Menos mal que tenemos empleados públicos

Por: | 26 de agosto de 2013

Los datos que divulgaba ayer José Juan Toharia en El País son de lo más interesante. Preguntados los españoles, las cinco entidades, instituciones y grupos sociales que más contribuyen al bienestar social son, por este orden: científicos, médicos del sistema sanitario público, PYMES, guardia civil y profesores del sistema educativo público.

No está mal para el denostado sector público español: cuatro de cinco. Parece que los ciudadanos no asumen las tesis de quienes ven en el sector público el gran problema de nuestra economía y sociedad. Por el contrario, el sistema político, la iglesia, los agentes sociales clásicos (sindicatos y organizaciones empresariales), la banca, las multinacionales y parte del sistema jurídico suspenden claramente.

Por supuesto que el sector público puede mejorar. Y, desde luego, hay que estar abiertos a reformas y cambios. Lo que no es de recibo es convertir en chivos expiatorios a los profesionales con más capital humano en la administración, concentrar en ellos los recortes salariales y de otro tipo, con la no reposición de empleados que pone en riego la calidad del servicio correspondiente. La realidad es que disfrutamos de unos servicios públicos mejores que lo que tenemos en la mayoría de los ámbitos. La gente lo sabe y lo valora. Atendiendo a los hechos, parece que gobierno central y buena parte de los autonómicos no.

Hay 10 Comentarios

LLAMAR EMPLEADOS PÚBLICOS A LOS FUNCIONARIOS FORMA PARTE DE LA FUNCIONARIOFOBIA.-

Es lo mismo que llamar puestos de trabajo a sus plazas y cargos. Se desdibuja el derecho-deber que significa la función pública, pero no se tiene ninguna de las ventajas de la relación laboral por cuenta ajena. Es una idiotez como tantas otras que se han hecho en España en las últimas décadas.

La funcionariofobia fue introducida en España por el PSOE-Felipe, con la Ley 30/1984, represiva del funcionariado, cuyo objetivo era descorporativizar la Administración Pública e introducir en plan horterita elementos del Management Posmoderno, como la productividad.

En la entrevista que Felipe dio a El País, al final de su vida como Presidente del Gobierno, dijo que lo que más le había decepcionado de todo lo vivido habían sido los funcionarios.

De hecho, ha sido con el PSOE cuando los funcionarios de élite del Estado (p.e., Abogados del Estado, Inspectores de Hacienda, Catedráticos,...) han sido desclasados socialmente para abajo.

Pues qué bien. Primero, las respuestas en las encuestas suelen fallar por la corrección política (nadie quiere estar a mal con el médico o el propesor). Segundo, la gente responde según la opinión que los Medios de Masas de su preferencia le han creado. Tercero, nos gusta polarizar: parece que hablar de la calidad de lo "público" es una amenaza de "privatización" y no es así. También nos gusta la di(s)gresión: en vez de hablar de "si la función pública cumple", nos vamos a "los culpables son los Tal y Tal (siempre los otros)". Acabo: ?es eso todo lo que aprendemos en la escuela?

EN LA LISTA DE INSTUTICIONES BIEN VISTAS POR LOS ENCUESTADOS, "PYMES" SIGNIFICA EMPRESAS LIBRES DE MANAGEMENT POSMODERNO.-

El Capitalismo Popular, triunfante desde mediados de los 1980s, ha desnaturalizado el Management, que ya no tiene nada que ver con cómo lo idearon en los 1950s y 1960s, Drucker, Dale, Koontz, O'Donnell, McGregor, etc.

Los tres pilares del Management Posmoderno:

- la DpO-p (Dirección por Objetivos pervertida),
- el C&C (Control & Castigo) y
- los B&B (Bonus & Blindajes).

DpO-p:

- confusión de objetivos con indicadores,
- inexistencia de objetivos a largo plazo,
- inexistencia de objetivos comparativos, y
- "lean & mean".

La empresa posmoderna es un oprobioso campo de trabajos forzados, lleno de gentuza sin escrúpulos, en el que el cabroncetismo es la ley. Hoy, no tan paradójicamente, el reservorio del mejor liberalismo es la función pública (por cierto, no llamemos empleados a los funcionarios).

Todo lo malo que tiene la función pública es por contagio de la degradación del sector privado, mucho de lo cual ha sido inoculado por el falsosocialismo.

