POP etc

28 jul 2011

Jamie Lidell... y que siga el espectáculo

Por: Cesar Estabiel

Jamielidell

En una semana en que los fabricantes de mitomanía están acaparando buena parte de los neones del espectáculo, parece casi blasfemia ofrecerle un cachito del escaparate a otro de los impulsores blancos de la música negra, como es Jamie Lidell. Y que pueda aprovecharlo. El caso es que el inglés actúa esta noche en el Teatro Lara de Madrid, después de su paso por Barcelona. Acudir al encuentro de Lidell –ya sea en directo o desde el sofá de casa- es un recurso que viene bien tener a mano. Porque no te salvará la vida, pero como desengrasante no tiene precio.


Fue Sir Elton John quien le presentó al gran público hará ya unos cuatro años. Había escuchado su segundo disco (Multiply, 2005) y con la excusa de ver en él a una de las mejores voces de su generación le hizo una oferta golosa: abrir sus conciertos en la gira británica. Pero Lidell le dio calabazas. Respuesta oficial: su plan para hacerse con el mundo incluía los Estados Unidos, donde ya tenía cerradas varias fechas. Había puesto todo su empeño en que el tercer disco –Jim, 2008- pudiera llegar tanto a niños como a ancianos. Los grandes sacrificados fueron sus fans del comienzo, cuando sus canciones parecían cuadros cubistas de las grandes voces negras. Pero con sus ritmos desencajados y su actitud renovadora jamás recogería otros aplausos que no llegaran del underground. Y así Jamie se convirtió en Jim. “Mis amigos me llaman así y es la forma que tengo de acercarme a todo el mundo”, me confesaba en una entrevista que tuvimos en un hotel de Madrid hace ya tres años. Lejos quedaba la vida en Londres, de las drogas y las fiestas. De sufrir el bajón con las mismas personas que vives el subidón. Muddlin Gear (2000) - así como sus dos discos grabados como Super Collider, a medias con el chileno Cristian Vogel- animaron la escena electrónica de fin de siglo con su funk fracturado y muy vistoso. Pero le faltaba disciplina. Lo dijo el productor Rick Rubin, “lo suyo debía enfocarse a empresas mayores”.


Y empresa mayor fue Multiply, un disco en el que algunos vieron hechuras de Prince. Lidell ya ejercía de camaleón del funk, cambiando sin problema de piel para adaptarse a los nuevos escenarios. Entonces, Duffy y Amy Winehouse abanderaban la esperanza blanca de la música negra. El nombre de Jamie Lidell a menudo aparecía junto a ellas, como una promesa en firme. Se la jugó todo o nada. Acusado de blandito, parecía tener las cosas claras... y también la manga ancha. “Elton John ha hecho buena mierda. ¿Quién soy yo para discutir con un caballero? Hace poco que ha trabajado con Timbaland. No descarten que mi próximo disco lo firmemos los tres, producido por Rick Rubin”, declaraba alegremente al diario inglés The Guardian. En Jim, el camaleón se transformaba en Sly Stone, en Al Green, en Stevie Wonder, con un estilo pulido y gran naturalidad. Algunos le recriminaron que para hacer soul hay que quemarse a lo bonzo. O estrujarse el corazón hasta sangrarlo. El ponía como ejemplo a la factoría Motown: “no es soul, sino pop”. Los más crueles le llamaron "el nuevo Jamiroquai". Y no precisamente de manera cariñosa.


Al final, no le salieron las cuentas. Y no sabemos hasta qué punto juró en hebreo por no haber acudido a la cita con Elton John. El caso es que Jamie Lidell ha decidido dar dos pasitos hacia atrás para poder remontar. Ahora dice estar cansado del pop: "me gusta y lo detesto a partes iguales; si me pones un tema de Spandau Ballet una parte de mí se queda a bailar, pero la otra sale corriendo". Compass (2010) es otra vuelta de tuerca, la vuelta al funk del hijo pródigo, del Lidell más electrónico. Acudirá nuevamente al escenario para olvidar tanto vaivén discográfico. Porque Jamie Lidell se podrá disparar en un pie para conseguir que el otro se haga de oro; pero si no lo consigue, antes de pedir subsidio, aprenderá a bailar sobre una pata de palo. Veremos si nos contagia.

 

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El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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