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Apocalipsis zombi

Por: | 20 de diciembre de 2012

TheWalkingErrataNaturaeUno. Leo The Walking Dead. Apocalipsis zombi ya (2012), publicado por errata naturae. Es un documentadísimo volumen de varios autores sobre la serie norteamericana.

Corro un riesgo. ¿Acaso ser devorado por uno de ellos, por un zombi? No cabe descartarlo, pero no es eso lo que temo. Corro el peligro de que la buena literatura circunstancial y de que las metáforas ocurrentes me conviertan en un friki de los muertos vivientes. De que ocupe mi tiempo en nonadas. O no.

Hace meses tuvimos discusiones en Ojos de Papel, en este blog y en el de David Montesinos sobre estas criaturas. Sobre los zombis. Fue un festín en el que Rogelio López Blanco, Alejandro Lillo, Jorge Fernández Gonzalo, David P. Montesinos y yo mismo, entre otros, nos pusimos las botas. Nos zampábamos la serie televisiva y la literatura parasitaria. La fuente. Y las películas adyacentes. Es más: llegamos a comparar la serie original con otras obras televisivas.

Ahora, las cosas han cambiado. Este blog vive momentos de estupor. Como los muertos verdaderos, yo estoy un poco apagado: arrastro los pies y sólo con dificultad mantengo la compostura. O la verticalidad.

Por supuesto, en aquellos debates no llegamos a ninguna conclusión. Con los zombis no se acaba: de ellos se escapa con suerte. Ahora me veo parloteando sobre esas efigies torcidas, con andares toscos e indumentarias andrajosas. Me veo escribiendo sobre un asunto menor de la cultura. ¿Un asunto menor de la cultura de masas? No es así... Los zombis viven momentos de esplendor.

Gozan de buena salud, dice el tópico. Y es así. Con el desconcierto del mundo, con las señales del pronto final, las figuras de los muertos vivientes se convierten en nuestros perseguidores. O en nuestros interlocutores. Más vale un final con horror que un horror sin final, se dice en estos casos...

APOCALIPSIS3Dos. "Que los zombies hayan estado de moda durante estos años de la Gran Crisis refleja una plástica y asquerosa idea de la situación", dice Vicente Verdú en Apocalipsis Now (2012), publicado por Península. Este libro es una interesante recreación del Apocalipsis bíblico, justamente en unas fechas muy apropiadas. ¿No dicen que el 21 de diciembre se acaba todo? Si el mundo se acaba, habrá que estar preparados. A mí, por ejemplo, me pillará leyendo sobre el fin del mundo.

Pero volvamos a Verdú: una plástica y asquerosa idea de la situación. "Lo característico de un zombi es que, al presentarse como muerto, ya no se le puede eliminar". Se equivoca Verdú. Sí que se le puede eliminar, aunque el espectáculo gore de vísceras chorreantes incomoda. Y añade el periodista: "pero, también, al comportarse como seres sin vida y que no pueden temer a nada, no se les puede de ninguna manera ahuyentar". Nuevamente, yerra.

Los zombis tienen una profunda desorientación. Es por eso por lo que no saben con exactitud hacia dónde se encaminan. Fuera del olor a sangre. Fuera de la carne, no hay nada que los atraiga. E insiste Verdú: "Efectivamente, tampoco se puede dialogar con ellos porque su lengua está muerta, sus oídos han estallado y su mente se ha desflecado, como si las neuronas hubieran adquirido la forma de enredos de algas o de composiciones así". De descomposiciones, más bien.

Bien mirado, tampoco es exactamente así.

TWDTres. En su libro Apocalisis Now, Verdú se pregunta si los zombis escuchan. Si poseen los sentidos del olfato y del gusto. En todo caso, añade, carecen de razón. No es que no tengan razones para obrar así. Es que no disponen de cerebro, sugiere Verdú.

Corrijo: cerebro, tienen. Muerden porque no tengan sesos. Es que devoran porque tienen seso obsesivo. ¿O es que, acaso, los criminales más mortíferos de la humanidad carecían de lógica, de razón, de discernimiento?

Los zombis atacan primeramente porque son intuitivos. Eso no significa que sólo sean enfermos o locos, como parece apostillar Verdú. Y sobre esa avería psíquica se extiende.

Dice el escritor: “deliran sin componer sentencias de ningún género y se mueven como si en sueños solo pudieran tantear sin acierto ni cohesión”. No deliran, no.

Delirar es confundir lo real con la fantasía sin poder regresar a este lado de acá. ¿Cómo van a delirar si, según Verdú su mente se ha desflecado y carecen de lógica? El delirante tiene una patología lógica y con ella se vale para hacerse daño y hacer daño al mundo. Tienen, dice Verdú, una “pedernal obstinación”: chocan contra todo obstáculo sin medir razonable y sensatamente si vale la pena seguir o si conviene pararse o toparse.

Yo no llamaría obstinación a ese empeño. Los zombis no son obstinados, son jaurías de humanos que tienen monstruosamente desarrollada su parte animal, originaria, primitiva. ¿No empezó todo con los hijos devorando al padre en un asesinato primero y ancestral, según nos indicara Sigmund Freud?

Los zombis no son fuertes ni tampoco especialmente habilidosos. Eso es lo que les hace tropezar, chocar y enfrentarse a obstáculos que no miden. ¿Acaso los humanos no hacen algo similar? Los zombis devoran, comen, muerden a los individuos sanos. Los humanos aplastan a sus rivales, los humillan y, si pueden, los matan sin miramientos. Tenemos ejemplos recientes y abundantes. ¿Acaso por una avería cerebral? No necesariamente. Verdú emplea a los zombis como metáfora de la Gran Crisis (zombi) que nos diezma. No creo que sea una buena comparación. Creo, más bien, que un zombi es un zombi es un zombi. Nada más. O nada menos.

http://justoserna.com/2012/12/19/apocalipsis-zombi/

Hay 2 Comentarios

Si nos vamos todos juntos, yo no tengo inconveniente.

Me ha encantado espero que mañana 21 no pase nada al final.

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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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