POP etc

21 sep 2010

Cómo sobrevivir un finde en el Festival de San Sebastián con Kas naranja y un iPhone

Por: Javier Giner

¿Cómo es la cara oculta del mayor festival de cine de España? ¿Existe algo más allá de las premières, los flashes en la alfombra roja (o en esta caso, negra) y el lujo del hotel María Cristina? ¿Qué hay de la vida del acreditado medio? Aquí, una crónica de primera mano.

Día # 1: Las gaviotas en el Festival pasan de todo.

Lo llevo todo: aseo, agenda, cargadores, ropa interior, portátil, ansiolíticos, bolígrafos, Iphone y el libro omnipresente que me acompaña en estas noches: el NOVELON (así, en mayúsculas) de Elvira Lindo Lo que me queda por vivir. No quiero terminarlo nunca. Las uñas las llevo pintadas de casa. Todo en orden. Hasta que en el coche me doy cuenta de que me he olvidado varias cosas: no llevo la crema reafirmante de glúteos y abdomen de Sisheido, ni gafas de sol, ni condones. Eso quiere decir que este fin de semana no me enamoraré y que nadie podrá confundirme con Julia Roberts. No me pedirán autógrafos (en los Festivales sólo te los piden si llevas gafas de sol). ¿Me intentarán prohibir la entrada en los pases y fiestas? ¿Me zurrarán los seguratas si intento colarme? No, voy acreditado y tengo invitaciones.


Mi%20acreditacion

Venir a Donosti para hacer dieta es cosa de imbéciles. Si no, fijaros en los premios Donostia y las celebrities que visitan el festival: cómo salen de hinchados al abandonar la ciudad, rellenos de changurro y deseando llegar a su destino para visitar al cirujano. No hay quien quite los kilos del Festival de San Sebastián, ya os lo digo. "Cuando vuelva a Barcelona tengo todo el otoño para dejar de comer", me recuerdo mientras conduzco.

Me recibe mi tía en Donosti. Porque Julia Roberts viene con familia y suite, pero yo vengo solo y me quedo en casa de mi tía. Mejor, porque podré pasearme en calzoncillos por los pasillos sin que nadie me saque fotos. Rápidamente nos vamos dando un paseo hasta el Kursaal. Hace frío, pero no nos importa. Yo ya voy recibiendo llamadas non-stop: jefes de prensa que me cancelan cenas con directores de cine, opciones de quedadas, direcciones de hoteles, horarios de pases, algún chisme y, por encima de todo, amigos que me piden algo de Julia Roberts, como si fuese colega mía. A mi tía le hace mucha ilusión que su sobrino vaya acreditado y que le llame tanta gente. No lo dice, pero sé que en el fondo piensa en mí como en una especie de Oprah Winfrey de los medios españoles. No quiero quitarle la ilusión.

Fans%202 En los festivales de cine siempre hay estampas que se repiten: gente corriendo, periodistas cabreados, estrellas elusivas, coches con lunas tintadas, fans perdiendo los nervios, jefes de prensa a un móvil pegados atendiendo 48 llamadas a la vez, redactores acarreando a sus cámaras corriendo por todos lados, acreditaciones colgando de muy distintos pechos, coches oficiales, vallas publicitarias de dos caras (la de delante con cartel, la de detrás, de metal duro y vacío), alfombras rojas, negras o verdes tapadas por plásticos a la espera de ser pisadas la noche del estreno, millares de cámaras fotográficas, vallas antidisturbios, calles cerradas y muchísimo cine. Sin embargo, en Donosti hay una muy autóctona que no se da en ningún otro festival que haya visitado: la de las gaviotas de espaldas, sobre las rocas del río junto al Kursaal, culo en pompa, pasando absolutamente de todo, incluida Julia Roberts.

