Blogs Comunidad Valenciana Ir a Comunidad Valenciana

Miguel Blesa

Por: | 19 de diciembre de 2013

En La economía política del rentista, un libro de 1919, Nicolai Bujarin hablaba del sector más parasitario de la burguesía. Hacía una crítica durísima de su naturaleza improductiva. Se refería, sí, a los rentistas, RatoBlesaEFEque lejos de contribuir a aumentar la riqueza serían meros consumidores o, mejor aún, auténticos destructores del excedente.

Sólo se preocuparían por el lujo, la ostentación, el carpe diem. Dispondrían de bienes prohibitivos y dedicarían sus días a disfrutar de "caballos de carrera, tapices de lujo, aromáticos cigarros, vinos finos".

Recuerdo haber leído este libro hace más de veinte años, cuando el comportamiento de los burgueses decimonónicos era, entre otras, mi obsesión académica. Decimonónicos.

Cómo han cambiado las cosas. O no tanto. Desde los tiempos de Bujarin, los bienes de lujo, esos que menciona, son ahora productos al alcance de la clases medias o al menos de lo que queda de las clases medias. Ello no significa que todos tengamos caballos, pero disponemos de automóviles. Ello no significa que todo pisemos tapices persas, pero una buena alfombra, sin grandes alardes, ya no es un lujo prohibitivo. Lo mismo podríamos decir de los cigarros aromáticos y de los vinos finos: que un día es un día y que para ciertas celebraciones despilfarramos con los caldos, por ejemplo.

Hoy, por el contrario, el poder y el lujo se manifiestan con un Ferrari, con grandes cacerías, con viajes de ensueño, con la capacidad estricta de destruir dinero, con la gracia de no importarte el precio de las cosas. No se trata de que uno sea rentista y el otro gran capitalista. De lo que se trata es de la conducta ostentosa, sin remilgos. Los pobres son eso: pobres. La gente de medio pelo es eso: gente de medio pelo. Y luego están ellos: los que no reparan en gastos, los que viven por encima, muy por encima, de nuestras posibilidades.

Miguel Blesa fue el máximo dirigente de Caja Madrid, cuando esta entidad estaba a punto del colapso. Para eso, para mandarla al carajo, ya llegó Rodrigo Rato. Blesa fue durante años su principal gestor, dudoso gestor, y por lo que ahora se está sabiendo reinaba al frente de la corporación como un sátrapa oriental. Es decir, ordenaba y mandaba rodeado de lujos inimaginables. Parece ser que repartía favores, atendía a los amigos y, salvo excepciones, les daba satisfacción.

Le sobraba el líquido y no temía ser objeto de envidia. Todo lo contrario: se chuleaba con su Ferrari y sus despilfarros. Era un hombre de derroche, no un mero hombre de trabajo. Era un consumidor conspicuo. Estas expresiones no son mías. Pertenecen a Thorstein Veblen, quien las acuñó para su libro Teoría de la clase ociosa (1899), volumen que por cierto leí por la misma época que el de Bujarin.

Si son ciertas las cosas que investigan los jueces, Miguel Blesa fue responsable del engaño de las participaciones preferentes y deuda subordinada en Caja Madrid y, por lo que revela algún correo privado, se jactaba de ello. Me imagino que eso lo hacía sentirse bien, sentirse fuerte, sentirse el más listo: él, que había empezado como inspector de Hacienda, cuando José María Aznar comenzaba también la misma ocupación tributaria. Ambos iniciaron su andadura en una ciudad de provincias, en Logroño, y eran tan amigos, pero tan amigos, que se jugaron a suertes las viviendas que las respectivas familias iban a ocupar. Luego, de funcionario, uno pasó a la política; el otro, también.

Si la política es la continuación de la guerra por otros medios; la gestión financiera es la continuación de la política con las artes o las malas artes de la guerra. Aunque, bien pensado, el conflicto bélico fue siempre cosa de ambos, de Aznar y de Blesa: estuvieron batallando en Madrid o en Bagdad, en Nueva York o en Matalascabrillas del Duque (Forges dixit). Estuvieron batallando para hacerse sus respectivos patrimonios y para hacer ostentación de sus riquezas sobrevenidas.

