Sentirse especial con Springsteen y la E Street Band

Por: | 10 de noviembre de 2010

Siempre pienso que aquel disco podía haber cambiado la vida de Juanjo tanto como cambió la mía. Ahora, que está a punto de publicarse la caja sobre la historia de Darkness on the edge of town, no puedo evitar acordarme un poco de Juanjo, allí donde esté. Tal vez, es algo estúpido, pero siempre que escucho el bootleg de Winterland, de la grandiosa gira posterior a la publicación de Darkness, me pregunto a mí mismo por Juanjo.
Conocí a Juanjo cuando entré a trabajar en El Corte Inglés. Yo era un universitario que necesitaba un dinero. Ante la tremenda dificultad de hacerlo en el mundo del periodismo y sin posibilidad de esperar mucho para ello, cogí lo que me salió y terminé trabajando de sabadero en los grandes almacenes, que consistía en ir todos los sábados y festivos. No eran muchas horas, cubría mis necesidades económicas y, bueno, como todos en esa empresa, trabajaba en traje y corbata, en la sección de Imagen y Sonido.
Juanjo era comercial de la marca Denon, conocida por sus equipos de sonido de alta calidad, entre otras cosas. Siempre le veía con rostro cansado y en mis primeros días hablábamos de vez en cuando y me enseñaba los equipos más chulos de la sección. Pero todo cambió un día cuando escuchó un disco que pinché en una cadena musical que querían probar unos clientes.
Mi trabajo consistía en recomendar equipos de música. No tenía ni idea pero me las ingeniaba para que pareciera que algo sabía. A decir verdad, no siempre fue así. Mi primer día me soltaron en la planta sin explicarme nada y tuve que reconocer ante un matrimonio que no tenía ni pajolera idea sobre tal cadena musical. Me miraron con gesto torcido. En mi confusión y torpeza, llegué a decir a una chica, a modo de confesión y en secreto, que había equipos más baratos en otras tiendas. Por esos días yo estaba mirando equipos de música para mi casa y los precios de El Corte Inglés me parecían algo desorbitados.
Ciertamente, no me gustaba ese trabajo, pero conseguí sacarle cosas positivas, más cuando mi pasión por el rock estaba desbocada. Al estar rodeado de equipos de música, aprendí sobre ellos y además podía llevarme discos para pinchar en ellos. Cuando un cliente quería probar tal o cual cadena yo sacaba mi disco y aprovechaba para ponerlo. A decir verdad, me sentí mucho más orgulloso de recomendar un álbum que puse un día de Ryan Adams, cuando un hombre me preguntó emocionado, que de vender uno de los equipos más caros de la sección.
El caso es que Juanjo un día oyó de lejos lo que yo estaba pinchando a última hora de la tarde. Se me acercó sorprendido. ¿Qué es eso? ¿Es Springsteen? ¿Qué disco? Era un disco pirata que un gran amigo me había pasado sobre la gira de Springsteen y la E Street Band en 1978, en concreto, un conciertazo en la sala Winterland, en San Francisco. Yo andaba como loco con ese triple disco (¡un concierto íntegro!) que ardía como una fogata descontrolada en el cuerpo. Más y más hasta llegar al incendio. Solo bastaba escuchar la versión de <<Prove it all night>>, con la introducción in crescendo, palpitante, que daba paso a una tormenta, a un rugir de guitarras, en su desafío eléctrico, para sentir que el mundo se ensanchaba hasta el infinito, saltaba en pedazos tu vida y empezabas a recomponer un horizonte en soledad y a oscuras.

