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El niño y su rifle

Por: | 17 de abril de 2012

En 2008, hace casi cuatro años, escribí lo que abajo reproduzco. Ustedes perdonarán la repetición, pero ni me acordaba: ahora, la actualidad obliga.

PerdigonesEl niño y su rifle. Yo era un niño cuando a Franco le estalló la escopeta [en diciembre de 1961] y no supe del accidente hasta que pasó mucho tiempo. Años después, cuando ya era un muchacho, mi padre me compró un rifle de perdigones: un lujo accesible y bastante común entre los jovencitos de entonces.  Cuando disparaba, yo siempre tenía miedo de aquellos balines. Pero disparaba, vaya. La munición podía obturarse: podía quedar alojada en el cañón. O el plomo podía saltarle un ojo a un paseante eventual. Tenía miedo, pero disparaba, vaya. Siempre tiraba a las latas de conserva que la gente arrojaba aquí y allá. Era común en la España de Franco que el dominguero dejara inmundicias sin preocuparse de recogerlas. Por eso quienes ibámos a disparar –acompañados, eso sí, de un adulto– tomábamos los botes como blanco. Un día, ya adolescente, apunté a un pájaro. No era como las palomas de Franco, sino un colorín: el preferido de mi abuelo. Apunté, vaya si lo hice. Abatí mi primera pieza con un horror infantil. Fue entonces cuando abandoné el rifle y los perdigones. El arma permaneció arrinconada durante años. Sola, incongruente. Mi padre y yo nunca volvimos a hablar del rifle.

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Hay 6 Comentarios

Si, Marse, Maria, con acento, y nino con "ene", pena de teclado y pena de nuevas tecnologias que priman la respuesta rapida alli donde estes (en mi caso, USA, pero podria ser cualquier otro sitio -el ordenador es portatil -con multiples acentos que me he dejado por el camino). Cuando se obvia el comentario y se ataca la ortografia del escritor (salvo casos muy flagrantes) se pierde razon. Marse escribe mejor que usted, siento decirlo. Asi que un copia-pega de su libro hubiera sido mas ameno (tambien me he tragado multiples acentos...). Ay... Lo siento.

Sr. Calabuig, como siempre, un honor sus glosas. ¿Sabe lo que pasa? Estamos rodeados de exprogres (ex progres, prefiero decir): gentes que padecieron revoluciones caducas e izquierdismos patológicos; gentes que no han sabido digerir sus malestares. Un gran periodista, Arcadi Espada, del que fui amigo, está en esa línea: desorientado y conservador tras haber simpatizado con el PSUC. Es lo suyo. Quienes siempre fuimos moderados podemos ser ahora de izquierdas sin avergonzarnos. La literatura sirve para captar y sintetizar la experiencia común.
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Mi circunstancia con el rifle de perdigones es vulgarísima. Justamente por eso escribí sobre ella y precisamente por eso ahora la reproduzco. Juan Marsé (con acento, María, con acento: Marsé) supo decir lo que muchos experimentaron, la vida corriente y ordinaria que las 'aventis' sublimaban.
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Volveré.

Me parece absolutamente pertinente, don Justo, que recupere esta historia infantil de horror a la muerte y (no digo que sea ese su caso, por favor) quién sabe si de cierta atracción por ese mismo temor.
Habla de lo común que era entre los niños de nuestra edad ese "lujo accesible" del rifle de perdigones, esas armas de aire comprimido que cargábamos con esfuerzo los diablos bajitos. Pero para sacarlo a pasear, nos hacía falta espacio, aire libre que comprimir, campos y playas más o menos deshabitados, con sus charcas y acequias llenas de trastos, pájaros y frutas más o menos propicias a servirnos de inocente blanco. Ahora no creo que nadie regale esos rifles después de hacer la primera comunión, pero sí que estoy seguro de que de espacios libres, de campos y playas no va sobrada la chavalería para descubrir de tal forma los misterios de la vida y de la muerte.
En mi caso, este conocimiento de depredador iniciático va unido a alguna que otra pobre gaviota que cazábamos a las atardecidas con trampas poco sofisticadas. Nunca probé el poder de quitar la vida a ningún pajarillo con mi rifle de perdigones, y bien que me alegro de ello porque así no he tenido que asociar la práctica del tiro a ninguna cruel afición.
Años después, cuando la obligatoriedad de aquel extinto servicio militar así me lo demandó, prefería apuntarme al tiro al profundo hastío de la oficina: quien haya sido escribiente de compañía, sabe lo lentas que son las horas detrás de la máquina de escribir y el papel de calco. Por cierto, recuerdo que mi padre siempre me transmitía sus dudas ante mi inocente diversión en el pim-pam-pum de la milicia. Recelo que le quedaba de aquellas listas de buenos tiradores con que se completaban los pelotones de ejecución en los años cuarenta, al menos en aquel batallón de "desafectos al régimen" en el que terminó de purgar su derrota.
Ya le digo, don Justo, y me fijo para ello en otro comentario que le dedica una de sus lectoras, que estas historias que nos cuenta son absolutamente pertinentes en nuestro presente continuo, y me alegro así de haber vuelto a leer su artículo de hace años. Lo que sí me resulta ya manida es la noticia de la enésima caída del Rey, o de sus presuntas y reales infidelidades, o de su afición venatoria y su borbónico gusto por quitar la vida a seres indefensos. Manida y aburridísima historia ésta...

Perdona, pero esta historia esta muy manida. La utiliza exactamente igual Juan Marse en uno de sus libros. El nino que descubre la muerte a traves del fallecimiento de un pajaro al que apunta con una escopeta de balines. Juan Marse llama al pajarito "Gorry".

Merece haber sido rescatada esta historia, refleja el horror ante la muerte de un ser inocente. Pero nuestro monarca parece que nunca ha sentido piedad, mas al contrario disfruta con masacrar a animales hermosos e indefensos. Alturas de la conciencia, pobreza humana.

http://casaquerida.com/2012/04/17/si-no-quieres-petroleo-toma-dos-barriles/

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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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