Sharon Jones, The Blue Magic y el sonido Filadelfia

Por: | 27 de enero de 2012

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A raíz del último disco de Luther Russell, el otro día hablaba de las sorpresas mayúsculas que puede uno encontrarse recorriendo tranquilamente una tienda de discos. Un noble arte (u osadía) que parece tan inaudito entre la gran mayoría que incluso uno se refugia en esa búsqueda particular como si varase en torno a una isla desierta. Queda, como escribía el otro día mi compañero Yahvé M. de la Cavada en relación a regalar discos, como un mundo cada vez más parecido a una secta que se dedica a dejarse el dinero (¡con la que está cayendo!) en comprar “música física”. Necesidad vital o simple tontería, creo que todavía se esconden grandes momentos en el significado de comprar un álbum en una tienda. Si esta es especializada, me atrevo a decir, su significado puede llegar a adquirir una connotación casi adictiva, como la relación con una buena librería, un buen o buena amante o un buen restaurante. 

 

 

Digo esto mientras observo la portada del último número de la revista Ruta 66. Su primera viene presidida por la inconmensurable Sharon Jones, una de las mejores voces de la última hornada del soul norteamericano. Esta ruta sonora ya se ha referido anteriormente a esta cantante de Georgia que comienza el 2012 publicando nuevo álbum. Muy buena noticia. Hablé de ella considerando que era justo el reconocimiento que recibía después de tener una historia personal casi de película de sobremesa. Había pasado años en la cárcel, antes de dedicarse a cantar, y con más de cincuenta años a sus espaldas le llegaba el relativo éxito bastante más tarde que a otras divas que supuestamente se dedican a lo mismo que Jones.

290_portadaCon su R&B elegante bañado de funk, Sharon Jones y sus Dap-Kings se mueven en la órbita del soul de Filadelfia. Así lo dejaban ver en su anterior trabajo I learned the hard way, que recomendé como de lo mejor del año en Babelia en 2010. La primera vez que oí hablar de Jones fue a través de la lectura de revistas, pero la primera vez que escuché eso de sonido de Filadelfia fue en el interior de una vieja tienda, hoy cerrada. Esa referencia estilística, como tantas otras, me permitió acercarme a conocer otros músicos interesantes y abrir los oídos. Como si de un pegamento se tratase, ir conociendo escenas, movimientos o épocas me ha permitido que unos músicos se acoplen a otros, unos nombres complementen a otros, hasta ver que la música norteamericana es una evolución y un conjunto vivo y dinámico. 

En La Ruta Norteamericana, ya hablé de Bobby Robinson y su legendaria tienda neoyorquina Bobby’s Happy House, situada en la calle 125, esquina con Frederick Douglass Boulevard, en Harlem. Allí fue donde el viejo Bobby y su amable dependiente de enorme sonrisa blanca me hablaron por primera vez de ese soul con sus propias señas de identidad. Recuerdo ir preguntando por nombres por todos conocidos pero aprovechar y, con mi inglés macarrónico, pedirles consejo para bucear en su catálogo y recibir recomendaciones de artistas menos famosos a los Otis Redding, Sam Cooke o Aretha Franklin.  

El ayudante de Bobby agarró dos o tres álbumes y los puso en el mostrador para luego pasar hablarme de ellos. Todos formaban parte de lo que llamó soul de Filadelfia y que trataba, básicamente, de unas producciones que habían surgido a principios de los setenta en torno al sello Philadelphia International Records. Me habló de los característicos vientos que se utilizaban en sus grabaciones, así como de unos arreglos ampulosos, diferentes a los del pop de Motown o los crudos de Stax. El viejo Bobby observaba y solo añadía concisos “yeahs” para levantarse de su asiento y acudir a por más discos. Viendo algunas carátulas, muchos de esos elepés me parecían más propios de la música disco pero fue cuando me explicaron cómo había una relación directa con esa época de discotecas y algunos trabajos, antes de caer en el boom de la disco music, guardaban el tacto del mejor funk, entendido como algo moderno, donde las cuerdas y los vientos daban pie a una base instrumental rica y viva. 


20183399-1Me llevé tres discos, entre ellos uno al que hoy acudo como recuerdo de aquel primer día que entré a la tienda de Bobby y supe del sonido Filadelfia. Se trata de un recopilatorio de la banda Blue Magic, que gozaron de reconocimiento durante aquellos años con sus baladas de suave soul. Recordando a Smokey Robinson y sus Temptations Miracles, son canciones estilosas, de una gran riqueza instrumental, que te llevan a disfrutar de ese aire que sopla en esa frontera abstracta entre el soul y el funk urbanos. En algún caso pelín empalagosas pero en otros muy rítmicas y orquestales, que ofrecen otra cara interesante de la música afroamericana y muestran su evolución hacia sonidos acordes a distintas épocas. Eran los setenta, Filadelfia (ahí esta la película de Rocky), la Costa Este y casi todo el país estaban en bancarrota y buena parte de la gente buscaba evadirse con historias románticas y música ensoñadora, a pesar de la aspereza de muchos músicos negros con su entorno. 

Si sientes la grandeza de una mujer como Sharon Jones, te recomiendo, si no lo has hecho, que acudas a la amplia lista de artistas que formaron parte de eso que se dio en llamar soul de Filadelfia. Si quieres conocer más, te recomiendo que te dejes caer por las cada vez menos tiendas especializadas en música que hay en nuestro país. Piérdete en ellas y pregunta. No solo descubrirás, seguramente, la mejor música que te acompañará para el resto de tus días, y con mejor certeza que picar de Internet, sino que además asociarás ese disco o discos a ese momento personal. Yo no hay día que no me acuerde del viejo Bobby, tan sordo como una tapia, cuando pincho mi disco de Blue Magic, o leo o escucho hablar del sonido de Filadelfia. No hay palabras. Solo música. 

  

Hay 10 Comentarios

Hola Fernando; muy emocionante el articulo, me gustó muchisimo sobre todo la parte donde narras tus vivencias en esa tienda de discos neoyorquina y también el parrafo final. Increible para mi ya que soy un amante del sonido Filadelfia y todos sus derivados.
Enhorabuena saludos. Te sigo

Vaya, Fernando, ya era seguidor tuyo desde el periódico físico y empecé hace poco con el b-log. Qué descubrimieinto me acabas de hacer! estoy este año viviendo y trabajando en San Francisco, hoy mismo me voy a Amoeba records a ver qué encuentro de Sharon y los Dap-Kings. Fisicamente hasta te diría que me recuerda a Lola Flores.
Lástima que spotify me hace pagar para acceder a mi cuenta desde otro país (tengo que arreglarlo) porque megustaría ver y oir tus listas.
Por cierto, he puesto un enlace a un video de Sharon en mi blog http://Par-nassus.blogspot.com
Un saludo desde el Golden Gate Park
Pedro

Hola, que buen articulo, y que me encantaría estar perdido toma mi vida en musica como esta.

Wray: Gracias por el apunte. Escribir el artículo de madrugada, tras un día de mucho trabajo, hace que te líes con las bandas. Pero ya está corregido.

Jacques: Tienes razón. Creo que me expresé mal en mi texto. Gracias por puntualizarlo.

A todos, gracias por pasar con vuestros comentarios por el blog.

Salud!

Si quedan pocas tiendas de discos en Madrid, qué os puedo contar en Salamanca, donde resisten tres tiendas heróicas, como la aldea gala de Astérix, frente a las tropas imperiales de varias grandes superficies. Pocas cosas mejores que pasar un rato con la cabeza inclinada sobre una mesa repleta de grabaciones entre las que (intuyes) encontrarás una que te ayudará a sobrevivir. Pocas cosas mejores que charlar con el encargado cuando sabes que sabe (y te has ganado su confianza si es un pelín seco, como comentaron antes con acierto) y te va a guiar hasta dar con el disco perfecto de ese grupo o ese tipo del que has oído hablar en internet o en el trabajo o en la calle o en la boca de un amigo.
Los fetichistas del objeto (el disco, el libro) debemos defender, aunque no sé como, las tiendas de discos y las librerías, esos lugares donde, al menos durante unos minutos, el mundo deja de moverse y todo permanece quieto.
Me gusta el artículo. Te escuché en r3, en "Carne cruda" y me gustó la música. Enhorabuena.
Un saludo

Hola Fernando,
Veo que para compensar tu momento Pop traes una artista de categoría: "peso pesado", no muy conocida pero de un nivel fantástico. Una entrada muy vigorizante te ha quedado ;-)
Saludos

Hey, es Smokey Robinson and the Miracles.Los Temptations son otros, aunque con mucha relaciòn entre ellos
Sonido Philadelphia: Harold Melvin and the Blue Notes, con su temazo `'Wake up everybody'

Gran artículo, si señor. Comprar en tiendas de discos (que no sean las de grandes cadenas y supermercados de la cultura) no es tanto una cuestión de nostalgia, como de querer conocer y descubrir no solamente estilos, grupos y álbumes, sino (sobre todo) saber de qué va lo que hay detrás de ellos... Y si tienes a alguien que te cuenta la saga y movidas completas, prueba de discos incluida, ya es todo un gustazo (cuando el dependiente / dueño de la tienda de discos no es un pelín seco, jejejeje... Aunque le acabas echando de menos si echa el cierre definitivo).

Supongo que igual eso es algo muy "vieja escuela", no sé... Pero en el fondo, la música y la subcultura son (en parte) escuelas de la vida, y cuando uno tiene / tuvo buenos profesores, pues ya se sabe, ¿no? (;

¡Gran Blog, sigue ahí con ello! Saludos

Bonito y nostálgico artículo.
Es verdad que cada quedan menos tiendas de discos. Una pena, la verdad. Los que vivimos en Malasaña tenemos una doble suerte: estamos en el barrio más cool de todo Madrid y todavía se conservan esas tiendas especializadas que comentas. Además el soul, el blues, el jazz y el funk son los estilos favoritos.

Con respecto a Sharon Jones, me encanta. Me gusta el viraje que ha dado en su último disco. Estoy deseando que venga a Madrid. Me parece que en marzo tendremos suerte... ;)

Un saludo

Pasó años en la cárcel? Yo tenía entendido que era funcionaria de prisiones...
Sea como fuere, una gran cantante, me encantó el "I learned the hard way".

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. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

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