimensiones pueden devolvernos a esa época oscura en la que sólo se valoraba los aspectos estéticos y se descuidaba la chicha emocional. Y a que la gente diga cosas  como “cómo se le ven las tetas a Lara Croft” o “esa puta explosión ha sido delante de mis putas narices”. 

   
MOTORSTORM_3D
La semana pasada pude asistir a la presentación de la Nintendo 3DS
, la versión en tres dimensiones de la consola portátil más vendida de la historia. En este caso, Nintendo ha tenido dos grandiosas ideas: la primera es que la consola incluye una barra lateral para regular las dichosas tres dimensiones. Si queremos jugar al juego sin ese efecto óptico, podremos hacerlo. La segunda: para poder apreciar la profundidad no hacen falta las gafas. Sinceramente, disfruté más de otros aspectos de la consola, como su mayor potencia, su cámara con capacidad de reconocimiento facial (en Nintendogs + Cats, el tamagotchi protagonizado por perros y gatos, éstos son capaces de reconocer a través de ese dispositivo la cara de sus dueños y responder a sonrisas), su mayor potencia, lo espectacular de su pantalla y lo chulo que es el nuevo stick de la consola. Nintendo ha entendido que el éxito está en eliminar cosas que nos restan dignidad (las gafas) y nos aportan libertad (regular o eliminar las tres dimensiones). Lo van a partir, porque mucha gente se muere por las tres dimensiones y no son obsesos-inmovilistas. Y a la vez, yo podré estar tranquilo con mis rutinas, bajando esa bendita barra lateral y viendo los juegos en dos dimensiones. Pero que nadie me obligue a ponerme unas gafas ionizadas o de cristal líquido en mi casa porque no quiero perturbar a mi perrita.  

 

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Hay 3 Comentarios

¿Puede ser que un juego creado para 3D pierda calidad gráfica si lo jugamos sólo en 2D? ¿En un futuro a corto plazo, estaremos condenados los "jugones" a morir al palo de las 3 dimensiones?

Creo que es mejor perfeccionar lo que está al alcance de todos antes que crear algo mediocre para unos pocos....

Realidad Aumentada YA en la DS y menos 3D, coño! :D

Joder, menuda chapa, chaval. Cortate un pelo la próxima vez, que no hace falta tanta verborrea.

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SOBRE EL BLOG

El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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