High Hopes: Todo menos esto, Bruce

Por: | 24 de enero de 2014

Springsteen600

El mensaje es bastante claro: Bruce Springsteen quiere que la máquina, su gran máquina de rock de estadios, concienzudamente engrasada desde hace años, al alcance de todos los públicos, disponible en todas partes del planeta, siga funcionando. Que no se pare lo que todavía no ha dado señales preocupantes de fallar. El mensaje, por tanto, parece evidente: High Hopes es la excusa perfecta para seguir de gira, divirtiendo tanto a su autor y a su renovada banda como al numeroso personal, al tiempo que la caja registradora sigue sumando millones de dólares. Perfecto. Pero conviene apuntarlo: High Hopes, un trabajo cuya mayor virtud es su falta de pretensiones, no dice nada bueno, artísticamente hablando, del actual Bruce Springsteen, un músico que ya no es que luche contra su glorioso pasado de los setenta y los ochenta, aún vivo en la memoria colectiva, sino que se enfrenta a su propia diatriba como artista cercano a la vejez, que con este disco elige un camino tan insustancial que eleva la voz de alarma. Porque High Hopes está poco trabajado y cosido, como si no tuviera nada que ver con el significado de un álbum, o, lo que es peor, está trabajado con unos resultados intrascendentes. De esta forma, para este escribiente, solo hay una de dos: High Hopes ni siquiera será recordado como un verdadero disco de Springsteen o, aún más preocupante, será el punto de inflexión de este músico de un talento incuestionable hacia la etapa definitiva instalada en el insulso mainstream de la radiofórmula norteamericana, donde ni pincha ni corta para la historia, pero todo en números funciona. 

High Hopes no se puede entender como un álbum con todas las de la ley, menos aún en el concepto de lo que viene siendo esto en un tipo como Springsteen. Tan hábil como ha sido desde siempre su entorno mediático, dirigido por él mismo y Jon Landau, la jugada ha sido venderlo como un disco distinto, una obra que ofrece un prisma diferente e interesante de esta megaestrella, icono de la música norteamericana del último medio siglo, que conserva intactos a sus 64 años los halos de colega de toda la vida y de rockero que nunca muere. En palabras del propio cantante, en la nota promocional, se trataba de reunir “las mejores piezas inéditas de la última década”. Pero partamos de un hecho, que el propio Springsteen ha ido confirmando con sus declaraciones y su tímida, sino nula, defensa de un discurso consistente con respecto a este disco, como hasta ahora nos tenía acostumbrados con todos sus demás trabajos, incluidos otros irregulares, en esa apresurada necesidad de mezclar descartes y nuevas composiciones, como Devils & Dust y Working on a Dream: High Hopes es una colección de canciones. No es un álbum. Así lo terminó revelando en una larga y fructífera entrevista el productor Ron Aniello en la revista Rolling Stone. Son canciones sueltas de un buen puñado que había que ir juntando, como en un rompecabezas, para sacar un disco. Y salió High Hopes. Un descuadre, sin nada que lo distinga para destacarlo.