Juanjo preguntó entusiasmado: ¿Te gusta Springsteen? Le conté que era muy fan de Springsteen, que acababa de descubrir el sonido de esa gira y estaba que no cabía en mí. Cada noche me tiraba en la cama y volaba lejos con esos conciertos. No conocía nada igual. Entonces, Juanjo me contó que él también era muy seguidor de Springsteen, que tenía todos sus discos, pero qué desconocía estos piratas. Nos pasamos hasta el final de la jornada hablando de toda esa música.
Prometí grabarle el disco. Y lo hice, pero con la mala fortuna de solo grabarle dos de los tres discos, el primero y el segundo. El grabador se me estropeó justo cuando iba a grabarle el tercero de esos discos que daba paso al cierre del concierto, donde se incluía el descarte <<The Promise>> y cuando Springsteen y la E Street Band rompían las caderas con ese <<Detroit Meddley>> (con temas de Little Richard y Mitch Ryder) y su cancionero más bailable. El problema, además, era que apenas me quedaban dos días en El Corte Inglés y por ahí ya no verían más.
Cuando le di los discos, estuvimos hablando un buen rato en un cuarto repleto de cajas que hacía de habitación para los empleados que fumaban. Me contó que había dejado de estudiar por trabajar como empleado fijo en El Corte Inglés. Tenía 35 años y llevaba ya muchos años siendo promotor en El Corte Inglés, lejos de cualquier aspiración profesional diferente. Estaba desgastado, desilusionado, pensaba que se había equivocado, pero, decía, ya estaba dentro de la rueda. Ir a trabajar era un suplicio para él. Todo esto me lo contó mientras el cigarrillo se consumía, y, supongo, en parte para desahogarse, en parte como consejo. Le acababa de decir que me había comentado uno de los jefes de hacerme fijo porque era bueno vendiendo equipos de música (sic) (no tenía ni idea, recuerdo) y necesitaban personal. Poco antes, había anunciado que quería irme.
Recuerdo decirle que él tenía tiempo de cambiar, que yo, cierto, era joven pero que seguiría su consejo pero además, si escuchaba y leía las canciones de Springsteen (que tenía traducidas por libros), ese disco completo de Winterland, sentía que no podía renunciar a mis pequeños sueños personales, entre ellos ser periodista. Si me quedaba en El Corte Inglés era como traicionarme. Le pregunté si no le inspiraba lo mismo la música más arrebatadora de Springsteen, que tanto nos gustaba a los dos. Me dijo que sí pero, sonriendo, me recordó: “Bueno, todavía no tengo todo el concierto de Winterland para oírlo en su conjunto. Puede que entonces, cuando me lo pases, no tenga más opción que salir de aquí”.
Al final me fui, y Juanjo siguió allí. Y nunca le grabé el tercer disco de Winterland. El último día cuando me iba y me despedía de todo el mundo Juanjo salió corriendo y me dijo que era la releche, auténticamente estremecedor ese directo, y que no me olvidara de traerle un día el tercer disco para cerrar el círculo. Nunca lo hice. Y, mientras tanto, siempre que escucho el disco me acuerdo de Juanjo porque dejé esa cuenta pendiente y porque siempre lo escucho en casa en una cadena Denon que compré al propio Juanjo antes de irme de El Corte Inglés. De nuestra conversación en el cuarto de fumadores, Juanjo me guardó una cadena buenísima Denon que estaba rebajada muchísimo, por las rebajas del centro comercial que se juntaban con las que hacían a los trabajadores y una especial que tenía ese modelo por llegar nuevos diseños. En fin, una ganga que Juanjo me recomendó y en la que gasté parte del dinero que gané en mi estancia en El Corte Inglés el mismo día que me iba. Salí de allí con la caja donde estaba envuelta mi cadena musical Denon y la promesa de grabar ese disco a Juanjo.
Muchos años después, tal vez seis o siete, pasé un día por ese Corte Inglés y por la sección que ya estaba en otra planta. Empecé a pensar en Juanjo y me fijé por si estaba. Al no verle, me sentí algo aliviado y contento. Pensé que ya se habría ido y que seguro dio el paso de buscar otra opción que nunca antes se había atrevido a hacer. Pero, justo en ese momento, apareció en un pasillo con dos clientes y una caja entre las manos. Se me esfumó la ilusión. No me atreví a acercarme a él. No pude hablar con él. Salí de allí, como disparado en plena línea de batalla.
Cuando llegué a casa, agarré el disco de Winterland y lo puse a todo trapo en la cadena que me recomendó Juanjo. Joder, Prove it all night. Demuéstralo toda la noche. A mí, con menos de veinte años me cambió la vida. No exagero si digo que me sentía especial, dentro de un mundo especial, poseedor de un mensaje especial, con un destino especial al que llegar. Joder, hoy, cuando lo pienso, las cosas ya no son cómo eran antes, aunque hay un aire que sopla por algún lado y a veces despeina mi pelo. Y allí donde esté Juanjo espero que, al menos, ese aire también despeine su pelo. Nunca le grabé ese tercer disco de Winterland, pero la semana que viene hay disponible una caja brutal con material de sobra sobre esos años de Springsteen y la E Street Band. Tal vez, no lo sé, escuchando el concierto de Houston de 1978 que allí se recoge, o los 21 temas de descartes que vuelan a lomos de Phil Spector y el pop de los sesenta, puede que Juanjo sienta que todavía hay tiempo para demostrarlo, para demostrarse a sí mismo que merece la pena intentarlo, y pagar el precio.


