Red de Casas del Ministerio de Exteriores

Esther: el abismo de la duda

Por: Red de Casas

28 feb 2018

Encarnación Fernández Gómez

 

Para la filosofía griega la esperanza es sólo furia, dirá Simone Weil. Pero es en la Biblia donde, por primera vez, las víctimas no son culpables, sino inocentes, y no hay excusa para los verdugos que tratan de levantar, ellos mismos, la justificación de su asesinato sobre la culpabilidad de la víctima, tal como advierte José Jiménez Lozano.

En el Antiguo Testamento, la historia de Esther –la joven huérfana judía que llegó a convertirse en reina de Persia– acontece en Susa, capital del imperio del rey Asuero (485–465 a.C). Dios usa lo débil para confundir a lo fuerte y, en el libro de Esther, la heroína será llamada a salvar a su pueblo del exterminio: el gran canciller persa, Hamán, odia a los judíos y ha logrado que el rey firme un edicto para aniquilarlos. Esther persuade al rey para que retire este edicto y emita otro mediante el cual los enemigos de los judíos puedan ser destruidos. El Pur, la suerte echada sobre los judíos por Hamán, se vuelve contra sus verdugos como Purim (plural de Pur).

Pero, ¿cómo puede una sóla mujer enfrentarse al poder político tiránico de Hamán? En el palacio del rey Asuero, la reina Esther se debate ante la contradicción de tener que elegir entre el amor que siente por su esposo, una felicidad personal largamente buscada, y la necesidad de cumplir con su destino: el de salvar a su pueblo de la extinción intercediendo ante el rey, aún a riesgo de perder su propia vida, pues el rey no sabe que ella es judía.

ESTHER: «Todavía hoy no he sido capaz de confiar al rey mis problemas. A este secreto está encadenada mi lengua hasta el punto de que ya no sé quién soy. Esther, no olvides tu nombre.

El Hamán sanguinario nos acuchilla y el rey mal aconsejado firmó el decreto. El bárbaro ministro ha dictado esta orden terrible en contra de mi pueblo y con sus asesinatos pretende llenar el universo. ¿Por qué culpa a los judíos su envenenado odio obligándoles a doblar sus rodillas? ¿Por qué un pueblo destruye a otro sin razón y de repente, y por qué hay esclavos, y las mujeres mueren por violencia o desprecio?».

Cabría preguntarse por el misterio que encierra la figura femenina bíblica de Esther, su nombre, su historia y su Libro: un significado oculto que ha pervivido en el imaginario colectivo durante veintiséis siglos. ¿Dónde reside su misterio? ¿Qué hay en ella de cercano y a la vez de indescifrable? ¿Por qué su identidad se expande hacia lo inefable?

Esther representa a una mujer que simboliza la inteligencia, la pureza, la belleza, la seducción y la humildad. Pero todas estas cualidades se configuran a su vez como simbología que transciende al personaje: la valentía transgresora de una heroína llamada a luchar contra el mal, y que logra salvar a su pueblo a través del ocultamiento y la simulación de su propio ser. Su nombre mismo remite al signo del ocultamiento, lo misterioso, lo secreto.

La figura de Esther representa el símbolo de la intermediación entre lo humano y lo divino. Todo en Esther alude a lo inefable y lo profético, de la misma manera que Yahvé permanece velado en su interior. Dios castiga siempre a aquellos que se le aproximan demasiado. A los injustos cuya soberbia les hace querer ser dioses. La heroína está destinada a ser instrumento profético, pero Esther se debate en el abismo de la duda: un largo y doloroso camino espiritual del que regresará para cumplir con su destino.

ESTHER: «Por mi propia vida imploraré, y por la de la pobre gente que se ha condenado conmigo. Yo soy judía. También lo era mi padre. El dueño absoluto de la tierra y de los cielos escucha los suspiros de los humildes ultrajados, ¿qué significa esta masacre? Ebrios de sangre nuestros enemigos matan niños, ancianos, hermanas, hermanos, a madres con sus hijas, para después escupir sobre nuestras lágrimas: quieren aniquilar a nuestro pueblo. Hablaré al rey, y si he de perecer, pereceré».

 

Encarna Fernández, es doctora en Teatro y Artes Escénicas por la Universidad Complutense, directora teatral y dramaturga. Su artículo se enmarca en la representación de “Esther: el abismo de la duda”, monólogo teatral que tendrá lugar en la sede del Centro Sefarad-Israel en Madrid el 15 de marzo de 2018.

 

Sigue toda la actualidad de las Casas en la web de la Red de Casas.

Dáesh seguirá estando ahí

Por: Red de Casas

21 feb 2018

Jesús A. Núñez Villaverde

Salvo para quien prefiera engañarse a sí mismo con respecto a la amenaza que supone para nuestra seguridad el terrorismo yihadista, en general, y Dáesh, en particular, es necesario entender que:

- Por grave que sea su persistencia y por dolorosas que sean sus acciones violentas, el terrorismo yihadista no supone una amenaza existencial. Desde luego no lo es para las sociedades occidentales, tal como demuestra el hecho de que las tres cuartas partes del total de víctimas mortales registradas hasta finales de 2016 sean ciudadanos de identidad musulmana, con Pakistán, Afganistán, Irak, Siria, Libia, Nigeria y Somalia como puntos de referencia principales. Eso supone que existe un sobredimensionamiento del nivel de gravedad de la amenaza, que define equivocadamente al adversario- confundiendo interesadamente una creencia religiosa (islam) y una opción política (islamismo político) con una apuesta violenta (terrorismo yihadista)- y que, en consecuencia, establece también una respuesta inadecuada.

- El desmantelamiento a finales del pasado año del pseudocalifato proclamado por Abubaker al Bagdadi en junio de 2014 no supone, en ningún caso, la derrota definitiva de quien cabe entender como un “hijo rebelde” de Al Qaeda, con pretensiones de liderar el terrorismo global. Al igual que ocurrió previamente con intentos del mismo tipo- protagonizados por la propia Al Qaeda en Afganistán, por Boko Haram en Nigeria, Al Shabaab en Somalia o Muyao y Ansar Dine en el Azawad maliense-, esa delirante entidad ha sido eliminada por la fuerza. Con ello se demuestra que, por mucho que se esfuercen por presentarse como Estados funcionales y como actores armados capaces, ni Dáesh ni ninguna otra organización yihadista puede resistir el impacto sostenido de una maquinaria de guerra como las que Washington o París, con el auxilio de socios locales, pueden activar.

- Si algo podemos tener claro tras la acumulación de intervenciones militares y del enfoque securitario que prima en las relaciones occidentales con los países árabes y musulmanes es que no hay solución militar para eliminar la amenaza terrorista. Eso no significa que no sea necesario emplear medios policiales, de inteligencia y militares para hacerle frente, sino que por sí mismos no bastan para atajar una amenaza que, por definición, es multilateral y multidimensional. Desgraciadamente lo que hasta ahora se observa principalmente es una respuesta cortoplacista y militarista- que solo puede, en el mejor de los casos, ganar algo de tiempo hasta que el problema vuelva a manifestarse con la misma o mayor crudeza-, que solo atiende a los síntomas más visibles del problema. De igual modo, siguen sin plasmarse en hechos los tan reiterados como vacíos llamamientos a la cooperación internacional tras cada nuevo atentado sufrido en nuestros países.

