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Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

Eskup

David Bowie

Por: | 06 de abril de 2013

CaratulasdeBowieDavid Bowie acaba de sacar nuevo disco tras años de silencio... Se titula The Next Day. Tiene un sentido futurista, acabado, definitivo. Es lo que nos queda...

Y algo más. David Bowie es objeto de una espectacular exposición en Londres. Se titula David Bowie is. Allí se exponen las prendas que lució y los discos que ideó, con sus portadas... Algunos de esos vinilos fueron conceptuales, como por ejemplo el de The Rise and Fall Ziggy Stardust and The Spiders from Mars (1972); y otros una suma de canciones afortunadas que ni siquiera eran suyas, como Pin Ups (1973): un disco de versiones que fue mi primer Bowie. Tengo el catálogo de la Expo en mi poder, como una preciosa posesión. Repasando sus páginas confirmas a Bowie como creador de tendencias estéticas, formales. Su vestuario es como un bólido de Fórmula 1: los arreglos y los excesos después serán copiados; las mejoras y las pifias luego serán imitadas por cientos, por miles de seguidores. E incluso por individuos que no saben que repiten lo que Bowie alguna vez llevó, se calzó o lució.

Es un personaje ambivalente que despierta admiración y rechazo. Por un lado, supo hacerse y rehacerse en fases distintas del rock y del pop, adelantándose a las modas que él mismo instituía. Por ejemplo, el Gay Power, también llamado el Glam, fue una corriente estética que triunfó en los setenta y de la que él fue rey y señor, Marc Bolan aparte. Hacia 1966, aún David Jones, Bowie era un jovencito con ínfulas de rockero, un tipo que admiraba a Little Richard, Elvis y Dylan; cinco, seis años después era un compositor leído, cultivado, con carencias musicales que sabía suplir rodeándose de excelentes técnicos. ¿El principal? El productor Tony Visconti, el mismo Visconti que varias décadas más tarde ha vuelto para materializar The Next Day.

DavidBowieNextDavid Bowie es aún un tipo guapo, incluso bello y elegante. Lo comprobamos hasta cuando rebasa el buen gusto o la edad. Desde antiguo tiene una pose muy femenina, estudiadamente femenina, teatral. No en vano fue decisiva su relación con Lindsey Kemp. Por un lado, se sabe macho, macho man. Por otro, tontea con varones muy masculinos y apuestos. Abrió lo que estaba cerrado, los armarios, los estilos y los sexos... Y supo crearse estéticamente. En las distancias cortas tiene fama de ser un tipo encantador, chistoso, optimista. La imagen pública que de él se tiene no siempre es así: aparece como un individuo manipulador, engreído. Cometió varias torpezas de notable resonancia, como la de vivir enganchado a la cocaína; o como la de vivir tonteando con la estética y la cultura nazis, con el ocultismo. Luego se disculparía debidamente. ¿A qué se deben esas meteduras de pata, esos abismos? ¿A falta de estudios? ¿A simple y llana provocación? Bowie fue tempranamente un tipo muy cultivado, lector insaciable que no sabía muy bien cuál había de ser la transgresión. Hay en él la búsqueda sin fin y el deseo de éxito, de gran estrella. De esa mezcla, transgresión y mercantilismo, nacerían discos espléndidos como “Heroes” (1977) o como Scary Monsters (1980).

A principios de los setenta, yo sólo era un adolescente, un muchacho a medio hacer, y Bowie me imantaba: todo lo que era capaz de crear me interesaba. ¿Acaso porque yo era homosexual? No, no recuerdo haber sido gay en ningún momento. Y no lo digo para salvarme o exculparme. Lo digo porque me complacían su ambigüedad y su vertiente andrógina, su bisexualidad, asunto que sorprendía en un hetero. Pero yo no soy tal cosa, no sé qué cosa. Soy un ser que ama a su chica y a sus hijos, lo que no le impide admirar la belleza masculina. Y Bowie llegó a componer una figura de extrema elegancia (en parte inspirada en Frank Sinatra), vistiendo trajes anacrónicos, propios de los cuarenta y cincuenta, que siempre le han sentado enormemente bien. Quien tuvo retuvo: ha envejecido excelentemente y su porte aún resulta envidiable.

Sus letras hablan frecuentemente del espacio, del espacio exterior, de un futuro de plásticos y de destrucción, de amor y de otras drogas, de muchachos desorientados, de héroes momentáneos, imprevistos. Es uno de los nuestros: somos tipos momentáneos que esperamos lo imprevisto. Poco más.

Rey de reyes

Por: | 04 de abril de 2013

ReyesTenemos motivos para no hablar de otra cosa. Es un bla-bla-bla permanente, un run run inacabable. Tenemos razones para insistir una y otra vez en lo que sucede: a la Monarquía y, por extensión, al Reino de España. Qué pena más grande. Pero qué pena más grande... Tras años de juancarlismo sedicente o de monarquismo indiferente, nos encontramos aturdidos. Yo mismo, que fui moderado y constitucionalista, me veo desmentido por mis amigos radicales.

Estoy desilusionado, desencantado, desengañado. Si digo eso es por una razón: alguna vez estuve ilusionado, encantado, engañado. Admito mi debilidad: me dejo llevar fácilmente... El mundo de entonces parecía aceptable y la España posterior a don Francisco Franco parecía también un lugar habitable. Y lo fue y lo era. Ustedes, los más jóvenes, no se imaginan lo que era aquello bajo la bota del dictador: una patria dolorida, una nación dañada y con un pelotón de soldados siempre dispuestos a sublevarse contra el enemigo interior o exterior.

