Odas a Tony Soprano

Por: | 04 de agosto de 2014

LOS SOPRANO

Por CLARA MORALES

Un poema épico a la tragedia constante que se masca en el Baltimore de The Wire. Una elegía a la prematura muerte de James Gandolfini, señor de Los Soprano. Un haiku a la grandeza de Tyrion Lannister en Juego de tronos. La poesía ya se había dejado empapar por el cine, el punk o los telediarios: que la ola de las series que inunda televisiones, libros de ensayo y charlas llegará a materializarse en versos era cuestión de tiempo. El Gaviero Ediciones, eso sí, ha apretado el paso para hacer que las odas a Omar o a Don Draper lleguen antes, si cabe. En Serial, 21 poetas homenajean a 21 sagas televisivas, de La casa de la pradera a The Big Bang theory pasando por A dos metros bajo tierra o Twin Peaks.

No era la primera vez que un improbable matrimonio cultura pop-poesía asalta la editorial almeriense. En 2005, ya publicaron un volumen dedicado exclusivamente a Star Wars, y en 2012 editaron La nave, de José Pablo Barragán, marcada con un orgulloso “100% poesía de ciencia-ficción”. Lanzarse a editar poesía sobre series, con estos antecedentes, no parecía, ni de lejos, tan arriesgado. Ana Santos Payán (fallecida el pasado marzo) y su hija, la poeta Luna Miguel, acababan de ver el episodio de la Boda Roja de Juego de tronos. “Soñábamos con el capítulo, no podíamos sacárnoslo de la cabeza. Las series nos acompañan, nos obsesionan. La idea de hacer el libro surgió de forma natural”, explica la editora. 

Cuando a Antonio Lucas le llegó el encargo —escribir un poema sobre una serie, la que fuera, de su elección—, le pareció una idea extraterrestre: “Sideral. ¡Hostia, estábamos en el séptimo anillo de Saturno!”. Pero su Gestión de residuos (elegía por Los Soprano) resultó ser bastante terrenal: “El poema vino de una fascinación por mostrar la mafia, que se identifica mucho con lo que es aquí la estructura institucional del Estado. Las élites no tienen la pinta de proxeneta de Benicarló de Tony Soprano, pero sí sus mismos modales”.

Lucas, ganador del último premio Loewe de poesía con Los desengaños, señala que la aparente marcianada del proyecto no se aleja de cualquier otra temática más común en la literatura: “La poesía lo acepta todo. Si puedes ver un resquicio de literatura en cualquier sitio de la vida, también puedes verlo en las series”. Luna Miguel es más beligerante: “Las reacciones contrarias están siempre que el género poético se mezcla con redes sociales, con sexo, con pornografía, con cine… con cualquier cosa que se aleje de la imagen del poeta romántico”. La poesía, asegura, no mantiene ni ha mantenido nunca la “pureza” literaria que se le exige: “El poeta tiene que robar otros lenguajes y servirse de ellos”. 

GIRLS

Elena Medel no tuvo que esforzarse demasiado por encontrar vínculos con Girls, la serie de HBO escrita, dirigida y protagonizada por Lena Dunham. Aunque la poeta se confiesa poco seriéfila, sí es una seguidora entregada de esta saga, que va ya por su tercera temporada, y su creadora. El poema resultante, Mi vida como Hannah Horvath, fue un hallazgo de puntos comunes más que una búsqueda para cumplir el encargo. El discurso con regusto a fracaso de su poemario Chatterton (ganador del Loewe de poesía joven) compartía puntos de interés con la ácida sátira de Dunham sobre la vida de un grupo de jóvenes en Brooklyn. “No vivo en Nueva York, sino en Córdoba, en casa de mis padres. Pero veía frustraciones comunes entre el libro que estaba terminando y la serie”. Su carácter “generacional”, la crítica hacia su propia capacidad para convertirse en voz de una generación, la exploración de la identidad de la mujer con un feminismo eminentemente físico, intuitivo... Medel ni siquiera menciona a Dunham en el poema, ni a su alter ego, Hannah. No hace falta. 

Ni ella ni Lucas se reconocen como adictos a las series. Su interés por el fenómeno radica más en lo que tiene que ofrecer el boom de un género considerado poco noble desde el folletín. Aunque ambos se descubren fácilmente como entregados a su propia obsesión por capítulos. La primera se arroja a hablar de la brillantez de Dunham y el odio que suscita, salpicando el discurso de referencias a momentos concretos de Girls que narra como si los hubiera presenciado. El segundo divaga sobre el concepto de “gestión de residuos”, cómo puede aplicarse al blanqueo de dinero, o a las grandes empresas, o al Estado, o... Porque sí, están de acuerdo: si las series están en este libro, si pueden ser —y son— poesía, es, como cualquier ficción, por lo que revelan de la vida.

 

GESTIÓN DE RESIDUOS

(Elegía por Los Soprano)

por Antonio Lucas

 

En mi fin está mi principio

T. S. Eliot

Porque la vida era esto: la traición, los placeres prohibidos,

la amistad —ese viejo experimento—,

el afán de intercambiar un sueño de agua curva

por un mal carbón de contrabando. 

Los locales de humo denso. 

Los cuerpos, su derrota, su belleza vulnerada,

su alto traficar, su cárcel, su estampido. 

Porque el hombre no ha cambiado desde el hombre

y siempre ha sido igual: una larga gestión de residuos. 

 

Somos lo que al arder dejan las cosas: restps, espumas, cenizas,

esa verdad impecable de cuanto se ha olvidado ya. 

James Gandolfini. James Gandolfini. 

Ese dios contra el asfalto donde no se oyó otro ruido. 

La venganza. El negocio compartido. 

Qué honda lección de delincuencia. 

Qué crímenes de sed en cada whisky. 

La corrupción. El dinero que aúlla en todas direcciones. 

El alto don de asesinar

y morir olvidado, perfeccionando cada vida en su final. 

La gracia de invocar la mecánica del mundo

sucumbiendo a su idiotez y a sus excesos. 

 

Esa es la lección, alcanzar estado de plena sencillez. 

La Mafia es llegar a donde comenzamos. 

Porque en mi fin está mi principio. 

Esta es la tierra que os vais a repartir. 

Los códigos de honor. La constitución del silencio. 

Una vez me dijiste:

"Es Estado no puede soportar demasiada realidad

y es ahí donde empiezan los Estados". 

Y te creí. Los Soprano, la política, el negocio. 

La poesía. 

 

En mí resuenan tus palabras. Y extraño sin más tu maldición, 

pues lo que pudo haber nunca se hizo

y es esto que hoy tenemos: un país 

moviéndose sin prisa sobre las hojas muertas. 

Pertenezco a una generación que no puede durar. 

No volverán los patos al estúpido azul de la piscina. 

Jamás volveremos a sentir todo ese amor. 

 

 

Ilustraciones de Patri Tezanos. 

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