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Qué discurso del rey

Por: | 25 de diciembre de 2013

ReyABCCada 24 de diciembre, el rey pronuncia un mensaje ante las cámaras de televisión. Lo digo por si alguien no se ha enterado, que hay gente muy despistada. El público espectador asiste expectante a sus palabras, gestos y silencios. Habla el máximo mandatario del país y su discurso cobra gran importancia. O eso parece.

Nos saluda con hieratismo y campechanía, con proximidad y gravedad, como es su costumbre. Con ese tono algo chabacano y severo que es propio de los Borbones. Y nos habla con soltura, leyendo, sin excesivos problemas de dicción. No se traba y las cámaras lo miman. O eso parece.

No le hace falta declamar o hacer aspavientos para persuadir a su público: con mostrarse cercano, despierta la atención. No nos amonesta, sencillamente nos aconseja y los espectadores seguro que asienten. O eso parece.

En casa solemos verlo y oírlo, con interés intermitente. Es decir: lo vemos y no lo vemos; lo oímos y no lo oímos. Hacemos por enterarnos. No sé, a ver si habla de Urdangarín, de su queridísima hija Cristina. Hacemos por sondear y examinar sus silencios. ¿Por qué calla sobre esto o aquello? Escrutamos. O eso parece.

En tiempos nos parecía un ritual simpático e intrascendente. No le dábamos mayor importancia, pero procurábamos escuchar las cosas que el monarca indicaba. Poníamos cara de preocupación. O eso parecía.

Algunas de esas palabras eran y son evidencias a las que no te puedes negar; otras eran y son frases bienintencionadas. Inevitablemente, todo los años rinde homenaje a los parados, a los españoles distantes, a las clases desfavorecidas y, de paso, muestra su orgullo por reinar en un país de tan admirables logros. O eso parece.

Mi problema es que la noche del 24 de diciembre de 2013 no oí al rey. Éramos muchos a cenar y por hache o por be, el caso es que no me enteré de lo que pronunció. Los asistentes a la cena familiar hablaban sin parar y, por tanto no hubo manera de poder atender. Imaginé que diría lo mismo de todos los años. O eso parece.

Mi desinterés era creciente, claro. Comenzaba a aburrirme. Y me volví a la única persona de la casa que miraba fijamente la pantalla. Era mi señora madre política. Creí que algo podría decirme. Y algo me dijo: "el rei ha envellit moltíssim". Ah, confirmé. Luego me acordé de que mi suegra padece una gran sordera. Aunque a veces no lo parece.

Hay 5 Comentarios

Perdón, decía no limpiando letrinas en Monchengladbach, pero si posiblemente en algún programa del corazón. Entonces será cuando empecemos a hablar de dignidad.

Muy apropiado ese párrafo que Alex trae a colación de Aníbal Malvar. Pero hay algo con lo que no coincido: cuando España era "rica y famosa", ya le digo yo que, con total seguridad, el Príncipe de Asturias llegaría a ser rey con el único mérito de ser alto; en la actualidad no lo tengo tan claro. Y ya veremos cómo acaban sus nietos; los del Príncipe, digo: seguramente
no limpiando letrinas en Mhenglad

El mejor resumen, "El discurso del Reydículo" de Aníbal Malvar ("Público") del que extraigo este párrafo, para los orgullosos padres de "pequeños seres":
Cuando os hablo de salud moral, españoles, sé de lo que me hablo, porque yo antes andaba mucho mejor de salud que de moral, aunque ahora se me van igualando. Y os conmino a observar, con paciencia y resignación cristiana, cómo mi hijo, cuyo único mérito es ser alto, va a ser rey de España, mientras vuestro hijo biólogo, vuestro médico, vuestro filólogo o vuestro nascisuturus indeseado va a terminar limpiando váteres en los arrabales de Mönchengladbach. Mi moral y vuestra salud son, a mi pesar, antónimos.

A estas alturas, creo que cabe hablar de constatación científica: los únicos que se acuerdan de Franco y que escuchan el discurso del Rey, son las personas de izquierdas.

Pues a mí me llena de orgullo y satisfacción leerle a usted, Sr. Serna.

En casa, no nos acordamos ni del Rey, ni de la Reina, ni de sus hijitos: "un pequeño ser" (homenajeando a Sartre) acaparaba todas nuestras atenciones, todos nuestros deseos, toda nuestra alegría. Consiguió que olvidáramos por completo a los desempleados o a esas clases desfavorecidas de las que sólo parece acordarse nuestro Monarca en estas entrañables fechas, y de las que tenemos constantemente presente el resto del año la inmensa mayoría de españolitos.

Muy graciosa la espontaneidad de su suegra. Y, por supuesto, un beso enorme para su Señora Madre.

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Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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