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Combustible para Fallas

Por: | 16 de marzo de 2012

Columnismo fallero:

Uno. A favor del individualismo. ¿Es posible manifestarse contra las Fallas y no ser objeto de persecución? ¿Es posible deplorarlas y no suscitar escarnio u odios entre los conciudadanos? Hay personas Fallasque detestan su actual derrotero, que lamentan en lo que se han convertido, echando en falta aquellos tiempos en que la fiesta era efectivamente popular, una fiesta que satirizaba el poder y sus desarreglos; hay convecinos que añoran otra estética, más arriesgada y adulta, menos naïf y grosera; hay compatriotas que recuerdan la espontaneidad de las antiguas fiestas josefinas, aquellas en las que con cuatro apaños y avíos, con cuatro despojos y desechos, se despachaban críticas y sarcasmos..." Leer más en: El País, Comunidad Valenciana, 14 de marzo de 2001

Dos. Ardor fallero. "Las Fallas son una obligación y una repetición: bajo el pretexto de la vida peatonal acaban con la pacífica rutina andarina del caminante y con la excusa del ingenio reiteran, año tras año, la misma circunstancia ya vivida, ya vista, ya sabida. La juerga explosiva se adueña de las calles sin dar descanso al vecindario más necesitado; el rugido de las motocicletas petardea, sabedores todos de que hay licencia para el decibelio; el desenfreno y el estrépito de la pólvora y de las explosiones amenazan a quienes temen el estruendo y el fuego; y la alcaldesa y sus adláteres se suman con alegría expansiva y condescendiente al libertinaje municipal, alentando, jaleando, entregados con la furia propia de una campaña electoral. Y lo peor es que todo, absolutamente todo, resulta ser predecible..." Leer más en: El País, Comunidad Valenciana, 17 de marzo de 2003

Tres. Fiesta y devastación. "Las fiestas son frecuentemente una sátira en la que se invierten los valores, una burla contra los magnates del poder, una manifestación en la que se mezclan lo carnal y lo espiritual. Los viejos carnavales eran eso: un modo explícito de mudar el orden de las cosas, una forma reglamentada y estacional de cambiar las jerarquías, de provocar el caos y de embestir fantasiosamente contra quienes contaban. Cuando a los individuos les estaba prohibido vivir como tales y la expresión particular de los derechos no se concebía, los colectivismos satíricos tonificaban a los débiles dándoles solidaridad y argamasa..." Leer más en: El País, Comunidad Valenciana, 19 de marzo de 2004

Cuatro. Adiós a las Fallas. " Si las veladas dominicales fueran prolongadas durante meses, ¿qué se haría de la humanidad, emancipada del sudor, libre del peso de la primera maldición?», se preguntaba el filósofo Emil Cioran en su Breviario de podredumbre. «La sensación de la inmensidad del tiempo haría de cada segundo un intolerable suplicio, un pelotón de ejecución capital. En los corazones más llenos de poesía se instalarían un canibalismo estragado y una tristeza de hiena; los patíbulos y los verdugos languidecerían; las iglesias y los burdeles estallarían de suspiros. El universo transformado en tarde de domingo... es la definición del hastío y el fin de universo». Creo que Cioran se equivocaba. La eternidad no es esa tarde dominical inacabable en la que ocio nos lleva a cavilaciones indeseadas: lo más parecido al hastío es una verbena popular interminable, el botellón adueñándose de la ciudad, un petardeo incesante y nocturno, el estrépito que se inició muchos días atrás y que se extiende hasta la madrugada..." Leer más en: Levante-emv, 22 de marzo de 2006

Cinco. Sant Josep. "Cada vez que llegan las Fallas recuerdo una película regularcilla. Digo regularcilla porque no es más que un producto consumista, entretenido, sin pretensiones. Me refiero a Misión: imposible II, la secuela que filmó John Woo de aquella otra Misión: imposible que también protagonizara Tom Cruise. El segundo film contaba, además, con un secundario de lujo: Anthony Hopkins. ¿Recuerdan su aparición en pantalla? Al principio de la película hay una secuencia en la que participa. Se desarrolla en Sevilla, ciudad que fácilmente se presta a pintoresquismos cinematográficos y a tópicos de baratillo. Esa secuencia es voluntaria o involuntariamente cómica, no sé. El caso es que los guionistas fusionaron lo que no debían, cometiendo un híbrido simpatiquísimo o intolerable, una mixtura que provocó la protesta de los puristas y de los festeros sevillanos. ¿En qué consistía? En una mezcla de la Semana Santa con las Fallas..." Leer más en: El País, Comunidad Valenciana, 18 de marzo de 2009