BruceComo colección de canciones, de hecho, no aporta casi nada que remueva el alma. Más allá de comparar con la irrepetible época pasada de los setenta y los ochenta, donde ya en 2010 el oyente pudo maravillarse con el archivo aún disponible en el viejo baúl con The Promise, ese brillante doble disco de descartes de Darkness on the Edge of Town, este nuevo trabajo no añade casi nada positivo para con el Bruce Springsteen actual o, mejor dicho, el de los últimos 20 años. High Hopes no viene a ser mejor que, por ejemplo, el tercer disco que acompañaba al recopilatorio The Essential, editado en 2003, y donde se incluían temas como Missing, Trapped, Held Up Without a Gun, Code of Silencie o Viva Las Vegas, entre otros. De hecho, High Hopes debería haberse incluido más como un acompañamiento a un recopilatorio que venderse con los humos de nuevo trabajo. Porque es así. Nos han vendido High Hopes como un nuevo disco, y no lo es. Está formado por 12 temas, entre descartes desde el 2002 hasta este momento y otras canciones, ya editadas antes, que volvieron a grabarse como “The Ghost of Tom Joad”, “American Skin” o “High Hopes”, una composición de Tim Scott de The Havalinas. Incluso se rescatan sesiones donde participaron Clarence Clemons y Danny Federici. Conclusión: este nuevo trabajo viene marcado por la ley del mínimo esfuerzo. Pero hay algo peor: su contenido termina por ser intrascendente para alguien de la categoría de Springsteen, que lejos de sus mejores días como compositor, dotado con un prisma callejero divino y poético, todavía ha dado muestras en la última década de saber mirar a sí mismo y a su entorno para crear canciones de calibre. Pero en High Hopes la indefinición es absoluta, mientras se cuelan canciones ya grabadas o versiones de otros grupos como la propia “High Hopes”, “Dream baby dream”, de Suicide, o “Just like fire would” de The Saints, emblemas del punk australiano. Estas dos últimas bastante logradas en su propio terreno pero que no dejan de ser anecdóticas en su cancionero.

Una cosa es cierta: con este trabajo, Springsteen ha querido liberarse de los grandes relatos a los que normalmente suele apelar en cada disco. Ok. Pero esa falta de pretensiones, que permite ver High Hopes como algo curioso, no es suficiente para juzgar el resultado como algo fallido. Este Frankenstein del estudio se desvanece, sin espíritu ni personalidad, ante la falta de lazos compositivos que lo unan entre canción y canción. Parece cualquier cosa, que es lo peor que te puede pasar cuando de un álbum de música se trata. Por lo precipitado del asunto, en mitad de una gira mundial, hecho a base de días sueltos entre los conciertos y telefonazos de un continente a otro para ir probando cosas, sin una banda fija y con retales deshilvanados de varios momentos vitales del músico, da toda la sensación de que ni estaba ni se le esperaba. Tal vez, High Hopes marque la nueva pauta de lo que es publicar un disco  en la marca e industria que representa Springsteen en el avanzado siglo XXI, sumido en las tecnologías y a impulsos, picando de aquí y allí, sin la necesidad de encerrarse con un grupo en un estudio durante semanas. De ser así, habrá que temerse lo peor. Porque esta metodología, con la tecnología ganando terreno y adelantando por caminos facilones, no funciona. Porque Bruce no forma parte de este mundo o, más bien, llega tarde. O mejor dicho: no sabe hacerlo. 

Hay una urgencia en la mayoría de estas canciones, como High Hopes, Harry’s Place o Heaven’s Wall, a querer sonar con excesiva pegada, en una línea saturada e impactante, pero que, sonoramente, es como un grito al aire. Sin dirección. Es como si Bruce necesitase hinchar el pecho en cada muestra de rock. El ejemplo más claro son sus guitarras, siempre marca de la casa Springsteen, que en los cortes citados se suponen que tienen gran protagonismo. Apuntan al vacío existencial, a un juego ruidoso que no dice nada emocionalmente. Son pura pirotecnia, propia del rock MTV. Pero para fuegos de artificio los que se recogen en la re-interpretación de The Ghost of Tom Joad, que gozaba de una bella y conseguida austeridad en su presentación original del álbum del mismo nombre publicado en 1995. El protagonismo de Tom Morello, líder de Rage Against the Machine, no ayuda en absoluto y permite que la grandilocuencia se imponga a la sugerencia y la ráfaga vital de la composición original. Pasamos de ver un documental, como en el disco original de The Ghost of Tom Joad, a una cinta de Hollywood llena de efectos especiales hechos por ordenador que no son creíbles, donde no se distinguen las huellas de la arena. Si Springsteen cree que las posturitas sonoras del colega Morello y su propia rabia escenificada al cuadrado son más intensas que su armónica roída y su voz desgastada de la composición original, conviene decir que se equivoca. Bruce, perdiste el norte. Desgraciadamente. Te has lanzado a un rock hipertenso, excesivamente vitamínico, hinchado, producido para grandes salones pero que carece de espíritu.

