El valor de la supervivencia con el folk de Malcolm Holcombe

Por: | 11 de marzo de 2014

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Existe un halo romántico en los viejos supervivientes de la música norteamericana, en aquellos tipos que, incapaces de colar un éxito en las emisoras del país, pueden despertar la admiración de propios y extraños, aún capaces de radiar un asombroso carisma, mucho más difícil de conseguir que, a lo mejor, el fulgurante triunfo comercial. Compañeros de profesión y oyentes no necesitan saber si el colega en cuestión ha tenido o no sus 15 minutos de fama para reconocer que se encuentran ante alguien venerable. Malcolm Holcombe es uno de estos tipos.
 
Nacido en Ashville, Carolina del Norte, Holcombe es un hombre de carretera, asociado siempre al garito de turno donde despliega su country-folk aguerrido, vinculado siempre a un pequeño escenario sin mucha iluminación. En una línea similar a John Hiatt, con el que comparte esa voz errante y maravillosamente descreída, este músico es un especialista en masticar tragedias existenciales e historias de paso pero que guardan la dignidad de las viejas hazañas de los perdedores. Esto es, importa una mierda la línea recta y caer y levantarse es una constante. Al menos, la premisa sería la siguiente: nadie nos dará un golpecito en el hombro ni nos recordará pero seguimos respirando.
 
UnknownMucho de esto se desprende en Down to the river, un trabajo publicado hace un par de años y que contaba con la colaboración de Steve Earle Emmylou Harris. El primero es fiel admirador de Holcombe, que, con su particular imagen de cowboy con cigarrillo en la boca, lleva sobre su espalda el mismo peso de hombre que conoce perfectamente el sabor de la derrota. Aún es más duro y excelente To drink to rain, alegato de gran calibre sobre las ambigüedades morales, los rigores de la existencia mundana y los conflictos del alma, más cuando esta solo parece consolarse con el alcohol y las madrugadas de bar en bar. Es el camino que pisa con pies firmes nuestro protagonista desde siempre.
 
Nunca lo ha tenido fácil en el negocio, que le ha dado la espalda. A pesar de contar con el apoyo inicial de Lucinda Williams, a quien conoció de sus primeros años en Nashville a principios de los noventa, Geffen Records rescindió su contrato. Holcombe tuvo que ir buscándose la vida y conseguir el apoyo de sellos con menos relumbrón. No era un músico de emisora ni de campañas promocionales. Demasiado crudo. Cierto. Pero afilado como el mejor de los cuchillos. En sus canciones, no había nada de medias tintas.
 
Como si fuera William Munny, el forajido interpretado por Clint Eastwood, en Sin perdón, este pistolero del folk polvoriento e incrédulo es un digno testimonio de que, a veces, en la vida, la línea que separa al bien del mal, al éxito del fracaso, a la redención del infierno, es extremadamente fina. Matar o morir, decían en el viejo Oeste. Y Holcombe, que está ahora de gira por España y toca hoy en Madrid (sala Wurlitzer) y mañana en Barcelona (sala Rocksound), todavía no ha muerto. Sigue siendo un superviviente.
 
 
 
***Escucha la lista de canciones de La Ruta Norteamericana: Forajidos. Canciones sobre los mejores pistoleros del country y el folk.

Hay 2 Comentarios

Tuve la suerte de escuchar su maravillosa voz que desgarra el alma. Fue un momento único a irrepetible. Un tipo auténtico.

Lo vi ayer en Wurlitzer y me cautivó. Muy recomendable, un verdadero viaje al lado más oscuro de la carretera

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. Redactor de El País y colaborador del suplemento cultural Babelia y las revistas Ruta 66 y Efe Eme. Colabora también con un espacio musical en el programa A vivir de la Cadena SER. Es autor de los libros Acordes rotos y Martha. Cree en el verso de Bruce Springsteen: "Aprendimos más con un disco de tres minutos, que con todo lo que nos enseñaron en la escuela".

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