Seis. Alarma fallera. "Si son ciertos los datos que circulan, unas cuatrocientas calles de Valencia están cortadas. Digo circulan y me doy cuenta de la incongruencia expresiva: llegado un determinado momento, en la ciudad no circula nada. Estamos en Fallas, justifica la alcaldesa, siempre tan expansiva. En teoría, esto es bueno: de la calzada se adueñan los peatones. Pero no es así, pues las carpas impiden el paso. No son los monumentos falleros lo que atasca, sino esos barracones: las carpas y los entoldados. O tal vez sí: tal vez la gente se frena cuando mira con asombro esas Fallas que se levantan en los cruces. ¿Pero qué miran? Perdónenme, pero para un monumento que sorprende, lo común es una imaginería previsible: la enésima caricatura del político local o esa señora oronda que se zampa a un caballero, siempre un petimetre..." Leer más en: El País, Comunidad Valenciana, 16 de marzo de 2011

Hay 4 Comentarios

Unos días tan sólo: Tengo libros más que suficientes por leer. Cuento con la compañía justa y necesaria y buena música, unas cuantas películas para ver y comida y vino en abundancia. Si saco los pies a pasear por cualquier sitio, sé que veré árboles y oiré el viento. No habrá mucha gente con la que cruzarme y dormiré tranquilo. Sólo unos días, no es que odie las fallas, de verdad, es pura salud, pura supervivencia...

No se pierdan el comentario-post de David P. Montesinos:
http://lacuevadelgigante.blogspot.com.es/2012/03/fallas-hace-como-veinte-dias-yo.html

Calles cortadas, olor a fritanga churrera, ruido y petardos a todas horas en toda la ciudad... Y así durante días y días. ¿Dónde está la declaración universal de DDHH?

