Series de siempre

'Yo, Claudio', el triunfo de la inteligencia

Por: | 21 de febrero de 2014

YoclaudioResponder a la pregunta sobre cuál es el momento más importante de la historia de la humanidad abriría un debate bizantino e interminable. Depende, primero, de la visión que uno tenga de la humanidad y, por lo tanto, de lo que se considera importante o no. También del concepto que tengamos de la historia y de lo que significan las herencias y la continuidad entre los siglos. Es evidente que el momento más importante de la historia de la humanidad es el nacimiento de la especie Homo (un momento que duró muchísimo tiempo, por otro lado); pero también puede ser para un español la Guerra Civil o para la generación que ronda los 40 años la muerte de Franco. Sin embargo, hay una época crucial cuya influencia sigue llegando hasta a nosotros casi a diario. Se trata precisamente del periodo en el que transcurre la serie de la BBC Yo, Claudio, uno de los mejores productos televisivos de la historia (sobre eso, en cambio, no hay debate). La serie basada en dos novelas del escritor británico Robert Graves (1895-1985), Yo, Claudio (1934) y Claudio, el dios, y su esposa Mesalina (1935), relata el reinado de Augusto y la sucesión de emperadores que le siguieron a través de una autobiografía ficticia de uno de ellos, Claudio. Augusto fue el hombre que acabó definitivamente con la República Romana, que sentó las bases –jurídicas, militares, administrativas, morales– del Imperio y bajo cuyo mandato nació en Galilea el fundador de una nueva religión que fue crucificado bajo el reinado de su sucesor, su hijastro Tiberio.

Yo, Claudio ofrece una magnífica descripción de los entresijos del poder en ese momento crucial, basada en un inmenso trabajo de documentación, pero también una reflexión inagotable sobre un tema que se repite a lo largo de la historia: la lucha por el poder. “Cumannari è megghiu ca futtiri / Mandar es mejor que follar”, dicen los mafiosos sicilianos. Seguramente, eso también lo heredaron de Roma. Pero, sobre todo, Yo, Claudio son dos personajes extraordinarios. Primero, Claudio, real pero también universal, el historiador tartamudo y con una marcada cojera, el estudioso que quería vivir apartado del poder y que, sin embargo, acabó siendo emperador y, sobre todo, el hombre que sobrevive a un momento de violencia extraordinaria (salir vivo de los reinados de Augusto, Tiberio y Calígula, perteneciendo a la familia real, era toda una hazaña) haciéndose el tonto cuando, en realidad, era el más listo. El segundo personaje clave de la serie es Livia, la mujer de Augusto, implacable, despiadada y, a la vez, tremendamente inteligente. Livia ha odiado siempre a Claudio, desde que era niño: le parece que ese ser al que considera contrahecho, deforme, gangoso, estúpido, no era digno de la familia de un dios (Augusto fue deificado en vida), aunque lo que más detesta en Claudio es que sea un republicano recalcitrante, que prefiera sus principios al bien de los suyos. En realidad, Claudio es casi el único ser normal de toda la familia (tal vez con su hermano Germánico), el único ser humano decente y empático, aparte de extraordinariamente inteligente.

 

El momento más impresionante, de la serie y de la novela, se produce cuando Livia, ya cerca del final de su vida, llama a Claudio para pedirle un favor que considera crucial: quiere que le garantice que la convertirá en una diosa. Su objetivo no es pasar la eternidad con Augusto, lo que quiere es no acabar pudriéndose en el infierno a causa de todas las maldades que, mantiene, el bien de Roma le ha obligado a cometer. Los pecados en cuestión son haber envenenado, entre otros, a su propio esposo. Claudio, al que Livia ha humillado e insultado durante toda su vida, acepta pero pone una condición: que le responda a todas sus preguntas sobre lo que hizo o no hizo, que le cuente todos sus asesinatos, que le ayude a atar todos los cabos sueltos. No es morbo: se lo pide un historiador que quiere conocer la verdad. La conversación acaba con la impresión de que Livia ha comprendido, por fin, que Claudio es cualquier cosa menos un imbécil.