Hay 39 Comentarios

Pero después de esa experiencia, he aprendido más de un estado de calma de la mente.

Kmila: Es una pena no entendiste nada, espero que vuelvas a leer el post y todos los comentarios de este post.Y yo soy un parado se supone que mi clase social es mas baja que la tuya, dejemoslo por que es entrar en demagogia barata.

Un texto jodidamente bueno, compañero

Gran post..hermoso...me dejaste con la garganta apretada y unos lagrimones amigos que me acompañaron un buen rato...da gusto leer algo asi...gracias por compartirlo...

Pues mira, más que admiración por Bruce el texto me parece un canto al clasismo y al esnobismo que raya en lo ofensivo. Si yo soy Juanjo y depués de leer esta entrada me cruzo contigo en el Corte Inglés, hago como si no te veo y no te suelto cuatro frescas porque como soy un pobre dependiente frustrado y amargado no puedo montarte un pollo en pleno centro comercial.Como soy vendedora en una perfumería, me voy a escuchar a Camela, que es lo que corresponde a los de mi clase.

Descubrí a Bruce a los 14 años, con Born in the USA recién estrenada. La imagen que tengo es verme a mi mismo sentado en la cama de mi pequeña habitación adolescente, con mi vinilo mono escuchando esos discos. Había una tienda pequeña en mi pueblo, todos esos discos estaban de oferta, creo recordar setecientas cincuenta pesetas. Greetings, The wild..., Born to Run....pero fue con Darknes cuando vi la luz, la que seguiria a lo largo de mi vida. Estar sentado en esa vieja cama escuchando esos temas uno tras otro, todos esos discos en una sola semana, fue increible. Quizás solo podía reaccionar de esa manera, mi vida ya no fue la misma y todo empezo a girar en torno a esa música, a ese hombre.........................................Un buen artículo, te felicito Fernando

creo Jordi, que con esa falta de respeto que muestra en tu comentario, el que realmente no ha entendido a springsteen eres tu.

La conclusión que saco de este folletín, es que no has trabajado en tu vida colega! , no sé si alguien como tu comprende a un músico tan sacrificado como Springsteen.

Grande... Muchas Gracias

Gracias....

Quisiera felicitarte por el texto, encuentro que tiene mucha sensibillidad y es muy real..yo mismo, y pienso que todos, nos podemos sentir reflejados en algunos momentos. Entiendo los comentarios que te hizo Juanjo en su momento, aprovecha el momento y disfruta de tús ilusiones, y búscalas...la vida nos pone a prueba y a la vez, formamos parte de ella... felicidades.

lo primero, decir que me encanta este blog y lo visito casi todos los dias,mi vida ha sido, es ,y sera rock and roll, pero........ juanjo estaba en la rueda como el dice y lo sabia , y hoy sigue en la rueda; fernando estaba en la rueda y hoy sigue en ella , mas metido si cabe, pero el dice que ha cumplido su sueño ,springsteen hace ya mucho que dejo de pensar en la rueda,lo unico que le importa es que ruede.... y yo, yo he sido aplastado por la rueda,pense que era la unica forma de salir de ella y ni asi lo he conseguido.La unica que ha ganado ha sido la rueda, ella nos sigue gobernando a todos.

Recopetin,Fernando Gracias de corazón, pero solo soy un hombre normal y corriente que trabajaba en esas grandes fabricas que también describe Bruce, no soy importante, me conformo con ser persona y ser persona es muy difícil a día de hoy, yo solo me conformo con eso.