Entro en el cubo del Kursaal (epicentro neurálgico del festival) y todo son colas: colas de Kursaal%203 acreditaciones, colas en los puestos de camisetas, colas para comprar entradas. Nada más pisar el recinto me doy de bruces con Jesús Robles (propietario de la mejor librería y editorial de cine de España: Ocho y Medio) que me saluda tan campechano y cercano como él es. Le presento a mi tía y hacen migas. Me despido de ella. Entro a los mostradores de prensa y prometo a Jesús que le veo en un ratito en el bar de la esquina. Jesús está con el siempre sonriente Diego Galán, ex director del festival y columnista de este periódico. Yo voy decidido a cumplir con mi horario. Lo primero es lo primero. El papeleo. En los mostradores de prensa recibo la acreditación y “regalos” del festival: catálogos y una bolsa conmemorativa del certamen. Esto sólo es para los currantes como yo. El resto si quieren bolsa pagan. Me cuelgo orgulloso mi carnet del cuello. Le pregunto a la chica simpática del mostrador si sabe de fiestas y jaleillos underground. Ella de eso no entiende. Estoy a punto de explicarle que voy a escribir una crónica canalla para El País y que necesito encontrar a celebrities que estén vomitando, o metidas en jaleos, o inclusoAcreditaciones%20y%20loquillo traficando con drogas… Desisto. Le miro. Sonríe. Sonrío. No hay tu tía. En una esquina del recinto me encuentro a Loquillo, imponente, pegado al móvil. ¿Qué hace ahí apostado y sin cantar? Si alguien lo sabe que se ponga en contacto conmigo. Necesito saberlo. Es el tío de la derecha de la foto, lo juro.

Pregunto dónde se encuentra la sala de redacción con acceso wi-fi. Me señalan los bajos del Kursaal. Es como estar en la NASA pero sin astronautas y con muchos móviles. Avanzo despacio asustado ante la posibilidad de cruzarme con Carlos Boyero. Conecto mi portátil. No he venido a escribir. Sólo quería sentarme entre periodistas y sentirme uno de ellos, al menos un ratito. Esa es una razón por la que estoy aquí. La otra, la real, es que tengo la imperiosa necesidad de chequear mi perfil de Facebook.

Al salir pregunto a las señoras de la limpieza si ellas saben algo de celebrities borrachas y dónde puedo encontrarlas. No sueltan prenda. Al alejarme oigo risitas nerviosas. No han querido confesarlo, pero ellas lo saben todo.

Entro en el bar donde están Jesús Robles y Diego Galán y saludo a Nuria Costa, que está hoy liadísima con la prensa de la presentación de Blog, la ópera prima de Elena Trapé; al parecer, una sorpresa de lo más agradable en el desierto que es la programación de este año del festival. No puedo ir, esta tarde voy a ver Poesía, la peli coreana de dos horas y media que ganó el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Prometo a Nuria que me pasaré esta noche por la fiesta de Blog en el Batutxan, faltaría más. Me voy con Jesús y Diego en busca de un lugar donde cebarnos.

Al salir del bar, éstos se encuentran con Diego Luna, John Malkovich y Chema Prado (director deDiego%20luna%20con%20jesus%20robles%20y%20diego%20galan%20y%20john%20malkovich%20en%20el%20coche la Filmoteca Española) y se saludan efusivamente. Yo me mantengo al margen. Sólo observo, como un cronista en la sombra. Luego Diego Galán se despide de nosotros y me quedo con Jesús. Antes intento inmortalizar el momento iPhone en mano, pero a lo más que llego es a cazarlos entrando al coche, como un paparazzo lento desenfundando.

Nos encontramos con Javier Angulo (director del Festival de cine de Valladolid) y con Paco Ramos (productor de Mentiras y gordas, entre muchas otras). Jesús ha decidido que va a decir a todo el mundo que estoy escribiendo una crónica para El País. Yo miro hacia otro lado siempre que lo dice, avergonzado, creo. "Leeré tu crónica", me promete alguien a quien nos encontramos en la calle que escribe aquí, en este periódico, y a quien admiro. "Espero estar a la altura", me gustaría decirle, pero me callo y sonrío como un imbécil. Nunca sé qué decir cuando no es algo que con seguridad me meta en algún tipo de problema.

Seguimos caminando en busca de dónde comer. Hay sitios míticos del festival: el Ganbara, La Cepa, el Aldanondo y otros muchos. En ellos, cuenta la leyenda, te puedes encontrar cualquier mediodía a actores como Robert DeNiro o a Bette Davis (si viviese) comiéndose un pimiento relleno de carne y mamaos como cubas. Ese es otro de los placeres del festival: el vinito y los zuritos. Yo, que soy abstemio, esa parte me la pierdo. Con Jesús me tomo mi primer Kas naranja. Cómo he terminado sin elevarme hacia el cielo como un globo aerostático tras ingerir este líquido gaseoso en cantidades industriales durante las últimas 48 horas es todo un misterio para mí.

En el Ganbara nos jinchamos a pinchos. Entramos en modo "conversaciones de barra en festivales de cine". Hablamos de la peli de Álex de la Iglesia, el rodaje de La piel que habito, de Pedro Almodóvar, el embarazo de Pe y millones de cosas más. El jurado del festival está comiendo en el Ganbara también. Me zumbo otra Fanta Naranja, me despido de Jesús, que me invita a comer (¡Gracias Jesús!) y me piro al pase de las cuatro de Poetry, recordando por el camino la alerta con la que me ha despedido Jesús: NUNCA se ven películas en un festival a las 16h. NUNCA. Pero en mi cabeza resuena la resistencia: eso es para los demás, yo sí que puedo. Yo soy profesional. Yo amo el cine.

Entro en una sala a rebosar. No es ni de lejos el primer pase de prensa al que asisto, pero me impresiona ver la sala tan repleta. Hay periodistas de todo tipo y nacionalidades y todos hablan con todos. Se oyen cosas de lo más interesantes en los pases de prensa. Vuelve a acometerme la sensación de no ser uno de ellos. Y es que es cierto: yo no soy periodista. Yo soy un amante del cine al que le encanta escribir. Nada más. Los profesionales son ellos. Yo soy un simple observador al que le han dado permiso para entrar en su mundo. Me coloco al fondo de la sala y la película comienza. La peli es maravillosa, eso seguro. Puedo asegurarlo por sus primeros quince minutos, que es todo lo que vi. Lo digo completamente en serio. Tengo muchísimas ganas de continuar con la historia de esa anciana que se apunta a clases de poesía y observa manzanas. Pero no era el momento. La modorra venció. Desperté a la hora y pico, ladeado en la butaca, con baba en la comisura del labio y deseando no haber roncado. Me faltó poco para despertarme tumbado en mitad del pasillo. Me debió de salvar una especie de profesionalidad u orgullo inconsciente que me despertó justo a tiempo para evitar el ridículo. Como la anciana seguía en pantalla escribiendo poesía pero yo ya no me enteraba de nada decidí levantar la barbilla y, de la manera más digna posible, escabullirme, aunque fuese a cuatro patas para que no me viera nadie. Pero juro que le voy a dar otra oportunidad porque se la merece. Solo que no a esa hora. No después de comer con Jesús Robles en el Ganbara.

Camino a casa me llega un sms: “Elena ya está en Donosti!”. ¡Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeeen! Han llegado mis personas favoritas: Elena Neira (directora de márketing de Wide Pictures) y Xavi Bru (personaje inclasificable y socio de VasaVer, los organizadores de Teaserland, entre muchos otros proyectos alucinantes). Hago planes con ellos para encontrarme en el bar del Hotel María Cristina (centro neurálgico de encuentro y charleta en el Festival de Donosti) e ir a cenar y de marchote. Me llama un colega para ver si voy a asistir a la gala de inauguración y mi contestación es clara: antes me pego un tiro. No me molan nada las galas, ni las inauguraciones. Prefiero los planes pequeñitos, de bar de hotel, de amiguetes con cacahuetes.

Con Elena ando comunicándome por el whassup y cuando llego al bar del hotel me la encuentro allí, tan guapa y sonriente como siempre, con Xavi. Nos abrazamos y me presentan a la gente que les acompaña: Manel Vicaría (desestabilizado socio de Xavi en VasaVer), Lorea Elso (jefa de prensa de Golem) y Gregorio Belinchón (superperiodista de este periódico). Lo digo de corazón: no se me puede ocurrir mejor compañía para cualquier tipo de evento, da lo mismo que sea el Festival de San Sebastián que las rebajas del Corte Inglés. Yo con este grupo me voy de misiones, si hace falta. Volvemos a hablar de Pe, de Belén Rueda, de Tarantino, del palmarés de Venecia, de Clint Eastwood, de Loles León, de un actor del que aún no recordamos el nombre, de Los ojos de Julia, que estará en Sitges. Luego, curiosamente, nos encontraremos con Ángel Salas (el dire del festival fantástico catalán) que está de fin de semana con su mujer, tan simpáticos y buenazos como siempre. Desde la misma mesa nos organizamos la noche: cenorrio y dos fiestas. La primera, la de Blog, y la segunda, la oficial del Festival.

