Antonio Jiménez Barca

Saramago ya tiene las llaves de su casa

Por: | 17 de noviembre de 2011

Casa dos Bicos dos


El edificio está se encuentra al pie del barrio de la Alfama, frente al estuario del río. Se llama Casa dos Bicos y se construyó en el siglo XVI por el hijo del virrey de la India. Bras de Alburquerque quiso copiar el Palacio de los Diamantes de Ferrara. Pero las piedras talladas de la fachada no les parecieron diamantes a los lisboetas, que prefirieron rebajarlas y llamarlas simplemente puntas (bicos). De ahí el nombre. Fue, pues, palacio de aristócrata, padeció el terremoto de 1755 y perdió dos sus dos pisos superiores. Albergó una tipografía y resistió buena parte del siglo XX transmutado en almacén de bacalao.

En 1980, ya en manos del Ayuntamiento de Lisboa, fue restaurado y el arquitecto que llevó a cabo la obra se inspiró en un azulejo del Museo de la Ciudad para reconstruir los dos pisos que le había robado el terremoto. Durante muchos años, el niño que fue José Saramago, según él mismo confesó, pasó muchas veces por delante de ese edificio. En junio de 2011, un año después de su muerte, sus cenizas fueron depositadas al pie de un olivo, en la plaza que da a la Casa dos Bicos, al lado de un banco que mira también al Tajo y de la frase que cierra Memorial del Convento: “Pero no subió a las estrellas, si pertenecía a la tierra".

En 2008, el Ayuntamiento de Lisboa se comprometió con la Fundación Saramago a ceder el edificio emblemático que fue palacio de noble y tienda de bacalao para acoger la sede de la institución. Ayer, 16 de noviembre, cumplió su palabra: el alcalde, Antonio Costa, entregó las llaves de la Casa dos Bicos, nuevamente restaurada, vacía, a Pilar del Río, compañera de Saramago durante 24 años y presidenta de la Fundación. En primavera, el edificio atesorará ya  los fondos, los documentos y la biblioteca del premio Nobel y se convertirá en un centro cultural que expandirá al mundo su mensaje y su espíritu. “Será una fábrica de creatividad”, especificó Del Río, que explicó por qué los restos del escritor reposan bajo el olivo de la plaza: “Pocos días antes de morir, José le dijo a Juan Vicente, el arquitecto que rehabilitaba este edificio, que le daba pena no llegar a utilizar el despacho que le estaban preparando, desde el que se veía el río Tajo y los barcos. Cuando murió, se me ocurrió que ese sería un buen lugar para que descansara, para que pudiera cumplir su deseo”.

Hay 3 Comentarios

Hace poco estuve delante de la Casa dos Bicos y vi la placa y el olivo, y leí la frase inmortal de Saramago. Y ahora me entero de que estaban justo ahí debajo sus cenizas enterradas, por lo que me llevo una grata sorpresa y de repente tengo unas ganas enormes de encontrarme ahí - a pesar de mi panteísmo a lo Alberto Caeiro-, delante de un edificio que nunca me gustó y por el que pasé, a pie, infinidad de veces durante mi estancia en la ciudad del río y de la luz, como el niño Saramago al que tanto echaremos de menos.

Gracias por el artículo y por el blog

Hombre, Ramón, el hecho de que se hayan traducido al español sus grandes obras literarias no quiere decir, ni mucho menos, que las escribiera en español directamente... Por supuesto, Saramago siempre escribió en portugués, también los libros que escribió desde su casa en Lanzarote... Es verdad que tuvo, al final de su vida, una relación especial con España (mujer, casa y muchísimos amigos), pero de ahí a 'apropiarse' del autor diciendo que escribía en español hay un trecho... De todos modos, el comentario da pie para recordar la enorme ignorancia que en España se tiene de Portugal y todo lo portugués, excepción hecha de Ronaldo y Mourinho, claro... Comentarios como este son los que contribuyen a formar en el imaginario portugués el tópico de español colonialista, egoísta y egocéntrico, que en realidad es errado, puesto que detrás de estas actitudes sólo hay ignorancia, y poca voluntad de aprender y acercárse...

Mis saludos póstumos al gran escritor portugués José Saramago. Sus pensamientos eran profundamente humanistas y expresados con sorprendente claridad, a veces con ciertos tintes de buen humor, casi irónicos. Y lo curioso es que sus grandes obras literarias están escritas en el idioma español. Él nunca vio diferencias entre ambos pueblos ibéricos.

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Sobre el autor

: nació en Madrid en 1966. Fue durante tres años corresponsal en París y actualmente es corresponsal en Lisboa. Antes trabajó como redactor y reportero en las secciones de Local y Domingo. Ha escrito dos novelas: Deudas pendientes (2006) y La botella del náufrago (2011). A este ritmo perezoso, hasta 2016, por lo menos, no terminará la tercera.

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