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De Harley a Velosolex

Por: | 29 de noviembre de 2012

ElvisPresleyHarleyUno. Hola, buenos días. ¿Hay alguien ahí? Voy a confesarme. No es frecuente que en este blog su responsable adopte dicho tono. Suelo ser una persona contenida y mis expansiones son mínimas. Y esas expansiones que tengo no pasan de asuntos puramente intelectuales. Ya me lo dijo mi remoto terapeuta: sr. Serna, no se ciña a lo intelectual. Ábrase a otras actividades.

Y así hago siempre que puedo: abrirme, marchar al aire libre. La moto la abandoné hace veinticinco años, tras un accidente. Era una Vespa de 200. Pero la bicicleta, no: en la bici aún confío.

Lamento no estar ahora mismo pedaleando: en Valencia ha salido un sol espléndido, un cielo limpio, un otoño apatecible. Pero aquí me tienen, leyendo trabajos académicos, encargos, artículos sobre los que debo pronunciarme. Aprendiendo y reprendiendo. Leyendo e inspirándome. Y luego está esta nota. 

Dos. El vehículo que aquí distinguen no es exactamente la pieza a la que me refiero: la Velosolexfinalesdeloscincuentamodesta bicicleta. Es, por el contrario, una Velosolex, una joya que tiene mi hijo mayor y que es el orgullo de la automoción francesa. Data de finales de los cincuenta.

En un principio, dicho vehículo iba a estar en Covers: se exportaron Velosolex a los Estados Unidos, un artefacto ingenioso y resultón. Luego pensamos que no, que mejor reducir el parque móvil a Harley y a Triumph: las motos que los jóvenes deseaban tener en la América de los cincuenta y sesenta.

Tres. Hoy, la Velosolex es un preciadísimo objeto de nostalgia vintage. Habría podido quedar monísima en la muestra: un contraste entre las Harleys y la Velosolex. Con un texto justificativo, claro: "...mientras los jóvenes americanos (y europeos) soñaban con Harleys y Triumphs, la realidad era más prosaica, pues el mundo se iba motorizando con Velosolex..."

50-Cadillac-Series-62-DV-12-GG_010No está la Velosolex. La miro ahora, con esa fragilidad, y me da reparo, pena: en Covers hay un mundo que no está representado. Lo sabemos... Es el de los jóvenes menesterosos, la gente del ghetto, con vehículos menores y trastos cochambrosos. En la exposición hay imágenes de coches con cromados brillantes, de perfiles angulosos, de longitudes ostentosas. Tras esa careta, tras esa tapeta, había un mundo de pobreza y dignidad. El que correspondía, por ejemplo, a la negritud.

En Covers hay velocidad. Hoy, estamos habituados a correr, a perder el fuelle con nuestras prisas. La cosa data de antiguo: aquellos jóvenes de los cincuenta fueron los primeros que plantearon la velocidad como una huida, como un escape: el repudio de la familia y del asentamiento. Lucían sus vehículos como el vaquero que marcha solo, como un caballero medieval anacrónico. Apretaban el acelerador para sentir el vértigo y la urgencia. James Dean se mató con un Porsche. Bob Dylan tuvo un accidente con una Triumph.

El 4 julio de 1956, Elvis se retrató aupado a una Harley. Muy patriótico. Era en Memphis, Tennessee. Tengo el audiolibro que reproduce aquellas fotos y aquellas canciones. Siento nostalgia de algo que no llegué a vivir. ¿O es, quizá, melancolía? La melancolía es el dolor por la pérdida de lo que nunca se tuvo. Yo llegué tarde a la automoción. Y aquí me tienen: sentado, escribiendo, a punto de regresar a mis trabajos académicos. Buenas tardes.

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Agradezco mucho estos comentarios, provocados por la nostalgia y por el buen sentido. Yo nunca tuve una Velosolex, pero mi padre sí. Y mi hijo también. Por supuesto, mis logros con la automoción quedaron reducidos a Vespa. Pero qué Vespa... Advierto: yo no era un mod. Ahora, eso sí: tenía una pegatina de Snoopy en mi Vespa.

Mi Vespa era roja. Previamente tuve una de 125 de color teja. Era humillante: color teja. ¿Se imaginan? Sentí mucho alivio cuando aumenté de cilindrada y de color.

Yo usé el Velosolex como cartero en Palma de Mallorca y cuando entraba la rueda delantera, en la via del tranvía me la pegaba, toda la nostalgía que quieras pero nunca me acabó de gustar.Menos mal que vino la Guzzi 75 con marcha en la mano y luego la Motobic,¡que tiempos!!Saludos, me ha hecho gracia revivirlos por un momento.

Buenas tardes Justo, cada vez hay que valorar más la belleza de lo pequeño, lo útil, lo humilde. No hace falta presumir de hombría o de dinero con una Harley o con una japonesa hiperdeportiva, es preferible disfrutar del paisaje y de la ruta con un vehículo suave, que no gaste, que no se averíe, que no haga ruido. Se acabó el tiempo de las mansiones, de los Porche, de los Armani, de la ostentación, y llega ya el tiempo del amor a lo pequeño.
Hace ya 5 años que cambié una 1000cc por un scooter de 250 con el que viajo más feliz que una perdiz por las carreteras más pequeñas que encuentro. Y como tú, cada vez uso más la bici para la movilidad urbana, me parece útil y placentero a la vez.
Por cierto, no sé si lo sabes pero hay una bici eléctrica Velosolex:
http://www.solexworld.es/es/#!/productos/velosolex/resumen/
Un saludo.

Mi querido colega amante de la historia contemporánea, su nota plena de añoranza me ha hecho revivir la época a que alude. Claro que necesitaba un alivio y salida de las tensiones de mi trabajo, y fui poseedor tanto de una Triumph como de una Velosolex. Viví de lleno la búsqueda de la libertad espacial y geográfica con mi Triumph Tiger 500 de 1956, recorriendo lugares agrestes por toda Venezuela, desde el Lago de Maracaibo hasta los Andes de Mérida, y luego tuve la buena fortuna de recorrer otros continentes sobre dos ruedas. El recuerdo de aquella máquina ligera y bien diseñada que era la Triumph se aferra a la memoria, mientras que las Harleys no me decían nada, eran status symbols de cuestionable ingeniería afín a implementos agrícolas. Y las Velosolex que tuvimos en la familia eran la voz del sentido común y lo práctico, lo ecológico -sin darse cuenta uno de lo avanzados que estábamos, claro- en un tiempo en el que el diseño del automóvil norteamericano (los llamábamos haigas) se reducía a la pseudoestética de la ostentosa parrilla del radiador, las aletas postizas y al aumento del desplazamiento del motor en pulgadas cúbicas. Hoy en día las Harleys que se venden ceca de la Estación de Chamartín han mejorado bastante, pero siguen siendo, en mi opinión, el juguete de turno para huir hacia adelante, tratar de alcanzar el status de "up with it", y un pobre recurso para aparentar hombría. Gracias por su comentario, y un saludo desde California.

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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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