El momento de Darlene Love

Por: | 03 de noviembre de 2015

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Estuvo a punto de dejar la música para siempre. Lo habría hecho si no hubiera sido porque, mientras ejercía de limpiadora en un hogar, escuchó su canción por la radio. Fue entonces cuando se dio cuenta de que cometería el error de su vida. Se le cayó el trapo al oírse a sí misma cantar la que, posiblemente, sea una de las mejores canciones navideñas de todos los tiempos, Christmas (Baby Please Come Home). Y tomó la decisión de regresar. Parece un cuento de hadas pero es la historia de Darlene Love, una voz pletórica del soul norteamericano.

La cantante lo cuenta en el documental A 20 pasos de la fama (Twenty Feet from Stardom). Tras pasar por manos del maniático y descerebrado Phil Spector, genio del sonido, Love abandonó la música. El productor y creador del Wall of Sound se rodeaba de voces femeninas potentes para plasmar su fantasioso universo musical. Necesitaba esas gargantas desgarradoras e intensas hasta el sobrecogimiento que pudiesen empastar en su mayúsculo y exuberante concepto sonoro repleto de instrumentos y ecos. La joven Love, como Tina Turner u otras voces que formaron The Crystals o The Ronettes, encajaban a la perfección en el método Spector. Pero el productor, que controlaba hasta el más mínimo detalle con actitud déspota, la tomó con Love y la exprimió en cada sesión de grabación. Acabó, literalmente, machacándola y reduciendo su autoestima a cero cuando se enredaron por diversas grabaciones que hizo en sustitución de The Crystals.

La intérprete, quien comenzó de niña a cantar en la iglesia de su barrio, formaba parte The Blossoms, un destacadísimo trío femenino que hacía coros como quien pone caramelo al postre. Bajo supervisión del productor, sus voces acompañaron, entre otros, a The Ronettes en Be My Baby o a Shelley Fabares en Johnny Angel. Pero la fuerza vocal de Love consiguió que arrancara una carrera en solitario, sobre todo después de que Spector la hiciese ser la voz principal del que sería uno de los grandes éxitos de The Crystals: He’s a Rebel. Su voz es la que cantaba, pero fueron las chicas de The Crystals quienes registraron por mandato del productor esta magnífica composición. Love participaría en más grabaciones, pero vería cómo el productor se centraba en The Crystals, cediéndolas canciones que en principio estaban pensadas para ella. Love tuvo que coger el dinero y correr al tiempo que alimentaba una enemistad que llega hasta nuestros días con Dolores LaLa Brooks, tal vez la más famosa de las Crystals originales.

DARLOVE-NICE3Entre todos los temas que grabó con Spector, Christmas (Baby Please Come Home) era su canción, incluida en el fabuloso disco navideño soñado por el loco productor. Love llegó a dejar la música pero se reenganchó a la vida tras oír en la radio de una casa ajena esta canción, que lleva su torrencial voz, emitida en bucle en cada Navidad norteamericana. Love se dijo a sí misma: “Esa soy yo”. Y regresó. Hoy, muchos años después, este pequeño gran himno navideño suena en todos los rincones del país y el ya jubilado David Letterman ha estado invitando a la cantante a cantarlo en su Late Show cada año en su programa especial navideño. Tal vez, debido a esta canción, la Navidad ya no sea lo mismo sin Love para según qué personas. Me incluyo entre ellas. Para mí, su Christmas (Baby Please Come Home) es algo más que una canción navideña, más que un gran villancico yanki. Es una prueba de vida. Sé que estoy vivo cuando lo escucho y dejo que me atraviese, cuando la voz de Darlene me cruza como un rayo de luz se cuela por una ventana, y me dejó llevar por su brillo.

 

Suerte que no dejó la música. Pero conviene señalarlo: su regreso siempre fue menor. Su voz se dejaba oír en el programa de Letterman, en alguna serie o película mientras grababa pocos discos (con versiones de otros) de escaso eco, y aunque tuvieran un acabado maravilloso como Unconditional Love. Tal vez, lo más reseñable fue su colaboración con Bette Midler. Había elementos suficientes para pensar que Love vivía de las rentas y estaba condenada a interpretar su papel eterno de gran icono navideño. Como esos cantantes de Las Vegas, encerrados en el hotel, ella estaba encerrada en la Navidad y los clubs que se alimentan de la nostalgia. 

