Carreteras solitarias con Ryan Adams

Por: | 24 de diciembre de 2012

1252292198yEzaith

Supongo que recuperé viejas canciones y mezclé acordes y sensaciones olvidadas. Supongo que Ryan Adams volvió a sonar con intensidad. Quién sabe. Estas fechas tan señaladas en los calendarios siempre fueron traicioneras. Algunos se emborrachan hasta el desmayo, otros rezan hasta el autoengaño y otros huyen como el diablo. Yo, simplemente, regreso a la carretera, con la música como única compañera. Posiblemente, también sea una huida porque regreso a una especie de vía de escape: conducir de noche mientras escucho discos cuidadosamente seleccionados. Conducir de noche como un extraño modo de supervivencia conmigo mismo. Suena Ryan Adams pero también la que fue su banda, Whiskeytown, clásicos de mis andanzas en el coche, autores de sonidos que resguardan mi soledad.  

Cuelgan las estrellas, como cuelgan mis pensamientos, y la carretera se estira infinita bajo la luna. El folk rock de Whiskeytown se desliza como un hechizo nocturno. Suave, delicado, etéreo sobre todo lo que me quema. Recuerdo noches de antaño, viajes infinitos, siempre con la música como verdadero refugio. Recuerdo deseos auténticos. Seguramente, no haya sitio en este ancho mundo donde más puedo saber quién soy y quién no soy, qué quiero y qué no quiero, qué descubrí y qué perdí, que en el interior del coche con esas canciones que pasan por tu alma como el polvo estelar surca el firmamento. Lo cantaba Bruce Springsteen en Growin’ Up: “Tengo un lugar en las estrellas... te juro que encontré la llave del universo en el motor de un viejo coche aparcado”. 

Tumblr_lkg75bkId71qz834eo1_400Pero hoy, en mitad de este viaje, no puedo saberlo. No puedo intuirlo. Conduzco aturdido. No me lo quito de la cabeza: la chica de ojos verdes lloró mis lágrimas. Me acerqué a ella sin más escudo que mi despiste. En la autopista esperan varados decenas de hombres, más bien centenas, cualquiera con dos dedos de frente, que morirían por un segundo de su tiempo. A mí me dedicó mucho más que a la gran mayoría, y me regaló sus sonrisas contagiosas, mientras este mundo se derrumba, mientras yo persigo fantasmas del pasado, mientras la dedicaría la canción más arrebatadora. Cómo no temblar, como no creer que merece la pena ese instante, esa noche pasajera, si cada día nos recortan un poco más nuestro futuro. Destruyen con habilidad y sin demora lo que tanto se tardó en construir, por lo que ella pelea, en lo que yo creo. Pero no solo el mundo se cae a pedazos, yo tampoco conduzco con el mismo rumbo. Me parece un viaje suicida pero al menos siento que estoy vivo. Con el motor en marcha, creo que se lo digo con frases inconexas a la chica de ojos verdes o, por lo menos, lo pienso: no hay nada de malo en desearlo, podría ser una opción. Quisiera odiarme por ello pero supongo que la música es más fuerte.

Vuelvo a obsesionarme con canciones. Vuelvo a escucharlas una y otra vez. Ryan Adams, ese niño prodigio del rock norteamericano tan disparatado como talentoso, siempre cantó a la soledad sentimental. Sus mejores canciones son anhelos llenos de magia. El de Jacksonville oculta más de lo que muestra y cuando su armónica se te clava, cuando sus acordes te atraviesan, reconoces tu fragilidad. Su último disco, Ashes & Fire, podía perfectamente ser el disco más escuchado del 2011, el más bello e hiriente, el que te reencontró con una parte de tus silencios. Irregular y divino al mismo tiempo, Ryan Adams consigue, cuando da con la tecla, despojar a la música de todo artificio, la reduce a su esencia, a su fuego primario. Consigue prenderte. Incluso en trabajos secundarios como el EP 48 hours hallas esa chispa gloriosa de folk-rock del siglo XXI en canciones como Angelina

 

Recuerdo otros tiempos, no tan malditos ni baldíos como estos. Recuerdo cuando vestía orgulloso la cazadora de cuero de la tienda de segunda mano o me gustaba que los vaqueros se me rasgaran. Entonces, me grababa cintas de cassette durante la noche. Me partía la cabeza por grabar la cinta perfecta para la chica de la parada de autobús o para el amigo del parque. Seleccionaba temas, escribía borradores, rebobinaba sin miedo. Entre las tantas cintas temáticas que me hacía por mi cuenta, recuerdo una con canciones de nombres de chicas. Sara de Bob Dylan, Sandy o Rosalita de Bruce Springsteen, Layla de Eric Clapton o Lucille de Little Richard, entre otras. Nunca llegué a tener una con Angelina de Ryan Adams. Hoy la incluiría sin dudarlo en una cassette imposible, aunque solo fuera porque el bueno de Adams nunca me ha fallado en mis viajes solitarios en el coche. 

WhiskeytownPneumoniaTe pasas media vida queriendo tenerlo todo y, al final, puedes quedarte sin nada. Te pasas media vida queriendo controlarlo todo y, al final, puedes salirte en el desvío más imprevisible, coger la curva equivocada. No digo que no, pero tampoco quiero que, como cantaba Springsteen en Pointblank, me disparen a quemarropa, justo entre los ojos, que se sucedan las mañanas, que se reduzca todo a un cheque y a ir muriendo mientras cumplo el expediente. No lo quiero porque he conocido la muerte, porque conozco mi soledad, porque hubo un tiempo que nada era más importante que creer en las canciones, amarlas, hacerlas mías. Porque creo que todavía sé lo que es tener sueños. 

La chica de los ojos verdes me habla de magia. Yo solo asiento mientras miro por el retrovisor del coche aparcado. Tal vez, solo sea la sensación original de lo que estemos hablando. Esa que siempre reconoces. Única. Cuando la notas, apuestas por ella. La chica de los ojos verdes es una heroína. Cuando se desliza como una melodía en el día a día, en la rutina, en las mañanas grises y descorazonadoras, todo brilla a su alrededor y los demás temblamos. Es estupenda. Es admirable. Después de todo, siento que decírselo es mi único papel en una película sin final feliz donde tengo el rol de secundario.

Pasa la vida. Pensaba en ella y en la música en el coche, recorriendo carreteras nocturnas sin rumbo. Pensaba en sus lágrimas, en las mías. En el compromiso y en el anhelo. En los mensajes que uno no capta o interpreta mal. En las fantasías y la cruda realidad. En el año que acaba y todos los motivos que tienes para vivir el siguiente. Pero, sobre todo, pensaba en que lo que venga no puede pillarnos tristes pese a que, a lo mejor, lo estemos, pese a que, seguramente, nos estén robando desde muchos frentes cada día un poco la alegría. Puede que conduzca aturdido pero siento cada canción que suena en el viaje. La misma música que me llevó a desear lo que no tenía programado es la que me lleva a decírselo: no estés triste, como te cantan, como me cantan, como nos cantan Whiskeytown. Cuando vence la noche, siempre nos queda la luna. Cuando tememos ser las personas que no queremos ser, siempre surge una sonrisa como la tuya para iluminarnos el camino. Porque, sencillamente, chica de ojos verdes, con gente como tú, siempre habrá soñadores, aunque sean solitarios y repletos de dudas como yo. Siempre merecerá la pena soñar. 

 

Hay 19 Comentarios

Enhorabuena, uno de los artículos más personales y emocionantes que (te) he leído en mucho tiempo.
¡Feliz 2013!

Gracias absolutas, totales y eternas. Te abrazo con el alma y con la esencia de esas lágrimas que compartimos en mi coche, que no estaba precisamente aparcado.

mis ojos verdes están llenos de lagrimas...

feliz 2013!

Concho, que me dan ganas de ponerme lentillas verdes...

Precioso texto. Yo ando bastante metido en Whiskeytown ultimamente. Me han dado ganas también de darle una oportunidad a Ashes & fire.

¡Saludos!

Gracias por este relato, mañana me levantaré con ganas de vivir cada momento intensamente, gracias de todo corazón.

No soy objetiva con Ryan Adams, al que cariñosamente llamo mi pelos guarros favorito. Hace años que decidí que para mi es un genio. Pocos artistas me evocan tantos sentimientos, así que esta entrada me ha resultado maravillosa.

Me pongo Angelina en tu honor, Fernando, y subo mi apuesta al maravilloso Everybody Knows Ep.

Espero que pases muy buenos días.
Un abrazo!

Maravilloso texto, maravillo descubriemiento ya que desconocía la existencia de Ryan Adams. Llevo una hora disfrutando de su música. Gracias y Feliz Navidad.

Carlos, gracias por tu sujerencia sobre Jason Isbell. Lo he conseguido y es una preciosidad. Saludos cordiales y feliz Navidad.