- Parece llegado el tiempo de entender que para, al menos, reducir sustancialmente el nivel de riesgo al que nos enfrentamos, es imperioso ir más allá, atendiendo a las causas estructurales que explican la brutal fuerza de la ideología yihadista. Eso implica la necesidad de adoptar un enfoque multilateral y de aliento sostenido que ponga en juego instrumentos sociales, políticos y económicos que permitan atender a las causas estructurales que sirven de caldo de cultivo para la radicalización violenta. Igualmente, obliga a modificar simultáneamente el marco de referencia de nuestras políticas exteriores e interiores.

- En el exterior, se trata, por ejemplo, de ser más coherentes entre los valores y principios que decimos defender y la política real que llevamos a cabo (incluyendo el jugar con un fuego que en no pocas ocasiones termina por quemarnos, así como la venta de armas y el apoyo a gobernantes crecientemente deslegitimados a los ojos de sus propias poblaciones). Existe un notable sentimiento antioccidental en el mundo árabo-musulmán, alimentado por décadas de opciones incorrectas, y solo atendiendo al desarrollo y la seguridad del conjunto de la población de nuestros vecinos del sur y este del Mediterráneo, podremos modificar una imagen que sirve de motor de reclutamiento para los yihadistas.

- Del mismo modo, en el ámbito interno, solo apostando por medidas educativas, sociales, políticas y económicas- basadas sin resquicios en la idea de “igualdad de derechos y deberes para todos los que comparten el mismo territorio”- será posible reducir la fuerza del discurso radical que lleva a algunos a apuntarse al delirio yihadista. A las mezquitas y las cárceles se ha añadido el ciberespacio como un potente motor de radicalización y violencia y eso aumenta el enorme desafío ante el que se encuentran no solo nuestros servicios policiales, de seguridad y de inteligencia, sino todos nosotros.

 

Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (ECAH). Su artículo se enmarca en la presentación de su libro “Daesh. El porvenir de la amenaza yihadista” celebrada en la sede de Casa Árabe en Madrid el 5 de febrero de 2018.

Chant Avedissian, un levantino camino del Este

Por: Red de Casas

14 feb 2018

Nigel Ryan

 

Chant Avedissian es uno de los artistas visuales más significativos que ha dado el mundo árabe en el último medio siglo.

Nacido en El Cairo en 1951, estudió en el Museo de Bellas Artes y Diseño de Montreal y, posteriormente, en la École Nationale Supérieure des Arts Décoratifs de París.

Pero su base artística occidental, aunque importante, ha tenido mucha menos influencia en su práctica que la década de colaboración con el visionario arquitecto egipcio Hassan Fathy, que se inició en 1981 ―cuando comenzó a archivar su documentación― y prosiguió hasta el fallecimiento de Fathy, en 1989.

El purismo de Fathy, su insistencia en “que el arte egipcio genuino y la recuperación de su artesanía deben ser abordados simultáneamente”, así como su creencia de que “la mezcla de arte antiguo y contemporáneo solo tiene éxito cuando no se permiten interferencias externas en la adopción de materiales, técnicas o valoraciones culturales”, transformaron la orientación de la práctica de Avedissian. Pareja importancia tuvieron los viajes que emprendió, primero atravesando los oasis del oeste de Egipto y después al Extremo Oriente, incluyendo la India, los países de la antigua Ruta de la Seda, China y Mongolia.

Ha sido gracias a estas dos experiencias ―su colaboración con Fathy y su descubrimiento de las tradiciones artesanas asiáticas― que Avessidian ha logrado importantes avances en su propia obra, produciendo toda una serie de tapices mediante un esmerado proceso de ensamblaje de retales confeccionados con algodón local egipcio, teñidos a mano y reunidos en amplios paneles, acudiendo a tres formas básicas (el triángulo, el cuadrado y el rectángulo), que a menudo recuerdan a las austeras geometrías de los edificios de Fathy.

Sus patrones básicos de diseño tienen una procedencia muy ecléctica: desde la decoración pictórica triangular propia de los sarcófagos de la 18ª dinastía hasta la ornamentación marmórea de las mezquitas mamelucas. Pero aunque algunos de estos patrones sean muy autóctonos, la forma de conjunto posee una resonancia cultural más amplia.

“Fue en la parte occidental de Rayastán, especialmente en Jaisalmer, donde tuve mi primer contacto con el mundo de las telas de appliqué, que me inspiraron a la hora de llevar a cabo mis paneles textiles”, escribe Avedissian. “Atravesando en tren todo el desierto de Thar, se llega a esta antigua ciudad, lugar de paso de los mercaderes cuando cruzaban Irán, procedentes de África y siguiendo la ruta de las caravanas hacia la India y China”.

“Los cuadrados se dividen en rectángulos y triángulos. Estos cuadrados juntos forman los paneles. Varios paneles ensamblados forman a su vez una tienda; constituye un espacio móvil, fácilmente desmontable, plegable y transportable.”

Rutas de caravanas hacia la India y China, atravesar el desierto de Thar, espacios móviles ―tiendas―, todo esto nos sugiere el tipo de existencia nómada que la imposición de las fronteras nacionales ha acabado erradicando: la evocación de lo premoderno constituye un intento de los artistas de distanciarse tanto del eurocentrismo de las enseñanzas de las escuelas de arte occidentales como de las poco originales modas que han dominado la producción artística en Egipto y en otros lugares de Oriente Próximo.

Este mismo impulso podemos hallarlo en sus investigaciones sobre el vestuario, que inició a comienzos de 1987.

“No se aprecian grandes diferencias entre los cortes básicos de los atuendos tradicionales a lo largo y ancho de una enorme extensión geográfica… De forma muy parecida a la arquitectura en toda la Ruta de la Seda, la similitud constituye una característica constante (…).”

“El haik del Atlas se parece mucho a la melaya del Nilo, que a su vez también se asemeja al sari de la India (…). De forma similar, las mismas túnicas pueden hallarse desde Marruecos hasta Mongolia. Se dan variaciones temáticas, pero todas siguiendo un mismo corte.”

Las fronteras de clase resultan igualmente insustanciales.

“Cuanto más rica sea una persona y más elevado su estatus social, más caro resultará el material de su vestuario, pero el corte es siempre el mismo, de un extremo a otro de la escala social.”

Señalar que la realidad difiere del espacio idealizado que Avedissian perfila delata una nueva incomprensión de su obra. Toda utopía implica deseos. Un cuadrado siempre será un cuadrado, pero no todos los cuadrados son iguales, algo que Avedissian sabe mejor que nadie.

Para celebrar el centenario del Cuadrado negro de Kazimir Malévich, la Galería Whitechapel de Londres organizó una exhibición titulada Adventures of the Black Square: Abstract Art and Society (1915–2015) [‘Aventuras del Cuadrado negro: Arte abstracto y sociedad’], descrita como sigue: “Este épico espectáculo adopta la pintura radical de Kazimir Malévich de un cuadradro negro como emblema de un nuevo arte y de una nueva sociedad. La exhibición presenta a más de 100 artistas que han seguido su legado, de Buenos Aires a Teherán, de Londres a Berlín, de Nueva York a Tel Aviv. Sus pinturas, fotografías y esculturas simbolizan las aspiraciones utópicas y rupturistas del arte moderno”.

