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Los pobres diablos

Por: | 22 de abril de 2012

Uno. ¿Cuál fue la última novela que ustedes disfrutaron? El repertorio es amplio y cada vez contamos con JavierGomaTodoaMilmenos horas... Hace años, mientras visitaba la Feria del Libro de Valencia, Rita Barberá dijo que no tenía tiempo de leer novelas, que estaba con una biografía del Papa. Imagino que era una lectura edificante y egregia.

Las novelas son aún un género bajo, menor, sospechoso. Por eso, las familias distinguidas de la burguesía local han evitado siempre que sus pipiolas se perviertan con ficciones tentadoras: ahí está el caso de Mayrén Beneyto, de la que hablé hace un año, cuando se inauguraba la Feria del Libro de entonces.

   En su libro Todo a mil (2012), Javier Gomá trata en términos filosóficos asuntos varios de la realidad urgente: entre otros temas, el de la novela. Nos presenta brevemente la historia del género y subraya su aspecto esencial: las novelas sirven para tratar y mostrar al individuo moderno, su subjetividad, sus ansias y sus dolencias, sus inquietudes. O, mejor aún, su mal encaje.

"Y ese nuevo todo que es el yo subjetivo no se deja asimilar como antes a la colectividad social, no admite su antigua función de tesela de un mosaico que le trasciende porque él mismo es una totalidad más profunda, más significativa, más plena".

En efecto, el individuo consciente de sí...

"se resiste, recela de dar un paso que percibe como una alienación de su universo privado, siente el extrañamiento de un mundo que no es el suyo y que amenaza con anularlo".

¿Por qué el ser humano tiene tropiezos con la colectividad? La novela empieza dando la voz y la vez a personajes de segunda fila, a pobres diablos que pronto te largan su historia y que debes creer. Fingen decir la verdad e incluso adoptan la forma autobiográfica.

Dos. Lázarillo de Tormes (1554) --que ahora podemos releer en la
Lazarilloedición que Francisco Rico ha hecho para la Biblioteca Clásica de la Real Academia-- es la historia de un pobre diablo contada por sí mismo. Es un episodio al que siempre regreso para apiadarme y reírme. ¿Cómo es posible ser tan desgraciado y a la vez tan orgulloso? Le ponen los cuernos (es su "caso"), lo sabe y dice estar contento: por su buena posición, la de pregonero de Toledo.

Su vida es una sucesión tropiezos y de traspiés y, sin embargo, al final se ve colocado, asentado, con un porvenir hecho a su medida, con esa resignación tan española, tan castiza. Hay humor a raudales y esa novela falsamente autobiográfica aún podemos leerla con ingenuidad, sin erudiciones, según nos propone Francisco Rico: justamente quien más sabe de dicha obra.

Podemos leer con la inocencia de la primera vez, saltándonos la impedimenta que llevamos, eso que creemos saber. A mí, por ejemplo, me pasa siempre con Drácula (1897), de Bram Stoker, de quien se cumple ahora el centenario de su muerte. Precisamente, a su pobre diablo, a ese vampiro al que no se le da la voz ni la vez, a ese no-muerto que siempre es contado, relatado por otros, dedico una entrada de mi blog personal: Drácula en la Academia. Así, con reverencia he titulado el post. Francamente, me da pena su eternidad de cinco o seis siglos por vivir. Me da mucha tristeza esa agonía con la que malamente sobrevive. El Conde siempre tiene mal cuerpo. Es un caso digno de diagnóstico y tratamiento.

EldíademañanaTres. Hablamos de personajes tristes que sin escrúpulos o con patetismo ascienden en la escala social o en el dominio del mundo. Hablamos de pobres diablos que no encajan y cuyas vidas no son nada edificantes.

Digo esto y no puedo dejar de mencionar a Justo Gil. Mi tocayo protagoniza El día de mañana (2011), de Ignacio Martínez de Pisón. De esta obra hablé meses atrás: también en mi blog personal. Ahora acaban de concederle el Premio de la Critica. Ha sido una gran alegría. Por la valía indiscutible de su prosa y de su caso... Me preguntaba:

¿A quién le interesa la historia de un confidente franquista? ¿A quién le preocupa la vicisitud de un emigrante aragonés en la Barcelona de los sesenta y setenta? Martínez de Pisón detalla su vida con técnica y  virtud: narra con soltura, como si las cosas sólo pudiesen relatarse así.

Justo Gil es el protagonista, el chivato policial, pero su existencia nos la cuentan otros que lo trataron, que lo frecuentaron. Lo vamos viendo y conociendo. De manera indirecta, a partir de testimonios recogidos por un narrador, distinguimos a Justo. No estaba fatalmente condenado a ser colaborador policial de una dictadura. No era un tipo irreparablemente perverso. Su biografía es común, pero su destino se nos antoja obvio, una vez leídas las páginas de Martínez de Pisón. 

Justo es el protagonista, sí, pero su vida nos la relatan otros. Lo mismo sucedía con Drácula, todo un señor Conde al que vamos viendo y conociendo sólo porque algunos contemporáneos suyos detallan su vida, esa mala vida. De modo vicario, a partir de testigos poco fiables, distinguimos a Justo. Como Drácula...

Vaya vida.

 

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Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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