Antonio Jiménez Barca

Mourinho, ese líder

Por: | 02 de noviembre de 2011


Mourinho1Lo primero que vi al desembarcar en el aeropuerto de Lisboa hace ya tres semanas fue un inmenso cartelón con la cara sonriente de José Mourinho anunciando algo que no me molesté en leer. Después, mientras el taxista me llevaba a la peligrosa velocidad de Fernando Alonso cuando entrena, creí adivinar, en otro cartelón publicitario, el rostro sonriente de Mourihno  anunciando ese algo. Me intrigó esta vez. Pero no lo no conseguí leer debido a que rodábamos a 70 kilómetros por hora, entrábamos en una curva cerrada y bastante tenía con agarrarme al asiento para prevenir el derrape.  Días después, caminando por estas bellas y empinadísimas calles de Lisboa, me topé, ya al borde de perder el aliento, con el mismo anuncio en lo alto de una colina. En efecto: Mourinho me observaba con una media sonrisa confiada, se echaba la mano al pecho y miraba al frente con cara de tío seguro. Era publicidad de un banco y el eslogan decía: “Muestre su orgullo de ser portugués”. Tomé fuerzas, le hice una foto y seguí ascendiendo.     
Días después un amigo me prestó una revista, datada en abril, en la que aparecían  los 100 portugueses más influyentes. Uno de ellos era, claro, Mourinho.  Esta vez salía en la foto con cara de muy pocos amigos, pero el titular también era elogioso: “ADN vencedor”.
Y la revista de televisión Share de hace pocas semanas  llevaba la foto de nuestro famoso entrenador y una declaración suya a la portada: “El liderazgo es algo que se tiene que ejercer todos los días”. 
Pensé que Mourinho es un personaje polémico (tal vez el adjetivo polémico se quede corto) en España, donde salta de una trifulca a otra con esa rara habilidad suya para meter el dedo en el ojo en todos los sitios –incluso en los ojos- pero que en Portugal, para contradecir el refrán aquel del profeta y la tierra, es, no ya una celebridad, sino alguien, en principio, incuestionable. En su país, y en unos tiempos difíciles para Portugal, no sólo encarna la figura del deportista exitoso, sino la del líder, la personificación del éxito trabajado. 
Un periodista deportivo, el director adjunto de del diario Record  António Magallaes, está de acuerdo. Me explica que en sus tiempos de entrenador del Oporto Mourinho era Mourihno, o mejor, el Mourinho que conocemos en España, peleón, insolente, polémico (me vuelvo a quedar corto) meticón, discutible, tan amado por unos como odiado por otros. Pero que desde sus tiempos en el Chelsea y, más aún, desde que vive en Madrid, se ha convertido en el tipo ganador que defiende a su equipo, que obtiene resultados óptimos de sus subordinados y que lleva a su grupo hacia la victoria. En otras palabras, en un líder. De hecho, según me explica Magallaes, le han invitado ya para dar conferencias sobre eso, sobre liderazgo, y no sobre fútbol.
Desde entonces cada vez que me topo con Mourinho y su sonrisita en unos de esos carteles que jalonan las bellas y empinadísimas calles de Lisboa pienso –si tengo aliento para pensar- en cómo la geografía modifica el carácter, y viceversa.

Hay 4 Comentarios

António, calma, o Antonio chegou cá há dois meses! Mau feitio! Antonio, ya debes haber notado que aqui hay mucha sensibilidad con el idioma y con los españoles. No te desanimes, yo llevo aquí 14 añitos y en el fondo nos quieren. Como se dice aquí, los españoles son nuestros hermanos, y a la familia no se la elige!

Gracias. muy interesante

Si esa es la imagen que tienen los portugueses de lo que es un ganador (y cierta parte importante de los españoles también), no me extraña que les vaya así.

http://www.youtube.com/watch?v=V4vLolUuPs4

Para um correspondente em Lisboa, nem sabe escrever nomes em português. Mas enfim, espanholices... ninguém leva a mal, nem a sério.

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Sobre el autor

: nació en Madrid en 1966. Fue durante tres años corresponsal en París y actualmente es corresponsal en Lisboa. Antes trabajó como redactor y reportero en las secciones de Local y Domingo. Ha escrito dos novelas: Deudas pendientes (2006) y La botella del náufrago (2011). A este ritmo perezoso, hasta 2016, por lo menos, no terminará la tercera.

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