Otra selección:
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Uno. “…¿Qué ocurre en nuestros días? Hay entre los falleros gente moderada y sensata, gente que se explaya y que se solaza sin infligir daño y sin agredir. Pero hay otros, personajes temibles que viven agazapados durante el resto del tiempo y que como fieras irrumpen ahora, personajes que se arrogan el derecho al estruendo y al rugido, cuando nadie les niega el derecho a expresarse ordinariamente puesto que viven en sociedades permisivas. Es por eso que las fiestas populares son aquí y allá la excusa para que algunos brutos se ensañen con los débiles, para que muchos se arranquen la careta de la sociabilidad y de la cordura y se entreguen con desenfreno a un delirio colectivo…”
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Dos. “Se pronuncia la misma proclama de nuestra alcaldesa, ese ditirambo inaudible con que se abre cada año la juerga del pim pam pun, ese sermón festivo con que la enérgica munícipe agita al vecindario y a los forasteros. Se instalan las mismas carpas, que ocupan el espacio como si fueran gigantescas tiendas de campaña, con una multitud que vivaquea al raso. Regresan los cohetes cuyo estruendo se apagó y niños fieros con idéntica furia desenvuelta, espoleados por unos padres incendiarios, nos aturden con una pirotecnia temeraria. Se levantan unos monumentos que creíamos desaparecidos, combustible de otras Fallas, pero que reviven igual, con la misma estética acomodaticia, con esos muñecos que ya teníamos vistos, con esos petimetres gobernados por mujeronas de grandes curvas y de pechos nutricios. Se engalanan las calles con idénticas banderitas y perillas de colores, unas calles en las que estalla durante días y días una jarana desconsiderada y non stop. Reaparecen vecinos a quienes habíamos perdido la pista, habitualmente comedidos y silenciosos, ahora convertidos en portavoces uniformados del contento multitudinario. Se amontona la misma inmundicia: los mismos papeles, las mondas de fruta, los cascos y los vidrios rotos de otros tiempos. Más aún, da grima oler, como siempre, a ciudad meada, a amoniaco: el mismo rincón de todos los años es bueno para el alivio mingitorio. Un vandalismo recreativo que destruye y quema con ardor los enseres del mobiliario urbano transforma el aspecto de la ciudad y nos la deja como tiempo atrás, como hace doce meses. No hay nada nuevo: siempre el mismo estrépito y la misma ilusión…”
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Tres. “…Una arrogante brutalidad de cristales rotos, la incultura adueñándose de ciertas calles, el estrépito motorizado, el desenfreno de la pólvora y del fuego, el engreimiento de quienes incendian papeleras, contenedores, orinan por todas partes. Mientras tanto, nuestros munícipes parecen callar o jalear a los juerguistas como si ya estuvieran resignados a la expansión, como si sólo fueran capaces de demagogia…”
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Cuatro. “…Afloran aquí y allá los mismos tenderetes que ciegan las aceras impidiendo el tránsito de peatones. Se emplazan innumerables puestos de churros y buñuelos cuyos humos y aceites asfixian... dejando el paladar y el olfato embreados. Estallan los mismos cohetes, nos ensordece el mismo estruendo y jovencitos feroces e insaciables, con idéntica energía, acicateados por unos padres temerarios que por momentos parecen olvidar la cordura, nos estremecen. Se instalan unos monumentos falleros que creíamos ya incinerados, años atrás. Se adorna la vía pública con idénticas señeras y bombillas de colorines, con las mismas banderolas que con insistencia nos advierten, por si alguien lo había olvidado, que estamos en tierra de valencianos: las mismas perillas que anuncian con despilfarro, con disipación, el general regocijo, una vía en la que todo el mundo parece entregarse a una furiosa bulla de discomóvil. Se acumula la misma basura: los mismos botes estrujados de cerveza y las mismas botellas astilladas de whisky. Produce desagrado oler, como siempre, a ciudad amoniacal y mefítica, el vómito esparcido con que los más jaraneros o incontinentes se alivian rociando el asfalto y los adoquines. Es un vandalismo mediterráneo, claro, salpicado de orín y gentío...”
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Cinco. “…Quienes se oponen lo detallan así: las fiestas son verbenas atronadoras con disco móvil; son padres e hijos entregados a la explosión; son jóvenes entonándose con descaro o bebiendo cubalitros de garrafón; son calles tapizadas con vidrios, con restos carbonizados, calles regadas con orines. ¿Y qué hacen los agnósticos de la Falla? Como ya no esperamos nada, simplemente nos entregamos, nos rendimos o nos vamos. Algunos incluso rezan a San Josep para que nos libre pronto de todo esto. Esperamos -eso sí- que el propio santo no acabe entre las piras humeantes del jolgorio municipal...”
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Seis. “…De repente, la ciudad se vuelca al exterior: hay que vivaquear bajo sombrajos muy suntuosos. Y de pronto, todo el mundo parece alimentarse con buñuelos y churros. Imaginen la escena preferentemente nocturna. Las calles iluminadas por miles de lámparas, con una ornamentación recargada y predecible. ¿Crisis? Aquí no hay contaminación lumínica. Lo que tenemos es disipación mediterránea. Como Rita Barberá. Pero sigan por esa ciudad festiva. Los aceites asfixian o atufan, las explosiones asustan, la jarana ensordece. Para acabarlo de arreglar, bombas de gran estruendo explotan siempre a tu lado. Todo es un frente: con esa pestilencia que dejan los orines, las cervezas y los alcoholes mayores, y con esas brasas que aún humean. Con un poco de suerte no tropiezas entre botes y botellas astilladas. Hay furia explosiva, mucho retumbo y gran algarabía: de cuando en cuando oímos a la alcaldesa. Y hay también un vandalismo imaginable: el incendio del mobiliario urbano. Un ejemplo. Días atrás apresuré el paso cuando estaba cerca de un contenedor de vidrio. Unos perturbados ya talludos lanzaban cohetes al interior. La detonación fue extraordinaria: el ruido de las esquirlas acobardaba, pero ellos se reían a mandíbula batiente. Y eso es lo que hacían: batían palmas de tan divertidos como estaban con su pirotecnia demente….”

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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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