Pues bien, Chant Avedissian fue uno de los 100 artistas elegidos. Por muy explícito que siempre haya sido sobre los orígenes premodernos de sus cuadrados textiles, estos han acabado cooptados por una exhibición dedicada al arte abstracto y a la sociedad entre 1915 y 2015, mostrados bajo una rúbrica que los encorseta hasta convertirlos en símbolos de “las aspiraciones utópicas y rupturistas del arte moderno”.

Si los tapices y trajes creados por Avedissian en los años ochenta se oponen una visión hegemónica capaz de retratar a los artesanos de un zoco en Jaisalmer bajo el influjo del legado del Suprematismo de Malévich, su obra más famosa, la serie de esténcils de El Cairo, lleva las cosas más lejos, articulando la profunda desconfianza de Avedissian hacia cualquier forma de hegemonía, sea cual sea la forma que adopte.

Los esténcils de El Cairo se prestan, cierto es, a una amplia serie de interpretaciones, la más simplista y predominante de las cuales se basa en el presupuesto de que irradian nostalgia por una supuesta edad de oro perdida de la cultura egipcia.

“La obra de Avedissian está teñida de una penetrante nostalgia”, afirma una crítica sobre los esténcils. “Las pinturas nos muestran una era ―el Egipto de los años cincuenta― en la que el país se hallaba en el cénit de su cosmopolitismo: allí se entremezclaban espías y hombres de negocios, griegos, italianos, musulmanes, coptos, judíos, armenios, palestinos, europeos y una gran cantidad de intelectuales de Oriente Medio.”

Es ésta una extraña descripción ahistórica de una serie de obras que examinan la historiografía de dicho periodo, además de constituir una grave malinterpretación de los años cincuenta en Egipto, presentados como el “cénit de su cosmopolitismo”, cuando en realidad fue una década marcada por un éxodo masivo del país de griegos e italianos ―muchos de ellos pequeños comerciantes―, así como de sirios, armenios y judíos.

Estos esténcils presentan una variopinta mezcolanza de personajes. Incluyen a Sayyid Jamal al Din al Afghani (1838-1897), aventurero político, activista antiimperialista, modernizador religioso, musulmán suní, musulmán chií, agente doble o empedernido oportunista ―que cada uno escoja el perfil que más le guste―, junto con la sirena de la pantalla Hind Rustom (1929-2011), actriz condenada a ser apodada la Marilyn Monroe egipcia; o Gamal Abdel Nasser (1918-1970), mostrado en las típicas poses heroicas inmediatamente asociadas al realismo socialista, junto con lanzadoras de peso (nuevo guiño a la imaginería propagandística soviética), prisioneros políticos y carteristas.

El elemento común de estos personajes es que todos aparecieron en las revistas ilustradas y en los periódicos que proliferaron en Egipto en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la revolución de 1952. Son estas imágenes ― típicas de los medios de comunicación estatales a partir de mediados de los cincuenta, como anteriormente de periódicos y revistas no menos partidistas― las que constituyen las fuentes materiales de Avedissian.

Los esténcils de El Cairo son pues imágenes de imágenes. Estas pueden ser infinitamente reelaboradas, partiendo de los recortes realizados por el artista de las ilustraciones publicadas en las revistas y periódicos estatales. Avedissian es muy claro sobre la ventaja de acudir a esta técnica: “Trabajar con esténcils me ha dado la posibilidad de variación ―afirma―. Una vez recortada la imagen, puedes centrarte en el color o en diversos escenarios de fondo”.

Pero el proceso también impone cualidades formales: “He tenido que ser muy jeroglífico, es decir, simplificar hasta lo que era realmente esencial”.

Su esquematización de las figuras, su reducción de todos los elementos pictóricos a áreas de color plano, transforma el intento de construcción de una identidad nacional por parte del régimen egipcio tras la revolución de 1952 en una empresa esencialmente decorativa. Sus simplificaciones implican una aguda comprensión de las narrativas. Su posterior énfasis en las variaciones y en la creación de nuevos contextos por yuxtaposición sirve, irónicamente, para amplificar las técnicas de “corta y pega” del propagandista.

Al reciclar imágenes producidas como partes y piezas de un proyecto de control de los perímetros de la identidad, de promoción de un patriotismo aceptable para el Estado y sus narrativas oficiales, los esténcils socavan ―con humor y a menudo sutil ironía― los pilares de dicha empresa, sembrando de chinchetas la alfombra de las pretensiones naseristas de construcción estatal de la identidad egipcia.

En sus paneles más recientes, exhibidos por primera vez en 2017, Avedissian trae a un primer plano diseños que anteriormente habían formado el telón de fondo de sus esténcils de El Cairo, para centrar la atención sobre lo que ha pasado más desapercibido en el esquema de sus primeras obras. Estratagema reduccionista que no obstante tiene el efecto de abrir nuevas perspectivas hasta ahora ocultas y, con ello, de ampliar referencias centrales en su obra.

Los paneles serigrafiados con esténcils incluidos en la exhibición aclaran, más que ocultan, complejidades. En esta ocasión, las yuxtaposiciones son de formas abstractas extraídas de los diseños de las túnicas típicas de Taskent, de los ladrillos de adobe de los muros de Jiva, de las geometrías policromáticas de los suelos de mármol de la mezquita del siglo XIV del Sultán Hassan en El Cairo, del chintámani de los terciopelos otomanos bordados con hilo de oro. Minimalistas y elegantes, estos paneles hacen las veces de hitos de un viaje que sigue la Ruta de la Seda a través de las estepas de Asia Central. El destino, Samarkanda, es tanto una ciudad fabulada como un lugar real, confluencia e intersección entre la historia/fábula y la realidad/ciudad, con su cultura material que Avedissian siempre ha explorado, yuxtaponiendo narraciones privilegiadas con detalles irreverentes.

Avedissian lanza una mirada de largo recorrido: al analizar el nexo entre mito y realidad se niega a que el rumor se imponga como historia, a que el oportunismo se disfrace de destino. Los motivos engañosamente sencillos de los que se apropia reverberan por las vastas extensiones de Asia Central. Hacen eco en espacios donde las fronteras se difuminan, donde las hegemonías pierden su poder de distorsión y donde no es necesario improvisar identidades. Es en este área ―espaciosa como un continente― donde el artista se ha labrado un hogar. A lo largo de toda su carrera, su brújula siempre se ha orientado hacia un único punto, hacia una fórmula algebraica, ni aquí presente ni imaginaria, donde un cuadrado puede ser un cuadrado.

 

Nigel Ryan es crítico de arte y editor cultural del periódico Al-Ahram Weekly. Su artículo se enmarca en la exposición “Chant Avedissian. Un levantino camino del Este”, que puede verse en la sede de Casa Árabe en Madrid hasta el 25 de febrero. Posteriormente se exhibirá en la sede de la institución en Córdoba.

Menahem Begin, un estadista para Israel

Por: Red de Casas

07 feb 2018

Jesús María Ruiz Vidondo

 

La vida de Menahem Begin permite conocer en profundidad el origen del Estado de Israel, desde sus inicios hasta los años 80 del siglo XX, pero, además, nos permite conocer la historia de Europa oriental. Begin es un ejemplo de la lucha y el sufrimiento del pueblo judío en los países de la Europa Central, de la defensa de sus costumbres y de los deseos de volver a Israel frente al antisionismo y antijudaísmo que se estaba dando en parte de la Europa Oriental.

Begin escribió uno de los mejores libros existentes sobre la prisión que sufrió en las cárceles de la NKVD del régimen comunista. Noches blancas fue la obra más reveladora de su personalidad. Cuando llega a la prisión de Vilna, no sólo es un prisionero, se convierte en un “espectadoralumno” del nuevo mundo al que se enfrenta. Logra desconcertar a sus interrogadores con su fingida inocencia y su ironía. Se demostró en sus interrogatorios que tenía una gran fortaleza de mente, aguantó los interrogatorios mejor que hombres más robustos que él como si fuese una partida de ajedrez.

Begin estuvo siempre luchando por el revisionismo sionista durante su período en Europa. Su llegada a Israel y el mando en el Irgún le supuso una serie de actuaciones que narra tanto el libro La rebelión como el libro Menahem Begin. Antecedentes, formación y desarrollo del Estado de Israel.  El público en general conoce, o ha oído hablar de personajes como Theodor Herzl creador del sionismo, pero no conoce mucho a Vladimir Jabotinsky, creador del sionismo revisionista, del que será su más fiel defensor en el mundo político Menahem Begin.

Ese revisionismo sionista es una consecuencia de Herzl o el Sionismo Político, que fue aumentado por las ideas de Vladimir Jabotinsky. En 1925, Jabotinsky estableció la Alianza Sionista Revisionista, que defendía una revisión de los principios del sionismo político. Buscaba cambiar la política de Chaim Weizmann que defendía una política moderada hacia el régimen del Mandato Británico. Los objetivos de la ideología revisionista incluían: la presión a Gran Bretaña; peticiones y manifestaciones de masas en defensa de un estado en ambas orillas del río Jordán; defender una mayoría judía en Palestina; y restablecer los regimientos judíos y el entrenamiento militar para los jóvenes.

Las acciones del Irgún de Begin contra la ocupación británica siempre fueron a remolque de las acciones llevadas a cabo por la autoridad británica. Su capacidad de organizar el Irgún, su facilidad para esconderse de los soldados ingleses y su generosidad en anteponer el interés común del pueblo judío a sus propios intereses personales fueron las líneas fundamentales durante sus años como jefe del Irgún. Muchas decisiones en el Irgún siempre han sido controvertidas.

Carlos Echeverria, profesor de Relaciones Internacionales en la UNED señala que “El recorrido vital y político de Begin es enormemente interesante, entre otras cosas para acabar con ese cliché con el que muchos, sobre todo en el mundo arabomusulmán pero también en Occidente, han venido tildando a figuras como la suya, como Shamir o como Sharon. A este último ahora, en el momento de su muerte tras años en coma, tan sólo se le recuerda relacionando su figura con la matanza de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, en Beirut. Pero Begin fue mucho más, y su perfil más positivo para la mayoría de los observadores foráneos le sitúa, en compañía del Presidente y General egipcio Anuar El Sadat, pergeñando los valientes Acuerdos de Camp David que cristalizaron en la primera paz sellada entre Israel y un Estado árabe. Aquellos Acuerdos le costaron la vida a Sadat –asesinado por terroristas islamistas en 1981– pero años después, a raíz precisamente de aquellos cambios que llevaron al lanzamiento del Proceso de Paz en Madrid, servirían de inspiración a otros, y fueron sin duda modelo para los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Tratado de Paz entre Israel y Jordania (1994)”.

Menahem Begin fue ministro sin cartera, y logró la presidencia de Israel con el partido Likud. En junio de 1981 ordenó el bombardeo del reactor nuclear de Osirak, acabando con la amenaza que éste suponía desde Irak para Israel.

Moshe Dayan, otra figura emblemática de estos años, definió perfectamente a Menahem Begin: “Se mostraba seguro de su superioridad intelectual sobre cualquier persona y no tenía ninguna duda de que si dirigía la política exterior y ordenaba sus acciones, lograría sus objetivos”. Es la mejor definición posible de un estadista y Menahem Begin lo fue. Era un líder que consideraba prioritaria la seguridad y defensa de su país y la prosperidad de su patria.

                                                          

Jesús María Ruiz Vidondo es doctor en Historia y profesor de esa materia en IESO en Noáin. Su artículo se enmarca en el acto de presentación del libro "Menahem Begin. Antecedentes, formación y desarrollo del Estado de Israel", del que es autor, y que se tendrá lugar en el Centro Sefarad - Israel el próximo 19 de febrero.

Magnetismo filipino

Por: Red de Casas

31 ene 2018

Ramón Vilaró

 

Visitar Filipinas es una experiencia única, incluso para los viajeros más bregados. Se trata de un país lleno de sorpresas y contrastes que no dejan indiferente. Es, también, moverse por una sociedad caracterizada por la hospitalidad del pueblo filipino. En mi condición de viajero y cronista de oficio he tenido el privilegio de moverme un poco a todos los niveles. Desde los más humildes que viven en playas, campos o montañas, sin olvidar los barrios menos favorecidos de las grandes urbes, hasta lujosas mansiones de personajes políticos de primera fila, pasando por empresarios, escritores, académicos o religiosos. Puedo garantizar que todos comparten hacia el visitante el espíritu de bienvenida, mabuhay en tagalo, el idioma nacional del país.

Con decenas de viajes, a lo largo de cuatro décadas, viví  sacudidas políticas como testigo directo, como el final de la dictadura de Ferdinand Marcos tras el movimiento del poder popular, People Power, que llevaron al poder a Cory Aquino. Así como los múltiples intentos golpistas que intentaron derrocar a la presidenta Aquino, pero igualmente su fracaso de reforma agraria. También los gobiernos que le sucedieron, junto al auge económico, sobre todo visibles en las grandes ciudades como la capital, Manila, o Cebú, sin olvidar Davao, en Mindanao, donde forjó sus polémicas tablas políticas el actual presidente Rodrigo Duterte. Un presidente, sin embargo, que ha dado un giro total a las tradicionales relaciones de Filipinas con Estados Unidos, e incluso hacia la Unión Europea, para inclinarse por el pragmatismo de vínculos políticos y económicos con la gigante y vecina República Popular China. 

El viajero también hallará en Filipinas las huellas de más de tres siglos de colonización española. En Baler resistieron "los últimos de Filipinas" y en el valle de Cagayán algunos aún recuerdan las visitas de Jaime Gil de Biedma, empleado de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. Perviven ciertas tradiciones culinarias y apellidos españoles —impuestos a la población cuando se elaboró el primer censo— y en Zamboanga del Sur hablan el idioma español antiguo, aquí denominado 'chabacano'. Y hay decenas de palabras españolas que se mezclan con el tagalo, el idioma oficial, o el visayo. Al igual que existen algunas sagas familiares de origen español en la cúspide de la sociedad filipina.

Filipinas es el único país católico en el continente asiático, otra herencia española, aunque están en auge otras creencias religiosas, en especial la Iglesia Ni Cristo, de gran influencia. Pero las iglesias y conventos – juntos a universidades de élite – forman el legado católico. Sin olvidar la devoción y romería memorable en honor de la figura del Santo Niño, en Cebú, la talla de madera que llegó con Ferdinand de Magallanes, que conquistó y pereció en aquel archipiélago en 1521. Casi medio siglo después llegó el adelantado Miguel López de Legazpi, que bautizó el país con el nombre de Filipinas, en honor del rey Felipe II, y fundó la ciudad de Manila. Su tumba, en el convento-museo de San Agustín, en Intramuros, es visita obligada para entrar en la historia del país.