Hola a todos, Lo primero, agradecer la participación de todos y vuestros comentarios. Y a la mayoría agradecer las amables palabras. Fran: Como me planteas una serie de preguntas, te contesto de manera individual. Veamos, se me hace difícil explicar mi propio texto, como cuando tienes que explicar un chiste, y se me hace también bastante raro, pero voy a hacerlo. El texto no era otra cosa que intentar plasmar (con mejor o peor acierto) los sentimientos que se movieron en mi vida cuando descubrí el disco de Winterland. Por supuesto que no tiene nada de malo sacar adelante una vida en El Corte Inglés o donde sea. No hay nada de que avergonzarse. Al contrario, es muy digno y muy respetable. Incluso te diría que no tiene nada de malo el aparcar los sueños personales si esa es una opción elegida y no impuesta. Como la historia es real, te diré que Juanjo no tenía hijos (aunque poco importa eso en mi opinión) y que aseguraba que la opción personal que tomó no era la acertada. No lo digo ni decía yo, lo decía él y me lo decía a mí. Como escribo en el texto:“Estaba desgastado, desilusionado, pensaba que se había equivocado, pero, decía, ya estaba dentro de la rueda. Ir a trabajar era un suplicio para él. Todo esto me lo contó mientras el cigarrillo se consumía, y, supongo, en parte para desahogarse, en parte como consejo”. Y a mí sus palabras me ayudaron. El texto, y lamento si no lo he transmitido bien, es un homenaje a Juanjo. Me ayudó muchísimo porque él me lo hizo ver con sus palabras, con su vida en esos momentos, porque me transmitió esa desilusión por renunciar a algo, motivado por la sencilla circunstancia de querer tener un trabajo. Yo al final no renuncié, y no lo hice porque fuera más valiente sino, tal vez, porque tuve un Juanjo que me aconsejó y, aunque suene un poco chip decirlo, porque me creí a Springsteen en Winterland, en Darkness… y tomé mi decisión a partir de ahí, con 20 años y todo por delante. Ahí está el detonante del texto. El motivo por el que quise escribirlo. La grandeza de esa obra de Springsteen es, a mi juicio, la capacidad de hacerte sentir especial, de transmitirte emociones e historias que te inspiran en la vida. Como te pille, porque no tiene por qué hacerlo, te cambia. Y, al mismo tiempo, la grandeza de comunicarte con otras personas, de que exista una comunión. Pero, de hecho, todo cambia, Fran. Yo cambié seis o siete años después. Era periodista, había cumplido mi sueño personal, pero no le dije a Juanjo nada. ¿Fui cobarde? Sí, claro. Sentí que había fallado al no llevarle el disco, y más cuando vi que seguía en El Corte Inglés. Y seguro que seguía allí por cualquier motivo menos por no tener el dichoso disco, pero en mi interior se me cruzaron emociones. La imaginería de cuando yo me entusiasmé con Winterland me jugó una mala pasada. Esa imaginería, Fran, se me había volado: lo vi al ver a Juanjo por el pasillo con su caja y sus clientes. Pero nunca, nunca, he dicho que Juanjo fuera un perdedor. Nunca lo he pensado ni sentido y me dolería que te quedases con esa idea. El problema era yo. El problema era que ese mundo especial que me hizo vivir el disco de Winterland con menos de 20 años (19 años exactamente) estaba muy lejos de ese momento, seis o siete años después. Por eso me lo pinché como un loco en casa. Porque necesitaba reivindicarlo, sentirlo. Por consiguiente, Winterland está lejos también ahora. Como escribo, “Joder, hoy, cuando lo pienso, las cosas ya no son cómo eran antes”. Te pongo el texto: “Cuando llegué a casa, agarré el disco de Winterland y lo puse a todo trapo en la cadena que me recomendó Juanjo. Joder, Prove it all night. Demuéstralo toda la noche. A mí, con menos de veinte años me cambió la vida. No exagero si digo que me sentía especial, dentro de un mundo especial, poseedor de un mensaje especial, con un destino especial al que llegar. Joder, hoy, cuando lo pienso, las cosas ya no son cómo eran antes, aunque hay un aire que sopla por algún lado y a veces despeina mi pelo. Y allí donde esté Juanjo espero que, al menos, ese aire también despeine su pelo”Pero, a veces, hay un aire. Un soplo de toda esa magia, en un mundo que no se detiene, con el tiempo pasando y nosotros tomando decisiones y tirando para adelante, viéndonos como éramos con veinte, treinta o cuarenta años, viéndonos, en definitiva, cómo era esa época cuando nos arrebataba la vida el Winterland o cualquier otro disco. A Juanjo se la arrebató con 35 años y dentro de la rueda. A mí con 19 y fuera de ella. Seis o siete años después, o ahora, sólo puedo decirte que sé lo que fue sentirse especial con Springsteen y la E Street Band pero “joder, hoy, cuando lo pienso, las cosas ya no son cómo eran antes”. Son esas contradicciones y fantasmas, que creo que de otra manera pululan por Factory, Racing in the street, Badlands, The Promise Land o Darkness on the edge of town, las que me han llevado a escribir el texto. Lo he escrito por esas contradicciones y fantasmas de Darkness que me metí en vena siendo un chaval, por esas contradicciones de Juanjo, por esas contradicciones mías, y, claro, por esa magia que te da un disco, ese horizonte que te abre, por ese mundo particular que te crea. Es gasolina para el viaje. Pero el conductor no va sintiendo lo mismo ante el mismo viaje. Por eso, sin el tercer disco que no le grabé, con la caja de Bruce esperándole a él y a mí, digo: “puede que Juanjo sienta que todavía hay tiempo para demostrarlo, para demostrarse a sí mismo que merece la pena intentarlo, y pagar el precio.” Si Juanjo lo hiciese con 45 años, los que tendrá ahora, lo estaría haciendo por mí también, Fran. Te lo digo como lo siento: lo estaría haciendo por mí también. Chema: Lo mejor de este blog desde su nacimiento en mayo de 2008 ha sido tenerte en él. No te conozco personalmente, pero te aseguro que tus comentarios, tu amor por la música y la vida, justifican La Ruta Norteamericana. Mucho ánimo y rock. Un abrazo.

