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27 de abril de 1937: muere Antonio Gramsci

Por: | 28 de abril de 2012

27 de abril de 1937: muere Antonio Gramsci. Hoy, precisamente hoy, 27 de abril de 2012 hace setenta y cinco años de su Antoniogramsciqueeslaculturapopularfallecimiento: eso me decía ayer mismo. ¿Tenemos algo que celebrar? Lo he indicado con frecuencia y con tono rabioso, casi infantil: la muerte es un escándalo, algo incomprensible de lo que no nos alivia la vida eterna.

Gramsci fue un pensador modesto, alguien inquieto que no paraba de escribir, que no dejaba de evaluar, de comparar. Leía con voracidad y con pasión: lo alto y lo bajo, las grandes obras y la morralla. Se nutría, se valía de la letra impresa para entender el mundo. Y para comprenderse a sí mismo: un tipo de origen plebeyo, popular, que alcanzó un puesto destacado en un sitio distante, ajeno a su raíz.

Hace unas semanas, con motivo de la presentación de ¿Qué es la cultura popular? (PUV, 2012), un libro que hemos editado Anaclet Pons y yo, decía las palabras que abajo reproduzco. Me permitirán que ahora las repita y las enlace: sirven como reclamo para la Feria del Libro de Valencia y sirven como homenaje a un autor todavía intempestivo.

Todos somos intelectuales

Si es por pensar y juzgar, todos somos filósofos, decía Antonio Gramsci. Vemos y nombramos, damos sentido a las cosas y evaluamos. Ahora bien, con frecuencia eso lo hacemos de carrerilla: con creencias o ideologías que se nos imponen. ¿Qué es lo preferible? ¿Hablar de prestado, pasivamente?
No, responde Gramsci. Hay que pensar y juzgar con autonomía y con crítica: cada persona debe interrogarse sobre lo que hay, sobre lo que ocurre y sobre sí misma, participando activamente en la historia del mundo. Si no lo hacemos nos impondrán opiniones e ideas ajenas: nos someteremos con docilidad.
Todos somos intelectuales. Discurrimos y creamos, nos expresamos e intervenimos en la sociedad. Son intelectuales quienes cumplen esa función y quienes se comprometen públicamente, analizando y exponiendo sus resultados. En principio, no todas las personas desempeñan dichas tareas.
En realidad, cada una puede hacerlo: si de lo que se trata es de pensar y juzgar, la convocatoria es común. Hacen falta voluntades y razones, gentes decididas a pensar por sí mismas, decididas a intervenir y a comunicarse. Eso nos pone en un compromiso: es decir, nos compromete.
Antonio Gramsci fue un filósofo italiano, un intelectual antifascista. Pero fue también un hombre corriente. Murió en 1937, tras años y años de cárcel. En la celda no dejó de pensar y juzgar el mundo terrible que le tocó vivir: razonó, escribió y anotó sin acobardarse.
Sus cavilaciones siguen siendo actuales y nos ayudan a evaluar nuestro propio mundo. ¿Quién piensa por nosotros? ¿Quién nos impone la visión y la versión de las cosas? Gramsci vuelve para proclamar la autonomía del pensamiento y el compromiso de la razón. Necesitamos observadores críticos: necesitamos observar críticamente [Leer más aquí]

Hay 1 Comentarios

Sin el pensamiento de Gramsci no se hubiera producido el euro comunismo. Togliatti y Berlinguer son discípulos
del gran pensador.
Su vida y su obra son un ejemplo de honestidad intelectual.

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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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