La ideología de acompañamiento de la empresa posmoderna no es el liberalismo, ni mucho menos; es una inversión del obrerismo que llamamos ideología-CEO (Chief Executive Officer), que tiene dos pilares:

- caudillismo, y
- victimismo exculpatorio.

LO QUE ESTÁ EN CRISIS NO ES EL ESTADO DEL BIENESTAR, ES EL CAPITALISMO POPULAR.

Desafortunadamente, en España, los Reagan, Tatcher, Chicago Boys fueron Felipe, Boyer y Solchaga, con las liberalizaciones (v. LAU, en 1985), privatizaciones, etc., y proclamando la necedad de que las clases humildes ya era "capitalistas" por tener un piso.

A mediados de los 1980s, había terminado el proceso de transición estructural de la economía iniciado en 1977 (Pactos de La Moncloa), tras el agotamiento del Desarrollismo (1959). Y se puso en marcha el modelo, estructura o patrón de crecimiento que llegó a su estrangulamiento a partir de 2006. Tras cuatro de caída, en 2011 la nueva transición estructural en la que estamos y que se extenderá hasta mediados de los 2020s, si todo sale bien.

De momento, las cosas no pueden ir peor. El poco colchón que había al comienzo de la crisis lo tenía el Estado. Las familias y empresas estaban y siguen ahogadas por las deudas, encima, colateralizadas con valores inmobiliarios que se han desinflado para siempre. Dicho colchón se ha malbaratado en cuatro fases:

1) prórroga del modelo muerto (estabilizadores automáticos, tax rebate, Plan E);
2) intento de su resurrección (deducción-IRPF vivienda, apuntillamiento del inquilinato);
3) congelación tras el Rescate-UE; y
4) "cid-campeadoreado" del modelo muerto, lo que llamamos REBOTE DE LA RATA MUERTA, parafraseando la frase bursátil "dead cat bounce".

España está abocada al ESTRANGULAMIENTO FINANCIERO TOTAL FINAL.

Será el 31-12-2015.

El día siguiente, por fin, no habrá más remedio que proceder a la represión del RENTISMO ABUSIVO, que es lo que nos ha metido en la crisis y lo que impide que salgamos de ella:

- rentas inmobiliarias (plusvalías y alquileres),
- pensiones,
- rentas financieras netas reales fijas, y
- honorarios extravagantes de trabajadores-directivos, profesionales, artistas y deportistas.

Gracias por leerme

Lo unico malo, es que los buenos estan en los puestos mas bajos, los dirigentes; en su mayoria; forman parte de lo que podemos decir adeptos y adiptos, al regimen.
Si los dirigentes tuvieran un par y se implicaran en la justicia de la sociedad en general, imaginen lo que tendrian que decir un monton de jueces; que tambien son por cierto empleados publicos; a pesar de que muchos desgraciadamente, tienen tambien carnet de partido y esto les ata de pies y manos; y quiero yo creer que el resto de personal de los juzgados podra hacer algo, pero si la justicia no es justa; los sinvergüenzas seran mas sinvergüenzas, coruptos, etc.etc.. Verdad señor Presidente y secuaces, etc etc etc.
Quiero para tus hijos y los hijos de tus hijos, unos servicios publicos eficaces y eficientes y es facil conseguirlo, solo no hay que dejar que manipulen los politicos sinvergüenzas, tambien los hay honrados, pero estan tan escondidos o con tan pocos votos, escaños, que no pueden ni hablar.
Un simple ejemplo de la importancia de lo Publico:
Imaginen un Pais en que se paraliza el poder politico por la causa que sea, pues si tiene buenos servicios publicos todo seguira funcionando sin afectar en gran medida a los ciudadanos; seguiran teniendo Sanidad, Educacion, Justicia; Seguridad; etc. etc.
Ahora por otro lado, imaginen que la politica no se paraliza, pero por la causa que sea lo publico deja de funcionar,

Para todos aquellos interesados en los avances informaticos para formacion, educacion, charlas, conferencias, reuniones, ............sin limites; un gran avance de la informatica y un pequeño paso http://mundosvirtuales3d.com

Comparto plenamente la opinión de Santiago Lago: menos mal que tenemos empleados públicos. Es evidente que hay muchísimo por mejorar, pero propongo este ejercicio de imaginación: pensemos por un momento que todo lo público pasase a estar gestionado por entidades privadas (y, por ende, con fines lucrativos). Imaginemos a nuestras escuelas, universidades, hospitales, ferroviarias, etc, dirigidas por empresarios...

