POP etc

04 ago 2010

La nefasta vida de un narconiño

Por: Gabriela Wiener

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¿A quién, en los tiempos que corren, se le ocurriría la brillante idea de enviar un manuscrito sin recomendación alguna, sin el gancho de un amigo del mundo literario, de un agente, sin al menos haber hecho una llamada? Muchos creen que si envías una primera novela inédita por correo a una editorial, a una importante editorial, si la envías en especial como cualquier hijo de vecino, hay un alto porcentaje de probabilidades de que acabe en la trituradora de papel. Pero los designios del mundo editorial son misteriosos. Y Jorge Herralde lo sabe mejor que nadie. El editor de Anagrama tomaba el sol en la playa de Formentor cuando de una montaña de tochos separó aquel discreto atadillo de páginas y, al echarle un ojo, tuvo una de esas corazonadas, una parecida a la que tuvo ante la novela de Kiko Amat o ante el minúsculo primer libro del chileno Alejandro Zambra.  

“Tenía poco que perder. Ahora bien, con todos los comentarios que me han hecho después… no me habría molestado ni siquiera en imprimir la novela y meterla en un sobre”.  Al habla Juan Pablo Villalobos, mexicano de 37 años, afincado en Barcelona, quien tiene el buen gusto de no frecuentar fiestas literarias y se gana la vida en cosas que nada tienen que ver con escribir, aunque su educación literaria pase por autores como Felisberto Hernández, Jorge Ibargüengoitia, Efrén Hernández, César Aira, y una obra como el Ferdydurke de Gombrowicz, que considera una especie de Biblia. Gracias a que no perdió la fe ha podido debutar a lo grande: “Tiene una lógica aplastante que me hayan publicado, sobre todo si miras la cantidad de libros de Anagrama en mi biblioteca”.

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Fiesta en la madriguera (Anagrama, 2010) es el monólogo de Tochtli, el pequeño hijo de un narcotraficante aislado del mundo en una especie de palacete en el que pasa sus días aburrido aprendiendo palabras raras del diccionario, leyendo libros sobre la revolución francesa, coleccionando sombreros y soñando con el día en que su padre, un capo de la mafia, le regale un hipopótamo enano de Liberia. Ese animal en extinción se volverá fetiche del curioso narrador, leit motiv de la novela a lo largo de sus 104 escasas páginas y símbolo de los niveles de vacuidad y absurdo a los que pueden llegar los caprichos del poder. Para Tochtli, los asesinos de todo pelaje, las prostitutas de lujo, los políticos corruptos y narcos en general que visitan su palacio, esconden armas, decapitan gente, amontonan cadáveres, negocian candidaturas y venden drogas. Son ni más ni menos que entrañables personajes de ese sórdido cuento de hadas que es su propia vida. Con el tiempo, Tochtli se dará cuenta de que todo lo que lo rodea es “nefasto” o “patético” (sus palabras favoritas del diccionario):

“Hoy hubo un cadáver enigmático en la tele: le cortaron la cabeza y ni siquiera se trataba de un rey", dice Tochtli. "Tampoco parece que fuera obra de los franceses, que gustan tanto de cortar las cabezas. Los franceses ponen las cabezas en una cesta justo debajo de la cabeza de rey. (…). Patético. Los mexicanos no usamos cestas para las cabezas cortadas. Nosotros entregamos las cabezas cortadas en una caja de brandy añejo”. Villalobos se documentó sobre el mundo del narco, “lo suficiente para no decir ingenuidades. Y al final he acabado sintiendo que me quedé corto, nunca es suficiente exageración cuando se escribe sobre el narco”.

Y lo narco está de moda: no solo es una industria que tiene, literalmente, en jaque a países como México –y no olvidemos que España se disputa con EE UU el primer lugar como país consumidor– sino que ha generado toda una subcultura que tiene en los llamados narcocorridos su expresión más popular, pero que abarca muchas otras disciplinas. La “estética” narco –entre el kitsch y la exaltación de la violencia– se impone. En las series de televisión –¿alguien se dio cuenta de verdad de qué iba Sin tetas no hay paraíso– y, por supuesto, la literatura, que está plagada de traficantes todopoderosos, mujeres que son monumentos de la cirugía estética y ese lujo chillón de nuevos ricos que solo pueden gastarse sus millones encerrados en sus respectivas haciendas. Los americanos tienen Los Soprano y los hispanos tenemos a Los Tigres del Norte.

En medio de esta especie de boom de la llamada narcoliteratura que tiene a otro mexicano, Yuri Herrera, autor de Trabajos del reino, como punta del iceberg, la apuesta de Villalobos es mucho más sencilla, pero no menos contundente. Su principal preocupación ha sido no caer en el moralismo al que un tema como el narcotráfico puede empujarte. Lo ha logrado con la voz de ese niño, extraña y cruel en su inocencia: “Esa voz me liberaba de emitir juicios morales y de caer en la búsqueda de soluciones al problema del narco, lo que nunca me interesó. Y porque me permitía decir toda clase de tonterías absurdas con impunidad absoluta”.