La vida en el Franquismo era un asco. Decía Manuel Vázquez Montalbán que a todos nos olían los pies, los calcetines. Ese hedor de humedades polvorientas, ese pestuzo de ropa poco aseada. No sé. Vázquez Montalbán era muy verbosos, incluso extremista, y sus valoraciones siempre incluían un rapapolvo: justamente para sacudirnos la inmundicia o la mierda acumulada, ese polvo remoto. Yo nunca compartí dicho estilo, pero reconozco su gran finura, su mala hostia, su sarcasmo. Y reconozco la pátina de impostura, de suciedad, que nos cubría.

A comienzos de la Transición vivíamos amenazados por militares golpistas (Tejero y todos aquellos jefes y oficiales que se encabritaban y te organizaban una asonada); a comienzos de la Transición vivíamos acogotados por una Iglesia oscurantista y pecadora (¿recuerdan a Monseñor Guerra Campos?); y vivíamos asfixiados por una banca que era opaca, muy opaca, con señores de posibles y patrimonio... Militares, clérigos y banqueros: la Corte de los Milagros, por Dios.

El Rey don Juan Carlos tenía un pecado original. No me refiero al estilo borbónico mujeriego, del que el monarca ha dado sobradas muestras. Me refiero a otra cosa. Yo no soy un picha brava (quizá porque soy alguien morigerado), pero entiendo que haya varones salidos, pervertidos o simplemente peleones. Yo no: soy un individuo anodino, previsible y de cuerpo poco menos que lamentable. En cambio, el Rey es alto, altísimo, tenía apostura y tenía gran predicamento: el que se ganó frente a los ultras, frente a los curas acérrimos o frente a los financieros que sostuvieron el Régimen franquista. Hacía vela y esquiaba: un hacha.

Pero desde hace meses, su figura se desdibuja y se desvanece. Es un Rey desleído. Nunca ha sido una persona cultivada. Y yo, por mi parte, no vivo ni remonto. Simplemente leo. Mi madre me tiene al día de los cuchicheos de Sálvame: fuera de Matamoros o Belén (qué nombres tan católicos), los temas son siempre de la Casa Real. Fuera de los Mohedano y sus desavenencias (que cosas tan raciales), Sálvame se centra en don Juan Carlos, adyacentes o adláteres.

No vivo más que para mis hijos: quisiera que recibieran una España aceptable, un país que no provocara vergüenza, un porvenir material prometedor. No vivo más que para mi señora madre, que tiene una pensión amenazada. No vivo más que para mi señora esposa, que es un sol, 'the sunshine of my life'. A ella le aduedo todo. Lo único que no le debo es mi optimismo. ¿Cómo es posible que yo ponga buen humor a lo que tiene muy mala leche? ¿Cómo es posible que siempre piense en positivo a pesar del mal trago, del órdago al que nos someten?

Si me permiten, creo que el secreto es sentirse bien, aceptarse, vivir con la alegría de que puedes y sabes: eres un desastre, pero se te quiere; eres un tipo desordenado, pero amoroso. Yo amo a los míos.

Majestad, no me los toquen.

El capitalismo y el comunismo

Por: | 02 de abril de 2013

ElBornMiserachsBarcelona1964En la Wikipedia se dan los datos básicos:
"Xavier Miserachs nació en Barcelona el 12 de julio de 1937, en plena Guerra Civil Española, hijo de un hematólogo y de una bibliotecaria, Manuel Miserachs y Montserrat Ribalta. Entró en contacto con el mundo de la fotografía en el Instituto Técnico Eulàlia, donde conoció a Ramón Fabregat y su hermano Antonio. Estudió cuatro cursos de la carrera de medicina, pero la abandonó poco antes de finalizarla para dedicarse profesionalmente a la fotografía..."
La foto que acompaña y ahora reproduzco es sencillamente espectacular. Procede del libro de Miserachs titulado Barcelona, blanc i negre (1964): una joya de la fotografía española. Un trabajador del mercado de El Born acarrea cajas y cajas de fruta y verduras. El capitalismo en estado puro: el envoltorio sin cargamento. Hemos de pensar que los envases están vacíos y que, por tanto, la carga es continente más que contenido. Pero esas cajas pesan y además se mantienen en un difícil equilibrio, en parte gracias a la habilidad del obrero. A mediados de los sesenta el mundo era sólido: pesaba. Había que cargar con las cosas, mientras todo estaba a punto de caerse o de perderse.

Rogelio López Blanco reproduce en su muro de Facebook una fotografía que parece procedente de Corea del Norte, el paraíso actual de los trabajadores. Hace alguna broma sobre el Estado comunista y se guasea limpiamente de la demencia de esos fanáticos. Con razón. Con la razón, quiero decir. En la España de los sesenta, el mundo era reciente y pobre. El franquismo había aniquilado la dignidad y la honra de los obreros, aquellos productores del Régimen, y cualquier opción alternativa tenía que cargar con un peso desmedido, con un lastre inestable. Xavier Miserachs hizo unas fotografías reales, nada metafóricas. El mundo pesaba y era material.

Cuando estábamos buscando fotografía para mi libro La imaginación histórica, una ilustración para la cubierta, pensé que la instantánea de Miserachs, datada en 1964, era la mejor opción. Lamentablemente, dicha imagen se emborronaba una vez reproducida. Precisamente por eso, optamos por incluir una fotografía de Santos Yubero, espléndido retratista. No me arrepiento. Santos Yubero es uno de los grandes. ¿Y Miserachs? Por favor vuelvan a mirar la instantánea de El Born. Estamos en 1964. El mundo estaba a punto de derrumbarse. La crisis de los misiles en Cuba era muy reciente. La guerra de Vietnam empezaba. Menos mal que España ganaba la Eurocopa a la Unión Soviética. El capitalismo menesteroso batía al comunismo. Cómo hemos cambiado.

http://justoserna.com/2012/06/18/la-imaginacion-historica/

El País

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