Oda a la cultura popular con The Long Ryders

Por: | 08 de febrero de 2012

Cultura
La familia Joad. Fotograma de Las uvas de la ira (novela de John Steinbeck) de John Ford

Decía el historiador Eric Hobsbawn en su imprescindible libro Historia del Siglo XX que el siglo XX ha estado protagonizado en el mundo de las artes por la gente común, cuando el arte ha sido hecho por y para la gente corriente.  Y se refería a cómo, desde los primeros años del siglo, la cultura se fijaba en las costumbres, tradiciones y quehaceres del ciudadano de a pie, especialmente en Estados Unidos, con el nacimiento de la fotografía, la consolidación del reporterismo, el desarrollo del cine como fenómeno de masas y la música como vehículo expresivo sin parangón.

Con la gente corriente como protagonistas de un siglo donde, finalmente en más ocasiones de las deseables, la cultura ha terminado por ser mercancía barata, tendencia enfermiza o simple banalidad comercial, conviene detenerse en nombres esenciales en el desarrollo de la música popular. En el caso de esta ruta sonora, de la música popular norteamericana. En muchas ocasiones, nombres conocidos por un amplio público. En otras tantas, nombres absolutamente desconocidos para la gran mayoría. En unas y otras, creadores de verdadera cultura, entendida esta, como dice el gran Emilio Lledó como “educación en la libertad”. Desconocidos para unos, adorados por otros, pero siempre verdaderos creadores, instigadores de la libertad individual con sus guitarras y sus melodías, The Long Ryders forman parte de esa cultura en la que creo, a la que se refiere Hobsbawn.

Album-The-Long-Ryders-Native-SonsHoy, pasan por esta ruta al reeditarse su primer y fabuloso disco, Native Sons (Frontier/Karonte), publicado originalmente en 1984. Se trata de un álbum esencial para entender el desarrollo de la música popular estadounidense en los ochenta. Como anunciaron en su trabajo de debut, The Long Ryders se reivindicaban como hijos nativos de una cultura musical, que fue evolucionando desde Woody Guthrie, Hank Williams, Bob Dylan hasta The Byrds, Buffalo Springfield o Big Star. La reedición de Native Sons, acompañada de jugosos extras y tomas en directo, vuelve a poner sobre la mesa el valor de esta formación que, a partir de la base tradicional, avanzó hacia el futuro, diseñando un lenguaje musical nuevo y efusivo, propio de una juventud norteamericana que buscaba librarse de las cadenas impuestas por una industria del entretenimiento que quería alimentar a sus potenciales consumidores con productos de riesgo nulo como Duran, Duran, Lionel Richie, Chicago o Phil Collins. Pero no solo era falta de riesgo, era también que aquellas superestrellas no hablaban de sus problemas ni dibujaban en sus letras la realidad imperante entre los chavales de las ciudades en la América de la era de Ronald Reagan. Todo era tremendamente empalagoso y superficial mientras el país estaba marcado por los recortes sociales, la decadencia urbana, el conservadurismo moral y las ansias de victoria militar y política contra los soviéticos en los años finales de la Guerra Fría.

Gusten más o menos, The Long Ryders, como todo ese reguero de jóvenes grupos que formaron lo que en España se llamó Nuevo Rock Americano, eran cultura. Cultura popular. Porque Sid Griffin, Stephen McCarthy y compañía eran capaces de traducir su panorama humano en música real, certera, afilada, sentida. Música que liberaba y te hacía sentir especial.

En la presentación de mi libro el viernes en Madrid, decía Diego A. Manrique (al que agradezco muchísimo su apoyo, como a Fernando Neira, Toni Castarnado, Edu Izquierdo y Alfred Crespo, todos ellos invitados a las presentaciones en Madrid y Barcelona) que, echando un vistazo a los protagonistas de Acordes Rotos, valía la pena fijarse en la lista de nombres que hicieron música trascendental sin necesidad de subvenciones. Reflexionaba sobre esa posibilidad de crear arte sin tener que pensar en las ayudas económicas de las instituciones o los programas de marketing de las discográficas. Lanzaba preguntas sobre el panorama en España y ese mundo de la cultura que se moviliza cuando parece que la cultura forma parte de un programa concreto, y lanzaba preguntas sobre cuál es el verdadero motor de la creación.

Long-ryders1A fin de cuentas, en mi opinión, la fuerza de la música popular está en su latido interno, en su propósito de contar historias, trascender con pequeñas cruzadas humanas que terminan por hacerse universales. Porque, escuchando radios, leyendo periódicos o viendo programas, lo malo de hoy en día es que cuando se habla de música se habla de todo menos de música. Tal vez, porque a la gran mayoría no le interesa la música y sí todo lo que la rodea y la desvirtúa.  

En estos tiempos de crisis (crisis económica, de valores y de derechos), donde los mercados cambian Gobiernos y los políticos exigen sacrificios por irresponsabilidades cometidas por ellos o las corporaciones, bancos o grandes empresas que tienen beneficios muy superiores a comunidades enteras de personas en distintas partes del mundo, conviene reivindicar la cultura. Y la música popular es cultura. Reivindicar la cultura en el sentido que le oí a Emilio Lledó, recientemente (y otra vez), en una entrevista con Iñaki Gabilondo. “Ante el economismo actual, que todo lo domina, conviene defender la naturaleza y la cultura”, decía Lledó. ¡Cuánta razón! Por mucho que nos quieran hacer creer que somos cuantificables, productos, bajas o altas, números de una economía incontestable, somos naturaleza y somos cultura.

Por eso, hoy, en esta Ruta Norteamericana, solo quiero recordar el legado de esos semidesconocidos llamados The Long Ryders para sumarme a la defensa a ultranza de la cultura. Parafraseando a los Ryders, todos somos hijos nativos de nuestra cultura. No conviene renunciar a ella porque nos define y nos defiende de las mentiras, las medias verdades y los intereses poderosos de esos que solo piensan en cifras o en acaparar más poder. Pueden ser los Long Ryders como Charlie Parker, Robert Johnson, Bob Dylan, Odetta, Eddie Cochran, Bo Diddley, Elvis Presley, Jimi Hendrix, Townes Van Zandt, The Ramones, Steve Earle o Vic Chesnutt. O pueden ser Camarón, Caetano Veloso, Chavela Vargas, Serge Gainsgbourg, Los Tigres del Norte o The Clash. Cultura como una educación en la libertad. Hoy, tan importante como siempre. La libertad que da hacer tuyo, por ejemplo, ese sonido entusiasta, apoyado en los riffs de una guitarra eléctrica que busca sonar como el polvo del desierto al viento de media tarde. La libertad que da escuchar Still Get By, de The Long Ryders.

 

Hay 16 Comentarios

Uf! , pues me he puesto colororado ':]

ALEXCRIVI: Nada que perdonar!! En serio, ni un poco! Y ni te imaginas lo que me mola ver tu firma en esta ruta norteamericana y tus siempre interesantes reflexiones. Salud!

Bueno Fernando, perdóname si te he resultado agrio. Nada que objetar a los gustos, of course, solo que los riffs, o la melodía o los arreglos, lo que quieras de esa canción no me parecían nada desérticos. Por otro lado, el Empire es bien reconocible por todo el mundo, aunque como el del chiste, hayamos estado en Nueva York un número de veces igual a una o ninguna (en contestación al otro que decía: "yo habré estado en N.Y. dos o tres veces"). Un Chevy del '55 se lo puede uno imaginar más o menos. Aunque color y pintura sean diferentes según lo lleve Waits o Don Henley, qué duda cabe. Pero disculpa otra vez y muchísimas gracias por dar cuerpo a todo esto. De corazón. P.D.: Ahora que, vaya temazo el "Jimmy Boy", no me digas que no.

Hola,

Ferrán Blasco: Gracias por lo que nos pasas. Como siempre, tu blog es una estupenda parada para repostar.

Chema: Mil gracias por tu mensaje. Enriquecedor.

ALEXCRIVI: Ya sabes que sobre gustos, colores. Pero para mí The Long Ryders fueron tan buenos como Green On Red o Dream Syndicate. Las tres formaciones me gustan mucho. Dicho lo cual, lo interesante de todo esto es debatir y tener diferentes puntos de vista.

Y, hombre, yo creo que no pasa nada por ser madrileño y hablar del polvo del desierto o de la torre de Pisa o el Empire State. ¿No lo hacemos con el rock? ¿No lo hacemos con el cine, la literatura latinoamericana? Es más bien una forma de intentar referirse a unas sensaciones que desprende la música. Al menos, así lo veo yo, que cuando Tom Waits canta sobre su viejo Ol'55 no hace falta tener ese coche, viajar por esa misma carretera californiana para sentirte igual de solitario, abandonado y deseoso de algo que no sabes explicar. Yo no tengo nada que decir de ese Ol'5 con mi pequeño Pegüeot pero sí tengo que contar que esa música es noche pura y solitaria a más no poder. Noche americana y madrileña.

Por lo demás, más que licencias poéticas lo que hago, creo, es tirar de citas que me ayudan a explicarme mejor o peor, pero que sin ellas, seguramente, no me habría sentado a escribir y la música no se habría transformado ante mí en lo que es ahora. Y mil gracias por dejar tus comentarios, como siempre.

Gracias también al resto!

Licencias poéticas aparte, más o menos acertadas (no sé que podemos decir los madrileños sobre el sonido del polvo del desierto a media tarde), los riffs de los Long Ryders me suenan más a Picadilly Circus o Camden Town en blanco y negro. Nunca me llegaron. Entre la selección de cualquier cinta c-90 de la época, estos eran pasados rápidamente. Esto era otra cosa: Green On Red con la canción quintaesencial http://www.youtube.com/watch?v=FufPO6YxA5I
que tiene más que ver con los escalofríos que suben por la espina dorsal hasta rellenar toda la barba cuando entra el órgano, que con lejanos desiertos. Gran parte de la estupenda lista que propusiste como lo mejor del 2011 está en esa canción aunque con menos fuerza, claro; es imposible. Y mira que te agradezco lo de Dawes, a los que pienso ir a ver el 29 en Madrid y de los que pillaré un cd al menos. Lo de los Cramps dentro del NRA, no me suena nada.