Después de comernos unas torrijas que quitan el sentido y siete Fantas Naranjas más tarde, llegamos al Batutxan. Aquello está repleto. Saludo a Toni Ulled (director de Fotogramas), al que no veía desde un festival de cortos que organiza el chico de Laia Marull en el Empordá. Nos echamos unas risas. Sigo saludando a gente: jefes de prensa, algún actor etc. La fiesta está genial, desde los ventanales del local se ve toda la Bahía de Donosti. Esto es lujo y poderío. Todo funciona hasta que al DJ le da por empezar a poner cumbias electrónicas o algo parecido. En un momento aparece Nuria y nos ordena que tomemos la pista de baile: hay que calentar el ambiente. Sin pensarlo dos veces me quito la camisa y me lanzo a ello. Mientras bailo me pregunto por qué siempre nos llaman a Elena y a mí para calentar la pista de baile y aún más importante, por qué siempre acabamos calentándola. ¿No tenemos dignidad? Somos fuego asegurado. Nosotros y Deborah Palomo, otra incombustible, la jefa de prensa de El Deseo (que este año no ha podido estar en el festival porque está rodando). ¡Deborah vente paquí! ¡No nos dejes solos! En la pista nos cruzamos con todo el casting de Blog: un grupo de adolescentes que bailan desaforadas disfrutando de la presentación de su primera película. Me emociona verlas así, tan de verdad, tan cercanas, tan alegres, desgranando paso por paso el Single ladies, de Beyoncé, como si fueran chavalillas de L´Hospitalet. Eso es el glamour verdadero. La diversión sin complejos. La naturalidad imbatible.

Pido a varias personas que me cuenten desfases del festival y todo el mundo menciona la anécdota de gente follando a las tantas de la mañana en plena playa de la Concha. Yo, que voy con bufanda y jersey, no puedo creerme que haya un ser humano al que le apetezca retozar en cueros a las 7am en esa playa, pero me lo repiten tantas veces que lo doy por cierto. A lo lejos atisbo la altura de Gregorio Belinchón, que en algún momento ha llegado a la fiesta. Nos vamos al rato camino de la siguiente, yo prometiendo que meto un pie en Bataplán (el lugar mítico de las fiestas del festival) y que me retiro a casa. Me empieza a doler el alma.

Llegamos a la fiesta oficial y entramos. Aquello está a petar. El casting es imposible. Una mezcla extrañísima de gente de todo tipo: actores, productores, gente anónima, muchísima adolescente vestida y pintada como una puerta a la caza de la foto con famoso, María Teresa-s Campo-s en cada esquina, modernas con un look retro imposible a medio camino entre un vídeo de Robert Palmer y uno de Kate Bush, agentes, periodistas, etc. Saludo a Simón, de MOD producciones (un encanto, como siempre) y me encuentro con Joserra Cadiñanos (agente de Eduardo Noriega y Fele Martínez), un gran amigo del pasado. Me hace una ilusión tremenda verle. Se lo digo. No sabía que estaba aquí. Por ahí andan Daniel Guzmán y Noriega y Quim Gutierrez, asediados por hordas de púberes con cámaras digitales. El musicón estalla y la gente se vuelve loca. Yo permanezco retirado y tranquilito unido a mis cuatro Fantas Naranjas y disfrutando del espectáculo. No veo a celebrities vomitando ni sacándose las bragas. El festival acaba de comenzar. El miedo al ridículo todavía está en el ambiente y con él, las formas. Hay un periodista importante que decide retirarse. En cinco horas tiene que levantarse para entrevistar a no sé quién. Yo decido retirarme también. Les dejo el espacio a los que quieren quemar la noche. Yo aún tengo días por delante.

Día # 2: Las adictas a Bershka han tomado San Sebastián.

Me despierto tarde. No llego a tiempo a la entrega del Premio Nacional de Cine a Álex de laPremio%20alex%20de%20la%20iglesia%202 Iglesia en el Victoria Eugenia. Mierda. Me duermo en una película y no llego al premio. Soy un fracaso. Al entrar en el recinto me parece ver a la Ministra de Cultura y yo juraría que ella me mira y con la mirada me lo dice: has llegado tarde, eres un fracaso. Bajo los ojos y levanto el iPhone. Al menos intentaré hacer alguna foto. Si como paparazzo soy un fracaso, compruebo que como reportero más. He aquí la prueba. Sí, tras esa nube está Álex de la Iglesia.