 

Decía Diego A. Manrique en su artículo sobre el disco que era como si quisiera encajar en algún clímax sonoro de alguna serie de la HBO, especialmente "Harry's Place" que parece compuesta tras verse dos temporadas del tirón de The Sopranos. De hecho, ya está confirmada la presencia de alguna de estas canciones en la nueva temporada de The Good Wife, magnífica serie de la ABC. Pero yo diría más: quiere sonar a todo trapo en el Mall, en el gran centro comercial, bien sea en el de Nueva Jersey, Atlanta o El Corte Inglés, y en la mayoría de emisoras de todo el país y el mundo y en cualquier parte que se le pueda escuchar. Lo quiere todo. Loable. Pero, artísticamente, algo se pierde en todo esto. Más cuando ya no son los sesenta ni lo setenta. Más cuando pierde identidad su obra o adquiere un tono tan generalizado, tan despersonalizado, que el perfil de Springsteen se difumina con la nada.

BruceEs algo que viene apuntando desde que se enchufó a la vida artística con el cambio de siglo, desde The Rising. No deja respirar muchas canciones porque cuando se piensa en el gran público, ese que no se detiene en la música sino que solo advierte que algo suena de fondo, hay que jugar con sus claves. Claves simples, ampulosas y enfáticas, pero sin surcos ni cruzadas internas, que en este disco, literalmente, no predominan. Hay ecos de góspel, de folk, de rock, pero son como pegatinas en composiciones enlatadas. Ni se encontró un sonido definitivo y arrebatador con Brendan O’Brien ni ahora con Ron Aniello. El problema, claramente, es Springsteen, el jefe de todo esto, que en High Hopes ni siquiera se ha esforzado como en Wrecking Ball, Devils & Dust o Magic en esbozar un disco, en preocuparse más por el contenido, mejor o peor, que une a las canciones, que da a todo un sentido. Ya le ha ido pasando anteriormente, sin ser tan alarmante. Wrecking Ball tomaba el camino del medio, dejando su grueso de folk orquestal, de vieja guardia con acelerador eléctrico y ecos negroides, sin rematar. Luego, fue la base primordial de la gira. Working on a Dream tenía el lado pop como su parte más atractiva y valiente, aunque criticada por muchos, pero lo mezclaba sin ningún atino con otras medianías varias. Devils & Dust era algo similar, una mezcla rara y sin una gran personalidad, que adolecía de lo que adolece este nuevo disco: ser un trabajo de descartes, canciones de segunda, pero al menos se buscaba una atmósfera general. We shall overcome: The Seeger Sessions entra en la categoría de álbum tributo, cuyo contenido folk estaba perfectamente definido, trazado por la pasión que la figura de Pete Seeger despierta en Springsteen. Le sirvió para probar un nuevo y fascinante formato de gira, preámbulo de lo que venimos viendo en los últimos dos años. Solo Magic y The Rising parecían los dos discos estructural, lírica y sonoramente más definidos. El primero contiene para mí la mejor referencia del Springsteen del siglo XXI, el segundo, aunque no falto de ambición, creo que ha envejecido mal y su sonido nunca fue acertado, pasto de una producción errónea. 

No se trata de hablar del irrepetible Springsteen de los setenta, obsesivo hasta la profundidad de la noche en sus composiciones, buscando en ellas un espíritu que coser a su cuerpo, a su vida, tanto en un estudio de grabación como sobre un escenario. No. De hecho, hay que referirse a esta falta de inspiración fijándose en el Springsteen de los noventa hasta nuestros días. Si High Hopes ofrece lo mejor del Springsteen inédito de esta última década, como él dice, entonces, queda claro lo que ya se sabía: Springsteen no está para grandes aventuras compositivas. Ni que decir tiene que si lo comparamos con su propia leyenda, al referirnos a esos outtakes que se terminaron por publicar ya no solo en The Promise sino en la descomunal caja Tracks, el actual héroe de Nueva Jersey es más fachada que verso. 

