POP etc

26 ago 2011

¿Es Justin Timberlake una estrella (de cine)?

Por: Héctor Llanos Martínez

INTIME

Justin Timberlake, en posición privilegiada para heredar el trono de Michael Jackson, deja de lado la música y se convierte en actor a tiempo completo. Pero tras el relativo éxito de Bad teacher y Friends with benefits en la competitiva cartelera veraniega de los Estados Unidos y un "thriller" futurista a punto de estreno, la industria del cine ya se plantea la eficacia en taquilla del cantante.

También sus admiradores y los medios especializados debaten si se convertirá en una estrella de Hollywood. En el caso de combinar con éxito ambas facetas, lograría lo que Will Smith y Jennifer López no pudieron y entraría a formar parte de una liga de gigantes del entretenimiento como Sinatra, Elvis o Barbra Streissand. De ahí el escepticismo de los expertos del negocio.

Pero confiemos en él. El comentado nipplegate junto a Janet Jackson, su transitoria mutación en Elton John o la publicitada relación con Britney Spears constatan que hace ya tiempo que Timberlake ejercita sus capacidades dramáticas en una carrera musical repleta de momentos ficticios.

Porque hubo una época en la que Justin Timberlake formaba parte de esa rara especie de cantantes que vendían discos, en concreto 15 millones de copias de sus dos trabajos en solitario, y que, además, dictaba la pauta de cómo debía sonar el pop de último diseño. Nada es imposible para alguien que superó la pubertad junto a Lance Bass en la olvidada boyband ‘N Sync, pero ya han pasado cinco años desde el lanzamiento de Future sex/Love sounds y su discografía sigue congelada en favor de una ascendente trayectoria cinematográfica, reconoce él mismo a Playboy.


Después de su papel secundario en La red social se le escapó la oportunidad de convertirse en héroe de cómic en la adaptación de Linterna verde, para alegría de Ryan Reynolds que se quedó con el personaje. Su nuevo intento llega en otoño como cabeza de cartel de un thriller en la órbita de la saga Bourne titulado In time. El debate sobre su futuro interpretativo es tan intenso que hasta plantea disparatadas teorías entre la calidad de sus películas y la longitud de su pelo.

 

También da lugar a sketches televisivos. En su última intervención en el programa de humor Saturday Night Live se customiza como un Mozart con la vista puesta en la interpretación en una autoparódica declaración de principios que le ha valido un segundo Emmy como actor invitado. Pero el premio que le confirma como estrella del cine es el de mejor actor de comedia de los recientes Teen Choice Awards por votación popular del público adolescente, que no es antesala de los Óscar pero sí del millonario fenómeno fan en las multisalas.

   

Aún así fue en su entorno pop donde Justin comenzó a comportarse como un actor. La primera vez fue al encarnar en 2001 a un joven Elton John en el vídeo promocional de This train don’t stop there anymore, uno de los últimos éxitos que Bernie Taupin escribió para el veterano músico británico.

 

En esos momentos Justin Timberlake y Britney Spears eran los Justin Bieber y Selena Gómez de la época. Hasta que rompieron oficialmente en 2002. Y como la línea que separa la vida personal y profesional de todos ellos es más difusa que la de un colaborador de Sálvame, Timberlake representó su propia versión de la ruptura en el videoclip de Cry me a River, con doble de Britney incluida y una letra más propia de una copla que de una producción de Timbaland.
“No tienes que decirme lo que hiciste, ya me enteré gracias a él. Ahora no hay posibilidad de un nosotros y nunca la habrá… Una vez quemados todos los puentes es tu turno de llorar. Así que llórame a mares”, le espetaba a su ex novia diez veces al día a través de la radiofórmula televisada de MTV. Y Britney pasó de virgen a adúltera en 4:48 minutos.

 

Con su reputación destruida y poco antes de enfrentar el sobrepeso, la calvicie y la esquizofrenia, la cantante protagonizó en los MTV Video Music Awards del 2003 un beso a tres con Madonna y Christina Aguilera a ritmo de Like a Virgin ante millones de espectadores. Una mirada de reprobación falsamente contenida y cargada de intencionalidad pasivo-agresiva fue suficiente para que él afianzara de nuevo su imagen de santo a costa de ella. El mérito interpretativo de Justin, capaz de expresar tantos (re)sentimientos encontrados en un oportuno plano de apenas dos segundos, se antoja aún mayor si se tiene en cuenta que, de los cinco involucrados –contando con el realizador-, fue probablemente el que menos tiempo ensayó la escena.

 

Su cara de circunstancias ante el beso lésbico fue de Óscar, pero el tirón involuntario que descubrió al mundo el pezón de Janet Jackson en 2004 olía más bien a Razzie. “Apuesto a que te tendré desnuda al final de esta canción”, anunciaba la letra de su Rock your body segundos antes de que una mano tramposa dejara a la hermana de Jacko con el culo –y el pecho- al aire en el intermedio más comentado de la historia de la Superbowl. Aunque ellos lo definieron como “un fallo de vestuario”, el escándalo del Nipplegate pulverizó todos los récords de quejas recibidas por la CBS, que además pagó medio millón de dólares de multa por culpa del polémico show musical producido -una vez más- por MTV. Fue un acto de “independencia y clandestinidad” de los dos artistas, se defendía la cadena. De nuevo el juicio mediático se cargó sobre las espaldas femeninas y Janet Jackson aguantó el tirón casi en solitario mientras que él se limitó a pedir escuetas disculpas un mes después de lo ocurrido, cuando recogía varios premios Grammy y con ellos el perdón de la industria musical a la que ahora ha olvidado.

 

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Hay 26 Comentarios

este tio es un niñato haga lo que haga.

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SOBRE EL BLOG

El consumo pop y sus efectos secundarios. Un repaso indiscriminado a lo más ingenioso, llamativo, ridículo o aburrido de la industria del entretenimiento poniendo el acento en lo peculiar, pero sin renunciar a lo olvidable.

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