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Bob Dylan, "We will build your car"

Por: | 16 de febrero de 2014

Autores: Serna & Lillo Asociados

BobDylanChrysler


"...Cincuenta años después, cuando los hechos que contamos en este ensayo ya son materia del pasado, Bob Dylan regresa otra vez. ¿Regresa? Verdaderamente, el cantante nunca ha desaparecido del todo.

Se ha retirado alguna temporada, como cuando tuvo un accidente con su motocicleta, allá por 1966. El percance fue puesto en tela de juicio. Se parecía demasiado a lo ocurrido con James Dean: dos jóvenes americanos, aquellos que mejor podían simbolizar el cambio, ven truncada su carrera.

Dylan no murió y la analogía no funciona. Pero sus críticos le reprocharon que todo aquello fue una pantomima: se dijo que esa retirada temporal le había permitido someterse a una cura de desintoxicación.

Dylan regresa ahora motorizado, casi cincuenta años después. Vuelve de otra forma...: despierta la máxima atención y los mayores varapalos. ¿Por qué razón? Por anunciar personalmente Chrysler en la Superbowl de 2014: protagoniza la historia que vemos en imágenes y con ello promociona concretamente el modelo Chrysler 200, un sedan de gama alta.

El 'spot' ha sido objeto de todo tipo de críticas. ¿Un símbolo irredento de la canción protesta entregado al patriotismo industrial, al capitalismo? Resulta un sarcasmo que las cosas acaben así, ¿no es cierto? ¿Aquel que empuñó la guitarra para denunciar los males del patrioterismo, aquel que pleiteó con los señores de la guerra, aquel que se hermanó con Woody Guthrie, que aunó el folk con la electricidad, que anunció el cambio de los tiempos, ahora se abandona al dólar y a sus efectos?

La banda sonora del spot es Things Have Changed', tema central de la película Wonder Boys' (2000). O como se tituló en España: Jóvenes prodigiosos. Si nos atenemos a esos datos, el asunto puede ser analizado e interpretado de manera muy distinta. ¿Se trata de justificar sus actos? No. Se trata de observar qué une al Dylan viejo, aquel que admite que las cosas han cambiado, con el muchacho que pregonaba que los tiempos estaban cambiando.

Bob Dylan nunca ha sido un anticapitalista que espere el derrumbe del sistema. No es un revolucionario que aguarde la disolución de la máquina, de la maquinaria que se mantiene en funcionamiento. Él es y ha sido un norteamericano que siempre ha destacado los valores estadounidenses, que ha marchado con esos valores, que ha denunciado su hipócrita olvido, su descuido.

¿Cuáles son? Entre otros, la posibilidad de irse, de marcharse, de tomar tu propio vehículo para abandonar el lugar de origen. Destacó como joven motorizado y un accidente, aquel accidente en el que se rompió alguna vértebra, estuvo a punto de liquidar sus sueños. ¿Qué queda del Dylan que abandonó Minnesota, que se instaló en Nueva York?

No estás obligado a permanecer en tu pueblo o en tu Estado. Siempre cabe la posibilidad de escapar, de rehacer tu existencia sin, por ello, renunciar a lo que te es propio. En Dylan, el viaje es un motivo constante de sus canciones. Alguien vive con amargura o dolor su arraigo, su origen. Puedes abandonar lo que te oprime, el frío que te atrapa o el dinero fácil que te agosta, si con ello rehaces tu identidad.

Sus cambios de imagen, de estilo, de filosofía no se deben sólo a la crecida de la edad. Se deben también a alguien que tantea, que remonta y se desmiente, se contradice, a alguien que pronto acaba padeciendo nostalgia e incluso melancolía.

Chrysler no es exactamente una empresa estadounidense, al menos no como pudo serlo en el pasado. Hoy, en 2014, es una multinacional vinculada a Fiat, después de haberlo estado con Daimler-Benz. ¿Una marca italiana haciéndose con un sello tradicional de la automoción estadounidense?

Lee Iaccoca, que fue uno de sus directivos más relevantes, escribió un libro de memorias (1984) en el que glosaba la epopeya de Chrysler y su gestión personal, la audacia de salvarla, de hacerla remontar. Es la historia de un americano medio que estuvo en Ford y luego en Chrysler, que supo crear modelos típicamente estadounidenses (el Ford Mustang, de 1964) y que supo reinventar una empresa prácticamente en quiebra sirviéndose de su crédito personal, como un avalista simbólico: él mismo anunciaba Chrysler dando con ello una imagen de emprendedor solvente. El sueño americano: de un individuo depende su destino. Punto y aparte

El anuncio de Chrysler que tiene a Dylan como protagonista presenta las virtudes de ser estadounidense. Como fondo musical oímos Things Have Changed. La letra es la de un Dylan descreído (2000), un hombre que dejó de ser joven años atrás, un tipo en parte desvencijado, como un viejo cacharro de la automoción. Siente que no tiene fácil acomodo.

En 2014, en el spot, esa canción está ilustrada con símbolos característicamente americanos, juveniles y fotogénicos: Marilyn Monroe, James Dean, la Ruta 66 o el mismo Dylan décadas atrás. Es un anuncio nostálgico que espera remover al estadounidense medio. Si América fabricó coches, los autos también hicieron grande a la Nación.

Como el propio Dylan dice al final:

Let Germany brew your beer
Let Switzerland build your watch
Let Asia assemble your phone
We will build your car.

Si Alemania elabora la cerveza que bebes, si Suiza fabrica el reloj que llevas, si los países asiáticos montan el teléfono con el que te comunicas, deja al menos que América construya tu coche. "We will buid your car".

Es una apelación patriótica, paradójicamente patriótica. La formula tras reconocer el mercado global y la hace en favor de una multinacional que también perdió su exclusividad norteamericana. "America's Import", así reza el lema de Chrysler. Dylan también forma parte de las tradiciones importantes, no importadas. Y esas palabras, las últimas palabras del cantante, las dice después de hacer una carambola en unos billares, lugar de asueto y sociabilidad de la América profunda e imaginada..."

Serna & Lillo Asociados, Young Americans. La cultura del rock (1951-1965). Madrid, Punto de Vista Editores, 2014 (en prensa).

http://youtu.be/KlSn8Isv-3M

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Sobre el blog

Un historiador echa un vistazo al presente. Éstas no son las noticias de las nueve. Pero a las nueve o a las diez hay actualidad, un presente continuo que sólo se entiende cuando se escribe: cuando se escribe la historia.

Sobre el autor

Justo Serna

es catedrático de la Universidad de Valencia. Es especialista en historia contemporánea. Colabora habitualmente en prensa desde el año 2000 y ha escrito varios libros y ensayos. Es especialista en historia cultural y ha coeditado volúmenes de Antonio Gramsci, Carlo Ginzburg, Joan Fuster, etcétera. De ese etcétera se está ocupando ahora.

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