Desde hace dos décadas, más o menos, Springsteen, como toda estrella del rock, se enfrenta al dilema de seguir en la cúspide comercial, donde son evidentes las concesiones sonoras que hay que hacer, o arriesgarse en busca de nuevas vías sonoras y emocionales. Y el problema, para este escribiente, es que si su vía de riesgo artístico es esta vía, no me interesa. No sintonizo con el extraño aspecto moderno, mal entendido, rigurosamente desalmado, al que se entrega. Será otra vez, como siempre, portada de Rolling Stone, pero no es la música que me interesa. Puede que lo más reseñable sea ese ambiente plácido que parece inquietarle sobremanera con “Hunter of Invisible Game”, descarte de Wrecking Ball, y “Down in the Hole”. Parece que ahí hay un surco que le llama y, tal vez, sería todo un riesgo ver cómo sería si lo desarrolla con todas las de la ley, pero incluso si lo hiciese tendría que ser con más vértigo porque se me antoja demasiado plano. Es interesante, sí, pero no me corta las venas, como desearía. Creo que las terminaré olvidando con el tiempo. 

 

No me molestan los loops, que demostró que sabía utilizar en “Missing”, sino que me entristece, por mi forma de sentir la música, verle jugar en la actualidad a ser colega de parranda sonora de U2 o Coldplay antes que de Bob Dylan, Lucinda Williams, Neil Young o John Fogerty. Y digámoslo como es, como suena: High Hopes es la constatación definitiva de que Springsteen, aún una gran espada del rock’n’roll, capaz de hacer además folk aguerrido como Steve Earle, R&B de corte blanco como Nick Lowe o country consistente como Reckless Kelly, quiere jugar en esa liga de estrellas extraordinarias. Pero no es la música lo que verdaderamente le preocupa. O, al menos, no le preocupa como lo hacía en otra época. Queda muy lejos, tanto como en otra vida, el Springsteen de 1979 que aseguró, tras el brutal concierto de No Nukes, dejando mudos a Jackon Browne o Bonnie Riatt, que iba a hacer “el disco de rock’n’roll perfecto aunque le costase grabarlo la década entera”. Ese Springsteen, que terminó grabando The River, ha sido sustituido por este otro que le vale huecos entre giras, unos pocos meses, para poner cada año un nuevo trabajo en el mercado. Y los resultados son como con las películas de Woody Allen: a veces, bastante satisfactorios, con el sello de su autor, otras veces, decepcionantes, con todas las papeletas de caer en el olvido.

También es un problema de socios. Decir como dice en la nota promocional del disco que Morello y su guitarra pasaron a ser su “musa” es decir mucho ya de dónde se encuentra Springsteen, tras asociarse con O’Brien y Aniello. Los mundos ideales existen en pocas ocasiones, pero existen como demostraron Rick Rubin y Johnny Cash, Bob Dylan y Daniel Lanois, Jeff Tweddy y Mavis Staples, por citar algunos. Y me pregunto cómo sería el mundo ideal de Bruce si se dejase de grabar cada disco con estos colegas y con el teléfono abierto para los despachos de su multinacional y cruzase el país para grabar con el propio Rubin o, mejor aún, con T-Bone Burnett. Que sería de Bruce si, simplemente, se decidiese a plantar raíces en algún género para intentar crear un álbum con auténtica voluntad, con alma folk, rock, country, R&B o lo que sea, sin estar dando tumbos en cada nuevo trabajo con un poquito de esto, otro poquito de lo otro, y algo de lo que todos sabemos que sabe hacer pero no lo hace a corazón abierto porque mide cada paso como si de él dependiese el mundo entero. Bueno, sí depende la gran maquinaria comercial que representa.