Putillas%20del%20bershka Paseo bajo el sol por los alrededores del Kursaal y veo las hordas de adolescentes maquilladas en pleno mediodía con vestiditos cortos del Bershka haciéndose fotos por todos lados con cualquiera que lleve gafas de sol. Se concentran en grupos organizados. Estoy reviviendo Los pájaros. Me empieza a dar todo una pereza que me muero, así que llamo a Xavi y a Elena para ver qué planes tienen. Terminamos comiendo en un restaurante del puerto, comida sana, pescadito vasco, con Manel. Nos reímos bien a gusto. De verdad, quiero irme con esta gente al fin del mundo. Hoy tengo un objetivo claro, comparto con ellos. Esta tarde pienso ver Buried (Enterrado) enterita. En el pase de las 16.30h y sin dormirme. Allí nos vamos Elena y yo y nos la tragamos enterita, angustia incluida. No es Lo que el viento se llevó, pero estamos seguros de que va a hacer un porrón de dinero y que cumple las expectativas con creces. Que está muy bien, vamos. Hora y media en un ataúd, manteniendo el ritmo y el interés, no es algo que se vea todos los días. Merece la pena.

Al salir me retiro de nuevo a casa. Esta vez no está mi tía. Se ha ido al súper porque está noche tiene cena de vecinas viudas. Estoy a puntito de llamarle para que me cuente entre ellas. Pero no puedo: he vuelto a quedar con Xavi y Elena en el María Cristina para irnos a cenar. Echo una beauty sleep y me ducho. Pillo un taxi y me voy para el hotel. Allí está todo el grupo de nuevo. Es un dejá vú. Esta vez se nos une toda la familia de WOW, que andan como locos con la prensa de cinco películas durante el Festival. También vemos a Yolanda Ferrer, de Wanda (o eso fue durante el día, ya no sé, ya lo confundo todo), guapísima y sonriente. Estamos todos. Cenamos en La Cepa y nos vamos a la fiesta de El gran Vázquez, la película española protagonizada por Santiago Segura que se presenta en la sección oficial. Antes hacemos una breve parada en el Dickens, otro mítico de Donosti con sus gin tonics. Dicen que son de lo mejorcito de la costa norte. No lo puedo certificar. Yo estoy abonado al Kas Naranja. ¿Lleváis la cuenta de cuántos llevo a estas alturas? Yo no.

En la fiesta me encuentro con Nicolás Belmonte, un amigo actor que se viene al festival a hacer de acompañante (a lo Agripina) de Bárbara Goenaga en su puesta de largo el domingo en la sección oficial con Estrellas que alcanzar y con Rocío Ester, de Universal, que ni sabía que estaba. Nos ponemos al día de lo que nos ha pasado en los últimos meses. El Facebook se nos queda pequeño. Me cruzo con Jesús Robles pero le vuelvo a perder. Hoy no he conseguido verle en todo el día. Vuelvo a ver a muchas caras conocidas, casi todas vistas la noche anterior: Quim Gutiérrez (que me cuenta que había copresentado la gala, ante lo que le admito que yo estaba comiendo cacahuetes sin verla mientras él la presentaba), Joserra, Toni Ulled... Me encuentro con Carlos del Amo (redactor de cultura de EFE), al que hace siglos que no veía. Comienzo a bailar los Beatles y los Beach Boys y a hacerme más fotos con el grupo. En esta fiesta tampoco hay nadie que pierda las formas, así que me despido de Xavi y Elena con un mega-abrazo y quedamos para vernos en Barcelona esta semana. Es hora de retirarse. Cojo un taxi y a sobar. Donosti no es lo que era. Y yo… pues yo al parecer por la hora de mi reloj, tampoco.

DIA # 3: Las teclas me persiguen.

Decido al despertar (a una hora muy prudente y digna) que no pienso contestar hoy al móvil. Tengo que trabajar. Este domingo me encierro en el salón de mi tía rodeado de silencio a terminar esta crónica. Al instante, como invocados por mi decisión matutina, me suena el móvil: dos sms. Abro un ojo y recuerdo haber visto ayer a Santiago Segura hablando con toda la fiesta. Dios mío. ¿Dónde he estado?