No se si me gusta este texto , pero creo que es honesto y sobre todo comparto la opiniòn de fondo , hay canciones que son necesarias porque calman el desasosiego de los tiempos y del espiritu.

Feliz Navidad.

Es una gran fecha para recomendar el mejor álbum de lo que va de siglo (13 años):
El 25 de Septiembre de 2000 salió`` A rock in the weary land´´,el primer álbum después de 7 años de The Waterboys(Mike Scott publico 2 con su propio nombre con un rotundo fracaso comercial).

LA MITAD DE SUS FANS SE APARTARON,LOS CRÍTICOS FALLARON PORQUE ES UN DISCO MARAVILLOSO,NO SUPERADO DESDE ENTONCES Y VAN MÁS 12 AÑOS Y 3 MESES.
Is she conscious?
My love is my rock in the weary land
We are Jonah
The CHARLATANS LAMENT
THE WIND IN THE WIRE
LET IT HAPPEN
It´s all gone
Crown,etc..........

SEGUIRÁ VARIOS AÑOS MÁS COMO EL MEJOR DEL SIGLO XXI PORQUE EL NIVEL ESTA BAJANDO A LA CARRERA.....

MASTERPIECE.

ENJOY A ROCK IN THE WEARY LAND COMO DIJO ISAAC,EL PROFETA........

.

Hablando de Ryan Adams...
¿No os ha parecido maravilloso el "Live from Alabama" de Jason Isbell and 400 Unit? ¿O soy yo el único loco que ha escuchado este disco?

Hola!!
Tienes habilidad para hacer que tus historias se conviertan en mias, recordando mi vida y eso hace me emocione con las canciones y con el texto hasta llorar y llegar a un estado que no se describir, no solo se sentirlo y vivirlo.

Grande!!

Gracias mil Fernando por este maravilloso regalo de Navidad....Ryan suena ahora en casa. Gracias por ponerle palabras a todo lo que este músico y otros pueden hacer sentir en el viaje de la vida. Feliz Navidad!

Sombrerazo. Feliz Navidad Fer.

Ah! Y reconocimiento también al comentario de manu3, en recuerdo al tristemente desaparecido John Martyn, un artista mayor desdén el primer al ultimo disco. Y ese Angeline...qué maravilla.

Chapeau! Fernando. Identificado plenamente, también me fundo con la canción y el mensaje de "Night Drive" (...drive like the devil...put the pedal to the metal) en el hasta ahora último trabajo editado "A GOOD THING", que sigue siendo lo que más sentidamente oigo y oiré hasta que publique otra vez el gigante italocanadiense. También me gustó mucho el "Ashes", pero nada me llegó tantas veces como lo de "City and colour", Little Hell. Felices fiestas!

Este me lo han publicitado como unas 10 veces pero nunca he visto el momento.
Ahora estoy repasando The Waterboys,y pienso pasarme a The Smiths y Morrissey lo que queda de fiestas.
A ver si para el 7 de Enero me pongo a la obra y descubro a fondo a Ryan Adams(lo he oído varias veces en Radio 3 pero como el que oye llover).
Espero que sea superior a Steve Earl porque con Steve me llevé un planchazo.
Recomendación especial para esta noche especial:

The Christ in you de The Waterboys extraído del álbum de 2003 Universal Hall grabado en Findhorn,Escocia:el centro espiritual creado por Eileen Caddy hace 50 años.

Es alimento para el alma.

Espero que sepáis disfrutarlo,ESTA ACOMPAÑADO Y POR STEVE WICKHAM Y SU FABULOSO VIOLIN.....

Hola Fernando.
Fantástico viaje con la luz de los focos rasgando la oscuridad de los recuerdos.
En mi cinta de noventa no todos son americanos y la Angeline de Ryan se confunde con la Angeline de John Martyn, prima-hermana de AngeLou de Morrison, cuando la carretera entra en curvas es la Angeline de los Allman la que viene al rescate, pero ya se sabe que los Allman tienen canciones para todas las chicas, para todas las carreteras.
Lo dicho, no hay nada que pueda compararse al verde de algunas carreteras solitarias.
Gran Artista el Ryan Adams y gran entrada esta. Felicidades Fernando.

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Viaja por el pasado, el presente y el futuro de la música popular norteamericana. Disfruta del rock, pop, soul, folk, country, blues, jazz... Un recorrido sonoro con el propósito de compartir la música que nos emociona.

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. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

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