29 ago 2015

El adiós. Lágrimas como esmeraldas

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Cuenta una leyenda precolombina que el dios Ares creó la humanidad, levantó cordilleras, moldeó montañas y las regó con salvajes ríos. Así empezó el origen de todo. En Colombia. Concretamente en el departamento de Boyacá, en el municipio que años después se conocería como Muzo. Allí, a modo de Adán y Eva, ese dios dio vida a la primera mujer, a la que llamó Fura, y a su esposo, de nombre Tena. Les dotó de todo lo necesario para que fueran felices, les enseñó a cultivar la tierra, a tejer mantas, les puso el sol y la luna y les concedió la eterna juventud. Tan solo les puso una condición: que se amaran y no cayeran nunca en la infidelidad. Así pasaron años, incluso siglos, en los que procrearon, formaron el mundo de los Muzos, crearon civilizaciones enteras, expandieron sus territorios, ampliaron el paraíso.

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Un día, después de muchos siglos de felicidad, apareció un hombre llamado Zaris que buscaba una extraña flor que tenía el poder de curar todo tipo de enfermedades. Fura, turbada por su empeño, decidió ayudarle a encontrarla y embarcada durante años en esa expedición cayó -sin poder remediarlo- locamente enamorada de él. Tras unos años de zozobra amorosa, una pena desconocida para ella la invadió. Y Fura, arrepentida y avergonzada, volvió junto a su marido. Él, al verla llegar enferma y envejecida, comprendió que se había saltado la única condición que les había puesto el dios Ares. Profundamente dolido, empuñó un cuchillo y se lo clavó en el corazón, quitándose drásticamente la vida. Fura cargó durante días con el cuerpo de su esposo y derramó infinitas lágrimas de desconsuelo. El dios Ares, enormemente conmovido, comprendió que existía amor en la amargura de la mujer y convirtió sus gritos de dolor en bellas mariposas y sus lágrimas en verdes esmeraldas. También castigó a Zaris convirtiéndolo en un risco y éste, lleno de ira al ver a su enamorada llorar junto a su marido, descargó una fuerte cascada que separó los dos cuerpos, convirtiéndolos en dos montes, separados para siempre por un río.


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“Hay que ser infiel, pero nunca desleal”, recordó tiempo después Gabriel García Márquez. Colombia. El país de esmeraldas, de mariposas de colores, las amarillas unidas por siempre a Gabo. De leyendas indígenas, de culturas entremezcladas, de antiguos piratas, de eternas diferencias sociales, ambiente caribeño y sudor extremo. La Ruta BBVA ha dicho adiós a su trigésima edición entre lágrimas amargas, que sin convertirse en piedras preciosas esconden la certeza de un amor nuevo, intenso, quizá duradero. Puro realismo mágico. Atrás quedan ya los días en la colonial Cartagena de Indias, la bella y decadente Santa Marta, la mágica Aracataca, el balconcito al cielo de Barichara y la elegancia de Villa de Leyva. Adentrarse en el Tayrona, bañarse en el paraíso, bajar y subir el cañón del Chicamocha. Comer arroz con pollo, ducharse en 30 segundos, dormir en el suelo, llorar por el esfuerzo. La amplitud de Bogotá y los 6.000 peldaños necesarios para ascender a Monserrate, uno por cada historia aprendida, reto superado, ventana abierta a lo desconocido.

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Sitios maravillosos amplificados en belleza por el que te recibe y te acompaña. Pueblo colombiano, rico en valores que abre los brazos orgulloso de su patria. Y los expedicionarios. Críticos, maduros, exigentes. Llenos de vida,  fabricadores de futuro. Con ansias de libertad. Junto a ellos, a modo de líder kogui, el espíritu certero de Miguel de la Quadra-Salcedo, la energía de Luna, la ayuda incansable de los monitores, el cuidado de los médicos. La belleza fotográfica del maestro Colina, la ternura de Santi, la risa de Íñigo, la melodía vital de Tonet y Salva, la persistencia de Alvarito o la amabilidad de Rocío. Y la prensa. Qué pesadilla de prensa. Fotos, vídeos, preguntas…

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Pero todo tiene un final. Y con él, aceptar lo aprendido y lo crecido. Volver a casa, apreciar tu cama y, por fin, dormir un poco más. El justo descanso del guerrero. “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”. Otra vez Gabo. De nuevo Colombia. El viaje no es viaje sin tu gente. De ahí que en la despedida más amarga broten lágrimas con forma de esmeralda. Piedras preciosas con sabor a sal que en este adiós auguran una vida sin cien años de soledad.  

FOTOGRAFÍAS: ÁNGEL COLINA

Hay 1 Comentarios

Muy bonito final. Ojalá todos los viajes permitieran soñar tanto como esta ruta que nos has contado con tanta emoción. Gracias, Berta!

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Ruta Quetzal

Sobre el blog

La trigésimo primera edición de la Ruta BBVA contará con 180 jóvenes de entre 18 y 19 años procedentes de 17 países de América, España y Portugal. Bajo el lema ‘Aventura en las selvas mayas del Yucatán’, la expedición parte de México. Allí, los jóvenes explorarán las selvas mayas y descubrirán los sitios arqueológicos más relevantes de esta civilización. El programa, creado por Miguel de la Quadra-Salcedo en 1979, continuará en España, donde los jóvenes visitarán Extremadura, Andalucía y Madrid y conmemorarán los centenarios de las muertes del Rey Fernando el Católico, el Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Cervantes. Son 30 días de viaje en los que la expedición combinará cultura, aventura y formación en emprendimiento social. EL PAÍS se suma a esta experiencia y la irá contando a través de este blog

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