Whitney: una bienal de diferente color

Por: | 22 de marzo de 2012

 

Por Roberta Smith (NYT)

La bienal de este año en el Museo Whitney de Arte Estadounidense, en Nueva York, puede que contenga mucho más arte sobresaliente que sus predecesoras o puede que no, pero esa no es la cuestión. Es una de las mejores de las que tenemos un recuerdo reciente, y un tipo de exposición estimulante.

Whitney.michael clark_534Esta bienal separa tácitamente los objetos artísticos del mercado y los sitúa más cerca del lugar del que proceden: los artistas. Los procesos creativos de los artistas y su pasión por la obra de otros colegas se encuentran entre los temas no expresados pero evidentes de la muestra, junto con el documental, el color, el collage, la identidad sexual y la abstracción. Es una muestra en continuo movimiento y, en cierto modo, será diferente cada vez que sea visitada, hasta su clausura, el 27 de mayo.

Las selecciones de películas abarcan al menos dos de las obras principales de la muestra: la incursión de Frederick Wiseman en el documental no narrado con Boxing gym [Gimnasio de boxeo], de 2010, y la película de tres horas de Thom Andersen Los Angeles plays itself [Los Ángeles se interpreta a sí mismo], una meditación sobre la discrepancia entre las películas y la vida real en términos arquitectónicos que es tan fascinante como desalentadora.

Otro realizador de cine destacado es Werner Herzog, que aporta Hearsay of the soul [Habladurías del alma], una proyección digital en cinco pantallas que combina primeros planos de los voluptuosos grabados de paisajes del artista holandés Hercules Segers (1589-1638), a quien Herzog considera “el padre de la modernidad en el arte”.

En la galería abovedada de la cuarta planta del museo, el escenario pasa de un artista a otro. El coreógrafo Michael Clark (foto superior), británico afincado en Nueva York, trabajando con una combinación de bailarines con formación y sin ella, dirigirá dos semanas de ensayos abiertos seguidas de otras dos de representaciones.

También hay actuaciones en las galerías de las plantas segunda y tercera, donde las obras de arte más tradicionales son mayoría. Georgia Sagri, que parece especializada en el arte de la palabra hablada de estilo dadaísta, ofrecerá 16 representaciones en su instalación de la quinta planta. En el tercer piso, Dawn Kasper (foto inferior), cuya sensibilidad se inclina hacia lo beat, ha llenado una galería con la mayoría de sus pertenencias, entre ellas una cama, montañas de libros, numerosos aparatos pequeños y obras de arte.

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Es una exposición pensada para los artistas, que les invita a organizar minimuestras o minifestivales de cine o música dentro de la instalación. Una iniciativa de ese tipo es la muestra de los pequeños, visionarios y semiabstractos lienzos de Forrest Bess (1911-1977), un pescador de Tejas que pintaba motivos que le venían a la cabeza en sueños y que intentó sacar a la mujer que había en su interior mediante actos de autocirugía que casi le convirtieron en hermafrodita. Bess quería exponer la documentación de sus operaciones quirúrgicas junto a sus cuadros, pero su marchante de Nueva York, la legendaria defensora del expresionismo abstracto Berry Parsons, se negaba. Su deseo se hace realidad en esta bienal.

Wu Tsang tiene una instalación de vídeo que adquiere la forma de una habitación verde que será utilizada por los intérpretes en la cuarta planta. Cuando no se usa con ese fin, los vídeos llevan a los visitantes a hacer un recorrido por el Silver Platter, un club nocturno latino de Los Ángeles frecuentado por travestis.

Whitney.JPBEINNIAL3-popupNumerosos artistas comparten algo más que un medio. En un vídeo, Joanna Malinowska convierte una famosa representación de Joseph Beuys en un ritual de los indios americanos y traduce el botellero de Duchamp en una amalgama de colmillos de bisonte falsos, que es la escultura más grande de la muestra (foto a la derecha, From the Canyons to the Stars).

Los cortometrajes del realizador de cine underground Luther Price —una de las estrellas de la bienal— forman parte del programa de cine. Pero en una de las galerías de la tercera planta, Price también aporta algunas de las mejores obras pictóricas de la muestra: proyecciones de sus diapositivas magníficamente escarificadas, montadas con rollos de película que ha encontrado y con filigranas de moho.

A la exposición no le vendría mal una proporción mayor de objetos artísticos sólidos. Al fin y al cabo, es una bienal del Whitney. Y tiene momentos irritantes de preciosismo y espacios en blanco en los que se pierde en la intrascendencia.

Pero los artistas pueden ganar en contenido a medida que cambian los contextos. Las construcciones de Cameron Crawford en la tercera planta parecen carentes de originalidad. Pero Crawford, de 28 años, causa impacto en el catálogo de la muestra. Y vuelve a publicar un escrito suyo, un fascinante poema en prosa.

Con diversas obras de arte basadas en el tiempo listas para ver la luz —películas de Mike Kelley y George Kuchar, una obra de teatro de Richard Maxwell y una representación multimedia de Charles Atlas, entre otras—, esta exposición es una celebración continua y, en muchos sentidos,  imposible de contener.

(Artículo de la crítica estadounidense Roberta Smith, publicado hoy 22 de marzo en el suplemento que publica semanalmente EL PAÍS con una selección de artículos del New York Times. Accesible en pedf a través de Kiosko y más)

 

Por si les interesa un recorrido por la Bienal del Whitney, recogemos el realizado por el periodista James Kalm durante, dura casi media hora

 

 

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