¿Por qué cortan cabezas todos los días en tu país?", le pregunto. Y no me contestes como un niño. “Porque hay un señor que se ha creído que el problema del comercio de drogas se soluciona con pistolas y soldados. Y porque hay unos señores que se creen que el país entero es su madriguera y que pueden hacer lo que les venga en gana. Por otra parte, cortar cabezas y mutilar cuerpos está muy arraigado en la naturaleza humana, diría que es una de las tradiciones culturales más antiguas”.  El palacio de Tochtli funciona como una metáfora de la realidad mexicana, de este encierro en el que viven millones de personas monstruosamente habituadas a la aparición de los cadáveres y a las cabezas sin cuerpo. “A la distancia creo que los mexicanos hemos pasado de la indiferencia al miedo y de ahí estamos pasando al terror. Me preocupa que del terror podamos volver a la indiferencia; veo gente que se acostumbra a lo que nos está sucediendo”. Para Villalobos, Fiesta en la madriguera es una novela de iniciación, de educación sentimental, de un niño que tiene un poder inmenso para hacer y obtener lo que quiera: “Lo que me seduce del narco es el tema del poder y la violencia. Hace 20 años habría escrito la misma novela, pero Tochtli habría sido hijo de un político”.

 -¿Ya han desaparecido los hipopótamos enanos de Liberia

-Espero que no, tengo la ilusión de usar las regalías de la novela para comprarle uno a mis hijos.

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Hay 5 Comentarios

Fabuloso. Ahora mismo me compro el libro y adopto un hipopótamo enano de Liberia. Aunque a mi me gusten más los dodos de Mauricio.

Nuevo Laredo, Tamaulipas.
Cosas diarias son vividas en esta ciudad, cosas comunes para nosotros y que para uds. han de ser poco creibles; por ejemplo que: quien manda en la ciudad no es el gobierno (municipal,estatal o federal), es el crimen organizado, decide, quien puede trabajar, quien puede tener un negocio, previo pago de cuota (pago mensual de derecho a trabajar), otro impuesto si asi lo quieres ver o a veces el unico impuesto que hay que pagar, quien es detenido o enjuicido en tal o cual crimen, decide a que horas puedes circular por la ciudad y que dias, decide que noticias se deben publicar y que actos qeben quedarse sin ver la luz publica segun ellos, en pocas palabras quien vive y quien no. Cosas increibles hasta hace poco eran lo s comandos armados (de muerte) circulando impunemente por la ciudad, levantones, ejecuciones a plena luz del dia en el monte o en las principales calles en eso no distinguen diferencia, increible es que al que menos tiene al que junta carton o aluminio por la calle o hasta al limosnero mas humilde lo pongan o cuota so pena de muerte. Se oye raro pero que falta de humanidad en los criminales de hoy, en fin asi se vive en Nuevo Laredo y en muchos rincones de Mexico, aqui no hay empleo, ni ganas de generarlo, no hay turismo ni quien quiera venir, ni a que venir a la cd., no hay negocios ni quien quiera negociar, solo se sigue por inercia la vida, no hay esperanza ni fe para que la sostenga.

QUE BUENO, ELMUNDO SALPICADO CON GOTAS DE CULTURA MEXICANA, SUBCULTURAS, Y PSEUDOCULTURAS. ALBRICIAS A ESTE COMPADRE RADICADO EN BARCELONA. MI CHICA VIVE AHI EN ESTE MOMENTO. VIVA MEXICO CABRONES!!!

La Litareratura, con mayúscula, y la Latino Americana, en particular, tienen domicilio en su cuna, y es cuna dura, brava , entre estados de dictadores y narco estados.Una cultura de Viva la Muerte, mierda!!!, hija e heredera de subproductos del amor,Pasamos del bolero al narco-corrido, como sino nos importara, como pasamos de Pinochet a otros Videlas. Este es un paraíso mágico, donde en un lodazal de sagre y de cuerpos descabezados ó de cabezas sin cuerpos si Uds. lo prefieren.Florece y da sus frutos Nuestro ârbol maravilloso de poetas a lo Bolaño.Todo es misterio .porque aqui la vida es rîo torrentoso y para vivir hay que saber acomodarse de la muerte.Hemos pasado como sin darnos cuenta tambien del Macondo a Ciudad Juarez, del General a quien nadie escribia a Escobar, hemos pasado de" coquita y alcohol" a la raya feroz, de la artesanîa a las maquilladoras, del amor romântico a las putas tarifadas a los carteles, todo esto sin perder por ello la...cabeza.-

La Litareratura, con mayúscula, y la Latino Americana, en particular, tienen domicilio en su cuna, y es cuna dura, brava , entre estados de dictadores y narco estados.Una cultura de Viva la Muerte, mierda!!!, hija e heredera de subproductos del amor,Pasamos del bolero al narco-corrido, como sino nos importara, como pasamos de Pinochet a otros Videlas. Este es un paraíso mágico, donde en un lodazal de sagre y de cuerpos descabezados ó de cabezas sin cuerpos si Uds. lo prefieren.Florece y da sus frutos Nuestro ârbol maravilloso de poetas a lo Bolaño.Todo es misterio .porque aqui la vida es rîo torrentoso y para vivir hay que saber acomodarse de la muerte.Hemos pasado como sin darnos cuenta tambien del Macondo a Ciudad Juarez, del General a quien nadie escribia a Escobar, hemos pasado de" coquita y alcohol" a la raya feroz, de la artesanîa a las maquilladoras, del amor romântico a las putas tarifadas a los carteles, todo esto sin perder por ello la...cabeza.-

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El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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