Si algún día se les deja un mínimo resquicio (ya estamos en ello en la Sanidad), no habrá frma de sacarlos de ahí, porque el bocado es inmenso.
Sólo hay una forma de salvaguardar lo público: un pacto nacional de todos los partidos trazando unas líneas rojas infranqueables que dejen a lo Público a salvo de vaivenes partidistas o ideológicos y de intereses empresariales.

Recordemos: lo Público (y por tanto, gratuíto y universal) es lo único que puede garantizar la cohesión y la paz social en tiempos de turbulencias. Defendámoslo.

Dentro de los empleeados públicos hay variaciones: hay grandes profesionales, pero también hay vagos y maleantes. La razón es bien simple: el político que los dirige no tiene la menor intención de meterse con ellos porque le trae problemas, con lo que en lo público la gente que trabaja bien es por su propia conciencia, pero nadie se lo premia; todo lo contrario. Hay que centrar la exigencia en quién lo dirige y hay empleos que deben estar protegidos, por ejemplo, el médico no puede estar demasiado supeditado al gerente para que no se nieguen pruebas, por ejemplo, por razones económicas, pero el que es repetidamente vago y negligente debe saltar del sistema. Que también existen estos especímentes. Y los que trabajan bien hacen su trabajo y el de estos.

No sé si alguien ha caído en la cuenta de que la mayoría de la casta política de España está formada por funcionarios, pero de los que no funcionan, de los que se sacaron su plaza por si acaso pero se han dedicado a vivir del cuento dentro de sus partidos. Todos estamos de acuerdo que a los empleados públicos a los que habría que controlar un poco sus excesos son los políticos, y ahí están, que no hay quien los controle, al revés. Lo que hace falta es una revolución y un poquito de presupuesto para guillotinas.

Por fortuna los tenemos, sí. No sólo son profesionales cualificados que han superado pruebas exigentes (en la empresa privada a menudo sucede otro tanto), sino que garantizan la neutralidad y la independencia de la Administración Pública. ¿Se imaginan que cada Gobierno entrante tuviera la opción de cambiarlos? Hay países en que pueden hacerlo, no son precisamente los más cuidadosos con un sistema democrático.
Es de agradecer el post. Desde fuera de la función pública también podemos reconocer la importancia de una Administración libre de los intereses cuatrianuales de los políticos. Un saludo afectuoso y (espero que me disculpe, Santiago), dejo el enlace a un blog que pretende interpretar nuestra austera situación con, espero, ciertas dosis de humor.
http://lluviaderatones.blogspot.com.es/

Soy médico del seguro. Tengo más de 45 años, nunca "han salido plazas" de mi especialidad, soy interino, a pesar de haber hecho la especialidad, el doctorado, publicado, etc. Mi salario se congeló hace décadas, pero como a veces nos lo subían por debajo del IPC, pues no figuraba como tal. Ahora nos lo han bajado un 25%, pero a mí me da igual porque lo importante son los enfermos.
Lo que me cabrea es que se mienta, que se diga que los empleados públicos somos unos vagos, despilfarradores, que el estado no funciona. Digamos más bien de una vez que Federico Jimenez Losantos y toda su clac mienten, que el estado funciona, y podría funcionar mucho mejor si quienes lo denigran tomaran las medidas adecuadas para hacerlo.
Los empleados públicos que conozco (salud, educación, medio ambiente) quieren cambiar su forma de trabajo, incrementar la flexibilidad, eficiencia, etc... y a eso por lo general se responde desde los políticos, empezando por los más conservadores con suspicacia, inmovilismo, sospecha o simple indiferencia.
Los países más fuertes (Alemania, Japon, incluso los USA) lo son porque sus estados lo son, no al revés.
Y así seguimos y seguiremos.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Res Publica

Sobre el blog

Este es un blog sobre economía pública, sobre gastos e impuestos, sobre descentralización y reforma fiscal. Si pensar en todo lo anterior es siempre importante, lo es más cuando los ajustes aprietan hasta ahogar y cuadrar números se convierte en obsesión. Comparto la opinión de que mirando las cuentas de la res publica se descubre mucho sobre la Sociedad que las soporta y disfruta.

Sobre el autor

Santiago Lago Peña

Santiago Lago Peñas es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo. Director ejecutivo del grupo de investigación GEN, codirector de RIFDE y director del Foro Económico de Galicia. Columnista de Faro de Vigo y El País y colaborador de Cadena SER. Editor asociado de la revista Hacienda Pública Española/Review of Public Economics.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal