Maria O´Donnell

Sobre el autor

Maria O'Donnell. Periodista, licenciada en Ciencia Política, trabajó en dos diarios a lo largo de 15 años, fue corresponsal en Washington, y publicó dos libros políticos de actualidad (El Aparato y Propaganda K) Conduce La Vuelta por las tardes en Radio Continental.

El último sacrificio de Néstor Kichner

Por: | 27 de octubre de 2011

Cuando falleció, hace un año, Néstor Kichner tenía una imagen positiva bien modesta (menos del 30 por ciento de los argentinos ponderaba su figura), venía de sufrir una derrota como candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires y se preparaba para pelear otra vez por la presidencia, en una pendiente que se le presentaba empinada. Aquella realidad ha quedado opacada en el recuerdo, ahora moldeado por homenajes que lo han reinventado en clave de mito popular.

Ahora: ¿cuál fue su última contribución al presente político de Cristina Fernández de Kirchner?, tan diferente al que él conoció en sus últimos días. 

Para Alberto Fernández, el jefe de gabinete que acompañó a Kirchner durante todo su mandato (2003-2008), fue la propia muerte la que modificó el escenario: "Cambió todo. El seguía, aún en los momentos de mayor debilidad, en el centro de la escena política. La oposición, en el único momento en el que pudo hacerle frente, fue cuando se puso en contra de Kirchner. El día que murió, desapareció el elemento que los vinculaba, que era el odio a Kirchner". 

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En el velorio, multitudinario, fue la primera señal, contundente, del cambio de clima: horas después de conocerse la noticia, la valoración positiva de la figura del ex presidente había trepado por arriba del 70 por ciento. Algo similar, aunque en otra dimensión, había ocurrido con Raúl Alfonsín. Tan vapuleado en vida y tan alabado después de su muerte, el entierro de Alfonsín iba a generar un clima propicio para el surgimiento de su hijo Ricardo como candidato a la presidencia de la Unión Cívica Radical.

Volviendo a Kirchner, Julio Bárbaro, otro ex funcionario de su Gobierno, opinó en el mismo sentido que el ex jefe de gabinete: "Como era él quien ponía el cuerpo, con su vida se lleva las broncas; y Cristina se queda con el dolor, la viudez y la posibilidad de construir una relación distinta" con la sociedad.

Pero sólo los ex kirchneristas, o quienes se han distanciado de Cristina Fernández de Kirchner, ponen el acento en la muerte. La presidenta y los ultrakirchernistas han empezado a hacer circular una interpretación bien diferente: Kirchner no alcanzó a ver los frutos de las batallas que libró antes de morir, pero nunca equivocó el rumbo: supo anticiparse.

La discusión tiene mucho que ver con visiones bien contrapuestas acerca del rol que jugó Kirchner en el gobierno de su esposa. Ahora se olvida, pero la convivencia pública entre un presidente que había dejado el poder con altos índices de popularidad para darle paso a la elección de su mujer, no había resultado sencilla. Después de tamaño gesto de despojo (o de ambición, porque la alternancia del matrimonio resultaba una estrategia útil para permanecer más de ocho años consecutivos en el poder) a Kirchner le resultó muy difícil acomodarse a un rol secundario, aún cuando se presentaba como un gladiador en defensa de "la presidenta coraje", como le gustaba llamarla.

"Le costó mucho dejar su lugar en el poder", rememora ahora Fernández, quien participó de los intentos por encontrarle un rol que lo contuviera: fue designado secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y titular del Partido Justicialista. Al cabo de dos años fuera de la presidencia, decidió ubicarse como cabeza de una lista de candidatos a diputados en la provincia de Buenos Aires, en el 2009, obligado al goberandor Daniel Scioli y muchos intendentes a integrarse a la misma lista, aunque ni él ni los demás tuvieron nunca la intención de ocupar una banca en el Congreso.
Libró la pelea bajo los efectos del debate sobre la resolución 125, para establecer retenciones móviles a las exportaciones de granos, que había producido el punto de mayor enfrentamiento del Gobierno con entidades del campo y sectores medios urbanos de la sociedad. Cuando la resolución fue derrotada por el voto del vicepresidente Julio Cobos en el Senado, y aunque ahora lo desmiente, Cristina Kirchner pensó en renunciar al cargo (no para irse a descansar a Santa Cruz, sino para doblar la apuesta), alentada por la lectura del cuadro de situación que hacía el ex presidente.
Alberto Fernández sintió a lo largo de todo el proceso que Kirchner le había infligido un daño innecesario al Gobierno de su esposa. De manera previsible, Cristina Fernández de Kirchner se mostró convencida de lo contrario: la noche del domingo pasado, al celebrar su reelección, dijo que fue aquella pelea la que allanó el camino para éste presente.
"Si no lo digo esta noche siento que me va a estallar el corazón: en el año 2009 en el momento de mayor adversidad de nuestra gestión, si él no hubiera ido al frente, nuestra derrota en la provincia (de Buenos Aires) hubiese sido terrible, y tal vez hoy no podríamos estar acá", afirmó con la voz entrecortada, para sentenciar al fin: "El es el gran fundador de la victoria de esta noche".

 

 

El Truman Show de la política

Por: | 24 de octubre de 2011

 Como cierre del domingo electoral, Cristina Fernández de Kirchner dio a entender que no utilizará el poder acumulado gracias a una victoria histórica para intentar permanecer más allá de los cuatro años que tiene por delante, a contar a partir del 10 de diciembre. "Yo no quiero más nada. ¿Qué más puedo querer?", dijo al ser reelecta. Ganó en 23 de las 24 provincias, promediando un 53.9% en el todo el país, con un acumulado de 11 millones y medio de votos (sobre un total de 21 millones y medio de votos emitidos, sin contar nulos y en blanco).

Casi la mitad de los votantes reside en la provincia de Buenos Aires, la más densamente poblada del país; y la mayoría lo hace en el conurbano, el territorio que forma un anillo alrededor de la ciudad de Buenos Aires, que se divide con fines analíticos en un primer cordón un poco más próspero y un segundo cordón, algo más alejado de la capital, y con mayor concentración de sectores carenciados. 

Como los intendentes bonaerenses tienen la posibilidad de ser reelectos de manera indefinida (la Constitución Nacional impone en cambio un límite de dos mandatos consecutivos a los presidentes), y la maquinaria del conurbano funciona de tal manera que facilita la eternización en el poder, algunos llevan ya más de 20 años en la misma silla.

En Vicente López, uno de los municipios más ricos del conurbano, con grandes desarrollos inmobiliarios con vista al Río de la Plata, Enrique García (alías El Japonés), un ex radical que se alió con el Gobierno, acaba de ser destronado de un cargo que ocupa hace 24 años. García perdió contra Jorge Macri, un primo hermano e integrante de la misma fuerza de Mauricio Macri, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

También fue derrotado otro histórico, el intendente de San Fernando, Osvaldo Amieiro, en el cargo desde 1995. Tanto en el municipio de San Fernando como en el San Martín (donde Ricardo Ivoskus intentó transferirle el cargo que ocupa hace 12 años a su hijo Daniel) ocurrió algo curioso: los candidatos ganadores (Gabriel Katopodis en San Martín y Luis Andreotti en San Fernando) tuvieron como principal promesa de campaña la adquisición de cámaras de seguridad para desplegar en las zonas más calientes del delito.

 

Los candidatos prometieron en avisos publicitarios que instalarían los mismos equipos que fueron comprados por la municipalidad de Tigre por su intendente Sergio Massa (reelecto con más del 70% de los votos), como medida para bajar los índices de delito en una provincia donde la "inseguridad" figura al tope de las preocupaciones ciudadanas. "Nuestro modelo es invertir en prevención, con casi 640 cámaras instaladas, más de 30 móviles de apoyo, 220 personas que monitorean las 24 horas las cámaras de seguridad desde el centro de operaciones", detalló Massa en una recorrida con su amigo Katopodis por San Martín.

La mayoría de los intendentes del conurbano, gracias a un plan nacional que los financia, ha adquirido cámaras de vigilancia para ser colacadas en puntos estratégicos. Pero cada uno elige a su proveedor. Ivoskus denunció durante la campaña que lo atacaban porque no había contratado a la empresa que se hizo fuerte en Tigre (la licitación en San Martín fue para Telefónica). La empresa en cuestión pertenece a Mario Montoto, un ex apoderado del líder montonero Mario Firmenich, en sociedad con Daniel Hadad, propietario de medios de comunicación (entre otros, de un canal de cable de noticias volcado a los policiales que suele difundir imágenes grabadas por esas mismas cámaras de seguridad)

La adquisición de equipos y la firma de contratos de monitoreo de las cámaras se ubican entre los negocios más apetecibles de los tiempos que corren en el conurbano, y las empresas que pujan por obtenerlos hicieron sus apuestas para las elecciones del domingo. 

Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta récord

Por: | 23 de octubre de 2011

Como resultado de la votación del día de hoy, Cristina Fernández de Kirchner puede llegar a batir más de un récord. Repasemos:

-  si supera el 51.7 % que obtuvo Raúl Alfonsín, resultará la presidenta más votada desde que volvió la democracia a la Argentina, y es probable que obtenga la mayor diferencia de la historia respecto del segundo candidato más votado;

- con su segundo mandato, sumado al que le precedió - el de su marido, Néstor Kirchner-, iniciará a partir del 10 de diciembre el período más prolongado de una misma fuerza en el poder desde que el voto es universal en nuestro país;

- la avalancha de votos le permitiría retomar, con al acompañamiento de fuerzas aliadas, el control de la Cámara de Diputados y mantener la ajustada mayoría del oficialismo en el Senado. En ambos casos, formaría quórum (tendría la mitad más uno) como para dar inicio a las sesiones sin necesidad de acordar los temarios con legisladores de la oposición.

Si todo esto ocurre, la única incógnita que queda por despejar es: ¿Cómo administrará la presidenta, que no puede ser reelecta otra vez (ya que la Constitución impone un máximo de dos mandatos consecutivos), con el poder que le darán las urnas?

A lo largo de la campaña, un sector de la oposición ha agitado el fantasma de la búsqueda de la perpetuación en el poder de manera indefinida.

Esto podría ocurrir -según esta teoría, que ha sido fogoneada por algunos analistas de los medios más enfrentados con el Gobierno- gracias a una nueva reforma de la Constitución (la última data de 1994), que pondría como excusa el paso de un sistema presidencialista a otro de carácter parlamentario, aunque la verdadera intención sea la de eternizar a Cristina Fernández de Kirchner en el poder.

A mi gusto, este análisis tiende a subestimar un requisito que impone la propia Constitución para ser reformada: la declaración de la necesidad de la reforma con el voto afirmativo de dos tercios de cada una de las cámaras que componen el Congreso.

El resultado de las elecciones del día de hoy (en las que se renuevan 130 de las 257 bancas de Diputados, y 24 de las 72 que componen el Senado) no alcanza para imaginar que la reforma sería un trámite sencillo. Requeriría de la unidad de todos los peronistas, aún de aquellos que tienen aspiraciones contenidas para el 2015, y de la compañía de aliados de otros partidos. De todos modos, en tren de hacer futurología, habría que tener en cuenta en el 2013 habrá otra vez elecciones legislativas, que pueden alterar estas conclusiones.

Como la Presidenta transitó toda la campaña sin aceptar ni un sólo reportaje, nadie tuvo la oportunidad de medir su reacción ante una pregunta sobre una eventual reforma constitucional; aunque la legisladora kirchnerista Diana Conti dijo que sueña con una Cristina "eterna", el jefe de gabinete, Aníbal Fernández, afirmó con tono tajante que el Gobierno no tiene tales planes.

En el manual peronista, avivar este tipo de especulaciones, tengan o no tengan asidero, cumple una función bien pragmática: la de postergar el debate por la sucesión y la de alejar el fantasma del "pato rengo", como le dicen los norteamericanos al presidente que, al no poder ser reelecto, pierde poder a medida que se acerca el final de su mandato.