Pero llegó Stevie Van Zandt, guitarrista de Bruce Springsteen. Darlene Love, como todo el catálogo del soul de los sesenta, ha nutrido la educación sentimental de Van Zandt y Springsteen, que se conocieron intercambiándose discos en Nueva Jersey y retando al amanecer con conversaciones adolescentes sobre esas canciones que hablaban por ellos. De algún modo, Darlene Love es algo de ellos. Todo ese soul urbano y mágico de la edad dorada, con el irrepetible sello de Spector, marcó a una generación, pero además tiene mucho de eso que se conoce como el sonido Jersey Shore. R&B callejero, rock’n’roll de primera escuela con tintes de doo-wop en el uso de las armonías vocales, un sonido originario de la Costa Este, que se despliega como una síntesis festiva y desenfadada de la era pre Beatles. Se puede encontrar desde composiciones de The Drifters pero lo han facturado también Gary US Bonds, Willy Deville o Southside Johnny. Y, entre tanto, la mejor sociedad imaginada y vivida entre Springsteen y Van Zandt es puro sonido Jersey Shore. Me refiero a obras como The River, al cancionero de los dos primeros discos de Tracks o a bastante de lo editado en The Promise.

 

De la mano de Van Zandt, a los mandos de la producción e instigador de este proyecto, Darlene Love acaba de regresar con más fuerza que nunca con el disco Introducing Darlene Love. El título es definitivo: Van Zandt presenta a la cantante, como si fuera su primer disco, como si fuera un joven talento sacado de las calles de Nueva Jersey, su apuesta personal. Pero es una de esas voces que forman parte de la historia viva del cancionero americano y que en este resurgimiento cuenta con la colaboración también del propio Bruce Springsteen y Elvis Costello. Pesos pesados mostrando su respeto a una intérprete sobresaliente, tal y como se vuelve a mostrar en este último disco.

Haciendo el papel de Phil Spector, Van Zandt, quien ya tiene experiencia produciendo a Southside Johnny o Lone Justine, aparte de su conocida labor con Springsteen, vuelca todo su imaginario sonoro en este trabajo, haciendo de este disco casi la prolongación de sí mismo, sirviéndose de la voz ferozmente tierna de Love para recrear canciones que giran en torno al soul y el rock’n’roll, pero bajo un impactante prisma de pop de los sesenta. El miembro de la E Street Band, que también tiene su propio sello discográfico de rock’n’roll y garage, ha reconocido que el disco que le cambió la vida fue el imponente 12x5 de los Rolling Stones y que ese cancionero de pop-rock callejero de finales de los setenta y principios de los ochenta de Sprigsteen, que lleva su sello personal, consiguiendo la simbiosis perfecta entre el primer Elvis Presley y The Ronettes, es su mayor fascinación. Introducing Darlene Love tiene mucho de todo esto, como intentando correr a toda velocidad por una autopista que se quedó abierta a medias en el disco dos de Tracks de Bruce Springsteen y la E Street Band, donde se recogen algunas de las canciones favoritas de Van Zandt como Restless Nights, Where The Bands Are, Loose Ends, Living on the Edge of World o Be True. De hecho, canciones del álbum de Love como Night Closin in o Just Another Lonely Mile van en esta dirección.

Este disco es un desafío en sí mismo. Y funciona. Cierto: hay una especie de sobreproducción, unos arreglos mayúsculos, como buscando enlazar con esos que Spector hacía a la perfección, que parecen hinchar el ambiente cuando a lo mejor no hace falta. Y despistan mucho en estos tiempos en los que el revival soul y el concepto indie lleva a producciones mucho más desnudas y crudas. Pero creo que esta producción es una razón de ser, casi se podría decir que es la forma en la que Van Zandt canaliza el arrebato pasional que concentra la figura de Darlene Love, dispuesta a comerse el mundo en cada canción. Es una producción casi cinematográfica, que desborda la energía melodramática de los sesenta desde los Beach Boys hasta The Mamas & The Papas, haciendo de las postales sentimentales brutales escenas de acción como en Who Under Heaven. En este sentido, tampoco es casualidad que hayan elegido versionar el caudaloso soul salvaje de River Deep, Mountain High, que contó con la producción de Spector en voces de Ike & Turner.

Como si de una película del Hollywood clásico o representación teatral de Broadway se tratase, Van Zandt coloca a Love en lo más alto de la platea. Llena de luces. Todo para decir: Aquí esta Darlene Love, que quiso dejar la música cuando ella nos cambió la vida. La triología final compuesta por Sweet Freedom, Marvelous y Jesus is The Rock (That Keeps Me Rollin) no hace más que incidir en esta imponente presentación. Metales y coros volando y la voz de Love abrazando cada palabra como quien ha estado encerrada en un lugar oscuro durante años. Es un derroche de pasión. Y conviene recordarlo: Darlene Love, esa voz esencial de los sesenta, dejó la música para ponerse a limpiar casas. Ha pasado media vida desde entonces y, ahora, en 2015, con este disco, sólo está cantando a los cuatro vientos, como siempre se hizo en el soul más festivo y visceral, que está viva y que, qué pelotas, este puede ser su momento. 

 

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