Hola, Buen Articulo aun recuerdo cuando compre ese lp poco antes de irme a la mil.

Tiempos en los que la derecha perdia el poder y el psoe prometia 800.000 puestos de trabajo era de Reagan y Tacher, tiempos de crisis tiempo de grandes mentiras a la sociedad civil y al mundo en cantidades nunca vistas hasta entonces.

Pues bien ahora todo aquello, parece una pequeña broma o un chiste de Eugenio, comparado con lo que esta sucediendo ahora. Y no pasa nada y no hacemos casi nada o nada.

Ahora mas que nunca escucho esos discos como Native sons, ahora mas que nunca su musica me hace coger aire, ahora mas que nunca se necesita musica y músicos que sean como huracanes de aire limpio, ahora mas que nunca hace falta la musica popular.

Pero ahora mas que nunca nada es igual para la musica popular, la musica popular lo tiene tan difícil para resurgir, tanto como un parado griego, las troikas y lobbys de la industria ya se encargan de ello.

Apuntar que Sid, tiene un grupo los Coal Porters donde se ha metido de lleno en la musica de raíces y popular y es una gozada oirles tocar covers de Neil Young, por ejemplo.


Ahora mas que nunca no se puede perder el refugio de la musica popular de verdad.

Salud y suerte.

Pd: Los mas increíble de todo es que los hijos y no tan hijos de las generaciones de los 60 y 70 son los que ahora gobiernan el mundo, y me pregunto que aprendieron de esos años, que les enseñaron, para que hagan lo que hacen con tanta inquina y desidia al resto del mundo, Que Aprendieron por Ejemplo Merkel, Zarkosy, Berlusconi y otros tantos como ellos, en que mundo vivieron en esos años que les dejo la cultura popular de esos años a estos tipos. Me pregunto.....

Es curioso que perdure la etiqueta de Nuevo Rock Americano, que englobaba tanto a este grupo, como a los Cramps, Violent Femmes, Dream Syndicate, Green on Red, Del Fuegos... En EEUU creo que no usan esa etiqueta, y a los Ryders los colocan con "country alternativo" y "Paisley Underground". Eso sí, los grupos eran todos excelentes, cada uno en su estilo. Cuando yo era un chaval los Ryders tuvieron un gran éxito con "Looking for Lewis and Clark", de su disco "State of our union". Era una de las pocas canciones rockeras que se podían escuchar por los bares, nos poníamos eufóricos cuando sonaba. La secuencia La-Sol-Mi menor todavía me alucina.

Hola Fernando,
Confío en que ya estés algo recuperado de la promo del libro (imagino que aún debes estar en ello pero e menos ritmo). El disco que traes hoy es de esos que solo asocio con una palabra: fundamental, hace tiempo hice una entrada llamada guijarros (http://ferranblasco.blogspot.com/2011/10/guijarros.html) donde esta obra hubiera encajado de maravilla.
Saludos
Estoy totalmente de acuerdo con FICO, me encanta como escribes

No nos olvidemos de mencionar a los fabulosos Dream Syndicate

eran mis favoritos de eso que se llamo el NUEVO ROCK AMERICANO y que incluia gente como rem,violent femmes,the del fuegos etc.tengo sus 3 primeros discos y debe tener merito viviendo en tenerife.

Un dia de estos estoy por bajar las cajas de Lps del armario y revisar aquellos discos de los 80, entre ellos los Long Ryder. Saludos.

Compré el disco al año siguiente que salíera y los ví en vivo en mi ciudad, en Italia en Dic.1985...excelente concierto y muy buena gente, muy amables...paseandose por el local.
Lo unico para mi es que el disco sufre de esa tipica producción ochentera, especialmente como suena la batería...podría haber sido aún mejor. La portada es un homenaje a un disco de Buffalo Springfield que nunca se editó...busquen 'Stampede'...

Tengo los tres primeros discos del grupo en formato vinilo, cuando vinieron a Madrid, fui a verlos, y cuando llegue a casa esta tarde, voy a volver a escucharlos los tres discos seguidos.

Tal vez no llegara a las masas, pero desde luego entre mis amigos y conocidos no pasaron desapercibidos. En esa época todavía se encontraba con facilidad música que tenía raíces. Como decíamos entonces eran "auténticos".

Compre en su dia este lp en vinilo. Como bien dices los tiempos no eran propicios para este disco. Con el tiempo se ha reivindicado como un disco importantisimo para lo que luego ha supuesto la musica de raices, pero en su dia no se le otorgo esa importancia, la critica y gran parte del publico estaba a otra cosa. Por cierto, tengo que decirte que escribes de maravilla.

Recuerdo la impresión que me causó Native Sons cuando se publicó en los 80. Y todos aquellos grupos del NRA. Era como una forma de descubrir que no estaba solo, que aquellos sonidos de raíz americana que me gustaban aún en aquel momento tenían vigencia.
Y Sid Griffin sigue hoy haciendo lo que le gusta, ajeno a modas y "culturas" de unminutodevida.

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Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

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. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

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