Mansiones señoriales, sobre todo en Vigan, ingenios azucareros, en Negros, pequeños poblados playeros, iglesias casi siempre llenas y un amplio patrimonio gastronómico y cultural, suponen  toda una invitación a emprender un viaje a un país tan próximo como lejano, tan desconocido como, a veces,  familiar para el visitante hispano. Y, además, con una variedad inabarcable de playas paradisíacas pero también de montañas y parques naturales que le convierten, en mi opinión, en la última frontera a descubrir el magnetismo de ese país del sureste asiático.

 

Ramón Vilaró es autor de  "Mabuhay. Bienvenido a Filipinas" (Ediciones Península, 2017). Su artículo se enmarca en la presentación de su libro, que se celebrará el 1 de febrero en la sede de Casa Asia en Barcelona.

 

Nora Gaon


El 27 de enero de 1945 tropas soviéticas entran al campo de exterminio de Auschwitz – Birkenau, el último que todavía funcionaba. De más de un millón de personas allí asesinadas, encontraron 7.000 supervivientes.

Primo Levi recuerda aquel ansiado día del cierre de Auschwitz:

“Eran cuatro soldados jóvenes a caballo que avanzaban cautelosamente metralleta en mano. Cuando llegaron a las alambradas se pararon a mirar intercambiando palabras breves y tímidas, dirigiendo miradas llenas de un extraño embarazo a los cadáveres descompuestos, a los barracones destruidos y a los pocos vivos que allí estábamos. No nos saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, más aún que por la compasión, por una timidez confusa que les sellaba la boca y clavaba su mirada sobre aquel fúnebre espectáculo. Era la misma vergüenza que conocíamos tan bien, la que nos invadía después de las selecciones, y cada vez que nos tocaba asistir a un ultraje o soportarlo; la vergüenza que los alemanes no conocían, la que siente el justo ante la culpa cometida por otro”.

Auschwitz – Birkenau fue el campo de exterminio más grande que crearon los nazis, y que con el tiempo se ha convertido en el símbolo del Holocausto y de la maldad extrema.

El Holocausto conmovió los fundamentos más profundos de la civilización occidental, cuestionando la comprensión de esa misma humanidad. Por primera vez en la Historia una nación se propuso asesinar a la totalidad de otra, sin excepción alguna. Asesinar a los judíos significaba liquidar a la civilización moderna para reemplazarla por una racista, antisemita, totalitaria y brutal.

El 1° de noviembre de 2005 las Naciones Unidas adoptaron el día 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto, reconociendo el impacto de éste en nuestro mundo y fijando ese día como una jornada de reflexión y homenaje a las víctimas.

En nuestra reflexión pedimos no mirar para otro lado, pedimos hacer lo que esté al alcance de cada uno de nosotros para evitar el desarrollo de esa tendencia al exterminio del otro que la sociedad occidental podría patentar como propia, no porque le sea exclusiva, sino porque la ha desarrollado a niveles que hasta antes del siglo XX difícilmente alguien habría podido imaginar.
El genocidio es un crimen que podemos saber cuándo comienza pero no cuando termina. Como delito de lesa humanidad es de carácter permanente, continúa pasando de generación en generación y afecta a una gama muy grande personas, no sólo a las directamente involucradas.

Como sociedad no podemos avalar la indiferencia, la prescindencia, el silencio, la mentira, la falta de compromiso. No podemos callarnos ante los prejuicios, los estereotipos, la discriminación, la xenofobia, el racismo. No podemos denunciar la injusticia sólo cuando nos toca a nosotros, cuando nos duele a nosotros. Nada de lo humano nos debe ser indiferente.

A pesar de los años pasados, las heridas están todavía abiertas, las memorias vivas, y los efectos del Holocausto no se han atenuado todavía. La adhesión de la ONU a la conmemoración del Holocausto es un paso importante en la toma de conciencia del mismo y de su impacto devastador en Europa y en el Mundo.

Esta conmemoración anual dignifica a sus víctimas y a sus supervivientes e impide que se olvide el ultraje que unos pocos perpetraron contra el ser humano.

Pasaron ya 73 años del final de esa guerra y todavía nos preguntamos qué es lo que el mundo ha aprendido. Podemos decir que hemos aprendido a recordar, y al recordar un evento particular – la matanza de los judíos – podemos referirnos a su significado universal – la amenaza que implica para la sociedad moderna. ¿Es suficiente el recordar?

Un día como éste, de conmemoración, debe ser un día de reflexión. Solo estudiando y reflexionando acerca del pasado, tendremos la esperanza de asegurar el futuro, tendremos la esperanza de prevenir su reincidencia.

 

Nora Gaon es historiadora e investigadora del Holocausto, y directora del Departamento de Habla Hispana en el Museo Ghetto Figuetrs House en Israel. Su artículo se enmarca en el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto que se lleva a cabo el 27 de enero en la sede de Centro Sefarad-Israel en Madrid.

Ana López Castelló

 

La situación actual de las mujeres en los países del Norte de África y Oriente Medio es un universo de luces y sombras, tanto en la igualdad formal como en la real. Sin embargo, al acercar el foco y tomar contacto con las diferentes realidades nacionales, se puede apreciar que existen luchas compartidas, espacios de cambio y, lo más importante, la fuerza de millones de mujeres que cada día se enfrentan a un mundo que quieren cambiar para las generaciones futuras.

Muchas de las Constituciones reconocen el principio de igualdad entre hombres y mujeres, pero tanto las leyes como la interpretación en su aplicación distan mucho de respetar ese principio. En numerosos casos, las propias leyes son explícitamente discriminatorias en su articulado y, cuando no lo son, la dificultad estriba en lograr que los jueces y abogados las apliquen. Ejemplo de todo ello son las discriminaciones en las penas relativas a los delitos de violencia hacia las mujeres, y en los derechos respecto al matrimonio, al divorcio, la custodia de menores, la herencia y la nacionalidad, en los que las mujeres se encuentran en una posición de clara desigualdad frente a los hombres. La tradición y las costumbres ejercen una influencia aplastante.

La persistencia de interpretaciones machistas de los preceptos religiosos en el seno de sociedades patriarcales hace que las mujeres árabes no vean reconocidos sus derechos en las resoluciones judiciales, cuando no en las propias normas. Contra eso dedican todos sus esfuerzos las organizaciones feministas y de derechos humanos en toda la región. Estas organizaciones han sido, son y serán claves en los cambios a favor de la igualdad.

Una de estas organizaciones es Arab Women’s Legal Network (AWLN), con sede en Amán, Jordania, y que apuesta por el trabajo en red de las mujeres juristas árabes en favor de la igualdad de género.  La Red AWLN y la Unidad de Género del Centro Superior de Estudios de Gestión, Análisis y Evaluación de la Universidad Complutense de Madrid son socias de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), en el marco de su Programa Masar, para el desarrollo una serie de tres seminarios orientados a identificar retos y espacios de cambio para la igualdad de género en Palestina, Líbano, Jordania, Egipto, Argelia, Túnez, Marruecos y Mauritania. Los resultados de los seminarios desembocarán en la definición de propuestas de trabajo futuro para AECID en el ámbito de la legislación sobre la lucha contra la violencia de género y el Derecho de Familia.