Yo, Claudio se estrenó en 1976 y fue, junto a Retorno a Brideshead, una de las primeras series de calidad con un impacto global. También desató cierta polémica por su violencia (sobre todo en los episodios que transcurren bajo el reinado de Calígula), aunque más por lo que sugiere que por lo que realmente enseña. Pocas veces la televisión ha reunido a un grupo de intérpretes tan impresionantes –Derek Jacobi como Claudio, George Baker como Tiberio, Siam Philips como Livia, James Faulkner como Herodes Agripa– aunque, curiosamente, salvo John Hurt que encarnaba a Calígula, nunca volvieron a alcanzar un éxito similar en el cine, ni siquiera Jacobi (otra cosa es el teatro, de donde provenían casi todos). Su director, Herbert Wise, no ha vuelto a hacer, ni de lejos, nada tan bueno. La serie no ha envejecido nada; resulta increíble, sobre todo en estos tiempos de desbordantes efectos especiales, cómo la solidez del guion y de las interpretaciones hace invisible la falta de medios. Yo, Claudio es, en todos los sentidos, un triunfo de la inteligencia.

Yo, Claudio está actualmente disponible en DVD y en Filmin.

Yo, Claudio, el inolvidable emperador tartamudo. Artículo de Carlos García Gual.

* Esta entrada inaugura una nueva sección del blog, Series de siempre, que se publicará cada dos viernes y en la que diferentes periodistas recordarán clásicos de la televisión y series que, por un motivo u otro, muchos guardamos en nuestra memoria. 

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Recordar también otras series para la BBC del escritor Dennis Potter: Pennies from Heaven (1978), con Bob Hopskin en el papel principal, Blue Remembered Hills (1979), The Singing Detective (1989), esta última con una soberbia interpretación de Michael Gambon.

Lo cierto es que las series de televisión británicas son las mejores. Con diferencia. Independientemente del género. Excepcionalmente buenas. Quizá es por eso por lo que brillan por su ausencia en nuestra programación.

Serie mítica.

Fantástica serie que recuerdo de cuando era un niño, y que hace unos años vi completa en DVD. Y de esa época hay una comedia "agria", "Caida y auge de Reginald Perrin", que es genial.

A Peter Graves tuve la oportunidad de saludarlo e intercambiar cuatro palabras antes de su éxito con la serie.Era amigo de su hija Lucia casada con un gran batería de jazz (Ramón Farran), todo esto sucedía en el club de jazz de Porto Pi, una zona de Mallorca en la cual era cartero. Curiosamente la música fue la que me hizo conocerle,era un personaje alto e impresionante con su melena blanca.Como es lógico sigo teniendo sus libros y la serie.

[OJO SPAM] Genial elección, si bien no estoy conforme con lo que el autor considera el punto clave de la serie. A mi entender, tanto en la serie como en el libro, el momento fundamental que da sentido a todo es la conversación entre Claudio y su hijo, Británico, poco antes de la muerte del 'rey leño'. Es el momento clave: el viejo republicano propone a su hijo liderar la vuelta de la república, y Británico rechaza la oferta para enfrentarse a Nerón por el trono. "Ya nadie cree en la República, salvo tú". Es uno de los mensajes de Robert Graves en pleno momento de Entreguerras, el mensaje desolador que transmite el autor. Tanto en la serie como en el libro, Claudio es un idealista que lucha por su supervivencia y que, en un acto desesperado, trata de aportar algo al bien común. Pero como el sentido común es el menos común de los sentidos, los que se beneficiarían de esa aportación se lo niegan. Aún así, gran reseña.

Como bien dice Senecio no se puede decir que las series viven su mejor momento, creativamente hablando, cuando recuerdas series como la del artículo, o por ejemplo, Tinker, Tailor, Soldier, Spy, con un Alec Guiness inigualable.

Es irritante leer muchas veces el supuesto nacimiento de las series como elemento de calidad con Twin Peaks, cuando en las islas llevaban bastantes años haciendo series, naturalmente con una materia prima en cuanto guiones quasi sin parangón, bastantes años.

La utilización de adjetivos como maravilloso/a, grande, excelso/a, etc. en series de dudosa calidad como Lost, o Homeland es producto del poco criterio y lo vacuo de los argumentos utilizados, amén de un cierto rechazo a lo antiguo, cuando paradójicamente se encuentra casi siempre lo más moderno.

No todos son Simon, y hasta gente como Sorkin pega patinazos, no digamos cuando los guiones son prestados de series como el SuperAgente 86, con la salvedad que aquella serie era de humor y algunos quieren hacer que parezca en serio.

Fantástica BBC

Que se diga que las series de tv viven ahora su mejor momento,cuando tonterías como Juego de Tronos,Pérdidos,etc ,son maniqueas a más no poder y se tengan a las series de,por ejemplo,la bbc de los años 70 y 80 como jarrones chinos que están para mirar,como en éste artículo,cuando nos invade la nostalgia,denota la vulgaridad de la cultura en que nos estamos autosumergiendo hoy en día.

Gusto leer un comentario de series de televisión anterior a Los Soprano, Mad Men o Breaking Bad, La cultura televisiva es corta y escasa, más si leemos a algunos bloggers que producen vergüenza ajena. Series británicas como Arriba y abajo, o norteamericanas como Las calles de San Francisco, Los casos de Rockford, Kojak o Twlight Zone son masterpieces casa una en su género. Cuando oigo los comentarios de los blogueros en el canal series me salen sarpullidos... Que cultura tan escasa y cuanta tontería.

Completamente de acuerdo con el artículo! Inolvidable Derek Jacobi. Cada año vuelvo a esta serie, una, dos veces. La tengo en VHS y en DVD. La regalo cada vez que tengo oportunidad. Inolvidable sintonía. Y que nadie deje después de sumergerse en las novelas de Graves que la originaron. Cuando era niño, y en mi casa se oía la música con la serpiente sobre el mosaico, mis padres sólo tenían ojos para esa historia,. y yo junto a ellos. Todavía siento las sensaciones del capítulo en que conocí la crueldad extrema de Calígula.

y, por entonces, en esta España nuestra, series como Los pícaros, Fortunata y Jacinta, Los gozos y las sombras, Ramón y Cajal... Y, de la BBC, además de Yo, Claudio y Retorno a Brideshead, la muy excelente Calderero, sastre, soldado, espía (espero no haberme equivocado en el orden jajá) con un impresionante Alec Guinnes poniendo cara y alma al personaje de John Le Carré. Otra edad de oro de las series, sin ánimo de comparar

La serie me enganchó cuando la estrenaron (tendría yo unos 17 años) desde su primera escena, las bailarinas bailando para esparcimiento de la familia imperial mientras ellos cenan reclinados. Y durante el resto del espectáculo, mientras un viejo Claudio nos dice en "off" quién es cada comensal, comienzan a aparecer nítidamente las tensiones y luchas por el poder en la familia imperial. Y, tras ese comienzo inmejorable, la serie va y mejora. Poco más puedo decir.

La seguí en su estreno en TVE y me encantó. Cuando al cabo de unos años me casé, no compramos televisor y estuvimos un tiempo sin él hasta que me enteré que iban a reponerla. Sólo por eso, nos compramos la tele, porque no quería perdérmela. Es una obra maestra!

Puro teatro. Imprescindible verla en V.O.

Es buenísima aún después de casi 40 años. Hasta los detalles: si uno desvía la mirada de la acción principal y se fija en los objetos, se da cuenta de que son reales o copiados de los de un museo. A Derek Jacobi lo maquillaron de anciano y lo clavaron, porque lo dejaron igualito a como es ahora. Sale en Más allá de la vida, de Clint Eastwood.

Gracias. La buscaré hoy mismo.

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Quinta Temporada

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