Res Publica

Sobre el blog

Este es un blog sobre economía pública, sobre gastos e impuestos, sobre descentralización y reforma fiscal. Si pensar en todo lo anterior es siempre importante, lo es más cuando los ajustes aprietan hasta ahogar y cuadrar números se convierte en obsesión. Comparto la opinión de que mirando las cuentas de la res publica se descubre mucho sobre la Sociedad que las soporta y disfruta.

Sobre el autor

Santiago Lago Peña

Santiago Lago Peñas es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo. Director ejecutivo del grupo de investigación GEN, codirector de RIFDE y director del Foro Económico de Galicia. Columnista de Faro de Vigo y El País y colaborador de Cadena SER. Editor asociado de la revista Hacienda Pública Española/Review of Public Economics.

El PIB: un arma cargada de futuro

Por: | 15 de junio de 2014

La revisión metodológica a la que va a verse sometido el PIB no es un asunto menor, por su sentido y sus implicaciones. A ambas me refería en una columna publicada esta misma semana.

Pensar que los números de tu país o tu Comunidad Autónoma van a ser significativamente mejores (entre 1,5% y 3% según las estimaciones provisionales) porque a partir de 2014 van a sumar cosas que no parecen muy positivas es difícil de comprender para los ciudadanos. ¿Pero acaso el PIB no era una medida de bienestar? ¿No es mejor cuanto mayor sea tu PIB per cápita? La respuesta a ambas pregunta es un sí con importantes matices. Tan importantes que una buena parte de la profesión económica, de hecho desde hace décadas, aboga por hablar de otros indicadores más amplios y sofisticados cuando queremos comparar niveles de bienestar en el tiempo o entre países y regiones. Un trabajo elaborado por los profesores de la Universidad de Vigo Albino Prada y Patricio Sánchez, de próxima publicación en Revista de Economía Mundial, demuestra la existencia de este desacople entre PIB per cápita y bienestar, y la necesidad de repensar cómo evaluamos estadísticamente el bienestar económico de un país.

En todo caso, con cambios como éste se introducen efectos perversos en la gestión pública y se ponen en cuestión algunos índices muy relevantes. Sobre lo primero, puede llegar a resultar que sea lo mismo a efectos de promoción del PIB hacer la vista gorda con el narcotráfico en las costas gallegas que esforzarse por captar inversiones foráneas. Sobre lo segundo, los objetivos de déficit y deuda pública en términos de PIB solo tienen sentido si ese PIB sintetiza la capacidad de un país para soportar desequilibrios presupuestarios. El PIB que no tributa no contribuye a ello.

¿Podemos permitirnos la renta básica que propone Podemos?

Por: | 03 de junio de 2014

Hace ya unos años escribí un breve trabajo sobre la posibilidad de aplicar una renta básica (RB) en España, como la que ahora recupera PODEMOS. El artículo completo puede descargarse aquí. Sigo pensando lo mismo.

En síntesis, en el trabajo se plantean tres ideas fundamentales:

1. La aplicación de un programa de RB de importe no trivial implica la movilización de un volumen de recursos financieros muy importante. Recursos que, sólo muy parcialmente, van a poder ser desviados de otros programas de gasto público. Consecuentemente, se debería producir un incremento sustancial de la presión fiscal y una reconfiguración del sistema tributario que trate de minimizar los costes de la mayor imposición en el terreno de la eficiencia económica.

2. Observando las estadísticas internacionales y dado el relativamente bajo nivel de España en impuestos y gasto público, lo anterior parece técnicamente factible. Si otros países pueden tener presiones fiscales y niveles de gasto público 10 o 15 puntos superiores a los de España, no deberían existir dificultades técnicas insalvables para imitarlos.

3. Sin embargo, que la imitación sea posible exige dos condiciones, una procedimental y otra sustantiva. La procedimental es el gradualismo en la aplicación de la RB que evite un shock macroeconómico. La sustantiva es un cambio en las preferencias sociales que soporte el incremento de la presión fiscal y dé prioridad a la RB frente a otros programas de gasto social deficitarios y que son hoy muy relevantes para los ciudadanos, como la sanidad, la educación o las pensiones. Desafortunadamente, ambas condiciones pueden entrar en conflicto, en tanto que la lentitud en la aplicación de la RB haría más difícil el apoyo social al programa.

El País

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