Estos tres encuentros han reunido a expertas árabes reconocidas en sus países en la lucha por los derechos de las mujeres. Entre ellas, dos diputadas tunecinas que han participado en los cambios legislativos más recientes, la primera jueza de un tribunal de Sharía en Palestina, juezas y magistradas de tribunales penales y de familia, activistas de la sociedad civil, y abogadas especialistas en casos de violencia de género y en Derecho de Familia. Todas ellas coincidieron en señalar la importancia de que países como España, referencia en el ámbito de la igualdad de género, apoyen tanto a las instituciones públicas como a la sociedad civil en estos procesos de cambio que pueden producir avances cualitativos en los próximos años.

El hito más reciente y celebrado de estos avances ha sido la Ley relativa a la Violencia hacia las Mujeres, aprobada por el Parlamento tunecino en julio de 2017 y que entrará en vigor en enero de 2018. Esta ley, inspirada en las legislaciones sueca y española, es más amplia que las europeas en su concepción y contempla los ámbitos de la prevención, la protección, la atención y el seguimiento. Este éxito sin precedentes en el mundo árabe es fruto del riguroso y arduo trabajo llevado a cabo por las organizaciones feministas junto con las diputadas tunecinas. El desafío ahora es lograr los recursos y apoyos necesarios para su implementación.

En otros casos, como el de Argelia, las organizaciones feministas han realizado un férreo trabajo de incidencia que se ha reflejado en la aprobación de modificaciones en el Código Penal, el Código de Familia y en otras leyes sobre las que se han llevado a cabo mejoras fundamentales en este sentido a lo largo de los últimos 20 años.

En Palestina, Líbano y Egipto, sin embargo, uno de los objetivos anhelados por las mujeres es la aprobación de un único Código Civil. El caso de Palestina, donde ya existe un proyecto de ley pendiente de aprobación, es especialmente complejo debido a la ocupación israelí, que ha ampliado la división del sistema legal palestino. Esto supone que en Cisjordania y Jerusalén Este se aplique la legislación jordana, en la Franja de Gaza la legislación egipcia, y en Jerusalén Oeste la ley otomana. Además, existen tribunales de Sharía y tribunales eclesiásticos cristianos para los asuntos de Estatuto Personal. En el caso de Líbano la complejidad se debe a la existencia de 18 comunidades religiosas con diferentes legislaciones según su origen. En Egipto, la nueva Constitución, aprobada en 2012, estipula leyes de Estatuto Personal para judíos y cristianos, pero no para otras minorías religiosas.

La experiencia de España, un país que ha vivido una verdadera transformación jurídica y social en relación a los derechos de las mujeres en las últimas décadas, y que tiene también peculiaridades jurídicas y legislativas por regiones, es vista como una oportunidad para la colaboración y el intercambio.

Con esta perspectiva, se propició en los seminarios la participación de magistradas, parlamentarias, abogadas y catedráticas españolas de reconocida trayectoria y que viven en primera persona la lucha por la igualdad desde sus puestos en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, y en la universidad. También formaron parte del intercambio de experiencias y conocimientos entidades como el Defensor del Pueblo, la Unidad de Familia y Mujer de la Policía Nacional, la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, y la  Asociación de Juristas Themis.

Todas las propuestas recogidas en los tres encuentros, tanto en el ámbito normativo, como aquellas vinculadas la autonomía de las mujeres, y las orientadas a generar un cambio social a través de medidas de incidencia y de sensibilización, enriquecidas por el intercambio interregional, serán sin duda un punto y seguido en el largo camino de la lucha por la consecución de la igualdad real para las mujeres.

 

Ana López Castelló es Máster en Género y Desarrollo y miembro de la Unidad de Género del Centro Superior de Estudios de Gestión, Análisis y Evaluación de la Universidad Complutense de Madrid. Su artículo se enmarca en la celebración de una serie de tres seminarios sobre la igualdad de género en el Mundo Árabe que tuvieron lugar en octubre, noviembre y diciembre de 2017 y que fueron acogidos en Casa Árabe.

 

Juanjo de la Iglesia


El próximo 11 de enero el Centro Sefarad Israel me dará la oportunidad de hacer una de las cosas que más me gustan en el mundo: hablar de tebeos. Y en este caso, no de cualquier tebeo; la cosa es una conferencia con coloquio sobre la obra de uno de los grandes, nada menos que Will Eisner. 

Hablar de Eisner es hablar de uno de los pilares del cómic del siglo XX  (y parte del XXI). Uno de esos pocos artistas capaz, no sólo de asimilar con naturalidad los cambios que se producían a su alrededor al ritmo de los tiempos, sino de ser uno de los creadores de los grandes hitos de esa evolución. Eisner no sólo evolucionó con el cómic: lo hizo evolucionar. De la obra de Eisner se ha dicho, con razón, que es una enciclopedia completa de los recursos que ofrece el arte secuencial, por usar el término acuñado por el autor.

Como suele ocurrir con la obra de cualquier artista de vanguardia, llama la atención observar ya en sus primeras obras de los años treinta y cuarenta hallazgos visuales, narrativos, técnicos y estéticos, que todavía hoy parecen audaces y novedosos; de gran belleza estética, combinada con una eficacia narrativa impecable.

Tras sus primeras experiencias profesionales, a finales de los años treinta, un Eisner apenas veinteañero se asocia con Jerry Iger para fundar el Eisner-Iger Studio, desde el que se produjeron gran cantidad de cómics para todo el mundo, y en el que trabajaron dibujantes de primera línea, como Bob Kane, célebre creador de Batman, o Jack Kirby, uno de los principales creadores gráficos del universo Marvel.  En ese estudio nace, entre otros muchos, el mítico personaje  Sheena Queen of the Jungle . Ya en esta época se aprecia la impronta de  Eisner y empiezan  a hacerse palpables los resultados de su constante aspiración por perfeccionar el lenguaje de la historieta.

Tras disolver su sociedad con Iger, a Eisner le proponen que se encargue de un suplemento de cómics para un diario dominical. En este suplemento apareció por primera vez The Spirit, probablemente el personaje más conocido de Eisner y una de las series más célebres de los cómics de todos los tiempos. Con The Spirit, Eisner busca un personaje y un contexto a la medida de las historias que quiere contar y experimenta con nuevos recursos gráficos y narrativos que le permiten relatar esas historias en el espacio limitado de que disponía.  Son míticas sus páginas de presentación de una sola viñeta (splash page), que Eisner convierte en mucho más que una simple cubierta de la nueva historia que comienza. En palabras de Eisner, “La finalidad de la splash page es crear una atmósfera determinada con que establecer contacto con el espectador” (cosa que consigue con creces, sin lugar a dudas). Cada historieta semanal es una nueva pirueta gráfica, un adentrarse valientemente en las potencialidades expresivas del cómic, siempre consumados con éxito y siempre al servicio de la historia.
The Spirit se publicó hasta 1952, incluso realizado por otros dibujantes durante el tiempo en que Eisner estuvo movilizado por el ejército en la Segunda Guerra Mundial, y es una de las más importantes obras del cómic de todos los tiempos. Un clásico.