Ese disco...esa cara b...esa canción...la vida...Son muchos recuerdos.Tremendo post. Grande, Fernando.

UN ABRAZO GIGANTE PARA CHEMA, esta noche intentaré dedicarte las mejores palabras que tenga dentro, apura las últimas lagrimas que desinfecten bien el dolor. En la última entrada de mi blog apareces en los créditos.

Buffff, sin aliento, tremendo, solo habla de emociones,senaciones, eilusiones, bestial es a corazon a bierto.Yo y por ciscusntancis actuales la vida me esta golpeando duro, salud escasa, sin trabajo, probablemente sin mi chica de toda la vida, y todo esto se agita en mi cabeza y al leer el post ha sido recordar mis 20 años.Como deseaba hablar del boss con los seguidores de puecela, todo ese recuerdo al ir leyendo el post;No ha hecho que poner mis recuerdos y emociones a flor de piel y lloro como un niño.Y es una mezclamde felicidad y tristeza, felicidad por los recuerdos y el boss y los amigos, y tristeza por mi situacion actual, en casi soy uno de esos perdedores de las letrsa de BRUCE, estoy terminado y sigo llorando aun.Grande fernando, no dices si es buen o mal disco hablas de lo vivido y desde las entrñas y no hay nada mas grande que eso.y mientras escribo suena simple man de lynyrd e directo, tal vez demasiado para un viernes de otoño.

Fernando, ¿Has pensado que tu amigo Juanjo puede ser el mismo 'padre' sobre el que Bruce canta en Factory? Quizás incluso si su trabajo le mata poco a poco él está haciendo lo que tiene que hacer por los suyos. En estos tiempos que corren hay mucha gente 'aparcando' sus sueños para sacar adelante a sus familias y no creo que haya nada de que tengan que avergonzarse. ¿Por que no pudiste hablar con él cuando le volviste a ver? ¿Hay algo de lo que te avergüenzas?...¿O es que simplimente no te gusta tratar con perdedores? Creo que no has cogido el mensaje de "Darkness On The Edge Of Town".

Muy emotivo el post. Me siento muy identificado, sobretodo con Juanjo (tengo 38 años) y a lo largo del tiempo me he dado cuento que mi vida, la de mis padres y en general la del todo el mundo trata sobre los sueños, los rotos, los perdidos, los inalcanzados y las consecuencias de no seguir con esos sueños. Bruce siempre ha cantado a los sueños y a la esperanza. Pero, joder Fernando: GRABALÉ YA EL TERCER DISCO!!!!!!!!

Hermoso texto, Fernando.

Tampoco es pa tanto el artículo, una novelucha personal. A mi me interesa Springsteen, no las historias personales de nadie. Y, jodo, cómo dejas al Corte Inglés. Como para ir a comprar algo allí... Bueno, yo hace décadas que les puse el candado. Vaya precios en sonido, imagen, discos...

Ni hablar, los efectos de la música son múltiples y marcan los momentos de nuestras vidas, y qué mejor que leer una buena historia sobre una de esas vivencias. Yo creo que todos nos identificamos con tu relato y comenzamos a articular nuestros recuerdos en narrativas que se asemejan a la tuya. ¡Cuántos buenos amigos he hecho compartiendo mis discos y platicando sobre los álbunes que me han inspirado! Y del Boss, caray... la fuerza, las melodías, la convicción de pararse de frente a la vida.Me uno a las peticiones: debes de encontrar al Juanjo y cerrar la historia; y cuándo lo hagas, contarnos con tu bella prosa todos los detallles.Un abrazo desde México.

Joder Fernando, grábale el 3º es fundamental!!! sobre las historias sean bonitas o feas lo importante es que son historias, y eso vale mas que 1100 críticas de discos o coñazos de esos. GRABALE EL 3ª busca a Juanjo y si está en Sebastopol te compras un billete y se lo llevas, por que en mi opinión hay que cerrar el círculo, los aficionados a grabar cintas, cd's recopilatorios o albumes y la propia vida te obligamos a que lo hagas. He dormido solo 2 ó 3 horas muchas noches solo por grabarle algo a alguien si créia que lo merecía. Y vaya si me llevé alegrias y satisfacciones.GRABALE EL TERCERO, CrÉCETE y luego nos lo cuentas, esta historia está inacabada.Yo tambien me compré mi equipo de musica en esa tienda, y a plazos.Mas que nunca: VIVA LA MUSICAy VIVA LA VIDA!

Aunque me gustan algunas cosas de Springsteen, no soy un gran fan suyo. En cualquier caso, me ha emocionado la historia. Es increíble las sensaciones que la música puede llegar a transmitir.

Sentirse especial con Springsteen, con la E Street Band......y con este EMOCIONANTE relato. Gracias Fernando.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

TrackBack

URL del Trackback para esta entrada:
https://www.typepad.com/services/trackback/6a00d8341bfb1653ef015434cf0331970c

Listed below are links to weblogs that reference Sentirse especial con Springsteen y la E Street Band:

La Ruta Norteamericana

Sobre el blog

Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

Sobre el autor

Fernando Navarro

. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

La canción del Jukebox

 

Autor: Luther Allison. Canción: Serious. Disco:Life Is a Bitch. Año: 1984. Sello: Encore!/Melodie. Canción pinchada por Pablo J. Martínez.

Participa en "La canción del Jukebox" 'pinchando' una canción. Manda tu selección de música norteamericana con el enlace de Youtube o Vimeo a la dirección @gmail.com e indica tu nombre. Tu canción sonará durante una semana en este Jukebox digital.

Spotify

Spotify de 'La Ruta Norteamericana'

Listas de reproducción temáticas de La Ruta Norteamericana. Música para mover las caderas, engancharse al soul, desmelenarse con guitarras o soñar despierto. ¡Escucha nuestra lista!

PERFIL DE FACEBOOK

Perfil facebook 'La Ruta Norteamericana'

Recomendaciones, noticias y reflexiones musicales en primera persona, un espacio distinto al blog donde conversar y escuchar música.

FACEBOOK: AMIGOS DE LA RUTA NORTEAMERICANA

Grupo facebook 'La Ruta Norteamericana'

Lugar de encuentro sobre actualidad musical y sonidos raíces de la música norteamericana. Otro punto de reunión y recomendaciones del blog de Fernando Navarro pero hecho con la colaboración de todos sus miembros. ¡Pásate por nuestro grupo!

Libros

Martha

Martha. Música para el recuerdo

“Un accidente de tráfico y sus consecuencias despiertan en Javi, un periodista inmerso en la crisis del sector, un torrente de recuerdos y sensaciones que le conducen a su juventud, a esos veranos en el pueblo con sus amigos, al descubrimiento del amor y de esas canciones que te marcan de por vida. Un canto al rock, a la amistad, a la integridad ética y al amor puro”


Fernando Navarro

Acordes Rotos. Retazos eternos de la música norteamericana.

Acordes Rotos. Retazos eternos de la música norteamericana repasa el siglo XX estadounidense a través de las historias de más de treinta artistas, claves en el nacimiento y desarrollo de los estilos básicos de la música popular. Un documento que tiene en cuenta a músicos esenciales, que dejaron un legado inmortal sin importar el éxito ni el aplauso fácil.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal