El estallido de Helena (Producciones)

Por: | 19 de enero de 2012

Lanzamiento12

En 1998, un grupo de creadores de la ciudad colombiana de Cali puso en marcha el colectivo Helena Producciones para dar soporte a artistas cuyas carreras se ven truncadas por la falta de un contexto estable para la creación. Desde entonces, esta ciudad del valle del Cauca, conocida por su afición al deporte pero también por sus altos índices de criminalidad, se ha singularizado y luchado por tener un lugar dentro de la gran platea global del arte, aunque las estrategias y la óptica de sus emprendedores sean las de un torneo, con un reflexivo y vivo conocimiento de las circunstancias que se ha hecho necesario frente al pelotón centralizado y muy institucionalizado de Bogotá. La Serpentine Gallery de Londres acaba de reconocer el trabajo de este colectivo, uno de los más activos de Latinoamérica, con la concesión del premio Visible 2011 al proyecto del VIII Festival de Performance de Cali. El inspirador de este incentivo es el artista y activista italiano Michelangelo Pistoletto, en colaboración con las Fundaciones Zegna y Pistoletto Cittadellarte. Los 32.000 dólares del premio reconocen el trabajo de artistas que impulsan un cambio social a través de sus prácticas colectivas. El jurado, compuesto por Ute Meta Bauer, Hans Ulrich Obrist y Okwui Enwezor, ha compartido el entusiasmo de Pistoletto al destacar la fuerte imaginación cívica y la capacidad de los Helena para activar los espacios urbanos.

Bogotá, la gran metrópolis de ocho millones de habitantes, concentra el poder político y económico, la prensa nacional y las infraestructuras educativas. Su escena artística es pequeña, endogámica, y su ritmo es paquidérmico, con las excepciones de unos pocos espacios alternativos, como Cambalache y El Bodegón, o eventos como La Bienal de Venecia, organizada desde hace quince años por el artista y gestor Franklin Aguirre en el popular Barrio Venecia, al sur de la ciudad. Pero Cali parece haber descubierto la fórmula del éxito en el ángulo operativo de la acción independiente y alternativa. Helena Producciones es más una forma de trabajo que una productora de resultados concretos, funciona como una ONG y entiende su práctica como activismo cultural en diferentes formatos, no sólo como impulsora del Festival de Performance de Cali, también a través de la organización de talleres, exposiciones, producción de películas y programas de televisión juveniles en los que el arte y el rock son protagonistas de un espacio mediático intervenido u obstruido.

Junto al colectivo Lugar a Dudas, promovido por el artista Óscar Muñoz, Helena Producciones ha sabido encontrar la dimensión adecuada, el tamaño justo para convertirse en un espacio vital en la cultura de Cali. En la estela de Ciudad Solar o del movimiento cinematográfico Caliwood -que releyó las series de terror, el neorrealismo italiano y las noticias de los periódicos de la época- Helena Producciones nace de la vocación de una generación de artistas que durante los setenta deciden revisar la historia de un territorio con una economía de corte postcolonial protagonizada por los señores de las haciendas azucareras y sus señoras que se encargaban de dirigir(les) los centros culturales. “El nombre Helena -explica Ana María Millán, miembro del colectivo- se escogió por ser de mujer, por su indeterminación y porque retrataba cierto sentido de pertenencia machista, pues a muchas propiedades en Colombia les ponen nombres de mujer. La palabra Producciones, un término ochentero, de sala de edición barata, se refería a nuestro deseo juvenil de hacer cosas”.

En 2006, durante el VI Festival de Performance de Cali, el colectivo cachaco Pornomiseria presentó una acción en el que lavaba a indigentes en la plazoleta del Cam mientras sonaba la banda sonora de Car Wash, en una acción irónica contra los artistas que se valen de la miseria como materia prima de sus trabajos. Otro clásico es la performance de Fernando Pertuz, en la que el artista defecó y después se comió sus propios excrementos con pan. De aquella generación, algunos desaparecieron, otros emigraron y pocos se quedaron. De éstos últimos, Óscar Muñoz y Eduardo LaRata Carvajal formaron, en 2001, uno de los proyectos más queridos de Helena, “Terror y Escape”, una muestra que hablaba de la imagen que la ciudad de Cali ha hecho de sí misma en su fascinación por la otredad y lo misterioso.

Pero fue en el IV Festival Internacional de Performance donde Helena comenzó a tener invitados internacionales. Santiago Sierra colgó una bandera de Estados Unidos de 20 metros a lo largo de la fachada del Museo de Arte Moderno La Tertulia, que estuvo a punto de ser quemada por un grupo de estudiantes insurrectos, quienes además sabotearon su conferencia. Pierre Pinoncelli se cortó la falange del dedo meñique como símbolo del secuestro de Ingrid Betancourt.

Helena también viaja por diferentes municipios colombianos con programas de educación no formal de intercambio de saberes locales, y ello le ha valido el reconocimiento de fundaciones internacionales, como la Prince Claus Foundation. “El trabajo en grupo ha sido parte de nuestro studio time, lo que ha afectado al tiempo individual -señala Ana María Millán. No hemos separado el trabajo del placer, como manda el mercado en su dinámica. Seleccionamos performances que mezclan el placer con el pensamiento, la burla con la seriedad. Cada proyecto nuestro crece sin control, como una bola de nieve y cambia de forma continuamente como un organismo amorfo. Parece que en algún punto fuera a estallar y expandirse”. Así ha sido.

 

Hay 4 Comentarios

Ángela, me ha encantado tu post, que me confirma, una vez más, que Sudamérica está en plena ebullición en cuanto a proyectos culturales y sociales. Un auténtico mundo a descubrir por parte de los que hemos estudiado gestión cultural por estos lares. http://unmundocultura.blogspot.com

Estoy de acuerdo con Exilo, es injusto.
Personalmente, todos estos "artistas" hipersimbólicos que regurgitan su propia mierda -literalmente a veces, como vemos- me parecen amorfos, en efecto, y unos cantamañanas con mucho tiempo libre, la mayoría de las veces. En Cali hay un buen puñado de colectivos de arte colectivo, de video comunitario, de cultura popular, con mucha más responsabilidad: denuncia, movimiento, lucha por la seguridad, dignificación... Así lo hacen Mejoda, MAVI, etcétera... Pero en los circuitos que premian artistas lo que importa que se visibilice no es la realidad de una ciudad, no es un ejemplo positivo. Lo que importa que se visibilice es que un fulano se coma su mierda, y alguien le dé la oportunidad de hacerlo sobre un escenario.

Despues de cerrar megaupload va a ir al cine su put* madre

No parece justo reducir todo la actividad de una importante ciudad a esta frase: "... esta ciudad del valle del Cauca, conocida por su afición al deporte pero también por sus altos índices de criminalidad... ".

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