Es lo que tiene ser rico: no sólo puedes lucir con más garbo la ropa de entretiempo; puedes también ducharte cada jornada, comer de caliente todos los días, comprarle alguna joyita a tu esposa y darles un capricho a tus hijos, como la Play Station 2. Ellos fueron así de ricos y así de espléndidos.

Aznar se convirtió tras su paso por el Gobierno en un asesor, conferenciante, profesor y mediador. Sus ingresos se incrementaron de manera vertiginosa. De ahí que decidiera tener una segunda juventud: con aquellos pelos largos que se dejó como un hippie rezagado o como un yuppie 'casual'.

Por su parte, Blesa tras administra el cortijo de Caja Madrid se compró una ganadería de amigos instrumentales, de amigos materiales, de socios, de ricachones con los que frecuentar. Básicamente para no rozarse con los mindundis y con la puta base, esos que no se asean. Por otro lado, Blesa pudo continuar la práctica de una de sus aficiones favoritas: la caza mayor.

Osos, corzos, etcétera, con cuyos cadáveres posaba como un matón de colegio: sabedor de quién es el más fuerte, de quién mea más lejos, todos se le rinden. O no: precisamente porque no todo el mundo se le rendía, él reemplazaba las relaciones sociales, las relaciones de dominación, por la cetrería salvaje, a gran escala y de precios prohibitivos. Como en esto de los negocios los amigos son inconstantes, lo mejor es abatir unas buenas piezas con las que inmortalizarnos. Además, al cazador que vuelve con un oso o con un corzo siempre se le alaba, se le halaga, se le hacen zalemas. Tiene arma, un buen instrumento.

Yo no sé si la actividad financiera de Blesa será finalmente conceptuada, procesada y condenada por delictiva. Yo no sé si su gestión al frente de Caja Madrid fue desastrosa y atrabiliaria. Lo que sí sé es que su figura y su cara me dan grima. Un tipo de aspecto crepuscular que se inyecta botox, un galán tan ostentoso que alardea con sus cochazos, un cazador tan pagado de sí mismo, tan ufano, parece reunir los peores rasgos del varón primitivo, del hombre rústico.

Lo mejor será que se vuelva a la choza de la que salió, a la aldea de la que proceden sus ancestros antes de que lo manden al trullo. Tal posibilidad, que lo metan entre rejas, me da pena, mucha pena.

Hay 4 Comentarios

Este "señor" ha hundido una caja de ahorros con 300 años de historia, ha arruinado a muchas personas humildes y ha echado a mucha gente de sus puestos de trabajo como consecuencia de su "gestión"
¿No se merece un poquito de cárcel?? Con mucho gusto contribuiría con mis impuestos a pagar su mantenimiento en cualquiera de las cárceles a ser posible junto con los presos mas peligrosos

La aldea o la choza son lugares muy dignos Sr. Serna, y la gente que sale de ellos suelen ser personas sanas de cuerpo y mente. Nada que ver con el individuo del que trata el texto. Inspector de Hacienda tenía que ser.

Alguna vez he pensado cómo de peor sería el mundo si algunas personas no hubieran nacido o hubieran muerto prematuramente, como Newton, Gandhi, Einstein o Mandela, entre muchos. También me da por pensar en ocasiones el incremento en felicidad o el decrecimiento en desdicha que el planeta tendría si otras personas no hubieran nacido o se hubieran muerto ya, como Aznar y su familia y "amigos" al completo. Lo de amigos entre comillas porque los psicópatas no tienen amigos.

No estoy seguro de que en otro país Blesa y Aznar estarían en la cárcel. Lo que sí sé es que Aznar no iría de sobrado por la vida porque las personas normales de otros países más serios lo tomaría por un mezquino impresentable comemierda, y valga el eufemismo para que se pueda publicar este comentario.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Presente Continuo

Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

Eskup

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal