Un slum de propietarios

Por: | 04 de enero de 2015

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Dharavi, uno de los slums de Bombay. Foto de Kounosu, Wikimedia Commons

Por José Mansilla (*)

Una de las ventajas que tiene el hecho de trabajar para una ONGD, es que tienes la posibilidad de establecer relaciones con gente muy diversa y, a veces, interesante. En mi caso, tengo la suerte de tener compañeros y compañeras que conocen profundamente la realidad de Bombay y de aquellos contextos que dan cobijo al 60% de su población, los slums.

Hace poco hablaba con una de estas compañeras sobre diferentes cuestiones relacionadas con la vivienda en estos emplazamientos, sobre los programas de rehabilitación promovidos por los poderes públicos, sus condiciones sanitarias, la falta de equipamientos, etc. Yo siempre había tenido dudas sobre las razones que llevaban a las familias beneficiarias de estos programas, una vez que han obtenido una vivienda pública nueva, a preferir alquilarla y volver a sus casas originales, por muy malo que fuera el estado en el que éstas estuvieran. Reconozco que tenía una visión romántica del tema. Mi razonamiento estaba basado en cuestiones tales como la ruptura de las redes sociales que puede llegar a suponer pasar de vivir horizontalmente, en habitáculos adosados, a un bloque vertical de viviendas; la pérdida de sus pequeños negocios, los cuales muchas veces se desarrollan en la puerta de sus casas; la minimización del contacto con los vecinos y vecinas, la desaparición de los consiguientes mecanismos de reciprocidad, etc. Así, cuando mi compañera me respondió “sencillamente no pueden permitírselo. La casa será gratis, o muy barata, pero aun así tienen que pagar la luz, el agua, el condominio, el gas, los impuestos, etc., prefieren alquilarlos y sumar los ingresos a sus rentas familiares”, me llevé una ligera sorpresa.

Desde las ciencias sociales, la sociología y la antropología, podríamos definir el concepto habitar como aquellos fenómenos sociales que transcurren en el marco que establece cada sociedad concreta entre sus habitantes y las viviendas que habitan, esto es, habitar, vivir, no es solo la provisión de un techo, de una casa, sino también aquellos procesos sociales relacionados, cuestiones como el trabajo, el ocio, etc. Hasta aquí todo bien, bajo esta definición podría haber justificado mi pensamiento anterior a la conversación con mi compañera. Para habitar es necesario mantener relaciones sociales y si estas se rompen, alteran o interrumpen, produciéndose una modificación significativa del habitar, las comunidades donde se llevan a cabo estos programas podrían rechazarlas o no aceptarlas.

Un estudio llevado a cabo en las favelas de Río de Janeiro sobre el mercado del suelo y los derechos de propiedad escrito por Clara Irazábal, de la University of Columbia (USA), señalaba cómo los “residents of favelas in Rio de Janeiro, for instance, are often opposed to regularization of land titles. Contrary to a common shared belief among analysts […], professional planners and international organizations (e.g. the World Bank), many informal settlement residents do not want to be subjected to property taxes or building codes and are not attracted to formal credit systems because they do not have a steady income to repay debts […]”1. Así, los habitantes de este tipo de sitios no desean acceder a la propiedad de sus casas, o del suelo donde están levantadas, porque no tienen los ingresos mínimos necesarios para poder hacer frente a los créditos que supone su adquisición, sus posibles mejoras, sus impuestos y suministros. Simplemente no tienen la renta suficiente para poder subsistir, ellos y sus familias, y además hacer frente a este nuevo gasto. Esto explicaba el comentario de mi compañera mucho mejor. Habitar no es solo una casa, es todo lo que se encuentra a su alrededor. Como decía la definición clásica, los fenómenos sociales entre los habitantes, las casas y la sociedad.

La vivienda forma parte del sistema de reproducción social de la fuerza de trabajo. Esto es, la vivienda inserta a sus habitantes en el marco de unas determinadas relaciones de producción. Así que podríamos decir que la vivienda como producto de consumo supone una forma más de relación de la gente con el sistema de producción capitalista. Los habitantes de los slums no quieren una vivienda pública de protección social, quieren una vida digna, y vida y dignidad podrían ser incompatibles con un sistema económico que considera la vivienda un bien de consumo más, situado al mismo nivel que, por ejemplo, un crucero por el Báltico.