Por eso, Steve Van Zandt, el adorador del rock garagero, de bar, en fuera de juego en este trabajo y en otro tiempo uno de los pocos en cantarle las cuarenta cuando su jefe se preocupaba por hacer el sonido apto para los estadios, que llegó a dejar la banda por desavenencias artísticas, anda ya para siempre callado, sumiso. Ha aceptado las reglas de esta gran maquinaria a la que pertenece y es el primero en venderte cada nuevo disco mejor que el anterior. Pero Van Zandt confesó a este escribiente en una entrevista hace años que su disco favorito de Springsteen es el Tracks 2, y que el rock’n’roll de toda la época que se traza en The River todavía puede ser revisitado por él y Bruce en estos tiempos, de otro modo, y eso, ciertamente, no tendría nada, pero nada, que ver con High Hopes. Tal vez, con el festivo “Frankie Fell in Love”. En otro mundo ideal, en ese en el que Springsteen quiere, como quiere en la actualidad, sentirse aún joven y muy vivo, lleno de rock’n’roll en sus venas, aparcando ese trabajo de country que asegura su entorno que tiene pensado desde hace mucho, me pregunto por qué narices no graba un disco acompañado de una banda joven, como The Gaslight Anthem o Marah. O si lo quiere hacer más R&B con efusivos vientos y un punto moderno por qué no se deja influir por The Roots, como demostró hace unos años en una actuación en el programa de Jimmy Fallon con una incendiaria interpretación de “The E Street Shuffle”. Ellos le darían a Springsteen la sangre que necesita. Lo harían, seguro, con mejores resultados que estas canciones con Morello, Aniello y grabadas sin ningún horizonte real.

 

A decir verdad, todo indica que High Hopes es la excusa sacada de la chistera para mantener la gigantesca maquinaria de la caja registradora (disco+gira) funcionando. Porque funcionar, todavía, funciona. Como la E Street Band, sin Clarence Clemons ni Danny Federici, incluso sin Steve Van Zandt según qué período, se sigue llamando The E Street Band. Y como casi los recintos, en cualquier parte del globo, se siguen llenando. No me cabe duda de que algunas de estas canciones, como High Hopes, Harry’s Place, Just Like Fire Would o This is Your Sword, sonarán realmente bien en directo, allí donde se toquen, con la enorme banda de cuerdas y vientos de la que se acompaña Bruce, que sobre un escenario sigue siendo imbatible, un valor seguro, y él lo sabe. Pero no es esa la cuestión. No es ese el problema. Lo preocupante es la falta de significado de este disco. La desorientación que muestra Springsteen, que en su vuelta al mundo artístico necesitó dos grandes causas externas para enchufarse como fueron el 11-S y la cruzada contra la Administración de George W. Bush y a favor de Barack Obama. Ahora, más allá de su preocupación por la crisis (quién no la tiene) que ve por televisión pero que no sufre en sus carnes, parece querer seguir vivo, en marcha, corriendo, pero sin dirección. No hay dirección. High Hopes es la señal equivocada, la que lleva a una huida hacia delante. Ojalá sorprenda en su próxima entrega, porque calidad y talento tiene. Ojalá me equivoque. Y sí, claro: los directos seguirán siendo grandes fiestas, sazonados con lo nuevo y lo clásico. Seguirán funcionando. Pero nada de eso quita para decir: Todo menos esto, Bruce. Todo menos tirar por esta vía facilona, sin verdadero compromiso artístico, que te coloca cada vez más lejos de lo que verdaderamente te ha hecho grande: esa música que no se puede pagar con dinero, esa música, como escribía Eric Alterman, que no tiene nada que ver con el estrellato rock sino con "salvar vidas".

  

 **Lee el artículo sobre el anterior disco, Wrecking Ball: Si Bruce no se apellidase Springsteen hoy por hoy.

 

Hay 35 Comentarios

A mí este disco cada vez me gusta más, la verdad. Nada que ver con Wrecking Ball que no había por donde cogerlo. Pero lo de Morello y la sección de viento me parece hiper-cargante. No se que tiene de especial el tal Morello, con solos interminables sin ton ni son, y lo de la sección de viento en los conciertos es pesadísimo.

No puedo estar más en desacuerdo, el disco es fresco y novedoso si lo comparamos con los discos que va sacando Bruce a lo largo de los años, el tío siempre tiene una genialidad preparada.
Es triste este tipo de críticas, viniendo de “expertos” musicales. Para escribir con tanta mala leche mejor no escribir nada.

High Hopes: basura aburrida y comercial para llenar estadios y hacer caja.

Fernando Navarro, el autor del buen blog “La ruta norteamericana” adjunto a El País, se vino lanza en ristre contra High Hopes, el último disco de Bruce Springsteen (“High Hopes: Todo menos esto, Bruce”, 24 de enero de 2014).

El texto es extenso pero eso no significa que los argumentos sean muchos. No le parece que sea “un álbum con todas las de la ley”, un álbum conceptual, que es un parámetro para medir a Springsteen y probablemente, en la mayoría de los casos a Tom Waits o Nick Cave. Pero se trata de un criterio sólido: muchos álbumes de canciones son buenos. Personalmente, creo que hay un concepto claramente atado por los cortes (1, 6 y 10), las grandes esperanzas, y los demás que marcan las oscuridades del mundo de hoy. Y de países como el de Bruce y el de Navarro.

A lo mejor el hecho de que por primera vez en su vida Springsteen haya hecho un álbum de estudio que incluye versiones avale esta desvalorización. Pero, ¿quién de los grandes no ha incluido covers en sus álbumes de estudio? Bob Dylan, The Rolling Stones, The Beatles, Jimi Hendrix, ¿quién? Son válidas o no o no esas versiones, es la cuestión.

Piensa Navarro que el álbum está hecho de afán porque fue hecho en medio de una larga gira –como lo fue Darkness of the Edge of Town– y sin una banda fija –como fue Born to Run. El argumento es contraevidente. Le molesta la grandilocuencia de The Ghost of Tom Joad, pero con mis ojos vi (Los Ángeles, 2012) la manera como maravilló al público esta traducción rockera de una canción folk. Y sentí después la necesidad de poder disfrutar de esta revisión en disco. High Hopes tiene este y otros regalos para los fans, mala suerte para los críticos apocalípticos.

La perla de la nota de Navarro, el último recurso, es afirmar que “High Hopes es la excusa sacada de la chistera para mantener la gigantesca maquinaria de la caja registradora (disco+gira) funcionando”. Que parece ser un insulto. No sé qué dirá ahora que el adorado Bob Dylan –el baremo que le quiere poner a Bruce– salió a vender carros y yogures en el superbowl.

Hubiera ahorrado fuerzas Navarro diciendo simplemente que High Hopes no le gusta (aunque parece que salva tres canciones en un párrafo, dos más en otro y una adicional en un tercero, ¡lo que da la mitad del disco!). Vale. Así no hubiera deslucido su habitual agudeza.

Pues para no entusiasmarte el disco te ha salido una crítica muy larga. ¿A estas alturas hay que pedirle a Bruce compromiso artístico? Creo que se ha ganado el derecho ha hacer lo que le venga en gana sin que críticos prepotentes den por supuesto que todo es para ganar dinero. No creo que Bruce esté por dos duros.

El disco lo esperaba con un poco de reparo, por todo lo que se estaba diciendo de él (no es un disco conceptual, Tom Morello, descartes, canciones ya conocidas, superproducido...).

Llevo 4 días con él en el coche y me encanta.

Nómbreme, cualquiera de los lectores/ecribientes, un artista que lleve 40 años en la música haciendo lo mismo, disco tras disco. Y si acaso lo encontraran, el artículo sería una crítica a la falta de evolución. Qué manía con criticar. La música es para sentirla. Al que le guste bien, al que no que no la escuche. Así de sencillo. El disco, quitando algún tema, como siempre, me gusta. Que no sigue una historia... y??? Vaya un argumento. Que tiene canciones que en su momento no se publicaron en favor de otras que consideró más adecuadas... es tan malo que nos obsequie con ella y los demás juzguemos si son descartes sin calidad o nos gustan? El tracks, que está lleno de joyas, es una mierda entonces? CAda vez que publica un disco leo lo mismo. Señores, Bruce no va a publicar Born To Run de nuevo. Es un artista que prueba con cosas, unas veces acertará más que otras y siempre según quien opine. Y sí.. es un horror que se dedique a dar conciertos que encantan a la gente y hacen pasar un rato de música genial. Es mucho mejor que saque discos, salga en la tele haciendo play back, dónde va a parar!!! Y mucho mejor es que cobre un pastón por unas entradas y dé conciertos de hora y media como algún grupito que vino el año pasado... muuucho mucho mejor es eso. Buen día, señores. Voy a oír High Hopes con esa batería bestial que ha metido en esta versión y Tom Joad a la que ha dotado de una fuerza que hace que me encante el tema que antes no me llamó la atención nunca. Es lo que tiene no ser un experto, que se disfrutan estas cosas.