 A partir de ese año, el autor se aparta de la primera línea creativa para dedicarse a otros proyectos profesionales. Un paréntesis de veinticinco  años, hasta que en 1978 comienza la publicación de la serie de sus novelas gráficas. Ese formato se convierte en una de las grandes innovaciones formales, así como en el gran hallazgo comercial del cómic de las últimas décadas. Y creo que es justo decir que eso ocurre en gran parte  gracias al trabajo de Eisner. La novela gráfica plantea un soporte distinto en cuanto a tamaño de página, extensión de las historias, e incluso temática, y Will Eisner extrae de ello, una vez más, todas sus posibilidades narrativas, contribuyendo de forma fundamental al éxito de su implantación y continuidad.

Desde Contrato con Dios, la primera de estas novelas gráficas, queda claro el cambio de temática que quiere abordar el autor a partir de ese momento. Nada de cómic policíaco o de aventuras: historias costumbristas, algunas de ellas autobiográficas, que nos permiten conocer al autor y a la comunidad judía de Estados Unidos (los padres de Eisner eran inmigrantes judíos).  Eisner evoca recuerdos de su entorno, de su  familia y de él mismo, en obras como Viaje al corazón de la tormenta, en la que se narra cómo el antisemitismo afecta a la personalidad de un joven judío –él mismo- en la América de los años 20 y 30. En Las reglas del juego Eisner traza un inclemente, tragicómico y hasta tierno retrato de dos familias judías con muy diferente “status” social y económico.

De su última obra,  La conspiración. La historia secreta de “Los protocolos de los sabios de Sion”, dejó escrito su autor: “Abrigo la esperanza de que este trabajo pueda ser un clavo más que hundir en el ataúd de ese aterrador fraude vampírico”. Se trata de un magnífico análisis  de ese libelo que pretendía denunciar un supuesto plan judío para dominar el mundo y que fue desmentido por el periodista Philip Graves -nada menos que en 1921-,  cuando demostró que los Protocolos no eran más que un plagio de otra obra, convenientemente retocada por la policía zarista (un panfleto contrario a Napoleón III, publicado por Maurice Joly,  en 1864, mezclado con otros detalles de la novela antisemita de 1868  Biarritz, escrita por  Hermann Goedesche). Una magnífica reflexión sobre lo difícil que resulta luchar contra la mentira, y la contumacia con que vuelve surgir una y otra vez. La Conspiración es una obra que tiene especial importancia por ser, además, uno de los pocos ejemplos de ensayo histórico y documental realizado con formato de cómic. Un hallazgo más de Will Eisner en su exploración en busca de nuevas técnicas expresivas en la historieta.

Acaba de finalizar el año en que celebramos el centenario del nacimiento de Will Eisner, tiempo de homenajes más que merecidos. Sin duda, uno de los mejores es leer su obra, conocerla y, cómo no, hablar de ella. Si les apetece, les espero el próximo 11 de enero en el centro Sefarad Israel.

 

Juanjo de la Iglesia es director de cine, guionista, actor, locutor, presentador. Su artículo se enmarca en la conferencia “Will Eisner, un acercamiento a la cultura judía a través del cómic”, que ofrecerá el próximo 11 de enero en la sede del Centro Sefarad-Israel.

Sociedades diversas

Por: Red de Casas

03 ene 2018

Anna Terrón Cusí


Las dificultades para el gobierno de las migraciones internacionales se relacionan con las líneas divisorias que se construyen en nuestras sociedades. En el espacio común europeo, la migración, el refugio y la movilidad de personas impactan en unas democracias eminentemente nacionales e interactúan con sus dinámicas políticas, que se ven afectadas tanto por las realidades que conforman las migraciones -presentadas sistemáticamente como fuera de control-, como por los imaginarios que se construyen sobre ‘el migrante’ interpretado como la otredad y su proyección a una sociedad diversa.

Cuando hablamos de musulmanes en la Unión Europea ¿hasta qué punto hablamos de migración? Responder a esta pregunta requiere, en primer lugar, definir inmigración y, más importante aún, definir migrante. Para la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), son migrantes aquellas ‘personas y sus familiares que van a otro país o región con miras a mejorar sus condiciones sociales y materiales, y sus perspectivas y las de sus familias’. Podemos acotar pues quienes son migrantes en nuestras sociedades. Pero teniendo en cuenta que esta definición se basa en un acto concreto, debemos también preguntarnos durante cuánto tiempo esta persona debe ser categorizada así en el país de destino.

Podríamos acordar que alcanzar los requisitos de cada país para acceder a la nacionalidad -aunque en el caso de los menores ésta no pudiese ser efectiva hasta la mayoría de edad-, permite dejar de considerar a alguien, a efectos sociales y de políticas públicas, como un inmigrante. Si hacemos este ejercicio, nos encontramos con que las cifras de migrantes procedentes de países mayoritariamente musulmanes y la cifra de musulmanes va separándose en los países europeos, en función de los años pasados desde que cada uno de estos países se incorporó a la geografía migratoria euroafricana, entre otros.

Sin embargo, acostumbramos a ubicar las políticas de migración en el centro de cualquier debate sobre islam y Europa, normalmente para hablar de restricciones y hasta de medidas especiales para los musulmanes. Para ver si éste debe ser eje del debate, hay que plantearse igualmente una cuestión muy básica, pero de la mayor importancia: qué es una política de inmigración, cuáles son sus instrumentos y cuáles sus objetivos.

La política de inmigración se asienta básicamente sobre dos ejes. Por un lado, los requisitos y procedimientos que habilitan a un ciudadano de otro estado a cruzar nuestras fronteras y le legitiman a residir en nuestro territorio. Los principales instrumentos para ello son los relacionados con los procedimientos de extranjería establecidos y el control del cumplimiento de los requisitos en cada momento del proceso; así como los particulares del control de fronteras. El objetivo de todo ello es, claro está, definir el propio modelo migratorio y hacer que se cumpla.

Por otro lado, tenemos las llamadas políticas de ‘integración’, cuyo objetivo sería remover los obstáculos para que los recién llegados y sus familias puedan incorporarse a la sociedad de destino, y crear las condiciones para que esto se haga en las mejores condiciones para todos. Los instrumentos típicos de las políticas públicas de acogida e inclusión social son un conjunto de medidas específicas en aquellos ámbitos más relevantes para la socialización, desde la facilitación del acceso a los conocimientos lingüísticos -cuando se requiera- al empleo, la educación o la salud, y deberían formar parte de ellos también la facilitación de espacios de relaciones interpersonales y las estrategias de relación intercultural.  

Parece claro que cuando hablamos de musulmanes en Europa no hablamos sólo de migración y, consecuentemente, que las políticas de inmigración no son suficientes para abordar la gestión de la creciente diversidad en nuestras sociedades, aunque algunos de sus instrumentos puedan ser útiles para ello. La diversidad es ya una característica de nuestras sociedades, de la cual la pluralidad religiosa es un exponente más. Aunque sea obvio, no es baladí recordar que, por mucho que se restringiese en la Unión Europea la entrada a nuevos migrantes y por mucho que se endureciesen los requisitos para mantener la residencia, nuestras sociedades europeas seguirían siendo diversas. La gestión de la diversidad va más allá de la política de inmigración e inclusión social, aunque los instrumentos que tenemos para trabajar por la cohesión social puedan ser usados para ambas cosas.