La clave podría estar en aquello que dijo el primer ministro franquista de la vivienda, José Luis Arrese, en el año 1957, sobre la necesaria transformación de los proletarios españoles en propietarios. Pero, ¿quieren los habitantes de los slums ser propietarios?

* José Mansilla antropólogo y miembro del Observatori d'Antropologia del Conflicte Urbà (OACU)

 

 

Hay 3 Comentarios

Pero a que mentes maquiavélicas, endemoniadas y antinaturalmente inhumanas, se les ocurrió hace siglos hacer un sistema de castas ínfame en un país como la India, malasañas, que eran unos malasañas sin sangre, sólo con mucha mala leche.

Se me ha olvidado comentar antes la forma de asumir los gastos ocasionados por hacer y mantener todas estas mejoras en estos barrios; para mi, son tres las claves a tratar, en un inicio después puede cambiar, por un lado, la voluntad de querer hacer bien las cosas por parte de las autoridades, locales en este caso, permitiendo no aplicar unos impuestos desmesurados o no apropiados para la economía de las familias que viven allí; por otro lado, las ONG y otras asociaciones que en su trabajo diario permitan abrir nuevas oportunidades a estas personas, permitiendo su organización, toma de contacto con administraciones, etc.. y, por otro lado, el propio conocimiento de su realidad de estas familias, mentalizándolas de las desventajas de vivir en esas condiciones y las ventajas de las nuevas opciones, asi como, ser conscientes de lo que económicamente les puede suponer que, aunque fuera poco, lo deben asumir como de su responsabilidad.

El principal problema, desde mi punto de vista, que tiene la India es su sistema de clases sociales; un país que está desarrollándose no puede cerrar los ojos a la gran cantidad de seres humanos que viven en la miseria más extrema dentro de sus fronteras, eso no se puede tratar como parte del argot turístico de la India, como parece pretenderse, no queda muy bien decir " me he ido de vacaciones a la India y he visto la miseria que hay y eso si que es auténtico", claro, es auténtico para ellos que lo viven y no saben como salir, pero para los que hacen esos comentarios lo auténtico está a muchos kilómetros más allá en un buen refugio.
Al ser un país en via de desarrollo, cuenta con los medios para poder ir cambiando esta mentalidad, que , por supuesto, no es nada fácil de conseguir, pero, como todas las cosas, el tiempo es el que siempre manda y el que todo lo cura.
Se me ocurre que habrá que trabajar en todos los niveles, o sea, es imprescindible que las clases sociales más favorecidas conozcan en profundidad la forma de vida y futuro de los desfavorecidos, pero, eso si, sin que a ellos les afecte, porque entonces el efecto podría ser contraproducente; para ello, se puede hacer uso de los medios de comunicación, estudios cinematográficos, etc.. o cualquier otro medio divulgativo que, de manera insistente, permitiera conocer estas realidades; de esta forma se podría conseguir una mayor empatía hacia estas poblaciones, que daría lugar a que se actuase socialmente en ellas y no se verían afectados sus propios intereses.
Por otro lado, la actuación se centraría en las clases más desfavorecidas, no conviene, desde mi punto de vista, hacerle casas nuevas de protección oficial ubicadas en lugares distintos de donde viven normalmente, esto no creo que sea bueno para ellos ni para los demás porque se pueden crear especulaciones, la cosa está en solucionarles el problema ahí dónde se encuentran ubicados, es decir, en ese territorio que nadie quiere para vivir y que es donde ellos habitan, pues bien, es ese entorno social el que hay que mantener para ellos, donde se encuentran identificados y donde hay que procurarles todos los medios para vivir en condiciones de higiene y salubridad, que incluya tanto el entorno como las propias viviendas, el coste económico que le pueda suponer al estado la creación de viviendas nuevas, que lo gaste haciendo estas mejoras en esos slums y poco a poco, si el país va desarrollándose a mejor, las condiciones de trabajo cambian asi como la educación de los jóvenes, es posible que también vaya cambiando el paisaje de todos estos barrios marginales.
Es en esta población, donde las ONG y otras asociaciones de carácter humanitario pueden ayudar bastante, estando a pie de calle, para mejorar la vida de todas estas personas,

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