22 jun 2014

Locos por la filosofía circense de 'La Tarumba'

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Hay un grupo de locos en Lima que te deja boquiabierto. Son locos que saltan, locos que lanzan diábolos, locos equilibristas y mimos locos. Un equipo de jóvenes tarambanas por el arte. Luchadores por la cultura. Defensores educativos. Guerreros sin armas contra la exclusión social. Locos, sonados, perdidos, desequilibrados por el equilibrio. Y aglutinados en ‘La Tarumba’, un proyecto ideado en 1984 por un grupo de jóvenes artistas peruanos con la intención de fusionar el teatro, el circo y la música. Porque tarumba significa gente que hace locuras. Y ellos apuestan por esa filosofía con todas las consecuencias. Y con mucha honra.

La idea original nació hace 30 años recién cumplidos de la mano de tres jóvenes que trabajaban con juegos malabares, una nariz roja y una corneta. “Empezaron a hablar de lo que pasaba en el país a través del humor, porque eran payasos, pero con un sentido social, querían contar lo que sucedía pero desde el optimismo”, cuenta Geraldine Sakuda, directora pedagógica de la compañía, una peruana menuda descendiente de japoneses que ha heredado la filosofía zen de sus antepasados y el vitalismo de sus contemporáneos. Hoy, ‘La Tarumba’ está considerada la compañía de circo más importante del  país y una de las organizaciones culturales independientes más exitosas de Perú, con más de 30 espectáculos, unos 100.000 espectadores al año, un local institucional, dos carpas itinerantes y nada menos que ‘El circo del sol’ como socio estratégico.

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Poco  a poco, lo que empezó como una sociedad nacida por y para el arte formada por tres jóvenes, se transformó en una idea pedagógica con el objetivo de concienciar primero y transformar después. Una de las facetas más importantes de ‘La Tarumba’ se orienta hacia la disminución de la desigualdad en Perú, trabajando con los sectores menos favorecidos, desarrollándose en locales  comunales, parroquias, escuelas, plazas o terrenos baldíos. “Así hemos ido creciendo. Mantenemos una escuela, unos talleres con niños donde les enseñamos primero lo más importante, a ser buenos seres humanos. Porque para trabajar en el circo hay que aprender a superarse constantemente, y a confiar en el que tienes al lado.  El trapecista no se va lanzar al vacío si no confía en el compañero con el que hace un ejercicio, por ejemplo. Y eso se traslada a todas las facetas de la vida”, explica Geraldine en su centro de ensayos, donde la compañía ha recibido a los chicos de la Ruta BBVA para pasar una tarde llena de trucos, energías compartidas y muchas risas.

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La filosofía pedagógica de ‘La Tarumba’ se empezó a extender hasta tal punto, que en sus inicios “sufrió la censura del Gobierno de turno”. El primero fue el de Alan García,  que prohibió los espectáculos de la compañía, aunque no fue el único. “Nos dedicamos a contar lo que vemos. Hablamos de corrupción, de injusticias, de todo, pero siempre desde el sentido del humor”,  explica la directora, que analiza, orgullosa, cómo la sociedad cultural peruana salió en su defensa y consiguió que el Ejecutivo levantara la censura. En 1992 dieron un paso más definitivo y dejaron las casas prestadas, los favores de amigos y los ensayos en la intemperie y con el simple hecho de conseguir un local propio donde seguir experimentando y avanzando. Allí empezaron primero con los talleres de niños y lo extendieron después con los jóvenes.

‘La Tarumba’ ganó en el 2000 un premio del Banco Mundial dirigido “para el empoderamiento de los pobres”. “Era un proyecto muy bonito. Trabajamos con líderes jóvenes de todas las zonas urbano-marginales a través del teatro, del circo y la música, parecido a lo que estamos haciendo hoy pero en periodos un poco más largos, casi un año, que tenían como perspectiva generar líderes que pudieran realizar sus propios emprendimientos culturales y sociales en sus barrios, a través del teatro, el circo y la música. Y funcionó muy bien. Eran jóvenes que hoy ya no son tan jóvenes y tienen sus propios proyectos culturales y sociales que nacieron de este proyecto que se llamó ‘El circo invisible’. Era una manera de decirles a los chicos que tenían que hacerse visibles de alguna manera. Y lo hicieron”.

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De los tres socios originales, pasaron a seis, y actualmente la compañía consta de 50 trabajadores “entre los profesores, los administrativos, la gente de márketing y comunicación, mantenimiento…”.  Además de los artistas permanentes, que suelen ser nueve o 10. “Y como sentíamos que los jóvenes podían recibir más, y una mejor formación, se dio otro pasito más con la escuela, que tiene un programa con tres años de formación, con técnicas del circo pero con danza,  teatro y música. “Y lo más importante,  aprenden todo lo que significa la gestión.  Aprenden a desarrollar su propio emprendimiento, desde la educación y desde el arte”.

Para Geraldine, como para ‘La Tarunda’ en general, la cultura lo es todo. Y vive en un país en el que el sistema educativo peruano tiene todavía “muchas carencias”, lo que va a repercutir en “la capacidad de ciudadanía”. “Somos una sociedad plurirracial, todavía nos cuesta integrarnos en muchos sentidos. Durante muchos años las familias peruanas comunes han tenido que preocuparse por la alimentación, la vivienda, la educación. Esa era su prioridad. Tanto, que lo cultural estaba relegado. Este país tiene un Ministerio de Cultura desde hace tres años. El Estado no aporta nada en el ámbito cultural, no hay inversión estatal en el área de la cultura y esto al final se traduce en que las organizaciones culturales lo hacen por sí mismas. Son autosostenibles, no recibimos ni un sol (euro) del Estado. Las organizaciones de la periferia tienen difícil sobrevivir porque la población no tiene para pagar un ticket para ver el espectáculo. Esa es nuestra gran deuda. Por eso es tan importante trabajar en la educación con los jóvenes pero dándoles capacidad de gestión. Si les damos esa perspectiva van a poder salir adelante. Porque la pasión la tienen. El artista suele tener pasión. Pero tiene que vivir de eso. Y es lo que ensañamos”. 

 

FOTOGRAFÍAS: ÁNGEL COLINA

Hay 1 Comentarios

Excelente inicativa de BBVA, los felicito por su responsabiidad social, gracias a ella mi sobrina viajó desde Venezuela, no sin antes poner tambièn su granito de arena al realizar un Proyecto Social y un Trabajo Literario... Muchas Gracias!

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Sobre el blog

La trigésimo primera edición de la Ruta BBVA contará con 180 jóvenes de entre 18 y 19 años procedentes de 17 países de América, España y Portugal. Bajo el lema ‘Aventura en las selvas mayas del Yucatán’, la expedición parte de México. Allí, los jóvenes explorarán las selvas mayas y descubrirán los sitios arqueológicos más relevantes de esta civilización. El programa, creado por Miguel de la Quadra-Salcedo en 1979, continuará en España, donde los jóvenes visitarán Extremadura, Andalucía y Madrid y conmemorarán los centenarios de las muertes del Rey Fernando el Católico, el Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Cervantes. Son 30 días de viaje en los que la expedición combinará cultura, aventura y formación en emprendimiento social. EL PAÍS se suma a esta experiencia y la irá contando a través de este blog

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