Uff !!! Fernando no se que decir. De momento que me sorprende los palos que le pegas al bueno de Bruce... y luego no se muy bien como seguir, quizá sólo sea que siempre estamos esperando ese disco redondo comparable a los viejos tiempos y muy probablemente esos ya no volveran, yo te reconozco que soy uno de esos que le conocí con BITUSA, pero le crecí con el Darkness y sus "alrededores" y quizá tengamos que aprender a ver esto y aceptar las cosas como son porque si no reconozco que en muchas ocasiones yo le daría los mismos palos que le pegas tu, porque es cierto que hay muchas cosas que no me gustan pero..., me voy conformando con escudriñar las cosas nuevas hasta encontrar joyas a sumar a los clásicos y en este disco también veo cosas buenas, eso sí no me arta un poco el protagonismo de Tom Morello y sus excesos, nadie atrapa la esencia de la E street band como los propios E streters...

No surrender

Como ya han comentado muchos lo que veo es que hay mucha palabrería para intentar justificar por qué el disco no gusta.

Y también hay muchos que siguen aplaudiendo las críticas hacia cualquier disco a partir del "Born to run" y decididamente contra todo lo que ha lanzado a partir del "Born in the U.S.A.".

Por un lado parece que el disco no le gusta porque no hay un hilo conductor sino que está plagado de descartes; pero esos descartes no le gustan porque en cambio se aplauden los lanzamientos de Tracks (qué mejor manera de llamar a un disco de descartes que simplemente así) por la música que llevaba, que era la que remite a los 70 y a los 80.

Con lo cual estamos siempre en lo mismo, centrarnos en la supuesta mejor época.

Y ahora el problema es la grabación de la "gran novela americana" o trasladado a este contexto, "el gran LP americano".

Pero yo no sé si alguien se da cuenta de que el formato de venta de música no son los LP sino las canciones. Te conectas a iTunes, o Google Play, etc. y te descargas la canción que te gusta. Es decir, la "gran novela americana", trasladada a la industria de la música, pasa a ser una colección de relatos cortos, los cuales pueden a su vez juntarse en una obra mayor o existir perfectamente ellos solos.

Eso sí, lo mejor son siempre los que critican a los demás basándose en que son "ultracomerciales" y que han sido divinizados no se sabe muy bien por qué. Será mucho mejor aquella música creada por gente que desde luego no van a pasar a la historia y que desde luego no van a pasar ni siquiera de esta década...

Al final y como los vinos, lo que tienes que saber es si realmente te gusta o no. Y a los que critican su falta o su exhuberancia de matices, taninos, etc., que sigan criticando su falta de matices o taninos.

Si el disco te gusta en su totalidad, pues disfrútalo y si no es así, quédate con la parte que te gusta y desecha el resto.

Si el disco es tan malo como refiere el autor de la crítica, seria suficiente el decirlo con un par de parrafos. Pero... tantas palabras justificativas, lo rocambolesco, hacen sospechar de endebles fundamentos. Habría que preguntar ¿En realidad cual es su interés o que es lo quiere decir? La objetividad no puede ser nublado por el velo de nuestros deseos. Supongo que el Sr. B.S. con este disco busca otro público menos adoctrinado y acólito. Al final es su m... y puede hacer con ello lo que le de la gana.