El primer sms es de Nico, que me da una información (personal) relacionada con movimientos nocturnos de miradas y apareamiento. Le contesto con toda la gracia de la que soy capaz desde una cama que no he visitado todo lo que hubiese querido en las últimas 48 horas. Paso al segundo sms: Jesús Robles, al que daba por muerto. Me detalla el calendario para el día de hoy: película, cocktail de Borau, comida, cena. Esta tarde llegan Félix Sabroso y Dunia Ayaso para presentar esa maravilla que rodaron titulada La isla interior, con una Candela Peña sobrenatural, que compite por el Premio Ciudad de San Sebastián Film Commission. El gusanillo de verles se apodera de mí, así que hago planes para cenar. Ya me he liado y aún no he puesto un pie fuera del catre.

Me arrastro hasta la cocina y busco algo que aplaque mi sentido de culpa. Ahí está, el instrumento perfecto: las magdalenas que me compró mi tía cuando mi madre le avisó de mi visita. Me lanzo sobre ellas y ahí sentado, solitario, meditabundo, me zampo seis, súper sabrosas, a lo Proust, mientras pienso sentado bajo el fluorescente (el mismo fluorescente de las cocinas de toda España) en qué se ha convertido mi vida. Recuerdo la primera vez que vine al Festival, con trece años y una mochila a ver cine. ¡Qué tiempos aquellos! Ya tengo un pasado. Incluso un futuro: esta noche, con Felix y Dunia; qué ganas. No tengo la suerte de verles a menudo (ahora vivimos en ciudades distintas), aunque nos mantenemos en contacto. Comenzamos en los entrantes hablando de la estructura subyaciente del cine de autor, y de Visconti, y del pop, y de Jeff Koons y Murakami. En los postres andábamos ya a pleno grito con Belén Estebán, Cristina Rapado y Norma Duval. Si tenéis la oportunidad no podéis dejar este mundo sin cenar o daros un paseo con Félix y Dunia. Me alegro muchísimo del exitazo que están teniendo con La Isla interior. Esta pareja se merece eso y mucho más. Me tengo que marchar, Julia Roberts anda cerca. Hasta el año que viene, si me dejan.

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Hay 11 Comentarios

Puto pijolandiaaaaaaaaaaaaaaa. Solo leyendo esto me entran unas ganas de potaaaaaar que lo flipas.

Que asco me dan los que van de guay.

Espero tener la oportunidad de seguir potando con el señor pijo muchas veces.

GRACIAS

Qué entretenido! Gracias, Javier Giner.

Muy Giner, mejor Giner.

Una crónica genial!! Me ha encantado. Llevo cuatro años asistiendo al festival como una acreditda cutre y se me han puesto los pelos de punta al leer esto. Conozco a mucha gente de la que hablas y también la sensación de estar llena de txangurro. Me encanta!!! Dile a los de El Pais que te manden más años!!El que viene te buscaré!

Jope, gracias por la crónica, este año no he podido ir al festi y es leerte y me muero de envidia...

Además, por lo que leo, has tenido míticos momentos festival, que grande...

Esta segunda lectura me parece todavía mejor que la primera, logras que los no doctos en cine ni en críticos cinematográficos entre las que me incluyo hayámos conocido una parte del festival, no a las estrellas saliendo de los coches ni haciéndose fotos en el photocall, sino la esencia de Donosti y de tu buena escritura.

Espero continuar leyéndote.

Esta segunda lectura me parece todavía mejor que la primera, logras que los no doctos en cine ni en críticos cinematográficos entre las que me incluyo hayámos conocido una parte del festival, no a las estrellas saliendo de los coches ni haciéndose fotos en el photocall, sino la esencia de Donosti y de tu buena escritura.

Espero continuar leyéndote.

Esta segunda lectura me parece todavía mejor que la primera, logras que los no doctos en cine ni en críticos cinematográficos entre las que me incluyo hayámos conocido una parte del festival, no a las estrellas saliendo de los coches ni haciéndose fotos en el photocall, sino la esencia de Donosti y de tu buena escritura.

Espero continuar leyéndote.

eres un crack javi. No dejes nunca de escribir.

p.d.: gracias por nombrar mi querida Hospitalet ;)

Jajaja Me he reído un montón, muy chulo. ¿Al final encontraste a las celebrities vomitando o no? ;)

Con la venia y por alusiones... ¡¡¡Qué grande es usted, señor Giner!!! Ha plasmado a la perfección todo aquello que uno siempre se quiso saber de los festivales de cine pero nunca se atrevió a preguntar.

Espero tener la oportunidad de seguir leyéndole muchas más veces.

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El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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