POP etc

10 ago 2011

Esperando a My Bloody Valentine

Por: Rafa Cervera

 

“Apuesto a que Jesucristo resucita antes de que se publique el remaster de este álbum”. “Adoro este álbum, pero he perdido la esperanza desde que recibí otro mail de Amazon diciendo que el lanzamiento se posponía”. “Por el amor de Dios, dadnos ese remaster”.  Como se desprende de estos tres posts, publicados en una tienda online, ser fan de My Bloody Valentine es una tarea que requiere mucha fe. Y sobre todo, paciencia. No contentos con llevar esperando más de 20 años a que salga (si es que alguna vez sale) el tercer álbum del grupo, ahora han de esperar también a que se reedite la versión remasterizada de Loveless, un disco renovador que marcó un punto de inflexión para el rock. La reedición, prevista inicialmente para septiembre de 2008, y de la cual llegaron a aparecer reseñas en revistas musicales británicas, lleva tres años posponiéndose.

El hecho de que en noviembre Loveless cumpla 20 años podría arrojar alguna esperanza sino fuese porque Kevin Shields, el alma de My Bloody Valentine, es experto en cercenar cualquier tipo de lógica. El hombre que inventó el patrón del sonido shoegazer, el último aventurero sónico del rock inglés, el tipo del que dicen que está ya como una regadera, tiene como único fin encontrar los sonidos perfectos. Su búsqueda de esa perfección ha hecho de él una versión indie de Brian Wilson, que no tiene problema en declarar: “No creo que la industria del disco me haya perjudicado, creo que la he perjudicado yo más a ella”.

 

 

Cuando era un niño, Shields se encerraba en la cocina de sus padres con su hermana y comenzaban a entonar notas hasta que encontraban la modulación adecuados. Su obsesión ha crecido con él y ha terminado convirtiéndole en lo que es, un músico inimitable perdido ya en su propia leyenda. Shields cree en el poder transfigurador del sonido, piensa que ciertos registros pueden alterar la química corporal del oyente y dijo que ha llegado a tener orgasmos solo escuchando. La historia de su grupo, My Bloody Valentine, es el reflejo de esa búsqueda obsesiva.

Formados en 1983 en Dublín, su discografía fue irrelevante hasta que apareció Isn’t Anything (1988), un disco aclamado en su día. El tiempo acabó demostrando que no era más que el prólogo de una aventura colosal. Dicha aventura culminó tres años después, después de que el grupo pasara por 19 estudios de grabación y gastara, según Alan McGee, director de Creation, el sello que los editaba, 285.000 euros (Shields afirma que solo fueron 159.000). Un disco clásico y revolucionario que causó la primera brecha en el casco financiero de Creation.

 

 

 

La importancia de Loveless reside en que consigue domesticar el ruido y convertirlo en arte. Aplica algunas de las estretagias de los primeros discos de Eno en solitario, y también de Sonic Youth, llevándolas a un terreno en cuyo fondo habitan sólidas melodías pop, escondidas bajo un tormenta perfecta de ruido. Pero el prestigio no evitó que McGee los echara de Creation. En 1992 el grupo dejó de actuar en directo pero ese mismo año fue fichado por Island, que les ofreció 570.000 euros. Se gastaron el adelanto construyendo un estudio que al final, por fallos técnicos, nunca convenció a Shields.

Los miembros del grupo comenzaron a abandonar la nave. Los rumores acerca de un nuevo disco se iban sucediendo, a veces Shields declaraba que estaba influenciados por el drum & bass. Lo cierto es que, salvo dos versiones grabadas para discos colectivos (un tema para un filme de James Bond -We Have All The Time In The World-, y para un fin benéfico, y otra de Wire, para un homenaje), nunca hubo nuevas canciones de My Bloody Valentine, ni siquiera en 1999, cuando Shields entregó 60 horas de música grabada a Island, que acabó rescindiendo su contrato en 2001. Para entonces Shields había descubierto que podía subsistir haciendo remezclas para otros grupos y se convirtió en músico de alquiler y productor.

Sus momentos estelares fueron trabajando con Primal Scream, acompañando a Patti Smith en los recitales de su poemario The Coral Sea y participando en las banda sonoras de Lost in Traslation y Marie Antoniette, de Sophia Coppola. En 2008, cuando se anunció que el grupo se reunía para actuar, se reavivaron los rumores sobre ese nuevo disco que, como había ido diciendo a lo largo de los últimos 17 años, “estaba bastante adelantado”.

 

Han pasado tres años de eso. Sigue sin haber rastro de un nuevo álbum de My Bloody Valentine, y en cuanto al remaster de Loveless (que se anuncia como doble e incluye la mezcla analógica y la mezcla digital del álbum, ambas a cargo de Shields), la última fecha disponible para prepedidos en las tiendas online es el 19 de septiembre. La posibilidad de escuchar Loveless remasterizado es mucho más que un capricho, pero también, dadas las circunstancias, parece ya un sueño. Shields sigue inmerso en la búsqueda de su utopía sónica y nadie sabe muy bien cuándo regresará de su expedición. De momento, ninguno de los alumnos, imitadores o seguidores que le han salido durante todos estos años han logrado llegarle a la altura de la pantorrilla.

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Hay 31 Comentarios

Hola Si?, acabas de citar a tres de mis bandas favoritas. Probablemente tienes razon.

Yo a las opiniones de alguien que cierra su comentario con cosas "cualquier persona con criterio musical y perspectiva histórica.." no le doy el más mínimo valor.

Rafa, dame un toque cuando vuelvas-S.BEE

No se si el Loveless producirá orgasmos, pero cada vez que lo escucho, siento la misma emoción, que cuando me lo compré hace 20 años.Sin duda el mejor LP que he comprado.No es bueno, es la ostia.

Es un disco fundamental, pero creo que se debería quedar tal como está. ¿Qué se pretende con la remasterización?, ¿Más contundencia? ¿Mejor sonido? ¿Más claridad? Precisamente en el sonido del Loveless "original" reside su grandeza...sonidos difusos, guitarras que parecen grabadas dentro de una serrería que desafinan de forma magistral, instrumentos que se solapan unos contra otros de forma que es imposible distinguirlos...¡Brutal!

Junto con Joy Division y Pixies, My Bloody Valentine cierra el trío de bandas más sobrevaloradas de la historia. Esto no quiere decir que sean malas, no confundir. Pero, en este caso, que un grupo con un par de discos "pasables" haya tenido tanta repercusión es algo sonrojante para cualquier persona con criterio musical y perspectiva histórica.

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El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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