Igualmente, es relevante entender que la categoría ‘migrante’, incluso en la amplia acepción que hemos usado, difiere de la de ‘extranjero’. La confusión es especialmente dañina cuando hablamos de seguridad interior y de amenazas exteriores. Quien cruza una frontera internacional con el objetivo de cometer un delito o reclutar a otros para que lo hagan, escapa a toda definición de migrante, aunque intente amparar su situación con las herramientas de la política migratoria, e intente obtener un permiso de residencia, como intentará conseguir cualquier bien o servicio que le facilite sus propósitos. El control migratorio comparte instrumentos con la política de seguridad y, como tantas otras políticas, contiene elementos de prevención y seguridad, pero no podemos confundir la una con la otra, a riesgo de equivocarnos en ambas.  

Para salir de la situación de emergencia en que parece instalada la gestión de las migraciones y volver a un modelo eficaz, debemos acotarla a la realidad su margen de actuación. Es urgente ’desextranjerizar’ al diferente, y reconocer que nuestros conciudadanos son distintos y plurales. Desde la aceptación de esta pluralidad debemos garantizar la cohesión social, basada en el respeto a nuestro ordenamiento jurídico -que es la forma en que una sociedad democrática objetiva y hace operativos sus valores-. Los problemas están ahí y son evidentes, pero focalizar lo patológico para intervenir sobre ello requiere iluminar primero el conjunto, reconocer aquello que compartimos, y enrolar a la mayor parte de nosotros -un ‘nosotros’ lo más inclusivo posible- en la identificación y lucha contra lo que hemos convenido en considerar indeseable. La diversidad intrínseca de nuestras sociedades debe considerarse en el diseño y desarrollo de todas nuestras políticas públicas.

En un momento de inseguridad e inquietud sobre el propio bienestar, y en un marco global en el que los límites entre el dentro y el fuera están definitivamente desdibujados, confundir la igualdad con la homogeneidad y abrazar la idea simbólica de frontera como algo que separa a nuestra comunidad idealizada de un exterior que contiene todos los peligros puede ser tan reconfortante como peligroso. Dar carta de naturaleza, y empujar desde la política el anhelo de (¿volver a?) una comunidad mitificada donde seríamos todos (¿de nuevo?) tal como cada uno imagina que debe ser un conciudadano de “su” nación que se esconde tras la narrativa del control migratorio no resolverá los problemas que enfrentamos y, en el terreno de la realidad, añadirá nuevos problemas que llevarán a una siguiente vuelta de tuerca en la escalada conflictiva.

Superar las líneas divisorias sin perder las referencias, creando dinámicas inclusivas desde el marco local al europeo e internacional, puede parecer un camino largo e inseguro, pero es el único que vale la pena transitar. Tenemos la experiencia histórica de que las líneas divisivas impuestas acaban siempre por romperse de forma violenta.  

 

Anna Terrón Cusí es presidenta de Instrategies. Su artículo se enmarca en el seminario “Integración de musulmanes en Europa”, celebrado el pasado mes de noviembre en la sede de Casa Árabe en Madrid.

Arquitectura de tierra en el sur de Marruecos

Por: Red de Casas

27 dic 2017

Faissal Cherradi Akbil

 

La arquitectura de tierra en Marruecos forma parte de las grandes riquezas culturales de este país debido a su diversidad.

La arquitectura tradicional de Marruecos está en peligro de extinción. Existe un gran número de conjuntos arquitectónicos abandonados, en ruinas, de los cuales una gran parte están construidos en tierra. Visto el estado de degradación actual, y antes de que desaparezca por completo esta arquitectura de tierra, “ruda pero frágil”, debemos estudiar y fijar sus aspectos característicos, intentar comprender y explicar su presencia y  conservación en los valles pre saháricos, con el fin de salvar del olvido esta extraña arquitectura, que constituye un patrimonio excepcional cuya desaparición empobrecería el patrimonio cultural de la humanidad. Nuevas condiciones sociales, psicológicas, y económicas modifican gravemente las formas populares y regionales de la arquitectura. El interés por preservar un patrimonio inestimable debería orientar las medidas de salvaguardia, que resultan urgentes.

Pero no podemos plantear el problema de la salvaguardia de la arquitectura de los oasis del sur de Marruecos sin intentar comprender las verdaderas razones de su estado de degradación actual. Con el cambio importante del orden social antiguo se ha condenado a la desaparición a la sociedad tradicional y su forma de hábitat. Podemos decir que el estado de degradación de la arquitectura de los valles de los oasis es el resultado de la conjunción existente de la persistencia de la sociedad tradicional sobre la cual viene a superponerse una sociedad de economía moderna.

La tradición marca las etapas de la evolución cultural de un grupo. A su favor se acumulan los únicos valores perennes de una cultura que engendra su perfeccionamiento en relación con las condiciones históricas. Para un pueblo, cuenta menos su pasado que su futuro y la tradición que no sea optimista y evolutiva macará el fin de una cultura.

La tradición, para que este viva, debe garantizar una continuidad del pasado al presente y un dinamismo en la evolución. Para que no mueran, las civilizaciones se adaptan y evolucionan. El conformismo conservador tiende a fijar la tradición y a inmovilizar la historia y la vida, teniendo a menudo tendencia, en arquitectura especialmente, a considerar como tradicional solamente los vestigios del pasado, cuando a veces no son más que los pastiches de estos vestigios.

Las formas de concentración y de establecimiento humano, bien adaptado a su medio físico y humano, pero inadaptado a algunas de las funciones urbanas modernas como la  circulación mecánica, se altera rápidamente y degenera si no le planteamos nuevas reformas y ordenaciones con vistas a rejuvenecerlas y actualizarlas.

Desgraciadamente, la arquitectura que está en gestación en los oasis es una arquitectura que utiliza nuevos materiales sin ningún tipo de reflexión, solamente porque es un símbolo de prosperidad, y por una falta de voluntad política consciente y sensible a la idea del interés de la preservación del patrimonio como recurso económico y social para un desarrollo sostenible local. Todo ello a pesar del esfuerzo realizado por el gobierno de Marruecos con la creación del CERKAS (centro de rehabilitación del patrimonio arquitectónico del sur de Marruecos), situado en la ciudad de Ouarzazate y que se propuso como objetivos el censo, la protección, la conservación, la restauración y la rehabilitación de la arquitectura del sur. Después de una decena de años de vida, se han llevado a cabo importantes proyectos, por citar algunos: la restauración y la rehabilitación de la kasba de Taourirt, sede del centro, la restauración del Ksar de Ait Ben Haddou, los trabajos realizados en el Ksar de Tamnougalt en cooperación con instituciones españolas, la restauración de numerosos graneros colectivos, etc...

 

Faissal Cherradi Akbil es encargado de proyectos y consejero del Ministro de Cultura y Comunicación del Reino de Marruecos. Su artículo se enmarca en la conferencia “La arquitectura de tierra en Marruecos. La preservación de un rico patrimonio” y la exposición “M´hamid, el último oasis del Valle del Drâa” celebradas el pasado mes de octubre en la sede de Casa Árabe en Madrid.

Sobre el blog

La Red de Casas es un instrumento de la diplomacia pública española, compuesto por Casa África, Casa de América, Casa Árabe, Casa Asia, Casa del Mediterráneo y Centro Sefarad-Israel. Su finalidad es fortalecer la cooperación política y económica, el diálogo intercultural, el mutuo conocimiento y los lazos de España con los distintos ámbitos geográficos en los que actúan. Este blog dará voz a las personalidades políticas, institucionales, sociales y culturales que participan en las actividades de las Casas y servirá para invitar a las actividades que se organizan. Web: www.reddecasas.es Twitter: @ReddeCasas.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal