05 jul 2016

Orgullo maya

Por:

Juana Che, en el convento San Antonio de Padua, en Izamal.

Tiene 74 años, pero ríe como si tuviera 70 menos y no llevara toda su vida a cuestas. Dice que se llama Guana Che. No sabe escribir, así que no puede deletrearlo y nos deja con la duda. Suponemos que se llama Juana. Che es un apellido maya muy común, que significa verde. Su padre quería que renunciara a ese nombre y optara por el español, como hizo su hermana. Pero Juana prefiere apellidarse Che a Madera Pacheco. Y vestir el traje típico indígena, un hipil, antes que cualquier otra prenda. Las dos hermanas viven en Izamal, una localidad de 20.000 habitantes en la que cerca de la mitad de la población es maya.

Izamal es, sobre todo, amarillo. El color del sol, el maíz y el henequén. El pueblo fue una ciudad maya que estuvo poblada entre el 700 a. C. y el 1200 d. C., cuando quedó prácticamente abandonada hasta la etapa colonial. Ahí nació Juana, ahí está convencida de que va a morir. «No hay plata para viajar», dice mientras vende cacahuetes garripiñados en el convento San Antonio de Padua y espanta a las moscas que asaltan los paquetitos de dulce, envueltos en papeles de colores. Tres por cinco pesos. No llega a 25 céntimos de euro.

Un grupo de ruteros pasea por Izamal.

El hipil de Juana es blanco y azul. Recuerda que una vez le hicieron un vestido, pero se sentía muy incómoda. Solo lo usó en esa ocasión y no ha vuelto a quitarse el traje típico. Lleva su melena gris recogida en un moño y nos atiende al principio algo cortada, luego divertida. «Para que digan que el Yucatán es aburrido, ¡mira qué visita!», se ríe. Se refiere a los ruteros que recorren el lugar uniformados. Nos cuenta que en casa habla maya con su marido. También que cuando empezaban a salir le habían insistido en que más le valía mentalizarse de que aquello no tenía futuro. «Él es mestizo y te va a dejar». Disponía de más dinero que ella. «Tenía dos pares de botas, dos», recalca. Como futurólogos no habrían podido ganarse la vida quienes intentaban alejarla del que hoy es su esposo. «Yo decía que todos somos iguales, y mira». Llevan ya 43 años casados. No han tenido hijos. «Cuando llego, me dice que dónde está la reina de la casa. Sí, reina, pero bien que tengo que seguir trabajando allí, haciendo las tareas», vuelve a reírse.

Juana y su hermana, en el convento San Antonio de Padua, en Izamal.
Por eso no piensa estar en el convento más que lo que duren las dos misas del día, tiene labores pendientes al llegar. Su marido también vende garrapiñados. Él, en una estación de autobuses. Ella, normalmente cuando hay corridas de toros. Aunque también en el convento. «¿Cómo no voy a ser católica? La primera vez que vine aquí no tenía un peso. Me senté allí», señala hacia la puerta de la iglesia. «Me dio vergüenza. La primera vez siempre te da. Luego se pasa. A todo se acostumbra una, menos al hambre».

«La vida en el Yucatán no es fácil, no hay plata. Comemos a veces frijolitos, a veces tomatitos, a veces chaya», enumera. Esta última es una hierba parecida a las espinacas, que se puede comer cocida, echar a las tortillas, beber en una especie de zumo. Sirve para un roto y para un descosido. Y es barata. No nos cuenta si además come muchas garrapiñados, pero explica que son un dulce mexicano. «A mi suegro le enseñaron la receta, él la trajo aquí, y al final se ha convertido también en un dulce yucateca». Orgullosa de su tierra, lamenta que su cultura se vaya perdiendo. «Se queda solo en la vestimenta y ya está». Ella sigue hablando maya. Además, continuará vistiendo el hipil.  

FOTOS: ÁNGEL COLINA Y M. S. T.

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Ruta Quetzal

Sobre el blog

La trigésimo primera edición de la Ruta BBVA contará con 180 jóvenes de entre 18 y 19 años procedentes de 17 países de América, España y Portugal. Bajo el lema ‘Aventura en las selvas mayas del Yucatán’, la expedición parte de México. Allí, los jóvenes explorarán las selvas mayas y descubrirán los sitios arqueológicos más relevantes de esta civilización. El programa, creado por Miguel de la Quadra-Salcedo en 1979, continuará en España, donde los jóvenes visitarán Extremadura, Andalucía y Madrid y conmemorarán los centenarios de las muertes del Rey Fernando el Católico, el Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Cervantes. Son 30 días de viaje en los que la expedición combinará cultura, aventura y formación en emprendimiento social. EL PAÍS se suma a esta experiencia y la irá contando a través de este blog

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