Pero falta demasiado tiempo para el final de un mandato que aún no ha comenzado, y esta noche la pregunta que se instala no tiene nada que ver con un escenario de debilidad, sino todo lo contrario: se está por iniciar un período sin precedente en la historia en cuanto al nivel de apoyo logrado por un Gobierno que no siente el desgaste de los ocho años que ya lleva en el poder.

El duelo, el mito y la campaña

Por: | 21 de octubre de 2011

Cuatro días después de las elecciónes del próximo domingo, que espera ganar por amplio margen, Cristina Fernández de Kirchner acudirá al cementerio a cumplir con una ceremonia íntima por el primer aniversario de la muerte de su marido y antecesor en el cargo, Néstor Kirchner. Toda la campaña del oficialismo estuvo marcada por aquella pérdida.

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La presidenta, en el cierre de campaña, pidió que no la hicieran llorar.

Desde que enviudó, la presidenta no volvió a lucir ropas de colores y además de vestir de riguroso negro en señal de luto, salpicó sus discursos con permanentes alusiones a "él" (sin mencionarlo su nombre), quedando muchas veces al borde las lágrimas. Pero nunca tiñó su discurso político de debilidad. Transformó en fortaleza la situación excepcional en la que se encontró como mujer, al tener que atravesar al mismo tiempo el duelo y la campaña. Se planteó como la heredera de una causa que fue virando hacia la construcción de un mito alrededor de la figura de Néstor Kirchner.

Cuando falleció en su casa del sur, a los 60 años, Kirchner ya recorría el país como el próximo candidato: habían decidido entre ellos que volvería a ser el turno de él, aunque la Constitución permite dos mandatos consecutivos. Meses más tarde, cuando anunció que ella tomaría ese lugar, la presidenta dijo que tuvo la certeza que debía presentarse mientras despedía los restos de su marido en la casa de gobierno, durante un velorio multitudinario en la Casa Rosada. “Siempre lo supe, desde el 28 de octubre, aquí, en este lugar, cuando miles y miles me gritaban fuerza Cristina”, contó desde la sede del gobierno al anunciar que iría por la reelección, en el mes de junio pasado. Tenía un legado, tenía una misión.

"Néstor tenía sentido de trascendencia. Es lo que a mí me encantaba de él (...) y eso es lo que logró transmitir", dijo Cristina Kirchner a la periodista Sandra Russo, autora de biografía oficial titulada La Presidenta, historia de una vida. En un contexto económico favorable, de crecimiento sostenido sobre la revalorización de los productos argentinos de exportación, toda la propaganda por la reelección giró al rededor de la idea de la fuerza, de distintas fuerzas que empujan hacia adelante, empezando por aquel "Fuerza Cristina" que nació el día del velorio de Néstor Kirchner, hasta una última publicidad, titulada "La Fuerza de él".

   

 

La idea de la trascendencia se tranformó en publicidad y revistió de un sentido épico a la campaña por la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, porque como dice el aviso en la voz de la presidenta: "...él vive, en los jubilados que cobran una mejor jubilación también, en los docentes, en las universidades, él vive... en los científicos que volvieron al país... Sé que él está entre todos nosotros.... La fuerza de él...."

Hospitales, escuelas, calles y avenidas a lo largo y a lo ancho del país adoptaron el nombre de Néstor Kirchner, mezcla de mártir y de mito prematuro. En un escenario político poco convencional - con un gobierno con altos índices de popularidad, y una presidenta que exhibe en público el dolor de una viuda que ha perdido a su compañero de toda la vida, que gobierna sin pausa al mismo tiempo que hace el duelo por la muerte del padre de sus dos hijos- los dirigentes de la oposición fueron incapaces de llevar la discusión al terreno de un debate de ideas o de proyectos sobre el futuro.

La muerte de Néstor Kirchner, producida la falla de un corazón que le había dado señales de alerta, fue interpretada por la presidenta como un sacrificio por la causa. Lo dijo ayer al cerrar la campaña, en la que prometió trabajar otros cuatro años  "por esa Argentina que hemos logrado construir con tanto esfuerzo y por la que él dio su vida".

El País

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