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A qué llamamos austeridad

Por: | 13 de abril de 2012

Uno. A qué llamamos austeridad.

Berlinguer1"...La austeridad no es hoy un mero instrumento de política económica al que hay que recurrir para superar una dificultad temporal, coyuntural, para permitir la recuperación y la restauración de los viejos mecanismos económicos y sociales. Así conciben y presentan la austeridad los grupos dominantes y las fuerzas políticas conservadoras. Para nosotros, por el contrario, la austeridad es el medio de impugnar por la raíz y sentar las bases para la superación de un sistema que ha entrado en una crisis estructural y de fondo, no coyuntural, y cuyas características distintivas son el derroche y el desaprovechamiento, la exaltación de los particularismos y de los individualismos más exacerbados, del consumismo más desenfrenado. Austeridad significa rigor, eficiencia, seriedad y también justicia, es decir, lo contrario de lo que he conocido y pagado hasta ahora y que ha conducido a la gravísima crisis cuyos daños hace años que se acumulan y se manifiestan hoy en Italia en todo su dramático alcance".

¿Quién dijo esto y cuándo? Son palabras de Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista Italiano desde 1972 hasta su muerte, ocurrida en 1984. Las pronunció como conclusión a la Convención de Intelectuales que en 1977 había convocado dicha organización. Pueden leerlas completas y en su contexto en el documento que reproduce ahora la revista mientras tanto, una publicación que fundó Manuel Sacristán. Ya en en 1978 las había dado a conocer este filósofo afincado en Barcelona. Publicadas de nuevo en 2012, dicha reflexión cobra gran actualidad. ¿Ustedes qué creen?

Dos. Hace un par de años, escribí esto que inmediatamente les reproduzco.

9 de junio de 2010. En el discurso de proclamación de los Premios Jaume I de la edición de este año –entre cuyas novedades está el galardón al Emprendedor–, Francisco Camps celebró la excelencia alcanzada. Llevado por las palabras, el mandatario comprometió como presidente a impulsar la investigación en un país, en un mundo “que tiene que seguir apostando por la competitividad y por la austeridad, una palabra que seguro que se suma a otras palabras que significarán mucho en el presente y en el futuro de nuestras sociedades del bienestar”. Aseguró que la austeridad nos permitirá seguir creciendo y progresando, aunque parezca paradójico. “Pero sin austeridad no hay crecimiento, no hay prosperidad y no hay bienestar”. Por eso, concluyó Camps,  “los europeos somos conscientes de que tenemos que incorporar la palabra austeridad a nuestros comportamientos personales, empresariales, institucionales y colectivos”.

¿”La austeridad, una palabra que seguro que se suma a otras palabras que significarán mucho en el presente y en el futuro”? ¿Camps, austero? La retórica del presidente es trivial o redundante, obvia y campanuda. Tiempo atrás hablaba, por ejemplo, de la felicidad. Qué cruz.

¿Y los lujos asiáticos del Consell? ¿De eso no tiene nada que decir? Aquí no nos hemos privado de nada con el dinero de todos. Eventos, fastos, Papa, Fórmula 1, Copa América, Oceanogràfic, Àgora, Ciudad de las Artes, etcétera. El etcétera incluye el principal derroche: Canal 9. ¿Qué hacer con la televisión valenciana? Pues apagarla, sin duda. Apagar una pantalla que produce radiaciones ideológicas de gran toxicidad. Pero especialmente apagarla para quitar bombillas, focos, farolas que arrojan luz sobre los mismos de siempre, esos trepas que chupan cámara indecorosamente. O apagarla, en fin, para desenchufar a los paniaguados.

Todo es una cuestión de consumo de energía, en efecto. Rita Barberá, con su pronto populista bien dispuesto, parece haberlo entendido después de veinte años de luminotecnia imperial y derrochadora: tarde pero lo ha entendido. La alcaldesa de Valencia ha planteado “apagar una de cada dos farolas en Valencia para ahorrar”, leo en El País. Apagar farolas, qué gran invento. La modernidad empezó en Valencia en 1846. En esa fecha se encendió en el Paseo de la Glorieta la primera farola de gas que hubo en esta ciudad. Se vio como un lujo ostensible, como el principio de una iluminación real y metafórica. Lo que nuestros ancestros no sabían es que una alcaldesa posterior multiplicaría exponencialmente los farolillos. Sin austeridad alguna.

No sé por qué pero cuando leo o pronuncio la palabra austeridad pienso inmediatamente en Enrico Berliguer, que tenía muchas luces. Berlinguer fue dirigente del PCI, un partido de izquierdas por el que sentí mucho interés. Nunca fui militante comunista ni simpaticé con aquella causa, pero la experiencia italiana me llamó la atención, esa experiencia heredera de Antonio Gramsci.

Berlinguer hizo de la austerità la divisa de su partido en tiempos de crisis económica y social, como era la coyuntura de los setenta. Tras la guerra del Yom Kippur y con las restricciones petrolíferas, Occidente se enfrentaba a un cambio en el uso de la energía y a un cambio en los procedimientos del sistema democrático.

En 1977, en un célebre discurso, Enrico Berlinguer dijo: “l’austerità non è oggi un mero strumento di politica economica cui si debba ricorrere per superare una difficoltà temporanea, congiunturale, per poter consentire la ripresa e il ripristino dei vecchi meccanismi economici e sociali. Questo è il modo con cui l’austerità viene concepita e presentata dai gruppi dominanti e dalle forze politiche conservatrici.

“Ma non è cosi per noi. Per noi l’austerità è il mezzo per contrastare alle radici e porre le basi del superamento di un sistema che è entrato in una crisi strutturale e di fondo, non congiunturale, di quel sistema i cui caratteri distintivi sono lo spreco e lo sperpero, l’esaltazione di particolarismi e dell’individualismo più sfrenati, del consumismo più dissennato. L’austerità significa rigore, efficienza, serietà, e significa giustizia; cioè il contrario di tutto ciò che abbiamo conosciuto e pagato finora, e che ci ha portato alla crisi gravissima i cui guasti si accumulano da anni e che oggi sì manifesta in Italia in tutta la sua drammatica portata”.

Parece escrito para nosotros...

[Los archivos de JS, 2010]

 

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Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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