Al margen de "la crisis" (1). Nuevas galerías en Madrid

Por: | 26 de marzo de 2012


Guillermo%20Martin%20Bermejo_Hunting_21x13,5A la gente le ha dado por decir que los más jóvenes van a ser la primera generación que vivirá peor que sus padres. No estoy tan segura de que vayan a vivir peor. Van a vivir distinto, eso sí. De hecho, cuando uno se pone a hablar con la gente de hasta treinta y tantos, justo los que están en edad de ir tomando posiciones profesionales, llama la atención la forma diferente de plantearse las estrategias. Algunos han vivido la  opulencia, pero ahora piensan que se trataba de una etapa pasajera. Otros, los más noveles, han nacido al mundo laboral en plena crisis, así que el asunto les preocupa lo imprescindible: los más avispados se convierten en todo-terrenos y autogestores.
No quiere esto decir que no crean que hay que luchar para que la cultura, y hasta la formación, no termine por ser un patito feo que a nadie importa, como si la falta de dinero tuviera que ser igual a echar el cierre sin más a proyectos -sobre todo los pequeños, porque los grandes museos no se resentirán nunca tanto como las apuestas más modestas o más innovadoras. Pero cuando les digo que estoy harta de tanto hablar de “la crisis” y que quizás hay que mostrar –demostrar- cómo muchos de ellos se pelean por encontrar su lugar, otras formas de hacer, al margen de la situación, miran la propuesta con buenos ojos, me parece: ellos, que llevan pocos años en marcha, han  entrado al mundo de las galerías en plena crisis. Es cierto que todo va cada vez más lento o no va tan bien –como antes se entendía “ir bien”. Sin embargo, no se quejan. Entre otras cosas porque van a buenas ferias, hay puntos rojos en sus paredes, exponen aquello en lo que creen  y, más importante, andan buscando nuevas fórmulas alternativas, adaptadas a la época.  “Aquí hay mucho bulle-bulle.”, comentaba el otro día excitada la comisaria Tania Pardo. Es cierto: hay un mundo al margen de “la crisis” o que se abre camino entre la depresión colectiva. Ellos, los que no llegan a los treinta, están ilusionados con sus proyectos –o esa es mi impresión. Y no dejarse caer en la pena negra por lo que se ha perdido, es el mejor modo de para sacar partido de lo que aún queda –que si se pone uno a pensarlo es bastante.

 
Y allí están los galeristas más noveles empaquetando obras, escribiendo sobres primorosos a mano, en medio de una tertulia literaria en su espacio, en una conferencia sobre arte actual, ahorrando esa luz de la sala que sólo se ilumina del todo cuando entra el visitante. Porque son una generación que, desde la escasez -relativa- que ahora vivimos, escasez respecto a lo que fue nuestra vida antes, piensa en su presupuesto y, al tiempo, piensa en el planeta, consciente del ahorro de energía, y esto que parece una nadería insignificante, representa de pronto un cambio radical de paradigma que así, en silencio, como el que no quiere la cosa, marca la diferencia entre ayer y mañana. No está mal.
Esta generación sabe que la época de los grandes proyectos y las grandes cifras se ha terminado. La financiación pública está acabando y el propio modelo se tambalea.  ¿Qué hacer? Bueno, hay varias posibles soluciones: empecinarse en lo que fue –y, creo, no va a volver o nunca como antes-; quejarse sin parar; tirarse en los brazos frenéticos del neoliberalismo a ver si vuelve lo que tuvimos; o ponerse a mirar el mundo desde otra ventana,  con ojos limpios.

Es la apuesta de algunas de algunas de las galerías que han ido abriendo en estos últimos años y que tienen como denominador común –o la mayor parte de ellas- el tamaño de su espacio, como si esa idea de la mítica Espacio Mínimo  hubiera dado sus frutos ahora. Casi todas son locales multiuso, además, como la galería Liebre, donde exponen los Laramascoto, un pareja de artistas estupendos que van ganando atención en la escena. Allí no paran de inventar propuestas: desde cursos de arte, hasta historias con fanzines  o arte urbano y, lo más alucinante, un proyecto con el IADE y artistas de la galería para diseñar modelitos a la Nancy de Famosa –sí,  ésa que creen.
Otro espacio multiuso es la ya-must-antigua-portería Espacio Valverde, también un lugar que se convierte en excusa para pensar cosas juntos –no se pierdan son tertulias literarias y las exquisitas expos. A veces los espacios son  dúctiles, como el de Casa sin Fin –tan sofisticada como al editorial Periférica a la cual está ligada, por cierto- , que propone un juego: invitar al espectador a entrar a la trastienda, pequeñita también, donde la exposición se expande. Casa sin Fin suele trabajar con artistas más  establecidos –qué rollo esto de jóvenes y no jóvenes... - y en algunos  casos ligados a la literatura, como Javier Codesal.
El deseo de romper con lo establecido, con las fronteras entre el espectador, el artista y el director de la galería, es el leit motif de Formato Cómodo, una de las más veteranas, abierta desde el 2005. Los artistas allí suelen trabajar site specific, insisten las directoras, para el espacio, tan especial. Raramente son son ellas las que eligen, sino que dejan libertad al creador y ven su trabajo como un trabajo en equipo –críticos, comisarios, los mismos artistas.... colaboran a la hora de tomar decisiones.
Ana CardosoEs una de las ideas fundamentales: trabajar en equipo. Me lo confirma en nuestra conversación Juan Arana, de Aranapoveda. Allí, el entrar en el espacio de varias habitaciones, con aire un poco de casa donde se muestran los dibujos  delicadísimos de Guillermo Martín Bermejo  (imagen en cabeza de este post, dibujo de la serie Paseo por el parque de los príncipes pálidos),–merece la pena saborearlos un buen rato-, Juan, sentado a la entrada, me enciende las luces para que vea el detalle de las obras y hablamos de estrategias. Me dice que unas cuantas galerías están pensando el ir juntas a Art Moscow, para abaratar gastos.  Van a  compartirlo todo, liando a gente en el proyecto. Raquel Ponce y José Robles son dos de las confirmadas para esta aventura. A Aranapoveda les gusta el dibujo y apuestan por sus coetáneos. Hay puntos en la pared. No ha estado mal, dice Juan. Además, ¡si ellos no conocen más que “la crisis”! Han abierto hace tres años.
Belén Valbuena, de Maisterravalbuena, también está llena de energía y me cuenta que han estado en Miami BaselFrieze ...  y que son la primera galería madrileña aceptada en Liste, la feria joven de Basilea. Desde las paredes las piezas de tela de la portuguesa Ana Cardoso (en la segunda imagen, Isole (Double bed) retan a Picasso en sus nuevas relaciones con el clásico dilema figura-fondo. No es la única puesta en cuestión de lo establecido que se propone desde estas galerías. Ya ven,  al margen de “la crisis” están pasando muchas cosas interesantes. En dos palabras: mucho bulle-bulle.

 

Hay 1 Comentarios

Sinceramente, la escena de Madrid es bastante cutre, "hasta el moño de tanto centralismo cultural", le dáis cancha a proyectos de tercera cuando en Barcelona y sólo cito un ej. que podíamos extrapolar a otras provincias de España...hay proyectos de mucha calidad que nada envidian a otros país europeos, Ah! es verdad El País sólo se hace eco de Madrid y amigos...

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