Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Cecilia Frías

 

Uno de los motivos que nos impulsó a incluir a Cabeza de Vaca dentro de nuestra colección de clásicos es que su figura sigue resultando desconocida para el gran público y nos ayuda a ver más allá de la leyenda negra de la Conquista de América, a descubrir personajes que no solo se integraron con la población indígena sino que protagonizaron auténticas epopeyas como la que el propio Álvar Núñez relata en los Naufragios.

Pues a ojos contemporáneos cuesta tomar conciencia de la envergadura que supuso la caminata épica que emprenden los cuatro supervivientes de la expedición fracasada de Pánfilo Narváez por conquistar La Florida, cuesta imaginarlos en pleno siglo XVI, recorriendo a pie desde la isla de Mal Hado (Galveston,Texas) hasta la Nueva España, medio desnudos y pasando un hambre atroz a lo largo de nueve intensos años.

La Florida era una tierra inhóspita; hermosa pero dividida en mil cacicazgos. Ello no quitó para que Pánfilo de Narváez propusiera al rey una atrevida expedición para conquistarla, a la que se sumó Cabeza de Vaca en calidad de tesorero y alguacil, buscando el hacer fortuna y responder al honor de sus antepasados.

Partieron de Sanlúcar de Barrameda en 1527 con 5 naves y unos 600 hombres, y aunque en Cuba sufrieron la huida de parte de la tripulación y notables pérdidas por un huracán, consiguieron poner pie en La Florida en abril de 1528. Frente a las exigencias de Narváez, Cabeza de Vaca defendió que era temerario internarse en tierra y abandonar las naves. Desastre que les llevó a sufrir mil infortunios y a ser prisioneros por los indios hasta que pudieron, al fin, escapar y aventurarse en busca de alguna tierra de cristianos.

A lo largo de estos años veremos a Álvar Núñez comiendo arañas, raíces o tierra, y pasar de cautivo a jefe de la tribu gracias a sus dotes como curandero con los indios. La oración y los conocimientos adquiridos cuando participó en las guerras de Italia (de hecho, interviene a corazón abierto a un nativo que tenía clavada una flecha) fueron sus únicos aliados.

Así, hasta llegar a San Miguel de Culiacán después de un trabajoso peregrinar en el que intenta proteger a los desdichados indios que se le van sumando. Sin embargo, el encuentro en la frontera con Diego de Alcaraz, un esclavista que toma prisioneros a los naturales, deja a Cabeza de Vaca en una extraña posición donde ya no es reconocido como español ni por los indios, ni por sus propios compatriotas.

En 1537 Álvar Núñez regresa a España con la gloria de ser el hombre que mejor conoce a los indios del Nuevo Mundo. Por ello pone los ojos en el Río de la Plata y obtiene del rey permiso para conquistarla tras los intentos fallidos de otros predecesores. En 1541 llegó a Santa Catalina (Brasil) y desde allí descubriremos a la tropa abrirse paso por la selva virgen a golpe de machete, construir puentes y transportar canoas por tierra para sortear las imponentes cataratas del Iguazú, como nos explica Pero Hernández, el escribano de la expedición que firma estos Comentarios.

Pero el destino se le torció a Cabeza de Vaca cuando los habitantes de la Asunción, acostumbrados a hacer su santa voluntad, se vieron obligados por el gobernador a acatar medidas proteccionistas para con los indígenas. Estos roces desembocaron en una sublevación abierta y sus enemigos le acusaron de rebeldía contra la corona. Pretextos con los que encarcelaron a Álvar Núñez y le confiscaron sus bienes. He aquí las circunstancias lamentables en que regresó a Cádiz en 1545, “herido en lo más profundo de su orgullo y, de nuevo, con las ilusiones deshechas”.

Al texto de los Naufragios y Comentarios, que ven la luz bajo el riguroso cuidado de Juan Gil (de la RAE), se suman algunas cartas autógrafas del propio Cabeza de Vaca así como varios mapas que nos ayudan a seguir sus itinerarios por tierras americanas. Dos crónicas de Indias apasionantes que nos siguen maravillando por su capacidad para sumergirnos en esta gran aventura humana y transmitir una mirada más abierta sobre el encuentro entre el Viejo y Nuevo Mundo.

 

Cecilia Frías es responsable de Edición de la Biblioteca Castro, que presentará el libro “Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios” el próximo 16 de mayo en la Casa de América

 

Sigue toda la actualidad de las Casas en la web de la Red de Casas.

 

Roger Grasas

               

        Amanece en Riyadh, la capital del Reino de Arabia Saudí, y los cantos del almuecín desde las torres de las mezquitas llamando a la oración se entremezclan con   los ruidos de las grúas de construcción que levantan rascacielos sin cesar mientras cientos de coches lujosos atrapados en el tráfico hacen sonar sus bocinas. Amer, el propietario de un restaurante sirio situado en la avenida Olaya, una de las arterias principales de la ciudad, me explica que cuando llegó a Riyadh en los años ochenta del siglo pasado no había ni semáforos y que la ciudad ha cambiado tanto que es apenas reconocible. Efectivamente, Riyadh es un ejemplo de transformación urbanística acelerada y radical como tantas otras en la región del Golfo de Arabia (Dubai, Doha, Abu Dhabi, etc.).  

        

        Pero esta transformación tiene su origen casi un siglo atrás, en la década de los años 1930, cuando se descubrieron los primeros pozos petrolíferos en la región.  A excepción de algunas ciudades históricas como Meca, Medina, Jedah o Muscat, en aquella época la Península Arábiga no era más que un vastísimo desierto de arena salpicado por algunas pequeñas ciudades-oasis o algunos pueblos de pescadores o recolectores de perlas. Primero llegó el petróleo, y con él, los gobernantes de los recién instaurados reinos y emiratos del Golfo fueron amasando poco a poco una ingente cantidad de divisas que trajeron a su vez la tecnología, la modernidad, el urbanismo y en algunos casos por qué no, la excentricidad.

               

        El proyecto fotográfico 'Min Turab',  que realicé entre los años 2009 y 2017, pretende documentar a través del paisaje urbano e interurbano de la región del Golfo Pérsico toda esta mutación del territorio, entendido éste como espacio primario del paisaje y como reflejo también de los cambios culturales y sociales que han experimentado unos  países que,  gracias -o por culpa- de la entrada masiva de ingresos provenientes de los recursos naturales extraídos del subsuelo  (petróleo y gas natural) han pasado del pasado al futuro casi sin saborear el presente.  En dicho trabajo he recorrido cerca de diez mil kilómetros a lo largo de las ciudades y paisajes de Arabia Saudí, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán.

 

        'Min Turab', que en árabe significa literalmente de la tierra, hace referencia al propio petróleo, este 'oro negro' que la madre naturaleza ha ido formando por sí sola en el transcurso de millones y millones de años y que el ser humano - gracias a la tecnología y a cierta obsesión por el progreso- ha sido capaz de extraer de la tierra para gracias a él transformar en tiempo récord lo que está por encima de la superficie del suelo, esto es, el paisaje. En definitiva, la paradoja aquí subyacente es que aquello que tarda millones de años en formarse bajo tierra, una vez el ser humano lo extrae fuera de la superficie es capaz de modificar aceleradamente el aspecto del paisaje exterior.

 

        Cuando inicié el proyecto tenía claro que quería dirigir el objetivo de mi cámara hacia la huella de lo humano en el paisaje más que hacia lo humano directamente. Este pequeño 'quiebro' conceptual me permitiría reflexionar con mayor sutileza sobre la mutación que han experimentado las monarquías petroleras del Golfo, pasando de la austera cultura nómada de los beduinos del desierto a una sociedad sedentaria, globalizada, urbana, post-capitalista y tremendamente materialista del presente. Con ello se ponen de relieve también ciertas contradicciones o paradojas como por ejemplo la difícil connivencia entre tradición y modernidad en unas sociedades especialmente conservadoras, como la de Arabia Saudí, donde la imperante doctrina islámica del wahabismo -la cual sigue una interpretación muy estricta de la ley del Corán - se ve obligada a coexistir actualmente con nuevas costumbres, con la influencia imparable de las nuevas tecnologías y cómo no, con una globalización ya incuestionable.

 

        En dos o tres generaciones la población de esta región ha experimentado el paso del camello (como animal alrededor del cual giraba buena parte de la vida doméstica del beduino) al automóvil. Pero también se ha pasado de la jaima (tienda) del desierto al rascacielos de las nuevas urbes, o de la palmera (otro elemento básico en la subsistencia de la economía ancestral de los beduinos) a la antena de telecomunicaciones. Estos contrastes se perciben en las imágenes donde la tecnología se camufla hábilmente en la naturaleza generando inquietud y sumergiendo muchas veces al espectador en múltiples interpretaciones. A veces a través de la ironía, intento fijar la atención en el concepto del 'simulacro' que encontramos en los muros decorados de las ciudades o en interiores que desprenden una sofisticación impregnada de cierto gusto por el hiperrealismo. Una estética siempre bañada de escenificación y artificio que nos habla de una sociedad que, al igual que sus paisajes, está en proceso de mutación.

             

        'Min Turab' nos ofrece una visión poética pero a la vez documental de unos espacios exteriores que nos remiten a la idea de lo extraño e ilusorio y donde la figura humana casi se diluye en la luz cegadora del desierto otorgando el protagonismo a la calle, al automóvil, al rascacielos o a la carretera, todos ellos monumentos de la postmodernidad. En definitiva, nos encontremos en una remota aldea oasis del impenetrable desierto saudí o en el downtown futurista y lujoso del Dubái cosmopolita (experimento urbano y sociológico donde los haya), ya nada escapa a la paradoja del tiempo y de su aceleración en la 'Arabia' contemporánea. El tiempo corre veloz y la historia nos pisa los talones.

 

Roger Grasas es fotógrafo. Sus trabajos, siempre vinculados con el paisaje y con el viaje entendido como experiencia estética en sí misma, se han expuesto en galerías y centros de arte de España, Francia, Holanda, Estados Unidos, Inglaterra, los Emiratos Árabes Unidos y México. En 2017 el proyecto 'Min Turab', después de ser laureado en diversos certámenes fotográficos, fue publicado por la prestigiosa editorial RM. Su artículo tiene lugar con motivo de la exposición "Min Turab. Paisaje contemporáneo en la región del Golfo", que puede verse hasta el 13 de abril en la sede de Casa Árabe en Córdoba.


Sigue toda la actualidad de las Casas en la web de la Red de Casas.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal