Centros de arte sin blanca. ¿Es bajar el cierre la solución?

Por: | 27 de febrero de 2012

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Imagen de la exposición Contextos en desuso. Estrategias para habitar el espacio de otro, en el Centro de arte La Panera, Lleida. Foto: Jordi V. Pou

Cada día recibimos más noticias de centros de arte e iniciativas culturales que se cierran o se plantean cerrar por falta de presupuesto. La última ha venido desde Olot, pero los ejemplos abundan por toda la geografía. El cierre no es la única mala noticia. Poco a poco los que fueran boyantes centros de arte contemporáneo desperdigados por las diferentes comunidades se van quedando sin personal –me cuentan que en algunos hay una única persona trabajando. Se han dejado de comprar obras para las colecciones o se alargan al infinito las muestras para que cunda más al gasto. En principio nada que objetar, porque si no hay dinero no hay dinero, si bien la historia está empezando a ser tan grave que merece la pena darle una vuelta, sobre todo porque los presupuestos se están recortando en especial de los museos autonómicos, los que más han proliferado por otra parte, y de los museos más pequeños, creando una especie de monopolio de grandes museos que acabarán tal vez por absorber a los demás imponiendo un criterio único. Hay quien cuenta incluso que hay una especie de comisión de directores de grandes museos que va comprando obras desde el Ministerio de Educación (antes Cultura), obras que luego se repartirán -¿cómo, quién?-, supongo que siguiendo el modelo francés. Me parece tal disparate para nuestro modelo de Estado que, aunque no he podido comprobarlo, estoy segura de que se trata de una habladuría. Sobre todo porque si los mismos compran para el resto, ¿no acabarán las colecciones por ser idénticas unas a otras? ¿Dónde está la gracia de la propuesta?



Todo esto deriva, claro, de la propia disfuncionalidad de la situación anterior, la manía de que cada pueblo, cada ciudad tuviera un centro de arte actual. No es  una situación única: pasa igual con los aeropuertos, las universidades, etc. En todo caso y dejando a un lado la conveniencia o no de la proliferación loca de instituciones cuando sobraba el dinero,  el cierre drástico  o deterioro de centros de arte después de tanto gastado es algo que, me parece, habría que hacer con un poco de tiento y, en primer lugar, de discusión previa y plan. No sé si es buena idea  bajar el cierre después de lo invertido. Por ejemplo, si se deja de nutrir una colección, dentro de dos años el museo habrá perdido su tren otra vez, como tantas veces antes en nuestra historia. Y habrá que volver a comprar caro,  como ha pasado antes, por comprar tarde.

Por eso aprecio, ahora más si cabe, el trabajo que se está haciendo desde  el Centre d’ Art La Panera en Lleida, donde su directora, Gloria Picazo, tuvo claro desde el principio que había que apostar por metas modestas, mientras otros muchos centros medianos o pequeños aspiraban a grandes colecciones internacionales. Así,  la colección, centrada en artistas catalanes y del resto del Estado, se ha ido nutriendo a través de la Bienal Leandre Cristòfol y el resultado es muy positivo.

TEATRO MADRID_MG_3013Partiendo de esa colección, que recoge obras de los artistas más significativos  de los últimos diez años, La Panera expone ahora algunos de los trabajos en un marco temporal que va desde 1991 a 2010. Se trata de un proyecto que para mí epitomiza una rentabilidad inteligente de recursos, dado que se parte de la propia colección y se crea una especie de juego de relaciones con un mundo visual, historico o linguístico de cada una de esas obras. El proyecto,  Contextos en desuso. Estrategias para habitar el espacio del otro, ha sido comisariado por RMS la Asociación (Marta de la Torriente, Sergo Rubira y Rocío Gracia), un colectivo que siempre hace propuestas imaginativas. En su espacio en Madrid se puede ver ahora mismo una deliciosa exposición –entre micro-salón y gabinete de la maravillas-, Teatro de anatomía, (en la foto) que va a ser la última, además, porque han decidido volver a desterritorializarse, no tener espacio fijo.

Contextos en desuso tambián plantea un juego a los espectadores, animando las imaginaciones, juego que acaba por ser una especie de juego surrealista, duchampiano dicen los comisarios –me gusta más esa aproximación que el Atlas Mnemosine al cual apelan, que estoy harta del pobre Warburg- en el  que un significado de la obra lleva a una asociación concreta y ésta a otra familia de asociaciones. El resultado es estimulante –aunque a veces las asociaciones son enloquecidas e imposibles y esa es la gracia. Y, sobre todo, es muy eficaz  para implicar al público en las nuevas lecturas, buscando otros posibles significados, tratando incluso de adivinar los secretos de los comisarios. Además, el juego visual es estupendo porque mezcla la obra física con fotografías de otras obras en la colección  –juego que proponía Juan Luis Moraza hace años pues en este mundo no hace falta poseer la obra física para tenerla- y fotocopias de esas obras, fotos, textos que  constituyen la familia de asociaciones y que acaban por formar parte de la colección en este juego que trastoca las jerarquías. Lo más curioso es que el montaje, elegante e impecable, hace que las fotocopias no chirríen  entre las obras “reales”.

Ya ven. Con poco dinero se pueden hacer proyectos  especiales y bien hechos. La cosa, quizás, está en sentarse y pensar, redistribuir. Porque la solución no es cerrar, sino optimizar los recursos. Una cosa importante: la redistribución debe ser un trabajo de negociación, no una imposición desde criterios únicos.  No quiero ni imaginar una red de centros de arte todos iguales. Qué aburrimiento.

Hay 2 Comentarios

En el arte (Museos y Colecciones), cono en otros ámbitos, lo que hace falta es coherencia. No se puede tener un Museo apabullante al lado de otro, tal como ocurre con los aeropuertos. Muchos se han quedado como "bellos contenedores vacíos de contenido"
http://www.uncoveringctrl.org/

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