Apabullante y desmedida crítica que refleja el total desconocimiento de la síntesis tan necesaria y de la redundancia, por tan abusada en éste caso. En fin, todo un conjunto que se me hace sirve más para hacerle creer al lector el estar frente a una eminencia en el campo de la crítica musical, cuando bien podría ser todo lo contrario.

Qué exageración de crítica, Fernando. Es machacar lo malo y obviar las virtudes de este disco, que las tiene: "The Wall", "Hunter of invisible game" "Frankie fell in love". Y lo de compararlo con "The Promise"... deberíamos comparar las canciones de un disco y otro a ver qué pasa.
En mi opinión, un buen disco. Me gusta.

Óoooooole ole y oleeeeeeee..............ENHORABUENA POR EL ARTICULO!!! verdades como puños que comparte un admirador de Springsteen desde hace 30 años y que no comulga para nada con sus últimas obras.

Saludos!

¿Quién eres tú para opinar de Bruce Springsteen niño?

¿Y qué? Bruce Springsteen no tiene que demostrar nada a nadie. ¿Que este disco es un conjunto de canciones sueltas? Bueno, mejor publicarlas en vida que cuando se haya muerto.
¿Mainstrean? Por supuesto, es ley de vida.
Pero da igual. Las opiniones son como el agujero del culo: todo el mundo tiene uno.

Los criticos musicales son unos pedantes y super aburridos. Cada uno que disfrute la musica que le guste. Si, el Boss no va a escribir su obra maestra en este disco que es un poco de temas que no grabo. Punto.

¡Qué artículo tan extenso! tanto que me aburrí de leerlo. Pero sus primeros 5 párrafos representan -tristemente- mi evaluación del disco.
Wrecking Ball fue tan, pero tan buen álbum, que mi ilusión era que su sucesor continuara esa línea. Saludos!

Muy buen artículo estés de acuerdo o no. Springsteen se hizo una máquina de hacer millones hace mucho tiempo por eso todo dejo de ser igual. Todo se ha hecho demasiado grande por eso ya no asisto a sus conciertos (1 por gira me vale) Yo llevo muchos años pensando que debería ,para renovarse, salir de gira con 4 músicos y hacer una gira de teatros tocando la música cruda que le hizo famoso y sacar un disco producido por Miami. Que coincidencia leer este artículo mientras veo el concierto de la caja de darkness con el álbum de principio a fin, ahora le sobran demasiados músicos.

Springsteen es un fraude. Nunca fue mejor que sus contemporarios Bryan Adams and John Mellancamp.

Venga ya!, menudo rollo lleno de topicazos. El disco es la leche.

Decís ultracomercial como si el resto de grandes grupos o cantantes que conocéis tocaran para tres raros. A mí me salen muchos más que tres o cuatro discos alejados del mainstream. Pero bueno, el debate de lo comercial o no comercial siempre me ha parecido absurdo. Mejor hablar de buena o mala música.

Con Fernando, estoy de acuerdo en muchos puntos. Me sobran los loops y otras muchas cosas. No obstante, lanzo una pregunta. Si se desconociera el hecho de que Bruce grabó el disco en tres ratos, si no hubiera trascendido eso, ¿se seguiría pensado que es un disco poco trabajado? ¿O se analiza el disco partiendo de prejuicios?

coincido con mojan2 en lo de que bruce springsteen siempre ha sido un musico ultracomercial.
quitando 3o4 discos basicamente lo que ha hecho siempre es musica rock para llenar estadios(desprovista de toda raiz),de hecho la gran mayoria lo unico que conoce de bruce son los hits mas comerciales(y tiene muchos)

Bruce siempre fue ultracomercial, nada del otro mundo. Otra cosa es que desde cierta crítica analfabeta musicalmente se le haya divinizado en este país.

Todos los artistas tienen sus etapas, es normal, es ley de vida.
Bajo mi punto de vista, Bruce Springsteens, es y será uno de los mejores!!!
Pedazo de artículo, felicidades!!!

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. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

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